El tenso diálogo entre Messi y Sampaoli: “Ya no confiamos en vos”

Leo Messi con Jorge Sampaoli

La resaca mundialista sigue dando que hablar. No hay ibuprofeno que frene el dolor de cabeza de los argentinos, tras su bochornosa participación en el Mundial de Rusia 2018. Especialmente, el humillante 3-0 de Croacia encendió las alarmas de la afición que veía a su equipo más fuera que dentro de la competición. En el backstage, también hubo tensiones y el periodista Ariel Senosiain, columnista de Olé, reflejó los diálogos en su libro ‘Mundial es historias’.

La situación llegó a un extremo que obligó a los jugadores a sentar a Jorge Sampaoli, que acudió a la reunión con dos ayudantes, Sebastián Beccacece y Lionel Scaloni. El objetivo del equipo era compartir con Sampaoli un sentimiento común: “Ya no confiamos en vos”. “No nos llega lo que decís. Queremos tener opinión”, agregaron. El técnico argentino preguntó: “¿Opinión en qué?”, y la respuesta fue tan rotunda como unánime: “En todo”. Tras caer eliminados ante Francia, la Asociación del Fútbol Argentina (AFA) oficializó la desvinculación de Sampaoli como seleccionador argentino.

Para Alejandra Pizarnik, su encuentro con Simone de Beauvoir era “una profunda experiencia de miedo”

Simone de Beauvoir

CARTA A LEÓN OSTROV -ALEJANDRA PIZARNIK – 1960

Le envíe hace poco una carta desde una hermosa piecita, que ya no existe para mí, pues estoy de nuevo con mi familia, hasta fines de este mes. Después va a venir Agosto y no sé qué haré, hay un vacío en Agosto, una distancia hecha de un precipicio, que necesitaré saltar o, lo mejor, cambiaré de camino. Le dije que le contaría sobre mi encuentro con S. de Beauvoir, pero me es penoso rememorarlo. Quizás, y casi como siempre, veo con ojos lúgubres cosas que objetivamente no lo son. Razonablemente hablando, tal vez fue un encuentro como cualquier otro del estilo: una periodista preguntando sobre esto y aquello, y la entrevistada que responde. Pero yo no me he recuperado aún de lo que fue para mí este encuentro: una profunda experiencia de miedo. Y más profunda aún por lo inesperado de este miedo. Comenzó el día del encuentro: despertar y sentir que el corazón me lleva y me trae. Horribles sacudidas. Taquicardia. Esto fue nuevo. No era mi viejo miedo “espiritual” posible de traducir en metáforas. Un nuevo miedo: cuerpo y alma encontrados por vez primera, reunidos, celebrando nupcias horribles. Traté de beber, pero la primera gota me obligó a permanecer tendida en la cama varios minutos, asistiendo a algo como una revolución. Imposible pensar. Imposible todo. Imposible también la lenta agonía –con la mano en el corazón- de mi ser paseándose hasta que se hizo la hora y yo entré en Les Deux Magots rogando y rogándome que mi voz surgiera –pues mi miedo más profundo (el de los exámenes) era que la garganta se cerrara. Y cuando llegó me calmé un poco pues su aspecto no es en modo alguno aterrador. Le pregunté –con una seriedad excesiva, con la voz estrangulada, con el ritmo del corazón siempre delirante- sobre la mujer y el arte y algunas otras idioteces por el estilo que respondió con algunas frases de El segundo sexo. Cuando finalizamos me preguntó a su vez sobre mí y mis cosas: y le dije de mis poemas, de mi preocupación por la palabra, de mi angustia por mis poemas actuales, etc., exagerando un poco, por supuesto, cuando dije, por ejemplo que “lo único que me interesa en este mundo es hacer poemas”, lo que la sorprendió, sin duda, y me pidió mis libros. Creo que contenía o reprimía su interés por mí, no sé por qué, pero seguramente a causa de su tiempo escaso, y cuando nos despedimos, me insinuó que vuelve de Brasil –se va ahora con Sartre- en Octubre, por lo que estará “a mi disposición”. Bueno, yo me quedé dos horas en el café –ella ya se había ido- y me sentí repentinamente bien: “ya pasó el miedo”,  me decía. Lo mismo que en los exámenes.

