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El poder de la prosa:
Para mientras vivamos: nueve narrativas por Peter Robertson Traducido del inglés al español por Marina Kohon
Parte siete: De alguna forma dormimos
De alguna forma dormimos, a través de noches de calvario, esas tormentas interiores que aunque creadas por nosotros mismos, nos dejaban más extenuados que satisfechos. Y no obstante, en nuestras vidas no podíamos resistir la agotadora reiteración de nuestro secreto herméticamente sellado, impío si revelado, pero sagrado a pesar de ser problemático para nosotros.
De alguna forma dormíamos a pesar de nuestro enredo hasta que, desnudos y entrelazados, éramos tomados por el manto desleal de la noche, y cuando el amanecer le ponía sitio a la oscuridad, recogía cada fragmento de sus esparcidos harapos descoloridos.
De alguna forma, apenas, dormíamos en arrebatados interludios, almas gemelas en pecado, unidos en nuestra locura hasta que, aletargados como cadáveres, éramos sacudidos a la vida por el tumulto de la mañana: la ruidosa llegada de una carta, demasiado pronto consignada al olvido; el estridente ruido de los pájaros que volaban en círculos; la sinfonía ronca del tráfico.
De alguna forma dormíamos en una cama estrecha, propensa a chirriar, que ocupaba sólo una ínfima parte de la habitación espaciosa con su techo alto abovedado, y sus paneles de vidrio gemelos flanqueados por árboles, que erguidos y altos parecían vigilar como centinelas en alerta y repeler saboteadores perdidos.
Abatido a los veintiuno, tú solamente estabas apenas tocado por las puertas de la adultez pero con los ojos cerrados, con ni siquiera la más vana de las vigilias en curso, mientras dormíamos estábamos ciegos al patrón que el destino estaba tejiendo.
Más visceral que el hambre, ardía por poseerte desde el momento en que nos vimos por primera vez, en esa cena interrumpida por chaparrones intensos que golpeaban las celosías de las ventanas, nos sacaban de la ensoñación y nos hacían hablar en susurros.
Más cautivado que perturbado por tu herida que yo ansiaba aliviar, vertí tu vino, mi ofrenda pagana, luego levanté mi copa hacia la tuya, esclavizado por la reverencia. Conspiradores, brindamos siendo sólo uno. ¿Por qué entonces, le pregunto a la parodia de los dioses, nuestro pacto de enamorados terminó de esa forma?
El corte en mi corazón fue tan profundo como la incisión de tu cuchillo, anhelo como un vampiro saciar la sed en tu sangre, la misma que corría por la colina donde moriste, fluyendo en riachuelos para fundirse con el rocío de la mañana. Una infusión pagana genuinamente amarga, servida sola.
Juntos dormimos, y no como cuando solamente de alguna forma dormíamos. Y qué profundamente dormíamos, y a través de todo lo que los elementos podían arrojarnos: el trueno que sonaba como una burla del cielo; la lluvia que taladraba la tierra en un mar de sumisión; el sol que a menudo abrasaba; la escarcha que mataba la savia; la colcha redundante de nieve. Y aún dormíamos. Y a través de los últimos estragos incontenibles de la tierra dormíamos.
The International Literary Quarterly
For As Long As We Live: Nine Narratives by Peter Robertson