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Los problemas de la Bioética en la actualidad, un articulo por Arzobispo Eric Escala, Editor de Asuntos Cristianos de Inte...

Los problemas de la Bioética en la actualidad

Arzobispo Eric Escala – Comunión Anglicana Continuante

 

Arzobispo Eric Escala

07/01/2023

 

En este nuevo mundo vivimos realidades que escapan a nuestra imaginación, muchas veces no somos conscientes de lo que pasa a nuestro alrededor; por ejemplo la escases de agua es tan alto el problema que ya cotiza en la bolsa, esto quiere decir que pronto será difícil  el poder tenerla, esto traerá consigo conflictos como en el pasado, esperemos que esto no vuelva a ocurrir.

También  la basura crece de maneras alarmante, todos contribuimos a esto, se hace necesario crear formas de reciclar la misma, de echo existen pero para todo hay un comercio y esta no está exenta, debemos educar a las personas y concientizar que no tenemos otro hábitat hay que cuidar nuestro entorno.

Pues bien definamos el término del cual hablaremos:

¿Qué es la Bioética?

La bioética es la rama de la ética dedicada a promover los principios para la conducta más apropiada del ser humano con respecto a la vida, tanto de la vida humana como del resto de seres vivos, así como al ambiente en el que pueden darse condiciones aceptables para la misma.

Para llevarle a la sociedad se crean comités y demás, en la práctica poco se ha realizado, lo digo como parte de un comité de bioética.

¿Qué problemas afronta la bioética en este momento?

Uno de sus principales problemas es la moral, esta depende de quién trate el problema y el entorno en el cual se discute una solución.

No todos estamos de acuerdo en las conclusiones y tampoco compartimos los mismos valores.

Los temas más recurrentes en este campo son el aborto, Trasplante de órganos, transfusión de sangre, manipulación genética, entre otros.

Realidades muy distintas se presentan en cada caso, se debe debatir entre que es lo correcto y como llevarlo a cabo.

Hace poco se presentó a la luz pública el proyecto de Ectolife, lo que sería la siguiente evolución a la técnica de fertilización in vitro, poder crear una vida fuera del útero de la madre.

Aquí se puede abrir el debate, si es correcto o no, sus defensores alegan que es una forma de poder tener hijos, podríamos decir ¿Qué tal si adoptas? Existen muchos niños sin hogar o el cariño de padres amorosos, pero existen tantas trabas burocráticas que es casi imposible hacerlo.

Entonces, ¿Es ético crear una vida artificial para poder tener familia? ¿Acaso no estamos jugando a ser dioses? He allí el dilema si es correcto o no.

Ya existen vientres de alquiler, es conocido por todos, quienes pueden viajan a países con leyes ambiguas y contratan estos servicios, también existe el tráfico y venta de seres humanos.

En Gen 16 está el relato de Abraham, quien al no poder tener un hijo con su esposa Sara, tiene relaciones con su sierva Agar; esto ha sido la raíz de incontables problemas entre pueblos y creencias monoteístas.

Pues bien existen otros dilemas que debe tratar la bioética, en la actualidad muchas personas se sienten disconformes con el sexo en el cual han sido educados o el cual nacieron, hay un amplio panorama de condiciones, recientemente la iglesia anglicana de Inglaterra  ordeno una persona  no binaria, algunos han levantado la voz en contra de esto, ya en el pasado  la iglesia de Estados Unidos, había consagrado obispos homosexuales y también transgenero; abriendo aún más las diferencias entre los liberales y conservadores.

Pues bien existen dos posturas al respecto:

  • La postura conservadora dice que esto no se debe aceptar pues Dios creo un hombre y una mujer, ese fue el diseño original, el cual se debe respetar.
  • Hay que adaptarse a los tiempos, además todos somos hijos de Dios.

Estemos de acuerdo o no con alguna de las anteriores, debemos recordar que las iglesias son grupos de personas que se unen para caminar en comunidad, si yo acepto y comparto su forma de pensar entonces puedo ser parte de la misma, estamos en un continente donde la libertad de conciencia está permitida, yo puedo estar o no dentro de una religión x, en otro lugar esto sería penado con cárcel o pena de muerte.

A esto se le llama actualmente políticamente correcto.

Otro claro ejemplo de cómo nuestras creencias pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte es la transfusión de sangre, algunas iglesias de corte evangélica neo pentecostal y también los testigos de Jehová prohíben la transfusión de sangre, en este caso al programar la operación debe hacerse un tratamiento con eritropoyetina, la cual estimula al cuerpo para la producción de células sanguíneas.

¿Qué pasa en caso de un accidente?

Cuando está en riesgo la vida del paciente el medico está en la obligación de hacer todo lo posible por salvar su vida, pero al romper con la libertad religiosa del mismo puede acarrear graves problemas legales, es por ello que la bioética debe dictar leyes que ayuden a preservar la vida de los afectados sin traer molestias a los encargados de la salud.

En fin existen aún muchas brechas que saldar para esta nueva especialidad, como en toda ciencia hay mucho por conocer y sus especialistas aún les queda mucho  descubrir ya que no todo está dicho y cada día hay algo nuevo, como en la filosofía no existen paradigmas para la misma.

