Stepinac, “el santo exterminador” que puede ser el próximo santo del Papa Francisco (por Ignacio Montes de Oca)


Ignacio Montes de Oca

 

La guerra entre el águila y el dragón está en marcha

 

Por Ignacio Montes de Oca

El Papa Francisco I enfrenta un frente de conflicto permanente e innecesario al no definir u postura respecto a  la santificación de un personaje que fue cómplice de la maquinaria de muerte nazi en los Balcanes y de la muerte de al menos un millón de personas. Se trata de Alojzije Stepinac, el temido jefe de los sacerdotes que integraban las bandas de ustashas, los grupos de exterminio del régimen croata durante la Segunda Guerra Mundial.

La columna clerical

El 6 de abril de 1945, las columnas alemanas e italianas avanzaron sobre el reino de Yugoslavia. La abrumadora superioridad bélica y la traición de pro fascistas protegidos por la iglesia católica local, les permitieron conquistar en menos de dos semanas todo el territorio yugoslavo. De inmediato, nombraron un gobierno títere liderado por Ante Pavelic, que a partir de entonces pasó a ser el dictador de la “nación croata católica” y anexó una gran parte de Bosnia Herzegovina.

Los ustashas se reunían en monasterios e iglesias o bajo la cobertura de Acción Católica, todos ellos dependientes del obispado de Zagreb. Tal era la militancia de los sacerdotes que uno de ellos, el cura Radoslav Cilavas, fue jefe de la milicia que tomó un puesto militar antes de la llegada de los invasores y otro, el sacerdote Grga Peinovic, líder de la “Hermandad de Cruzados”, fue puesto a cargo de la oficina central de propaganda de los ustashas.

Además del reconocimiento inmediato de Berlín y Roma, Ante Pavelic fue admitido como autoridad de Croacia por el Vaticano, que envió su beneplácito a través del obispo de Zagreb, Alojzije Stepinac. En mayo de 1941, el Papa recibió a Pavelic en una audiencia gestionada por el mismo obispo.

Pero Stepinac además se integró como jefe del bloque clerical en el parlamento formado a pedido de Pavelic para formular las nuevas leyes que, entre otras medidas, habilitó la segregación y el confinamiento de serbios, judíos y gitanos en los campos de concentración que se apresuraron a construir en todo el territorio.

Las imágenes de Stepinac y una docena de clérigos saludando con el brazo derecho en alto en los actos oficiales en los que acompañaban a Pavelic, sobreviven como muestra del fervor con que una parte de la iglesia croata se sumó al régimen nazi implantado en ese país.

Pero lo realmente grave fueron los curas que respondían a Stepinac y que se sumaron a los escuadrones de la muerte del gobierno nazi. Se denominaban “ustashas” y estaban formados por ultranacionalistas que seguían a Pavelic. Dentro de ellos, prestaban servicio curas convencidos de las mismas ideas radicalizadas de violencia y exterminio. Jesuitas, franciscanos y miembros de otras comunidades de la iglesia católica se calzaron los uniformes ustashas y se lanzaron a vaciar aldeas enteras de serbios en un proceso de limpieza étnica que se cobró la vida de al menos 300.000 personas.

Milo Budak, ministro de educación ustasha, explicó el plan “Para las minorías como los serbios, judíos y gitanos, tenemos tres millones de balas. Mataremos un tercio de la población serbia, deportaremos a otro tercio y al resto los convertiremos (a la fe católica)”

Los documentos de posguerra contienen relatos extraordinariamente violentos de la actividad de los grupos que concretaron esa estrategia y hacen hincapié en la particular ferocidad de los sacerdotes ustashas. El 30 de abril de 1941 se aprobó una ley que declaraba a Croacia como nación católica y a partir de entonces se forzaba la conversión de los 3 millones de serbios que en su inmensa mayoría pertenecían a la iglesia ortodoxa, hermanada con la fe de la mayoría de los eslavos que habitaban desde esa nación hasta Moscú. Pero además se ordenó que se precediera en igual medida con los 45.000 judíos y los 20.000 gitanos que habitaban Croacia y Bosnia Herzegovina. Aquello era una impostura, ya que al mismo tiempo que se daba la orden de cambio de fe, comenzó una tremenda campaña de ataques ustashas contra esas comunidades.

Por eso, aunque muchos obedecieron la orden de conversión, no pudieron salvarse. En la aldea serbia de Glina, los ustashas juntaron a los pobladores el 4 de agosto de 1941. Tanto los que mostraban certificados de conversión como los que no lo tenían, fueron encerrados en la iglesia ortodoxa local por orden del clérigo católico de la localidad. Luego fueron quemados vivos y los que intentaban escapar o esconderse, eran masacrados con hachas y cuchillos por las hordas lideradas por curas convertidos en oficiales de los escuadrones de la muerte de Pavelic y Stepinac. El único superviviente de Glina, Ljubo Jadnak, dio detalles precisos de la masacre.

En Zagreb, en junio de ese mismo año, los ustashas les habían ordenado a los judíos que juntasen una tonelada de oro para no ser enviados a los campos de concentración. Reunida la suma, cientos de ellos fueron subidos a los camiones militares y nunca más volvieron. Otros, cayeron en emboscadas montadas en las salidas de la capital por los ustashas. El oro, según consta en los registros, fue repartido entre Pavelic y Stepinac. Un grupo de 800 judíos fue enviado el 15 de julio como presente a Hitler. Murieron en Aushwitz a poco de ser recibidos.

Según una investigación del diario alemán Der Spiegel, bajo el gobierno de Pavelic se cometió la más amplia efectiva masacre judía de la era judía. El 95% fue asesinado, proporción que supera al 91% de los judíos exterminados en Holanda.