Efectos de Lacan en la Argentina

Sergio Rodriguez escribe:

El psicoanálisis, como cualquier otro discurso, en razón de no poder no tener efectos imaginarios, no puede no producir ideología. La que resulta, no es del psicoanálisis sino del psicoanalista. Cada cual propone su utopía. Mi “utopina” -tal como llamó a la suya el lapsus de un analizante, consiste en procurar que no se resignen, los habitantes del infierno cotidiano. Me conformo, con no resignarme.
Sergio Rodríguez

1) Empezaré por los mejores. Según lo declarado repetidamente por Emilio Rodrigué, salvaron a Freud y al psicoanálisis de desaparecer de nuestro país. Lo que es cierto, si se advierte que comienza a implantarse su reconocimiento en 1964 a través de la famosa conferencia de Oscar Masotta en el “Di Tella”, cuando ya hacía 5 años que una fuerte crisis afectaba a la APA, por entonces, única institución psicoanalítica en nuestros lares. Crisis de la que esta intentó hacerse cargo en el Symposium de 1959 sobre “Las relaciones entre analistas”. Y que finalmente desembocó en la ruptura de 1971, mucho más importante que lo que conserva el recuerdo social, ya que arrastró a varios de sus principales Didactas y abrió las puertas a que se fundara el Centro de Docencia e Investigación de la Coordinadora de Trabajadores de Salud Mental, que en 1976 (cuando contaba con 1.100 componentes) tuvo que disolverse bajo la amenaza mortífera de la dictadura y su política de desaparición de personas. La conciencia de la mayoría de los protagonistas de aquella ruptura la recuerdan como efecto de la politización revolucionaria de sus actores -absolutamente evidente- y que acompañaba al ascenso de la efervescencia social de esos años. Pero colijo que también se debió, al malestar, que tanto en la enseñanza como en la conducción de la mayoría de los análisis producía la hegemonía de un kleinismo simplificado para su vulgarización, por el estilo de su propia creadora y por la transmisión en caricatura hecha por algunos epígonos. Fenómeno que suele ocurrir con los grandes maestros (y del que Lacan no se salvó -todo lo contrario) por efecto de la necesariedad de lo imaginario, para anudar los tres registros: real, simbólico e imaginario, cuando se trata de escribir imaginariamente lo simbólico. Es así, que ni bien comenzada la enseñanza en el CDI -de las tres principales cátedras de psicoanálisis- Rafael Paz, Hugo Bleichmar y Santiago Dubcovsky, en las dos primeras se enseñaban postulados claves del Lacan que se iba conociendo en Buenos Aires (Estadío del Espejo, tiempos del Edipo). También Willy Baranger y Martinez Luque, enseñaban Lacan en APA. A la vez un grupo de lacanianos decididos, pero poco numeroso, aunque no por eso poco importante, llevaba a cabo en aquella institución, su enseñanza específica (de los que recuerdo: Nepomiachi, Sawicke, Cosentino, Maeso, Vegh, Domb)

2) La irrupción militar desperdigó ese proyecto. No obstante, una parte fue continuada en la Asociación de Psicólogos bajo la presidencia de nuestra querida Beatriz Perossio. Ahí prosiguió con orientación parecida a la anterior, la enseñanza de Rafael Paz dictando un seminario para docentes, y un grupo de lacanianos coordinado por Guido Narvaez, del que, entre otros, participábamos Verónica Cohen (actual AE de la Escuela Freudiana de la Argentina) Florencia Martinez Parera (hoy, miembro de Propuesta Sur) Adrián Scheinkestel (en la actualidad participante de la EOL) y yo. Grupo que continuó sus clases cuando muchos se borraron tras el asesinato de los Padres Palotinos y una seria de pasadas intimidantes de Falcons verdes que tiraron bombas de estruendo en las cercanías de la APBA, ubicada por entonces, en Juncal y Pueyrredón. Mientras, se afirmaba la primigenia Escuela Freudiana de Buenos Aires como efecto de la multiplicación geométrica de la cultura lacaniana implantada por Masotta a través de sus grupos de estudio y Roberto Harari fundaba Mayeutica en 1977. Como se ve, dicho desenvolvimiento no fue efecto de los militares, sino que más bien se produjo a pesar de ellos. No olvidemos el allanamiento violento y la detención en su consultorio de Hector Yankelevich, mientras enseñaba Althousser, Freud y Lacan (en la época de las “Tres A”). El desarrollo entonces, fue efecto de que las propuestas del maestro francés servían mejor a las finalidades del psicoanálisis, que el imaginario que encerraba a la APA en lo que ellos mismos llamaron, en las conclusiones del symposium nombrado anteriormente, Psicoanálisis Escuela Argentina. Lectura dominada por los clichés de un Kleinismo entontecido, que sabía antes de que el paciente hablara. En el que el psicoanalista ya sabía que todo era en el aquí, ahora y conmigo, que si se hablaba de cosas que no fueran íntimas, se estaba tratando de huir de la realidad, que había que deprimirse los fines de semana y en las vacaciones obligatorias de febrero, que no había dificultades económicas, sino de transferencia, que si no se aceptaba 3 o 4 sesiones semanales, era por que se resistía al análisis, y de tal manera que el fulano resultaba inanalizable. Así podría seguir con una larga lista de tonterías reinantes en el imaginario psicoanalítico porteño de las décadas previas a los 70.