Para Alejandra Pizarnik, su encuentro con Simone de Beauvoir era “una profunda experiencia de miedo”

Simone de Beauvoir

CARTA A LEÓN OSTROV -ALEJANDRA PIZARNIK – 1960

Le envíe hace poco una carta desde una hermosa piecita, que ya no existe para mí, pues estoy de nuevo con mi familia, hasta fines de este mes. Después va a venir Agosto y no sé qué haré, hay un vacío en Agosto, una distancia hecha de un precipicio, que necesitaré saltar o, lo mejor, cambiaré de camino. Le dije que le contaría sobre mi encuentro con S. de Beauvoir, pero me es penoso rememorarlo. Quizás, y casi como siempre, veo con ojos lúgubres cosas que objetivamente no lo son. Razonablemente hablando, tal vez fue un encuentro como cualquier otro del estilo: una periodista preguntando sobre esto y aquello, y la entrevistada que responde. Pero yo no me he recuperado aún de lo que fue para mí este encuentro: una profunda experiencia de miedo. Y más profunda aún por lo inesperado de este miedo. Comenzó el día del encuentro: despertar y sentir que el corazón me lleva y me trae. Horribles sacudidas. Taquicardia. Esto fue nuevo. No era mi viejo miedo “espiritual” posible de traducir en metáforas. Un nuevo miedo: cuerpo y alma encontrados por vez primera, reunidos, celebrando nupcias horribles. Traté de beber, pero la primera gota me obligó a permanecer tendida en la cama varios minutos, asistiendo a algo como una revolución. Imposible pensar. Imposible todo. Imposible también la lenta agonía –con la mano en el corazón- de mi ser paseándose hasta que se hizo la hora y yo entré en Les Deux Magots rogando y rogándome que mi voz surgiera –pues mi miedo más profundo (el de los exámenes) era que la garganta se cerrara. Y cuando llegó me calmé un poco pues su aspecto no es en modo alguno aterrador. Le pregunté –con una seriedad excesiva, con la voz estrangulada, con el ritmo del corazón siempre delirante- sobre la mujer y el arte y algunas otras idioteces por el estilo que respondió con algunas frases de El segundo sexo. Cuando finalizamos me preguntó a su vez sobre mí y mis cosas: y le dije de mis poemas, de mi preocupación por la palabra, de mi angustia por mis poemas actuales, etc., exagerando un poco, por supuesto, cuando dije, por ejemplo que “lo único que me interesa en este mundo es hacer poemas”, lo que la sorprendió, sin duda, y me pidió mis libros. Creo que contenía o reprimía su interés por mí, no sé por qué, pero seguramente a causa de su tiempo escaso, y cuando nos despedimos, me insinuó que vuelve de Brasil –se va ahora con Sartre- en Octubre, por lo que estará “a mi disposición”. Bueno, yo me quedé dos horas en el café –ella ya se había ido- y me sentí repentinamente bien: “ya pasó el miedo”,  me decía. Lo mismo que en los exámenes.

"Desde el punto de vista freudiano, la perversión se define como el negativo de la neurosis en el doble sentido…...

Ted Bundy
Ted Bundy

Escribiendo acerca de Ted Bundy, el asesino en serie que nació hoy en la historia, 24 Noviembre, 1946Ivan Arellano Covarrubias afirma:
Desde el punto de vista freudiano, la perversión se define como el negativo de la neurosis en el doble sentido de que: a) el perverso actúa impulsos que el neurótico reprime, y b) frente a la angustia, el perverso se defiende con regresiones a formas de sexualidad infantil. Con respecto a la primera aseveración encontramos que el perverso realiza actos que el neurótico no realizaría o mejor dicho reprimiría como en las siguientes situaciones: el sado-masoquismo, la pedofilia, el fetichismo, la necrofilia, etc. Los perversos llevan a cabo estas conductas, puesto que en ellos no existe ninguna conciencia de orden social. La segunda aseveración que Freud plantea en sus tres ensayos para una teoría sexual, en sus consideraciones generales sobre todas las perversiones escribe: “En la mayoría de los casos podemos encontrar en la perversión un carácter patológico, no por el contenido de la nueva meta sexual, sino por su proporción respecto de lo normal. Si la perversión no se presenta junto a lo normal (meta sexual y objeto) cuando circunstancias favorables la promueven y otras desfavorables impiden lo normal, sino que suplanta y sustituye a lo normal en todas las circunstancias, consideramos legítimo casi siempre juzgarla como patológico; vemos este último, por tanto, en la exclusividad y en la fijación de la perversión”. Si el placer no se busca en una actividad específica neurótica y se encuentra en las desviaciones del objeto sexual o de la meta sexual, entonces se da la perversión. De ahí que: “una vez asumida como norma la organización genital, todas las formas de regresión o de fijación a estadios anteriores, en los que la sexualidad se manifiesta mediante pulsiones parciales estrictamente vinculadas a las diferentes zonas erógenas, se consideran perversas”. Todo lo anterior sirve como una afirmación a nuestro caso (Ted Bundy) y con ello se establece la estructura perversa del caso en sí. Al practicar la necrofilia en sus asesinatos, vemos entonces como realiza actos que no son vistos como adecuados, además el orden social con respecto a sus normas y reglas no le importaron en lo más mínimo. Con respecto a esto Freud diría: “Algunas de ellas (metas sexuales) se alejan tanto de lo normal por su contenido que no podemos menos que declararlas patológicas, en particular aquellas en que la pulsión sexual ejecuta asombrosas operaciones (lamer excrementos, abusar de cadáveres) superando las resistencias (vergüenza, asco, horror y dolor)”. Desde otra mirada la perversión con Lacan tiene que ver con el padre y no tanto como otra versión del mismo, sino del padre en función como tal no ejecutada. Ya que ésta fue cambiada por el abuelo materno. La lectura analítica que se puede hacer en relación a este momento es la siguiente: talvez el sujeto hubiera preferido inconscientemente un padre que lo golpeara pero que lo tomara en cuenta, a un abandono sin respuesta y con respecto a esto Freud establece lo siguiente: “De acuerdo con nuestras actuales intelecciones, una fantasía [de paliza] así, que emerge en la temprana infancia quizás a raíz de ocasiones causales y que se retine para la satisfacción auto-erótica, sólo admite ser concebida como un rasgo primario de perversión”.