Todo ello sucedía bajo la mirada del jefe de la iglesia local, el obispo Stepinac que mientras tanto atesoraba millones en bienes que eran robados en iglesias ortodoxas y hogares de los “infieles” que eran atacados por sus subalternos. Cada uno de estos eventos era avisado al Papa Pio II en el Vaticano por la red de información de la iglesia y pese a ello el cardenal siguió en su puesto y ocasionalmente viajó a la Santa Sede a reunirse con sus superiores.

Y el aporte de Stepinac se amplió a los campos de la muerte de Pavelic. En el complejo de Jasenovac, funcionó un grupo de centros de exterminio en los que se asesinaron a por lo menos 600.000 personas. Tal era la brutalidad de los métodos usados allí, que oficiales de las SS nazis como Herman Neubacher que sabían de lo que sucedía en Aushwitz y Treblinka, escribieron reportes a Berlín horrorizados por el nivel de salvajismo que desplegaban los ustashas y en particular los sacerdotes que prestaban servicio dentro de sus instalaciones. Apenas sobrevivieron 86 personas de las cientos de miles que entraron en Jasenovac.

Uno de los curas más crueles del campo era Mirsolav Majstorovic, ex secretario de Stepinac. En un juicio posterior admitió haber matado 100 prisioneros con sus propias manos. Al ser condenado, se le encontró culpable de ordenar el asesinato de otros 30.000.  Pero el peor de todos fue el franciscano Petar Brzica, teniente de los ustashas de Jasenovac. El 29 de agosto se anunció la llegada de un nuevo contingente de prisioneros al campo y notaron que debían hacer lugar en las barracas. Se organizó una competencia para ver quien asesinaba más prisioneros usando solo un cuchillo. Ganó el cura Brzica y su cuenta fue 1.360 degüellos. Por ese record hasta hoy no superado, ganó un reloj de oro que previamente había sido robado a uno de los cautivos. Las pruebas constan en los documentos que se guardan en el archivo gubernamental de Belgrado.

En los campos de exterminio fueron ultimados también numerosos sacerdotes católicos que se animaron a levantar la voz contra la masacre. Y con ellos religiosos serbios como el cura ciego Kulen Vakuf que tuvo que oír como mataban a toda su familia antes de ser ejecutado o Branko Dobrosavljevic, desmembrado y despellejado vivo en un suplicio aplicado por los sacerdotes ustashas de Jasenovac. Stepinac fue informado de las condenas a los curas de su iglesia, pero nunca usó su poder para impedir ni su confinamiento, ni las torturas o la muerte que sabían que les esperaba.

 

El cardenal canta hasta morir

El 8 de mayo de 1945, las tropas rusas y los partisanos yugoslavos liderados por Tito entraron a Zagreb. Horas antes, los ustashas huyeron en masa hacia Italia y Austria, para luego terminar refugiados en otros países, la mayoría de ellos en Argentina a donde llegaron por la misma ruta que usó Ante Pavelic y que fue pavimentada por el Vaticano y el gobierno peronista.

Pero Alojzije Stepinac permaneció en Zagreb por orden de sus superiores. Allí comenzó la parte de la historia que pretende llevarlo al santoral católico.

Stepinac fue detenido el 17 de mayo y encarcelado por un tiempo a la espera de su proceso por colaboracionismo. Fue sometido a un proceso judicial que comenzó en octubre de 1946, en el que se expusieron las pruebas y testigos en su contra. En el proceso, admitió parte de su responsabilidad en el exterminio llevado adelante por los ustashas y su autorización implícita para que los sacerdotes participaran de ella.

Se le sentenció a 16 años de trabajo forzado por el delito de “alta traición”. No obstante, permaneció solo 5 años en la cárcel de Lepoglova y luego su condena fue cambiada por el arresto en el monasterio de Krašić, su ciudad natal. El papa Pio XII excomulgó a todos los funcionarios que participaron en el juicio como forma de protesta por lo que consideró un proceso judicial injusto. Era la respuesta del pontífice ante los pedidos fallidos a Tito para que el cardenal fuera amnistiado. El Papa fue más allá y en 1951nombró cardenal al arzobispo Stepinac mientras permanecía prisionero. La escalada condujo a la ruptura de las relaciones entre Yugoslavia y el Vaticano en diciembre de 1957. El 10 de mayo de 1960, el ex obispo de Zagreb murió de una trombosis.

El 9 de octubre de 1981 el papa Juan Pablo II abrió el proceso de beatificación de Stepinac. El Pontífice lo proclamó “mártir de la iglesia católica” en noviembre de 1998. La noticia provocó un fuerte rechazo de entidades judías y de la iglesia ortodoxa serbia, que consideraron aquella medida como una provocación innecesaria. Pese a las críticas, el papa beatificó a Stepinac el 3 de octubre de 1998 en la Basílica croata de Marija Bistrica.

En los siguientes trece años, la cuestión Stepinac estuvo aletargada. Pero el 8 de julio de 2011, el Papa Benedicto XIV asistió a la tumba del cardenal en la catedral de Zagreb y oró de rodillas ante su sepulcro. Aquella imagen despertó otra vez la furia de organizaciones ortodoxas y judías.

El arribo de Francisco al sillón de San Pedro pareció dar por terminado el “affaire Stepinac”. El acercamiento del nuevo Pontífice con otras religiones incluyó gestos muy fuertes hacia los sectores ortodoxos en donde se enrola la iglesia serbia. El encuentro entre el Santo Padre y el patriarca de la Iglesia rusa Kiril en la Habana el 12 de febrero de 2016, fue un evento histórico que vino a cerrar el cisma que había separado a ambas iglesias desde el año 1054. Francisco pronunció ese día un esperanzado “¡Por fin!” para expresar su satisfacción por el acercamiento con la mayor iglesia de Oriente.

