Efectos de Lacan en la Argentina

Sergio Rodriguez escribe:

El psicoanálisis, como cualquier otro discurso, en razón de no poder no tener efectos imaginarios, no puede no producir ideología. La que resulta, no es del psicoanálisis sino del psicoanalista. Cada cual propone su utopía. Mi “utopina” -tal como llamó a la suya el lapsus de un analizante, consiste en procurar que no se resignen, los habitantes del infierno cotidiano. Me conformo, con no resignarme.
Sergio Rodríguez

1) Empezaré por los mejores. Según lo declarado repetidamente por Emilio Rodrigué, salvaron a Freud y al psicoanálisis de desaparecer de nuestro país. Lo que es cierto, si se advierte que comienza a implantarse su reconocimiento en 1964 a través de la famosa conferencia de Oscar Masotta en el “Di Tella”, cuando ya hacía 5 años que una fuerte crisis afectaba a la APA, por entonces, única institución psicoanalítica en nuestros lares. Crisis de la que esta intentó hacerse cargo en el Symposium de 1959 sobre “Las relaciones entre analistas”. Y que finalmente desembocó en la ruptura de 1971, mucho más importante que lo que conserva el recuerdo social, ya que arrastró a varios de sus principales Didactas y abrió las puertas a que se fundara el Centro de Docencia e Investigación de la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental, que en 1976 (cuando contaba con 1.100 componentes) tuvo que disolverse bajo la amenaza mortífera de la dictadura y su política de desaparición de personas. La conciencia de la mayoría de los protagonistas de aquella ruptura la recuerdan como efecto de la politización revolucionaria de sus actores -absolutamente evidente- y que acompañaba al ascenso de la efervescencia social de esos años. Pero colijo que también se debió, al malestar, que tanto en la enseñanza como en la conducción de la mayoría de los análisis producía la hegemonía de un kleinismo simplificado para su vulgarización, por el estilo de su propia creadora y por la transmisión en caricatura hecha por algunos epígonos. Fenómeno que suele ocurrir con los grandes maestros (y del que Lacan no se salvó -todo lo contrario) por efecto de la necesariedad de lo imaginario, para anudar los tres registros: real, simbólico e imaginario, cuando se trata de escribir imaginariamente lo simbólico. Es así, que ni bien comenzada la enseñanza en el CDI -de las tres principales cátedras de psicoanálisis- Rafael Paz, Hugo Bleichmar y Santiago Dubcovsky, en las dos primeras se enseñaban postulados claves del Lacan que se iba conociendo en Buenos Aires (Estadío del Espejo, tiempos del Edipo). También Willy Baranger y Martinez Luque, enseñaban Lacan en APA. A la vez un grupo de lacanianos decididos, pero poco numeroso, aunque no por eso poco importante, llevaba a cabo en aquella institución, su enseñanza específica (de los que recuerdo: Nepomiachi, Sawicke, Cosentino, Maeso, Vegh, Domb)

2) La irrupción militar desperdigó ese proyecto. No obstante, una parte fue continuada en la Asociación de Psicólogos bajo la presidencia de nuestra querida Beatriz Perossio. Ahí prosiguió con orientación parecida a la anterior, la enseñanza de Rafael Paz dictando un seminario para docentes, y un grupo de lacanianos coordinado por Guido Narvaez, del que, entre otros, participábamos Verónica Cohen (actual AE de la Escuela Freudiana de la Argentina) Florencia Martinez Parera (hoy, miembro de Propuesta Sur) Adrián Scheinkestel (en la actualidad participante de la EOL) y yo. Grupo que continuó sus clases cuando muchos se borraron tras el asesinato de los Padres Palotinos y una seria de pasadas intimidantes de Falcons verdes que tiraron bombas de estruendo en las cercanías de la APBA, ubicada por entonces, en Juncal y Pueyrredón. Mientras, se afirmaba la primigenia Escuela Freudiana de Buenos Aires como efecto de la multiplicación geométrica de la cultura lacaniana implantada por Masotta a través de sus grupos de estudio y Roberto Harari fundaba Mayeutica en 1977. Como se ve, dicho desenvolvimiento no fue efecto de los militares, sino que más bien se produjo a pesar de ellos. No olvidemos el allanamiento violento y la detención en su consultorio de Hector Yankelevich, mientras enseñaba Althousser, Freud y Lacan (en la época de las “Tres A”). El desarrollo entonces, fue efecto de que las propuestas del maestro francés servían mejor a las finalidades del psicoanálisis, que el imaginario que encerraba a la APA en lo que ellos mismos llamaron, en las conclusiones del symposium nombrado anteriormente, Psicoanálisis Escuela Argentina. Lectura dominada por los clichés de un Kleinismo entontecido, que sabía antes de que el paciente hablara. En el que el psicoanalista ya sabía que todo era en el aquí, ahora y conmigo, que si se hablaba de cosas que no fueran íntimas, se estaba tratando de huir de la realidad, que había que deprimirse los fines de semana y en las vacaciones obligatorias de febrero, que no había dificultades económicas, sino de transferencia, que si no se aceptaba 3 o 4 sesiones semanales, era por que se resistía al análisis, y de tal manera que el fulano resultaba inanalizable. Así podría seguir con una larga lista de tonterías reinantes en el imaginario psicoanalítico porteño de las décadas previas a los 70.