Les invito en este nuevo inicio de año en conocer sus prácticas religiosas y las normas que las rigen para que conscientemente puedan aceptarlas y la religión deje de ser algo que sigo porque si o porque era la religión de mi familia.

En esta fiesta de la Epifanía le pedimos al Señor que también se manifieste en nuestras vidas como lo hizo a la humanidad a través de los magos de oriente, Amen.

 

Acerca de Arzobispo Eric Escala, Editor de Asuntos Cristianos (Christian Affairs Editor) de Interlitq:

Su Excelencia Reverendisima Eric Escala

Nacio el 15 de junio de 1973 en la ciudad de La Chorrera; Panama, hijo de Alexis Escala y Francisca Maria Gonzalez, menor de tres hermanos Alex y Carlos.

Casado con Silvina Indelicato, padre de Joselyn y Valentino.

Realizo sus estudios primarios en la escuela Leopoldo Castillo Guevara, los secunadarios en el colegio Pedro Pablo Sanchez y obtuvo su bachillerato en letras en el Instituto Justo Arosemena.

Sus estudios universitarios los realizo en la Universidad Nacional de Panama, obteniendo la licenciatura en Humanidades con especialidad en Filosofia e Historia.

Sus estudios teologicos los realizo en la Fundacion San Alberto en la ciudad de Bogota, Colombia y en el Moore College.

Es Doctor en Filosofia y en Teologia.

Oliver Harris, President of EBSN, Professor of American Literature, Keele University, interviewed by David Garyan


Oliver Harris (left) with Eric Andersen at the 2017 EBSN Conference, Paris France

Interlitq’s Featured Interview:

Oliver Harris, President of EBSN, Professor of American Literature, Keele University

interviewed by David Garyan

 

DG: Running an organization like the European Beat Studies Network is a challenging yet rewarding task. Fortunately you have a great team to make it all happen. At the same time, you’re all busy individuals with careers and other responsibilities. How do each of your professional activities inform what everyone does for EBSN and vice versa?

OH: Like all the best ideas, we didn’t initially think it through, let alone worry what might happen if the endeavor succeeded, or worked too well …. At times, it has felt like we’ve set ourselves up for limitless commitments. Ultimately, it’s hard to manage expectations, including your own … and so, it was shortly after the 2009 NL@50 events that I helped co-organize in Paris (which succeeded in the most beautiful way) that Polina MacKay suggested we create the EBSN; it sounded like such an obvious idea—so self-evidently necessary—and because nobody had thought of it before, we had to be the ones. In the decade since then, I think everyone involved has had to balance out their level of commitment. We never wanted it to feel like an obligation—something which was getting in the way. The whole point was that we wanted this. Yet there were times when I was putting in at least a day a week—a full day every week—and that wasn’t sustainable, at least not with a busy day job and family commitments, along with the need to sleep every so often. Having said that, the major pinch points are the conferences, which are the heart and soul of the EBSN; they require a ton of work for those directly involved. In that sense, going to Murcia last year was for me a holiday, but I knew from experience just how much effort it had taken, just how hard the organisers had worked to make it feel effortless—to make it enjoyable as well as invaluable.

DG: Since its foundation in 2010, EBSN has organized ten annual conferences, with the most recent, the eleventh—in Murcia, Spain—in September 2022. It would be interesting to hear a little about the organizational process. In other words, how are locations chosen, who reviews papers/topics, and who are the key figures ensuring that things run smoothly on the ground?

OH: The process was a little haphazard to begin with; however, nothing on such a scale happens without planning! Each event has been unique and even though we realized the process and guidelines needed to be clear—along with the frameworks for conferences that we post on our website—the template is deliberately very open. The one thing we’ve insisted upon is that we don’t do standard academic events, where you just have a series of panels with 20-minute papers that people mainly read out-loud, starting at 9 am, typically hosted in massive chain hotels. We have had conferences in such venues—the Hotel Chellah in Tangier—but this was a very special location and had a fabulous atmosphere. We’ve also held conferences in a community arts centre in Manchester, with cabaret-style layout of tables, along with candles and incense. So, in a way, our conferences give new organisers permission to think outside the academic box, just as I hope we’ve also inspired individuals, especially young academics, to sneak out of the Procrustean bed of academia and, well, enjoy their work. And it definitely helps that we’re a multi-national organization. We benefit from not just having so many creative and smart people involved, but people from different language-communities and cultures. I think that might also account for why the atmosphere is not competitive but cooperative. In this way, it adds up to a complex organism—and to keep it healthy we’ve needed intelligent oversight, along with dedicated people at the top. I won’t single any one out, as it’s been a genuine team effort with everyone playing to their strengths and doing it because we want to, not because it goes with The Day Job.

DG: From your perspective, what was the highlight of this year’s conference?