Sin embargo, mientras católicos y ortodoxos intercambiaban halagos mutuos, en el Vaticano se creaba discretamente una comisión para revisar la biografía Stepinac. Ese cuerpo, aprobado por Francisco, se integró con expertos de la iglesia ortodoxa serbia, la curia croata y representantes del Vaticano. Se les dio un plazo de 12 meses para terminar de hacer su tarea y emitir un informe documentado que abarque la trayectoria del cardenal de Zagreb, más allá de sus acciones durante el gobierno de Pavelic.

La comisión tuvo un primer encuentro el 12 de julio de 2016 en el Vaticano y volvió a reunirse en Zagreb el 17 y 18 de octubre. Cuando se conoció la existencia de esa comisión, surgieron las primeras protestas de parte de grupos serbios que se oponen a cualquier intento de recuperar a la figura de Stepinac y de parte de los familiares de víctimas de Pavelic.

El Vaticano se apuró a aclarar que el trabajo de la comisión no tiene relación alguna con el proceso de canonización, que en rigor debe ser llevado adelante por otro organismo clerical, la Congregación para la Causa de los Santos. Los voceros explicaron que para convertir a Stepinac en santo católico, primero se debe probar que el obispo croata tuvo una vida dedicada a los valores católicos y la existencia de por lo menos un milagro que sostenga la pretensión de santificarlo.

No obstante, para los sectores más críticos sostienen que la comisión es el paso previo a la santificación y que los documentos presentados en su juicio y otros que fueron surgiendo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial son suficientes para dar por tierra con cualquier intento por salvar su imagen. Y que, frente al resurgimiento de los sectores que rescatan positivamente el rol de los ustashas en Croacia, el solo intento de reivindicar al obispo de Pavelic puede reabrir las heridas heredadas de la guerra en la Ex Yugoslavia ocurrida entre 1991 y 2001. Esa preocupación alcanza particularmente a los serbios que aun habitan la nación surgida en 1992.

A estos elementos, se le suma el anuncio de la próxima apertura de los archivos del Vaticano en el periodo que comprende la Segunda Guerra Mundial. Allí, será posible encontrar las piezas que faltan para explicar el apoyo y la tolerancia de la Santa Sede con la masacre en los Balcanes, en las que muchos miembros del clero tomaron parte.

Quienes se alarman por la canonización del beato nazi temen que el ex cardenal Bergoglio haga pesar la influencia de su ex confesor, el austro-croata franciscano Bersilao Ostojic, que en el pasado fuera una de las autoridades del colegio Cardenal Stepinac, una institución educativa de le localidad de Hurlingham sostenida por la comunidad croata argentina y que lleva el nombre del obispo de Pavelic.

El 6 de junio, el papa se reunió con Andrej Plenković, presidente de Croacia. En esa reunión, Francisco I le pidió paciencia por el asunto Stepinac. Queda claro que el Vaticano no renuncia a su intento para convertir al acusado de genocidio en santo. Mientras tanto, las organizaciones católicas que gravitan en torno a la oficina de propaganda papal insisten en presentar supuestas muestras de la intención del obispo a favor de perseguidos judíos y ortodoxos.

El pontífice argentino heredó un problema mayor. La actividad de la comisión canonizadora de Stepinac no se detuvo y tampoco el Papa mostró intención de frenar el proceso. Hasta hoy, la biografía del cardenal fue arreglada en el Vaticano y se borraron todas las partes de su colaboracionismo, para ser reemplazadas por una improbable actitud de ayuda hacia los fugitivos judíos y una piedad de igual carácter con los sacerdotes que tuvieron la bravura para oponerse a Pavelic y sus ustashas.

Resta todavía probar que realizó algún milagro. Quizás la santificación sea ese prodigio, habida cuenta la calidad y cantidad de crímenes que rodean la vida del ex obispo de Zagreb. El Papa que nació en la misma tierra que fue santuario de Ante Pavelic en la posguerra, tendrá la última palabra.

 

Acerca de Ignacio Montes de Oca

Cancel Culture Salad: Women, The Confederacy, Tupac Shakur, Barack Obama, and Robert E. Lee, an article by David Garyan

July 28th, 2020
Ravenna, Italy

 

Cancel Culture Salad: Women, The Confederacy, Tupac Shakur, Barack Obama, and Robert E. Lee

In one of the most empowering moments for women not just in the US, but all across the world perhaps, Congresswoman Alexandria Ocasio-Cortez took the House floor and issued one of the strongest statements not only in defense of herself, but she also spoke in a way that gave voice to countless women who’ve had to endure similar insults, such as “disgusting,” and “fucking bitch,” which were just two of the remarks that Congressman Ted Yoho directed at her. Subsequently, Yoho attempted to justify himself by stating the following: “Having been married for 45 years with two daughters, I’m very cognizant of my language. The offensive name calling, words attributed to me by the press were never spoken to my colleagues and if they were construed that way, I apologize for their misunderstanding.” Little did the man know that he was dealing with an empowered individual who wasn’t going to concede an argument simply because, at 29, she became the youngest woman to ever serve in the US Congress while Yoho has been married for 45 years. In a charged speech, Ocasio-Cortez addressed the Congressman’s remarks in the following way: “Having a daughter does not make a man decent. Having a wife does not make a decent man. Treating people with dignity and respect makes a decent man.” Indeed, this isn’t simply what we want from our women today—it’s what we expect in the 21st century, and rightly so.

Still, is it possible to say—without defending Yoho—that individuals can’t be reduced to one action, that they’re incredibly complex, that people who aspire to goodness and even those who actually manage to achieve great things do have flaws, sometimes even serious ones? In the age of cancel culture, we need to be incredibly careful about choosing the conditions, traits, and characteristics with which to measure the so-called “goodness” of people. With regard to misogyny, things still haven’t improved much in the way men treat women. The president’s well-known 2005 remarks in the presence of Billy Bush that were revealed during the 2016 campaign highlight this problem very clearly—while many men today might not be so vocal as Trump about their desires as they were in the past, it’s unlikely to believe that male psychology itself has changed very much. Thus, while grabbing them by the pussy is perhaps not something males are comfortable expressing right now, it’s nevertheless something they’re comfortable thinking in private.