Patricio Leone: "A veces el Psicoanálisis no sirve y tomas herramientas de la Sistémica, y tampoco sirve y tomas herr...

Patricio Leone

Patricio Leone opina:
“El grupo me enseñó cuestiones legales, clínicas, académicas. Hoy no me considero ni psicoanalista, ni sistémico, ni cognitivo. No sé lo que soy, lo digo con un poco de pesar pero con orgullo, porque como no sé, puedo tomar de todas las corrientes, mi visión de la Psicología es que el norte sea mi paciente, no una orientación.
A veces el Psicoanálisis no sirve y tomas herramientas de la Sistémica, y tampoco sirve y tomas herramientas de la Cognitiva, y soy tan así que tengo un grupo de anti fans, un grupo de Cognitivos que me juegan en contra porque dicen que rechazo al Psicoanálisis; otro grupo porque soy Psicoanalista y dicen que rechazo a los Cognitivos.
Esto tiene que ver con la capacidad de integrar, lo digo humildemente, para a mí es el camino a seguir, no me voy a embanderar con ninguna corriente. La especie humana quiere etiquetar, quiere que tengas un rótulo, y si me queres etiquetar soy psicólogo, soy docente, soy runner, y soy trotskista, esas son mis etiquetas. Empecé siendo psicoanalista y ahora necesito de otras corrientes.”
Lee toda la entrevista con Patricio Leone (hecho por Yamila Musa, Editor de Argentina de Interlitq)

León Ostrov, psicoanalista de Alejandra Pizarnik, escribe: "Hace veinticinco años…"

Hace veinticinco años —fue a mediados del 57— una mujer me llamó por teléfono para pedirme una entrevista. Mi primera impresión, cuando la vi, fue la de estar frente a una adolescente entre angélica y estrafalaria. Me impresionaron sus grandes ojos, transparentes y aterrados, y su voz, grave y lenta, en la que temblaban todos los miedos. (Me acordé de esa criatura perdida en el mar de un cuento de Supervielle). El diálogo que entonces iniciamos, y que duró poco más de un año, continuó después, ya instalada en París, en cartas que no hacían más que corroborar lo que desde los primeros momentos supe: que con Alejandra Pizarnik, romántica y surrealista, pero por encima de todo, ella, Alejandra, inclasificable y única, algo importante se incorporaba a nuestras letras.
Alejandra me traía, habitualmente, un poema, páginas de su diario, un dibujo (había comenzado a asistir al taller de Batlle Planas). Y ahora lo puedo decir: no podía sustraerme al goce estético que su lectura, su visión suscitaban en mí, y quedaba, en ocasiones, si no olvidada, postergada mi específica tarea profesional, como si yo hubiera entrado en el mundo mágico de Alejandra no para exorcizar sus fantasmas sino para compartirlos y sufrir y deleitarme con ellos, con ella. No estoy seguro de haberla siempre psicoanalizado; sé que siempre Alejandra me poetizaba a mí.
La entrega de Alejandra a la poesía era total, absoluta. Fue lo que le permitió resistir —hasta que decidió abandonar la lucha— los embates del viento feroz. La irrenunciable y heroica tarea de acercarse al caos para entrever su ley secreta, de atisbar en las tinieblas para iluminarlas con el relámpago de la palabra precisa y bella fue la tarea que eligió como definición de su destino. (Necesito hacer bellas mis fantasías, mis visiones. De lo contrario, no podré vivir. Tengo que transformar, tengo que hacer visiones iluminadas de mis miserias y de mis imposibilidades… Hoy me apliqué varias horas a Góngora… él “sabía”, se daba cuenta de las palabras, de todas y de cada una).
 
Siempre confié en Alejandra. Más allá de sus desfallecimientos, de susabandonos, de sus renuncias, de sus angustias, de sus muertes —de su muerte— sabía yo que estaba salvada, irremediablemente, porque la poesía estaba en ella como una fuerza inconmovible. Y si los poderes oscuros,algunas veces, parecían ganar terreno, no era más que el trámite inevitable para que, después, lo terrible entrevisto se convirtiera en condición decrecimiento y de mayor lucidez. Hasta que Alejandra —hace diez años— decidió interrumpir su búsqueda. ¿Porque había ya encontrado? ¿Porque sintió que nunca encontraría? (Simplemente, no soy de este mundo… Yo habito con frenesí la luna… No tengo miedo de morir; tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva… No puedo pensar en las cosas concretas; no me interesan… Yo no sé hablar como todos. Mis palabras suenan extrañas y vienen de lejos, de donde no es, de los encuentros con nadie…¿qué haré cuando me sumerja en mis mundos fantásticos y no pueda ascender? Porque alguna vez va a tener que suceder. Me iré y no sabré volver. Es más, no sabré siquiera que hay un “saber volver”. Ni lo querré acaso).
 