OH: If may speak selfishly, it was a pleasure visiting a lovely city in Spain and being in the company of interesting people. I really needed that; in this sense, the timing and atmosphere were perfect for me. And it was all so nicely organized by Estíblaliz and her colleagues. If I had to pick out one highlight, it would be on the last night when we’d been at a bar having readings and performances. I walked out with Eric Andersen (who has been there from the start of the EBSN—kind of the soundtrack to the organization) when Gerry Nicosia was leaving the bar at the same time. Gerry had been one of the keynotes in Murcia—full of passion and insight as always—but it was late and he wanted to leave. And I was ready to go too. The three of us stood in the street and none of us could stop talking. I have a lovely photograph (below) of Eric and Gerry, each gesticulating and trying to get a word in. Hilarious.


Gerry Nicosia (right) with Eric Andersen

DG: Let’s shift to your own work and talk about Burroughs. You’ve done extensive research on him, including major editorial projects on his letters and journals. Many have said that writers are really two people—the actual person and the myth. As someone who has studied Burroughs closely and read a great deal of his personal writing, to what extent (aside from accidentally shooting his wife) did the excesses contained within his work correspond to the reality of his life?

OH: That’s such a great question! I’m reminded of a telephone interview from the late 1980s when Burroughs was asked how he saw the relationship between his public image, his body of work, and himself, the actual man—and Burroughs replied: “There is no actual man ….” Another way of putting it is that he was acutely aware that identity is fictional, that we make up who we are, that there is no single stable self inside of us—that’s on the one hand. On the other hand, he knew that we have no idea why we behave the way we do—that we seem to have been given a script to play. And yet, as you know, I’m not a biographer, so for me the answers aren’t in the man but in the work, which I prefer. I recall vividly when I first met him out in Lawrence, Kansas, and wondering at the strangeness of it, that I was drawn to someone so utterly different, incomprehensibly different to myself. I projected a lot onto him, and I knew it wasn’t really based on any insights into what made him who he was. That’s why I feel more comfortable interpreting his work, I think. And over the years, I find myself enjoying it more and more. That might sound surprising—it surprises me. It reminds me of Michael De-la-Noy, the biographer of Denton Welch, who would ask each time we met, “Are you still working on Burroughs?” That was 30 years ago! But yes, I am still working on Burroughs. In part because he’s just so endlessly interesting, an inexhaustible cabinet of curiosities to explore, and it has introduced me to so many remarkable people, some of whom I have collaborated with creatively. And in part, it’s because I’ve accepted a certain obligation. When James Grauerholz gave me my first break, nearly 40 years ago now, I knew I wanted to repay that trust. And also because I came to a decision a long time ago that I didn’t really care for “literary studies,” or for the life of an intellectual. It’s just not me. In this sense, it seemed to simplify everything—to stick with Burroughs and occasionally, very occasionally, cheat on him. Actually, the piece of my own scholarship I rate as the best is not on Burroughs but something I researched on Hemingway—his incomparable short story “The Killers.” There are other things like that I’ll write along the way, but I have no regrets about being the bride of Burroughs ….

DG: Let’s talk about the Beats in general. Though the movement originated in the US, many of its most prominent members were very much inspired by European traditions—Ginsberg’s fondness for Blake, for example, or the fact that Burrough’s famous “cut-up” technique can probably be traced back to early 20th century avant-garde movements in Europe. In this age of increasing nationalism, the preference for isolationism (at best), and downright hostility to anything foreign (at worst), why is the Beat aesthetic especially important, and do you think it’s possible, perhaps, we’ll see the resurgence of some movement akin to what the world experienced in the ‘50s and ‘60s?

OH: That’s such an interesting possibility, and of course it goes to the heart of the EBSN—its internationalism. In academic terms, it’s already happened: there’s plenty of work done from European, global, transnational perspectives. The internet has of course facilitated that, albeit mainly on Anglophone terms. More broadly, it’s pretty obvious that the planet is at a tipping point, that a cataclysm is unfolding, and that the only real question is whether we go through the darkness to emerge renewed—whether we transcend the humanity that has got us into this mess—or not. Central to the Beat movement were writers committed to worldviews along these lines, knowing that an end was looming and offering wildly different takes on the future: Burroughs’ apocalypticism is not at all the same as Ginsberg’s, or McClure’s, or Snyder’s, or Anne Waldman’s, and so on.

DG: Apart from Burroughs, who are some Beat writers you particularly enjoy, and who is one writer outside that tradition you would call a big influence?

OH: The one writer I’d single out is Diane di Prima. I especially love her Revolutionary Letters. Her voice is so direct, so tough, so tender, so alive. But as I said, I really don’t read very widely. My time is entirely taken up with Burroughs and my children, my cat, my partner, and the EBSN (not necessarily in that order).

DG: Let’s briefly return to the organization. In true Beat fashion, membership is inclusive, open to all. Members come from all walks of life and may freely choose how much of their time to contribute to the project. Are there any members you’d like to recognize for their involvement/contribution to not only EBSN, but Beat culture in general.

OH: I’ll add that membership is free. That’s something which has seemed fundamental to me. Even a small fee can be off-putting. There were times recently for me when an annual membership fee for something was really hard to justify, so I don’t want money to exclude anyone. As before, I’d rather not name names: I’ve been fortunate to work with such lovely people, and I wouldn’t want to leave anyone out.