Whatever the case may be, this article is neither meant to defend sexist men, misogyny, Ted Yoho, nor is its purpose to justify occasional insults by men towards women simply because all individuals possess “complexity.” What this article will attempt, however, is precisely to take the first step in proposing the following: People should try their best to move beyond an individual’s flaws—even at times when those shortcomings are quite serious—but only if said individual would never wish harm upon someone had they not been in the state that caused them to insult or hurt another human being, whether voluntarily or out of ignorance.

The fact that every person has flaws is nothing new; however, the harsh nature of how we’re perceiving these shortcomings—the overemphasis on people’s negative traits—isn’t a recipe for success either. As an idealist, one perhaps too far on the side of Don Quixote, I’ve always wanted individuals to be more or less perfect, and that’s perhaps why I’ve struggled with friendships, relationships, and other basic human engagements all my life. It’s disappointing when people don’t live up to expectations; at the same time, it’s extremely exhilarating when someone you know does measure up to your level of perfection—if only for a little while; a day after my 33rd birthday, I think I’m really beginning to “accept” that; naturally, this is something I’ve known for a long time, but there’s a big difference between knowing something (or someone) and actually living with it (or someone); the former implies distance while the latter implies complete intimacy. In no way should the meaning here be construed purely on the basis of human relationships; in fact, my point is meant to be understood philosophically.

I’ve always been fascinated by the demons that afflict individuals and also my own suffering. In a short story called “Cynthia,” written by Aldous Huxley and published in the collection, Limbo, the author wrote the following: “I can sympathize with people’s pains, but not with their pleasures. There is something curiously boring about somebody else’s happiness.” The story is about a man named Lykeham who projects an image of perfection onto a woman he admires and also himself; the narrator who flashes back to the story which occurred fifty years ago eventually makes it known that Lykeham is neither the Apollo he describes himself to be (probably closer to Hephaestus) and we likewise get the sense that the woman too may be far from perfect herself, mainly because “here was chaste Cynthia giving herself to him in the most unequivocal fashion.” Either way, this article is also neither about Aldous Huxley nor is it about whether beauty plays any role in a man’s ability to attract women. What this article will attempt, however, is take yet another bold step: To argue that Aldous Huxley was on to something when he contrasted the way we perceive human beings in our own imagination and how, in turn, those human beings actually are in comparison to those imagined realities we hold in our heads.

Besides just an artistic fascination with people’s demons, along with the narrow focus of how suffering may contribute to the creative process for artists, I really didn’t start thinking about the issue of flaws very seriously until I rediscovered the music of Tupac Shakur. Before I even begin the main discussion of our topic (finally), I must first take the time to settle an unrelated issue: Contrary to what many people, along with the staff at Billboard (who don’t even include him in their ten greatest of all time) like to believe, Tupac was the most remarkable and illustrious rapper of our time. No one in the history of rap (for better or worse) even came close to displaying the type of lyrical and musical range that Tupac showcased during his short 25 years of life—not to mention starring in six movies (three released posthumously).

It’s precisely this musical “range” that will help not only drive but round out the argument already introduced. Let’s begin matters this way: Any genuine fan of the great rapper knows that there really isn’t one Tupac, but, actually, two such personalities—perhaps it’s for this reason that his name appears as 2Pac on almost every album, including one of his best-selling, All Eyez On Me.

What I mean to stress is that the man embodied, to an extreme extent, the classic Dr. Jekyll and Mr. Hyde attributes that are, in fact, found in all individuals, perhaps not in the same degree, but this really isn’t the main point. The more relevant thing to say would be the following: As I listened to songs from the great rapper in the spirit of Dr. Jekyll and others recorded with the sensibilities of Mr. Hyde, it quickly occurred to me that Tupac, in the 21st century, could either have been the most gentle feminist or the cruelest misogynist—depending on which part of his catalog you burned or destroyed and which musical legacy you left for the cancel culture generation to discover. Ultimately, however, it would be senseless to erase any part of Tupac’s artistic output to try and rewrite or even revise his legacy, again for better or worse. Music, unlike statues, is much harder to tear town, and perhaps it’s because of this timelessness that we must confront the man known as Tupac Shakur and deal with him in terms of “Keep Ya Head Up” while also reconciling ourselves with “Wonda Why They Call U Bitch” and “There U Go,” a song in which he says “Can’t turn a ho into housewife,” and this isn’t even the worst line on this particular tune.

Let’s however start with what I consider Tupac’s greatest recording and perhaps even the most powerful song in all of rap—that would, naturally, be the aforementioned “Keep Ya Head Up.” I can think of no other rapper, especially one so “masculine” as Tupac, who could even begin to approach the type of tenderness that he displayed in the aforementioned track. Released when he was only 22, the song discusses poverty, racial injustice, but most of all it focuses on the plight of women, which will be a general theme throughout the article. The misogyny in early rap music is rampant; from music videos sexualizing women to promoting unchecked promiscuity on the part of the male—all while calling women who act the same way sluts—Tupac is but one piece in this puzzle. The difference, however, is that, unlike the rest, he had a vulnerable side to him that almost no one during the gangsta rap era came close to possessing. Even today, one is hard-pressed to find an artist who’s willing to risk the type of vulnerability that Tupac offered in one of his sincerest songs.

Since Mr. Hyde is never far away, however, the opposite side offers the other extreme—Tupac’s rampant sexism and misogyny; even if we continue with the theme of women and skip perhaps the cruelest diss track in rap history, “Hit ‘Em Up,” where he insults the rap group Mobb Deep, a member of which, Prodigy (now deceased), suffered from sickle-cell anemia (again probably not the worst thing he did on this particular recording), Tupac’s “range,” so to say, really becomes apparent. In the song “Wonda Why They Call U Bitch,” he portrays women who sleep around as the embodiment of vice—without realizing himself, perhaps, that he was glorifying the “playa” lifestyle on almost every track; the double-standard is so blatant here it’s surprising that an intelligent individual like Tupac never questioned his own logic or perhaps didn’t even realize the hypocrisy. All that, even, wouldn’t have been a problem had he not insulted a Civil Rights activist by the name of C. DeLores Tucker in the same song.