En una carta le contaba que en mis últimos días de París, allá por el 55, había resuelto llevarme algo de la ciudad —el inexcusable souvenir— y morosamente le narraba mi aventura. Alejandra, a su vez, me confió que detener que llevarse algo, como recuerdo de su estancia en París, se llevaría la fachada de una casa medio derruida que había visto en un pueblito — Fontenay-aux-Roses— cuya estación de ferrocarril está llena de rosas. Las ventanas de esa casa eran de color lila, pero de un lila tan mágico, tan como los sueños hermosos, que imaginaba que entraba en ella, y una voz la recibía: Hace tanto que te esperaba… Y allí se quedaba —para siempre — porque ya no tendría que buscar más.

"Dice Lacan que es el significante el que identifica al protosujeto. Nacemos…"

transexual
Pablo Rioja entrevista Pilar de la Viña:
—¿Y qué pasa con los que nacen hombres pero se sienten mujeres o viceversa?
—Hay quien dice que se siente en su cuerpo como en una cárcel, porque su cuerpo no se corresponde con su identidad subjetiva. Son los transexuales. Tenemos, en principio, que en relación a la identidad sexual, el sujeto puede constituirse de acuerdo o en desacuerdo con el cuerpo con el que nació. Más adelante se abrirá otra horquilla y el sujeto orientará su deseo hacia el sexo opuesto o hacia el propio sexo. Pero en este primer momento el sujeto apenas decide. Dice Lacan que es el significante el que identifica al protosujeto. Nacemos a y en una lengua, nos nombran en masculino o en famenino, nos dan un nombre de mujer o de varón y esas palabras entran en el psiquismo aún tierno del recién nacido y nos dan forma, nos identifican como sujeto humano, del sexo femenino o masculino, español o chino… Esto nos ayuda, en lo más básico, a saber quiénes somos. A ser hombre o a ser mujer se llega o se queda uno en el camino. No hay otros puertos, la naturaleza no prevé para la especie humana más que dos sexos. Podemos encontrar varias manera de ser hombre o mujer, pero siempre desde la aceptación de este límite natural.

“…hablar de la postura gay de un chico de seis años está en el orden de lo siniestro. Y para el psicoanálisis,...

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Blanca Huggelmann, experta en familia y perito de la Justicia porteña, explicò en una columna en perfil el insólito fallo de los jueces que redujeron la pena al abusador del niño de seis años por una presunta “orientación sexual” que no es tal. A continuaciòn, su texto:

“A los seis años un chico no puede ser gay, no puede ser travesti. Emitir una sentencia sostenida en fundamentos de ese tipo, como hicieron dos de los tres jueces de Cámara para reducirle la pena al entrenador que abusó de un menor –noticia que desató la indignación de gran parte de la sociedad- es absolutamente homofóbico. Y la explicación cualquier psicoanalista la sabe, ya que la etapa evolutiva de una persona es un proceso claramente definido por Freud.

De los 0 a los 2 años es lo que se denomina la “etapa oral”, de los 2 a los 4 la “etapa anal”. Luego entra lo que los psicólogos llaman “el Edipo” (de los 4 o 5 años). Entre los 6 y los 12 años, una persona pasa por lo que conocemos como el “período de latencia”, que es el proceso de la sublimación y socialización, que incluye, entre otras cosas la etapa escolar de un chico. Y, posteriormente entra en la pubertad, donde se da una reedición del Edipo, una vuelta a la primera etapa en la que se resuelven algunas cosas que habían quedado inconclusas.

La elección sexual se hará entrada la adolescencia, luego de esta reedición del Edipo. Justamente, por ese motivo, nuestro Código Penal define como edad para el consentimiento sexual los 13 años, y entre los 13 y los 16 con ciertas restricciones.

Un juez puede desconocer estas cuestiones, pero para eso están los peritos psiquiatras que le dan un soporte y, desde su experiencia, lo asesoran para la buena administración de la Justicia. Probablemente estos dos jueces de Casación no hayan entendido a los psiquiatras, o no hayan leído sus conclusiones. O lo que es peor, desde un lugar de omnipotencia, los hayan invisibilizado, lo que se condice con la invisibilización del hecho en cuestión, la naturalizacion y la postura machista, homofóbica. En pocas palabras, hablar de la postura gay de un chico de seis años está en el orden de lo siniestro. Y para el psicoanálisis, lo siniestro tiene que ver con lo secreto”.