DG: You’ve now concluded the conference in Murcia. What are your projects for the future? Are you reading anything interesting at the moment?

OH: Reading? Mmm. Having just said that I don’t read widely, I realise I must do without realizing it, as I’ve enjoyed several good books this year. I’d single out three: Music For Erotomaniacs by my good friend Keith Seward, and Brainspotting by Andrew Lees, and The Master, by TH White, which is actually teenage fiction, a book I wanted to re-read for pure nostalgia. As for projects, I’m now in the swing of planning the cut-up conference for Paris in September 2023. This is a version of the events cancelled due to Covid in 2020. I doubt I’ll organize another big conference after this one, so I want it to be beautiful. Being held in Paris, how could it not be? And there’ll be such a crowd of interesting people. So the cut-ups@23 conference is going to keep me busy, and I’m also aiming to finish a new book by the spring to launch at the conference. Alongside that I have other Burroughs projects on the go—a big co-edited critical book, a consultancy on a forthcoming Burroughs film adaptation—I’m not very good at saying “no” to anything, and of course, I know what a privilege it is to be in this position.

 

About Oliver Harris

Oliver Harris is Professor of American Literature at Keele University, and the editor of The Letters of William S. Burroughs, 1945–1959 (1993), Junky: The Definitive Text of “Junk” (2003), The Yage Letters Redux (2006), Everything Lost: The Latin American Notebook of William S. Burroughs (2008), and Queer: Twenty-fifth Anniversary Edition (2010), and The Soft Machine: The Restored Text (2014), Nova Express: The Restored Text (2014), and The Ticket That Exploded: The Restored Text (2014). See here for a review of the Cut-Up Trilogy. In 2019, he introduced a new edition of Blade Runner, followed by new editions of four cut-up works: Minutes to Go Redux, The Exterminator Redux, BATTLE INSTRUCTIONS and Dead Fingers Talk: The Restored Text (all 2020).

In addition to the book William Burroughs and the Secret of Fascination (2003) and the collection Naked Lunch @ 50 (2009), co-edited with Ian MacFadyen, he has published numerous articles on Burroughs, as well as essays on film noir, Hemingway, the epistolary, the exquisite corpse game, and the Beat Generation more broadly. He has been a regular contributor to the Burroughs website Reality Studio and his most recent journal articles include “Minute Particulars of the Counter-Culture: Time, Life, and the Photo-poetics of Allen Ginsberg” in Comparative American Studies (2012) and “Burroughs’ Cut-Ups Lost and Found in Translation” in L’Esprit Créateur (2018)

Oliver has co-organized as well as contributed to numerous conferences, including the 2009 NL@50 events in Paris and New York, and has contributed to several documentary films, including The Beat Hotel (2012) and Paul Bowles: the Cage Door is Always Open (2013).

 

5) Tienda de abalorios: columna por María Mercedes Di Benedetto

Tienda de abalorios

por María Mercedes Di Benedetto

 

Se denomina abalorios a diversos tipos de elementos confeccionados en múltiples formas, materiales, colores, diseños y calidades. Las más de las veces, sirven sólo como ornamentación carente de valor. Así pretende ser mi columna en el prestigioso edificio cultural de Interlitq: una oferta de temas varios sin pretensiones filosóficas ni literarias, una simple tienda de abalorios y palabras.

 

  1. UN SIGLO DE ARTIFICIOS, ILUSIONES Y MISTERIOS

Desde comienzos del  1800, en el Virreinato del Río de la Plata ya muchas obras teatrales de la ciudad de Buenos Aires mostraban artificios de tramoya, transformaciones de escenario como en la comedia Juana la Rabicortona, donde  en un instante la cama se convertía en un armario, o en El Diablo Predicador, donde una figura de cartón que representaba a Fray Antolín, pasaba volando hasta el campanario de una Iglesia, de un extremo a otro del escenario. El tramoyista se llamaba Pizarro y algunas veces se le enredaban los hilos y Fray Antolín quedaba trabado en el aire a mitad de camino, para burla y protesta de los espectadores.

En 1828 es inaugurado el primer complejo cultural de Buenos Aires: el Vauxhall o Parque Argentino o, como comúnmente se lo conocía, el Jardín de Wilde, por ser su dueño un inglés aclimatado en el país (James Wild, luego rebautizado como Santiago Wilde). Este parque se levantaba en el predio de su propiedad, la manzana céntrica comprendida por las calles hoy denominadas Paraná, Viamonte (ex Temple), Uruguay y Av. Córdoba; allí las familias patricias tenían sus glorietas privadas, donde se acomodaban para oír conciertos al aire libre y disfrutar de los más sofisticados fuegos artificiales. Aquí y allá se diseminaban pequeños kioscos con diversiones como tiro al blanco y en especial la linterna mágica y el tutilimundi. El Tutilimundi era un espectáculo ambulante y consistía en un gran artefacto, como un cajón, con telones pintados de fondo -grabados o acuarelas-, frente a los que se movían figuras y autómatas en base a un mecanismo de relojería.