It’s true that after marching alongside Dr. Martin Luther King Jr. in 1965 and forming the African-American Women for Reproductive Freedom in 1990 with 15 other African American men and women, Tucker dedicated the remaining years of her life to speaking out against the misogynistic and sexually explicit lyrics of gangsta rap. In turn, according to 2005 Washington Post article, “Rappers called her ‘narrow-minded.’ Some ridiculed her in their lyrics. She was sued by two record companies.” In one of his other misogynistic masterpieces, “How Do U Want It,” which is in many ways far less offensive than “Wonda Why They Call U Bitch,” Tupac gives a clue as to the reason for his anger: “Instead of tryin’ to help a nigga, you destroy a brother,” meaning that Tucker’s refusal to support black rap artists was a stab in the back, mainly because a great number of them, like Tupac, had come from impoverished backgrounds and her desire to silence their message was an attempt to subjugate the black nation and keep it from being empowered, an ideology which, according to the rappers, ran contrary to her own civil rights values of free speech and expression.

It should be noted that the ten million dollar lawsuit Tucker brought against Tupac for both songs was eventually dismissed in court, which, ironically cited the same reasoning as he did for its dismissal. According to the RCFP (a non-profit organization press organization founded in Washington D.C. in 1970): “In explaining its holding in an unpublished opinion, the court wrote that the reference to Tucker ‘did not tend to injure her reputation, her business or profession, or expose her to public hatred, contempt or ridicule and thus were not defamatory.’ The court described the reference to Tucker as an opinion ‘that Tucker was out to hurt rather than to help her fellow African-Americans.'” Along roughly similar lines, an LA Times article appeared which described the civil rights leader’s own failures and faults—being fired by Philadelphia Governor Milton Shapp for allegedly asking “state employees to write speeches for which she collected $65,000 in honorariums, some of the money from charities under her supervision.” Many rap artists, thus, justified their accusations on these grounds but what Tucker’s actions in fact do is simply confirm the message of my entire article, something that Sandra Mills, her campaign manager during the good activist’s failed bid for Congress, echoed in the same LA Times piece: “Everybody has some baggage in their past and in C. DeLores Tucker’s case, the baggage is in bad property management, but I don’t see how that diminishes in any way the public service she is performing for African Americans by fighting against the negative lyric content in rap music.” In the same sense, we may apply this to not only Tupac, but all the others like him who’ve at some point in their lives striven for a better world in which no one can really be perfect.

Now, let’s slow down a minute; no one wants to rehabilitate Robert E. Lee, for example, just because he stated the following in an 1856 letter written to his wife: “In this enlightened age, there are few I believe, but what will acknowledge, that slavery as an institution, is a moral & political evil in any Country.” Similarly no one wants to romanticize the entire Confederacy simply because at one point in 1864 Patrick Cleburne, an Irish-born American Major General in the Confederate Army, once wrote a pamphlet urging Jefferson Davis to arm the slaves and free them after the war. Indeed, even the Confederacy and the people who served within it were incredibly complex; nevertheless, there’s a fundamental difference in the way we must apply this logic for our purposes—while the Confederacy can’t get a pass, because it was fighting to protect slavery, individuals like Tupac and others who championed and continue to fight for a better world do deserve some latitude for their shortcomings because they were doing precisely that: Using their power or art to change society for the better.

It may often be the case that it’s too late for art to change society—the only thing it can achieve is remind people of a horrific past in the hopes that its message can prevent similar things from happening again at some point in the future; if art has such power, perhaps we can interpret its ability to renew society as a genuine way to reform the world at large, but prospects remain bleak. In the song, “Brenda’s Got a Baby,” Tupac raps about a twelve year old girl who gets pregnant. Loosely based on a true story of a person the same age, a New York Times article which Tupac had supposedly read or heard about talks about a girl who is “already an orphan, a rape victim and a mother. Now, two days after her newborn son was rescued from the maw of a trash compactor, she has become something more—a symbol of the violence that stalks the young in some corners of this city.” Such instances of violence, despair, and hopelessness are precisely the things which Tupac wanted to highlight—it was his way of bringing more attention to these issues.

It might not be Tupac in his most tender moment, but the level of social awareness in the aforementioned song is high, speaking in the most modest sense; likewise, in a very conservative manner, the track “Run tha Streetz,” is the exact opposite of “Brenda’s Got a Baby,” to say the least. Tupac wastes no time telling listeners in the opening lines exactly where women stand: “the secret on how to keep a playa / some love makin’ and homecookin’, I’ll see you later.” Not to mention he later repeats the fact that women should prepare meals for him—this time saying please. Tupac’s assumption that women must stay in the kitchen is yet again not the worst thing that happens on this track but it nevertheless astonishes—how could a man with such sensitivities, the man who wrote “Keep Ya Head Up” and “Dear Mama,” stoop so low? To his credit (whatever is left of it in this instance anyways), Tupac does, at the very least, feature a female vocalist (Michel’le) on this track, and she raps the following lines: “it’s a man’s world / But real women make the shit go around.” Once more, I wish to stress that complexity within individuals doesn’t simply excuse whatever mistakes they happened to make; what it should do, however, is give us the opportunity to think about the demons which many good people have; as I’ve said, we can excuse these negative qualities, if, overall, the person has for the most part dedicated themselves towards fighting for justice.

Speaking of struggling for a righteous cause, no one else in Tupac’s family (except the man himself) embodied that trait better than his mother, Afeni Shakur. Having joined the Black Panther Party in 1968 at the age of 21, she wrote for the organization and eventually became a section leader for the Harlem chapter. Along with other Black Panther members, she was arrested in 1969 and subsequently charged with multiple counts of conspiracy to blow up police stations and other public places in New York. Already pregnant with Tupac during her trial in 1971, she chose to represent herself, interviewing witnesses and arguing in court. A 1971 New York Times article states that she, along with the other members, were acquitted and that Mrs. Shakur was “eight months pregnant, [and] represented herself during the trial.” The latter alone, without the former, would’ve been a major accomplishment by itself.

Recognizing the struggles which his mother endured to raise him, Tupac wrote “Dear Mama” as a tribute to the most meaningful woman in his life. Additionally, like in “Run tha Streetz,” he naturally mentions that a woman cooks for him (in this case his mother); however, this naturally has no sexist or misogynistic undertones because, firstly, he talks about himself as a child, and, secondly, he also mentions that his mother “comes home from work late,” meaning that, although she lives in poverty, she’s an empowered individual because of her capability to both work and prepare a good meal for her son—one of the traditional values of motherhood.

As already mentioned, one of the lines in “There U Go” is “Can’t turn a ho into a housewife.” The line is very denigrating because many prostitutes don’t consciously choose to be one—they’re often forced into the profession by proxy of human trafficking or because of poor financial resources, as Tupac himself admits in “Brenda’s Got a Baby.” Furthermore, the fact that his own mother, while never being a prostitute, herself had to undergo hard times and poverty, makes it even stranger that Tupac would speak of women in this way, especially since his mom did manage to overcome difficult obstacles while also being able to raise a child. The song goes on to state blatant hypocrisies such as this:

We’re to assume that only men have the right to be irresponsible in clubs, to stay out late, dress up in flamboyant ways, and so on. The double-standard is so blatant that Tupac himself admits it: “It’s all good, ’cause there you go / Me I’ma still be a player, all day baby.” There’s a fundamental disconnect between the type of leisure that Tupac allows himself (and by extension all men), and the type of activities that women are supposed to partake in (staying home, cooking, and raising children).

A lesser known song in Tupac’s catalogue called “Mama’s Just a Little Girl,” from the posthumously released 2002 album Better Dayz, has a somewhat similar message to “Brenda’s Got a Baby.”

However, despite the fact that the baby also dies in the end, Tupac concludes the song with a heartfelt message, along with the fact that he’s probably the only figure in gangsta rap to use the archaic word “thee” in a song:

The rose that grew from concrete is the most powerful metaphor, in my opinion, that Tupac ever created; it’s a genuine poetic image in the sense that it can live without music or even his lyrical ability. As Tupac stated numerous times, the phenomenon of a rose growing from the concrete is something so strange and distinct—for this to happen the rose must have a type of will to live that’s unequaled by the majority of life. He wrote a poem by the same name, further symbolizing the message that unique and beautiful things can come from hostile environments, but, likewise, stressing the fact that phenomena like these require the greatest willpower on the part of such individuals in order for them to grow in environments everyone claims they can’t survive in.

The final song I’d like to contrast is “How Do U Want It.” I’ve purposely chosen to end on Tupac’s Mr. Hyde side to really symbolize the fact that people who are in essence good, those who strive for a better world, and those who actually do make some positive changes within it, aren’t perfect—they may even have, as in the case of Tupac, very serious flaws, but this shouldn’t stop us from celebrating these individuals freely without ourselves being harassed, cancelled, or humiliated; anyways, all this is really material for the conclusion, so let’s discuss the actual song before we pursue those matters further.

As we’ve already seen and as Tupac himself stated on numerous occasions, he was someone who appreciated women, for better or worse. The song can, perhaps, be considered a parallel of Marvin Gaye’s “Sexual Healing” for the rap community. It celebrates the female form, sexuality, and worldly pleasures in general—probably to an extent which crossed a few boundaries that Gaye’s song didn’t; I say this only because in a track which talks about casual sex with multiple women and hitting “switches on bitches like I been fixed with hydraulics,” Tupac, somehow, finds a way to diss the ever-present C. Delores Tucker, who was already an unattractive woman of about 69 at the time Tupac released the record in 1996; surely, I don’t have to explain the relevance of the age in this matter.

Additionally, the fact that Tupac includes a mention of Bill Clinton in a song about wild sexual escapades is also a statement to his, should we say, talent? I can’t speak for Bob Dole, but it seems that contrary to Tupac’s premature criticism, the jolly Bill Clinton of forty-nine years really wasn’t too old to know how the game is told, given that his decision to have an affair with a twenty-two year old intern called Monika Lewinsky doesn’t really favor Tupac’s assessment so well, although in his defense, the good rapper himself had already been dead for three years at that point.

Well, it’s always good when humor can be brought into a serious environment, but returning to weightier issues, Tupac is the best person to illustrate why we must give people with serious flaws a chance. I’ve said it and I’ll repeat it again: Tupac was the greatest rapper in terms of lyrical composition and delivery, along with being the most influential spokesperson for social justice in that genre. He was a real artist—an actor, a poet, and a soldier for peace, even though his post-imprisonment career began to symbolize the latter less and less. Still, there’s evidence that Tupac wanted to walk away from the gangsta rap lifestyle. Even before signing the actual contract with Death Row Records, his manager and two of his lawyers, “argued vigorously with Tupac about his decision to go to Death Row,” according to a 1997 New Yorker article called “The Takedown of Tupac.” The late rapper, while still in prison, responded to his manager, Watani Tyehimba, in the following way: “I know I’m selling my soul to the devil.” Suge Knight paid Tupac’s bail in exchange for Tupac’s services at Death Row.