Singular en la historia de los “espectáculos ópticos” es sin duda la figura de John King, quien a los 14 años, en 1817, se subió a un barco en EEUU sin saber cuál era el destino del viaje. Después de 60 aburridísimos días -según sus memorias-terminó bajando en el puerto de Buenos Aires. Su ropa ya estaba andrajosa y el adolescente sobrevivía en la ciudad mendigando, hasta que decidió ingresar al Ejército. Eran épocas de luchas intestinas y guerrillas por la independencia, y en julio de 1821 lo encontramos recostado en una carreta llena de mercaderías varias, intentando reponerse de una herida en combate. En la carreta iba también un comerciante inglés, Lucas Casey. La caravana fue asaltada y saqueada por soldados del bando adversario, y King y Casey quedaron en calzoncillos, abandonados cerca de Río Cuarto, en Córdoba. Los atacantes se habían llevado todo lo que podían cargar en sus caballos, pero revisando la carreta en busca de algún pantalón que ponerse, John y Lucas, que a esta altura ya eran amigos hermanados en la desgracia, encontraron, medio oculto, un baúl de madera. Lo abrieron… y allí estaba su nuevo tesoro: una linterna mágica intacta, ese artefacto inventado por Athanasius Kircher en 1646, que utilizaba como foco la luz de una lámpara de aceite, y proyectaba imágenes coloridas pintadas en vidrios. Finalmente, los jóvenes llegaron a la Pcia. de San Luis medio desnudos, tapados sólo por una manta chamuscada y una bolsa de arpillera, pero cargando triunfales la caja con la linterna. En el trayecto, una familia se compadeció y les dio unos trajes y así, más decentes, pudieron entrar a la ciudad y alquilar un cuarto. En ese mismo hotel, esa misma tarde, los nuevos socios organizaron una sesión, luego de colgar sobre una pared una sábana blanca. Tuvieron una buena cantidad de público y repartieron las ganancias con el dueño del lugar. La función del día siguiente contó con la presencia nada menos que de José Santos Ortiz, el gobernador, que quedó entusiasmadísimo. A la semana siguiente ya estaban en la provincia de San Juan, después de haber caminado unos 450 km cargando la caja con el proyector. En cada poblado donde paraban daban una función y recolectaban algo de dinero. Luego de algún tiempo de éxito los empresarios del espectáculo itinerante se separaron, y John Anthony King volvió al Ejército, donde alcanzó grado de coronel, hasta  su regreso a los Estados Unidos en 1841.

Para 1844 se anuncian en la ciudad de Buenos Aires “vistas ópticas” y un Teatro Mecánico. Se exhibe el “Brillante Panorama de Fuegos Diamantinos” (en la calle Perú 58) con imágenes de suntuosos edificios de cuatro continentes. En mayo de ese año se brinda un espectáculo con figuras móviles de tamaño natural en un lugar llamado el Gabinete Mecánico, en Maipú 19; en el mes de julio hay funciones en el Gabinete Óptico de Cangallo 94. El Salón Mecánico de Esmeralda 70, en 1860, exhibe personajes de tamaño natural con movimiento. El Teatro Mecánico Histórico Fantástico presenta episodios de la guerra de Italia: los muñecos son movidos por la maquinaria con tal precisión que los avances y retrocesos de las tropas y los buques parecen naturales. Para esta época los espectáculos de títeres son casi constantes, entre ellos las obras que tenían al personaje Mosquito como protagonista: Mosquito secretario, Mosquito centinela, Mosquito desterrado, etc.

En 1894 se inaugura la Av. de Mayo y entre los espectáculos que se ofrecen está el de la Compañía de Física Experimental, ilusiones ópticas y excentricidades: presenta teatro encantado, teatro de brujos, magia negra, apariciones y desapariciones y también un cuadro con luces y espejos, en el que el ilusionista se mete dentro de un ataúd puesto en forma vertical, se transforma poco a poco en un esqueleto y luego vuelve a aparecer como revivido y salido de la tumba. También se puede ver el nuevo invento de Edison, el kinetoscopio, una gran caja de madera con una lente en la parte superior: el público mira a través de este vidrio y ve imágenes en movimiento que “dan la impresión de la vida real”. La mujer que vuela se anuncia en el teatro Nacional en marzo de 1895, por la Compañía Norteamericana de Misterios y Novedades. Presentan prestidigitación, ventriloquismo, magia negra con fenómenos ópticos, además de Las Mariposas Humanas. El creador de este último espectáculo es Will Wood, quien fallece con su hija en un naufragio cuando seguía con su gira hacia México.

Para 1896 se presenta una Pantomima Acuática, en cuyo escenario la arena del circo se convierte en un lago y en la calle Florida 181 se exhibe un autómata jugador de Damas Chinas.

En 1897 visita el país la Compañía Sudamericana de Fantoches Parlantes. Presenta en el Teatro Apolo  20 mil leguas de viaje submarino y también Aladino y la lámpara maravillosa, “espectáculo automático fantástico de fantoches americanos”.

Imaginemos por un momento desde este presente tan lleno de vértigo tecnológico (tiempos en los que muy poco puede sorprendernos ya del mundo), imaginemos, digo, los rostros boquiabiertos, los ojos azorados de aquel público del siglo XIX, mientras veían moverse figuras animadas en el kinetoscopio, o seguían el vuelo de personas en el escenario como por arte de magia…Pensemos en damas al borde del rapé buscando no ver esos esqueletos saliendo de su ataúd (pero espiando por el rabillo del ojo la escena, a través del calado de su mejor abanico) y en niños que durante varias noches tendrán pesadillas luego de presenciar ilusiones ópticas de fuerte impacto emocional.

Este nuevo capítulo de Tienda de Abalorios estuvo dedicado a aquellos que hoy se preguntan si existía vida previo a la llegada de la Internet. Tendrán que reconocer, amables lectores y lectoras que, frente a la variopinta oferta de novedades y excentricidades en años del mil ochocientos, sí había vida, y de la buena, antes de que nos hechizaran el alma Google, Instagram y Netflix.

 


María Mercedes Di Benedetto (Photo: Mauricio J. Flores)

Biografía 

Argentina, egresada de la carrera de Guionista de Radio y Televisión (ISER), ha sido docente de esa casa de estudios y  de institutos terciarios y universidades en las carreras de “Locución Integral”, “Producción y Dirección de Radio y Televisión” y  “Guion de Radio y Televisión”. Durante 20 años fue docente en escuelas medias en Lengua y Literatura y en talleres literarios y de periodismo.

Especializada en la investigación del radiodrama en Argentina, lleva editados tres libros sobre el tema, el último en 2020, “HISTORIA DEL RADIOTEATRO NACIONAL”.

Autora y docente de ficción radial, recorre el país brindando seminarios y talleres sobre el tema, dirigidos a docentes y público en general, a través del Ministerio de Educación y de ARGENTORES.  Sus obras se han emitido por radios nacionales e internacionales.

Ha recibido numerosos reconocimientos por sus obras teatrales y radiodramas; ganadora del Fomento INCAA  con su documental de cuatro capítulos para televisión “Artesanos del aire / Historia del Radioteatro Nacional”. Obtuvo el 1er premio en la convocatoria 2004 para radioteatro del Centro Cultural R. Rojas de la Univ. de Buenos Aires UBA, además de cinco Premios Argentores a la Producción Autoral, ganadora también en 2020 en la convocatoria del Instituto Nacional del Teatro con su radiodrama sobre la vida de la soprano Regina Pacini.

Con un profesorado en Historia inconcluso, ha escrito más de cuarenta docudramas y obras de teatro para sus ciclos “Mujeres de la Historia Argentina” y “Hombres y Mujeres con historia”, presentados en diversas salas del país.

Su obra para niños “Las Hadas de la Tierra Encantada”  ha salido en gira nacional abordando temas como la ecología  y el cuidado del medioambiente. El elenco, convocado por la Secretaría de Medioambiente y por el Ministerio de Cultura de la Nación recorrió 23 provincias brindando funciones en forma gratuita para escuelas de todo el país.

Ha participado como expositora en diversos Congresos de literatura y de medios de comunicación y en Bienales internacionales de Radio, así también como Jurado y Tutora de Proyectos en certámenes nacionales de literatura y de Arte Joven. En septiembre 2022 integró con su ponencia el Symposium por los 100 años del Radiodrama Internacional organizado por la Universidad de Regensburg, Alemania.

En los últimos años ha presentado en Madrid  obras para Microteatro: “Comer por amor”, “El día del huevo”, “Testamento” y “Viuda Negra”, con dirección de Marcelo Díaz.

Actualmente se desempeña como Secretaria del Consejo Profesional de Radio de ARGENTORES, Sociedad General de Autores de la Argentina.

4) Tienda de abalorios: columna por María Mercedes Di Benedetto

 

Tienda de abalorios

por María Mercedes Di Benedetto

 

Se denomina abalorios a diversos tipos de elementos confeccionados en múltiples formas, materiales, colores, diseños y calidades. Las más de las veces, sirven sólo como ornamentación carente de valor. Así pretende ser mi columna en el prestigioso edificio cultural de Interlitq: una oferta de temas varios sin pretensiones filosóficas ni literarias, una simple tienda de abalorios y palabras.

 

  1. CUMBRES BORRASCOSAS

 

TODO EMPEZÓ CON UNA CANCIÓN

How could you leave me? /  When I need to possess you / I hated you, I loved you too… (¿Cómo pudiste dejarme? / Cuando necesito poseerte  / Te odié. Te amé, también…)

En mi habitación de adolescente, la voz filosa y gutural de Kate Bush cortaba el aire desde el tocadiscos. Era un vinilo simple, que en la cara A llevaba el tema “Cumbres Borrascosas”, número uno en las listas musicales británicas durante cuatro semanas. Yo entonces tenía la misma edad que la cantante, quien había escrito el tema a los dieciocho años  impresionada por la lectura de la novela. Aquella canción fue mi primer contacto con esta historia oscura y terrible. La letra nombraba a los personajes protagónicos de la obra de Emily Brontë. Kate Bush gritaba más que cantaba, y su voz sonaba desgarradora, como si prestara su alarido a las gargantas de papel de Heathcliff y de Cathy.