Charles Ogletree, his criminal and civil defense lawyer is quoted as saying the following: “I remember seeing him just before his twenty-fifth birthday. He felt it was a glorious day. He never imagined he’d live to be twenty-five—but there was a sadness in his eyes, because he still had these chains binding him. This [Death Row Records] was not where he wanted to be. I said, ‘You can be anything you want to be.’ He said, ‘Can I be a lawyer?’ I said, ‘You’d be a damn good lawyer!’ I sent him a Harvard Law School sweatshirt.” Had Tupac fulfilled his dream and actually become an attorney, what would he have said about the times we find ourselves in? There’s that would make one believe he didn’t have the intellectual capability to attain academic success—just watch this 1992 MTV interview in which he was already speaking about the dangers of living in a Trump-influenced environment, even going so far as mentioning the mogul’s name—and you’ll be convinced by the way he articulates his points that the man was clearly no idiot. Certainly he had flaws and yes he was reckless, but we shouldn’t burn half his catalog and write him out as a human being because of them. When I do wonder what Tupac would’ve said about our times, I watch this video and it becomes apparent that it’s not difficult to image his own take on the Black Lives Matter movement and social unrest in general.

If the previous statement and interview, however, didn’t do much to convince, perhaps a more “reputable” figure might. Here’s what President Obama himself had to say in Rolling Stone about the so-called “woke” culture back in 2019: “The world is messy. There are ambiguities. People who do really good stuff have flaws. People who you are fighting may love their kids, and share certain things with you. I do get a sense sometimes now among certain young people, and this is accelerated by social media—there is this sense sometimes of the way of me making change is to be as judgmental as possible about other people, and that’s enough. If I tweet or hashtag about how you didn’t do something right or used the wrong verb, then I can sit back and feel pretty good about myself. Did you see how woke I was, I called you out. Then I’m going to get on my TV and watch my show … That’s not activism. That’s not bringing about change. If all you’re doing is casting stones, you’re probably not going to get that far.” It’s always nice to see that a former president (and a sane one at that) can confirm what you have to say. So let the outrage come. I can handle it.

 

About David Garyan

David Garyan has published three chapbooks with Main Street Rag, along with a full collection, (DISS)INFORMATION, with the same publisher. He holds an MA and MFA from Cal State Long Beach, where he associated himself with the Stand Up Poets. He is currently studying International Cooperation on Human Rights and Intercultural Heritage at the University of Bologna. He lives in Ravenna.

Carlos Müller: “…Se me ocurre que me gustaría ser japonés o japonesa…” (por Yamila Musa)

Carlos Müller

27/07/2020

Entrevistado por Yamila Musa

 

SERIE: VOCES DE AMÉRICA LATINA

 

En el camino que fuiste transitando durante tu carrera ¿podrías reconocer cuáles fueron tus aciertos y cuáles tus errores? 

Prácticamente siempre hice cosas que me gustan. Nunca “sufrí” un trabajo. Hace varios años que me dedico a actividades relacionadas al cine y la cultura. La realización cinematográfica, el Cineclub Dynamo, el trabajo en festivales, el coleccionismo, la restauración de películas y afiches de cine, la docencia universitaria, cursos de cámara, etc. Tal vez debería haberle dedicado más tiempo a la realización y producción. Eso me lo reprocho un poco, pero en definitiva está bien como se dieron las cosas. Mi acierto fue no salirme nunca del mundo del cine. También  lamento un poco de haberme alejado bastantes años de la filosofía. Pero la filosofía está siempre ahí y en estos momentos volví a estudiar cotidianamente y estoy organizando grupos de estudio.

Si tuvieras que definirte ¿te identificas más como latinoamericano o como ciudadano del mundo? 

Creo que ni uno ni lo otro. No he viajado tanto como para considerarme ciudadano del mundo. Simplemente hay lugares en los que me siento mejor que en otros. A veces, siento algo así como una afinidad especial con un lugar, que puede ser en América Latina -donde sin duda siento una pertenencia- o en otro país.
Si tuviera que definirlo categóricamente diría que mi mayor identidad es la de ser argentino. La forma de ser y de pensar del argentino, nuestra cultura, la literatura, la manera de hablar, el culto a la amistad y a la familia, nuestras músicas y el fútbol, entre otras cosas, hacen que me sienta más argentino que otra cosa. 

¿Qué debería aprender América Latina de los Estados Unidos y qué debería aprender Estados Unidos de América Latina? 

Creo que desde hace 20 o 30 años hay una mayor conciencia continental en los países que conformamos la América Latina. Es complejo decir qué debería aprender uno de otro porque no creo que se pueda tomar a América Latina como un bloque. Más allá de una mayoría de habitantes con cultura hispánica o portuguesa y pueblos aborígenes, las realidades cambian mucho de país a país.
De todos modos, diría que es admirable el nivel de organización que tienen en Estados Unidos y también la solidez de su sistema científico y educativo. Tienen una determinación a la hora de hacer las cosas que admiro.
Estados Unidos podría aprender mucho de América Latina en lo que hace a una forma de vida menos ligada al consumo y con un espíritu más comunitario. Hay tantas formas de ver la vida en nuestros países, que vienen de los pueblos originarios, que enriquecerían a Estados Unidos o a cualquier país que se detenga en eso. Hay una riqueza de culturas aborígenes realmente valiosa e infravalorada.

¿Considerás que América Latina sufre una secular explotación desde los tiempos de Colón hasta el presente y tiene las “venas abiertas” como refiere Eduardo Galeano en una de sus obras?

No es lo mismo hablar del territorio latinoamericano durante los tiempos de Colón que de naciones que ya tienen más de 200 años. Creo que ponerlo en esos términos esconde que en la mayoría de los casos esa explotación -que efectivamente existe- se da gracias a un componente local corrupto. Si no identificamos eso va a ser difícil que cambie. Evidentemente hay una falta de conciencia del bien común nacional en muchos de nuestros gobernantes. También hay niveles muy altos de corrupción económica y política en muchos países latinoamericanos. ¿Qué ganamos diciendo “nos explotan” si no somos capaces de detener el entreguismo de muchos de nuestros gobernantes y empresarios? 