ACERCÁNDOME A LAS CUMBRES

Bad dreams in the night … / Heathcliff, it’s me, Cathy come home / I’m so cold, let me in-a-your window / Oh it gets dark, it gets lonely.. (Pesadillas en la noche…/ Heathcliff, soy yo, Cathy vuelve a casa  / Tengo tanto frío, permíteme acercarme a tu ventana  / Oh, se ha puesto tan oscuro, tan solitario…)

Mi segundo contacto con Cumbres Borrascosas fue la lectura de “Jane Eyre”, novela de Charlotte Brontë, hermana de Emily. Leyendo sus biografías, me conmovió, recuerdo, ese trágico karma familiar signado por la tuberculosis; el destino de los seis hermanos Brontë (cinco niñas y un varón), poblado de muertes encadenadas y a tan joven edad, me atraía y me intrigaba. Tampoco era usual que tres hermanas se dedicaran a la literatura, en una época en que al sexo femenino le estaban vedadas la mayoría de las ocupaciones profesionales y creativas. Así fui adentrándome poco a poco en sus vidas: Charlotte era alegre y extravertida; Anne era sumisa y dulce. Pero Emily, la joven autora de “Cumbres Borrascosas”, poseía un carácter hosco y poco demostrativo, casi como sus personajes.

 

INTERNÁNDOME EN LAS CUMBRES, AL FIN

I’m coming back love, cruel Heathcliff / My one dream, my only master  (Estoy volviendo, amor, cruel Heathcliff  / Mi único sueño, mi único dueño…)

Hechizada por el clima opresivo y  misterioso  de “Jane Eyre”, continué con gusto la tarea de develar los destinos de esas otras mansiones y de los personajes que las habitaban.

Recuerdo que lo primero que me atrapó de “Cumbres Borrascosas” fue que estaba escrita en primera persona… ¡era como si yo estuviese viéndolo todo con mis propios ojos!  El narrador, en la figura del inquilino Lockwood primero, y de la racional ama de llaves Nelly después, me llevaba de la mano, me introducía en la historia, me presentaba al poco sociable Sr. Heathcliff y me mostraba con colores, aromas y sonidos la entrecruzada geografía de Cumbres Borrascosas y de La Granja de los Tordos, con sus chimeneas, sus salones, sus escaleras tenebrosas, sus animales y su pantano.

 

CUMBRES BORRASCOSAS: LIBRO, DISCO, CINE, TEATRO, RADIO

Heathcliff, it’s me, Cathy come home / I’m so cold let me in-a-your window (Heathcliff, soy yo, Cathy vuelve a casa / Tengo tanto frío, permíteme acercarme a tu ventana)

Los personajes de esta novela, entrampados en sus pasiones desbordadas, han servido de inspiración a numerosas obras de teatro, a poemas, ballets y óperas.

Cumbres Borrascosas  fue llevada a la pantalla grande ya en tiempos del cine mudo en 1920, pero quizá la versión más recordada y valorada sea la dirigida por  William Wyler en 1939 protagonizada por Merle Oberon, Laurence Olivier y David Niven.  A principios de los ‘50, Luis Buñuel brinda su  particular mirada sobre la obra en ‘Abismos de pasión’, y a él le siguieron otros cineastas en 1985, 1992 y en  2011. Incluso hay una versión japonesa de la historia: ‘Arashi ga Oka’, filmada en 1988 y ambientada en el Japón feudal.

En nuestro país existió un fenómeno masivo llamado radioteatro, ficciones radiales a veces troqueladas en capítulos y a veces ofrecidas en formato unitario, con historias que comenzaban y terminaban en una misma emisión. Si bien aún hoy podemos encontrar estas obras en el aire o por internet, su mayor apogeo ocurrió en las décadas del 40 y el 50. Justamente por los años cuarenta aparecen las adaptaciones de películas en cartel y también versiones de las grandes novelas universales. Los libretistas transformaban la novela en un guión, y un elenco de prestigiosos actores, acompañados de música y efectos de sonido, completaban la magia: tal el caso del programa “Radio Cine Lux”, que podía escucharse por Radio El Mundo los sábados a las 22, en el que Hilda Bernard y Pedro López Lagar  encarnaron a Cathy y a Heathcliff.   En 1956, por la misma emisora y en el “Teatro Palmolive del aire de las 22:05”, la pareja vuelve a protagonizar  Cumbres Borrascosas. Completaban el elenco Gustavo Cavero, Luis Pérez Aguirre y Roberto Lopresti, con Roberto Miró en los relatos. La novela también fue llevada a las tablas en una adaptación de los escritores argentinos  Nicolás Olivari y Enrique González Tuñón.