 Si pudieras tener la experiencia de cambiar durante un tiempo tu género y tu raza ¿lo harías? ¿Cómo te imaginas?

Nunca lo había pensado. Se me ocurre que me gustaría ser japonés o japonesa. Siento una admiración y fascinación enorme por todo lo japonés.

 

BIOGRAFÍA 

Carlos Müller nació en Mar del Plata en 1977, se dedica al cine y es Licenciado en Filosofía. Desde hace más de quince años dirige el Cineclub Dynamo, es realizador y docente universitario.

 

Yamila Musa

BIOGRAFÍA 

Yamila Musa nació en Villa María, ciudad de la provincia de Córdoba. Con sólo tres años, comenzó su formación en Declamación y Arte Escénico. Esto la llevó a proyectarse en la comunicación integral, por lo cual concretó sus estudios de Licenciada en Comunicación en la Universidad Nacional de Córdoba. Al finalizar su carrera universitaria se trasladó a la Capital Federal en búsqueda de nuevas oportunidades. Realizó diversos trabajos relacionados al sector de la cultura, entre ellos como Directora de Producción de la Película “La Invención de Borges” del Director francés Nicolás Azalbert. Actualmente es Periodista & editora de la revista The International Literary Quarterly,  y colaboradora de la Fundación Cineteca Vida.

“El difícil porvenir,” por Francisco Ardiles

27/07/2020

Francisco Ardiles

 

Economía de Jacques Attalí

Lo que Jacques Attalí dijo en una entrevista que le hicieron la semana pasada me dejó sin palabras. Fue tajante, implacable pero claro en lo que respecta a sus consideraciones sobre lo que está por venir. Entre las numerosas cosas que señaló, horribles casi todas por cierto, fue que la verdadera crisis aún no ha comenzado y que muchos de los sueños, planes y esperanzas que tenemos para el futuro van a tener que posponerse por un tiempo indefinido. La recesión económica será profunda y larga; y acabará indefectiblemente con los sectores más frágiles de la sociedad.  Casi todos las ramas del mercado que no son imprescindibles para mantener al mundo con vida desaparecerán. La gran cantidad de dinero que se ha emitido para mantener los negocios abiertos y el nivel de consumo a flote, solo ha servido de paliativo temporal para disfrazar la banca rota del sistema, sin embargo hay una bomba de tiempo que ya se activó y terminará explotando tarde o temprano. Más temprano que tarde pienso yo. Cuando eso suceda no quedará otra cosa más que desempleo, hambre y miseria. Así que si yo fuera ustedes, dejaría de gastar mi dinero en lujos innecesarios y compras nerviosas por internet; y lo guardaría en una cajita fuerte para que luego no me falten los alimentos.

En otro pasaje de su entrevista, Attallí asegura que en muchos palacios presidenciales y empresas prominentes del mundo todavía no se ha comprendido la gravedad de lo que se avecina. Para explicar este punto tan delicado dijo lo siguiente: “la industria automotriz, por ejemplo, aún no lo entendió, pero una enorme parte de ella está muerta. El sector aeronáutico tampoco lo comprendió, pero está muerto. Y muchas empresas son zombis y son financiadas como si fueran a sobrevivir. Hay empresas que incluso están organizando cursos y seminarios, y todavía encuentran forma de financiarse, ¡pero ya están muertas!”. Resulta que algunos expertos financieros y economistas de renombre lo saben, pero no lo dicen para no que no cunda el pánico por doquier. Al parecer es un hecho que cuando están entre amigos y gente de confianza, casi todos coinciden en augurar una recesión que durará años. No se sabe cuántos pero seguramente serán años muy difíciles, sobre todo para los más vulnerables. Esto no sólo se refiere a las personas sino también a los países con las economías más frágiles. Ya pueden imaginarse cuáles son esos países. No hay que forzar mucho la imaginación para dar con los nombres. De los ricos no dijo nada, porque los ricos siempre sobreviven.

Al parecer, lo único que quedara en pie en este paisaje distópico de la economía del porvenir, será la salud, la educación, la alimentación, la industria de combustibles y el mundo digital. El resto tendrá que esperar un buen rato para salir a flote de nuevo. Todos los otros sectores de menor importancia: el turismo, la gastronomía, la hostelería, las tiendas de ropa, los cruceros, los colegios privados, las pequeñas empresas de confección de prendas de vestir, los gimnasios, las universidades privadas, las peluquerías, la construcción, los talleres mecánicos, los centros comerciales, los cines, el transporte que no sea de carga, los alquileres de vivienda y la gran mayoría de los burdeles, bares y discotecas, se pueden dar por muertos. Con ellos se irán por el desagüe sus empleados y obreros. Con esto también se pude dar por descontado que habrá marchas y manifestaciones multitudinarias, de todos esos gremios que no saben que ya están muertos. A los gobiernos que tengan recursos, no les quedará otra opción que generar sistemas de ayuda y apoyo alimentario para toda esta gente. De los otros, de los que no los tienen, prefiero no hablar y ahorrarme el comentarío. Para Attallí lo peor de toda esta situación terrible que se avecina, es que los políticos y los periodistas que están al tanto de todo, porque alguien se los advirtió, no lo quieren decir porque: “buscan cómo llegar hasta la próxima elección y confían en que después de las urnas se encontrará una solución. Pero eso es falso. Lo mismo pasa con la gente: prefiere creer que las fuerzas de la naturaleza o un mesías o Dios o cualquier otro tipo de salvador aportará una solución. Y no es así.” Como ven, queda poco por decir. Puede que algunos piensen que Atallí está exagerando pero yo creo que lo que se nos viene encima será algo así.

Sobre Francisco Ardiles

Imagen del pasillo cubierto de la Facultad de Humanidades de la Universidad Central de Venezuela (patrimonio mundial de la humanidad desde el año 2000) después de que cediera ante el peso de la lluvia, el abandono y la desidia.