 

AMORES BORRASCOSOS

Too long I roam in the night /  I’m coming back /  I’m coming home to  Wuthering Heights  (Por mucho tiempo he vagado en la noche / Estoy regresando/ Estoy regresando a casa, a Cumbres Borrascosas )

Si hay un estado que subyace en el intrincado laberinto de esta historia es el sufrimiento, un sufrimiento heredado a su vez por las nuevas generaciones. De alguna u otra manera, en mayor o menor grado, cada uno de sus personajes es víctima y victimario a un tiempo. Y en esa dualidad de amar y odiar, de resentimientos y acercamientos, de dolor por lo hecho y desesperación por lo que no se hizo, danza como en un fuego infernal esa Cathy  que oscila entre su oscura alma gemela y ese esposo pasivo y contenedor que la vida le ha dado por compañero.  Leyendo en sus pensamientos torturados, no pude menos que recordar un parlamento de “Bodas de sangre”, de Federico García Lorca, en el que la Novia defiende su decisión de irse con su amante, ante la madre del novio:

Novia: -¡Porque yo me fui con el otro, me fui! (Con angustia) Tú también te hubieras  ido. Yo era una mujer quemada, llena de llagas por dentro y por fuera, y tu hijo era un  poquito de agua de la que yo esperaba hijos, tierra, salud; pero el otro era un río oscuro,  lleno de ramas (…) y me hubiera arrastrado siempre, siempre, siempre (…)

Así de intenso e irreprimible es para Cathy su sentimiento por Heathcliff, así de racional y domesticado es su cariño por su esposo Linton: “hay más de mí en él  (en Heathcliff) que en mí misma. De lo que sea que nuestras almas estén hechas, la suya y la mía son lo mismo, y la de Linton es tan distinta como la luz de la luna lo es del rayo, y la helada, del fuego.”  “El gran pensamiento de mi vida es él. Si todo pereciera y él se salvara, yo seguiría existiendo, y si todo quedara y él desapareciera, el mundo me sería del todo extraño. Mi amor por Linton es como el follaje de los bosques: el tiempo lo cambiará, yo ya sé que el invierno muda los árboles. Mi amor por Heathcliff se parece a las eternas rocas profundas (…) Yo soy Heathcliff, él está siempre, siempre en mi mente…”

Y Heathcliff lo sabe muy bien: “Fui un estúpido al suponer, aunque fuese por un solo momento, que ella preferiría el afecto de Edgar Linton al mío. (…) Lo quiere poco más que a su perro o a su caballo. No lo amará nunca como a mí.”

La historia de amor de Cumbre Borrascosas no es solamente trágica, al estilo romántico, es visceral, es una sed nunca saciada, una pasión violenta y áspera. Cathy agoniza por una verdad que justifica el cielo y el infierno: “¡Yo soy Heathcliff!”, yo soy el otro, el amado, del cual se es ya una parte indivisible.

Algo en nosotros se agita y se retuerce mientras avanzamos en las páginas del libro. El alma se enturbia, los límites se desdibujan, un frío nocturno golpea los postigos entreabiertos y uno puede escuchar un susurro cada vez más cercano, una respiración entrecortada: la voz fantasmal de Cathy implorando nuevamente

Heathcliff, it’s me, Cathy come home / I’m so cold let me in-a-your window (Heathcliff, soy yo, Cathy vuelve a casa / Tengo tanto frío, permíteme acercarme a tu ventana)

Quién sabe si usted, o yo, en algún momento de nuestras vidas, aunque fuese por un relámpago de tiempo, no hemos sido un poco Cathy, un poco Heathcliff…desolados y torpes como ellos, en nuestra  propia noche de amores desmesurados y borrascosos.

 


María Mercedes Di Benedetto (Photo: Mauricio J. Flores)

Biografía 

Argentina, egresada de la carrera de Guionista de Radio y Televisión (ISER), ha sido docente de esa casa de estudios y  de institutos terciarios y universidades en las carreras de “Locución Integral”, “Producción y Dirección de Radio y Televisión” y  “Guion de Radio y Televisión”. Durante 20 años fue docente en escuelas medias en Lengua y Literatura y en talleres literarios y de periodismo.

Especializada en la investigación del radiodrama en Argentina, lleva editados tres libros sobre el tema, el último en 2020, “HISTORIA DEL RADIOTEATRO NACIONAL”.

Autora y docente de ficción radial, recorre el país brindando seminarios y talleres sobre el tema, dirigidos a docentes y público en general, a través del Ministerio de Educación y de ARGENTORES.  Sus obras se han emitido por radios nacionales e internacionales.

Ha recibido numerosos reconocimientos por sus obras teatrales y radiodramas; ganadora del Fomento INCAA  con su documental de cuatro capítulos para televisión “Artesanos del aire / Historia del Radioteatro Nacional”. Obtuvo el 1er premio en la convocatoria 2004 para radioteatro del Centro Cultural R. Rojas de la Univ. de Buenos Aires UBA, además de cinco Premios Argentores a la Producción Autoral, ganadora también en 2020 en la convocatoria del Instituto Nacional del Teatro con su radiodrama sobre la vida de la soprano Regina Pacini.

Con un profesorado en Historia inconcluso, ha escrito más de cuarenta docudramas y obras de teatro para sus ciclos “Mujeres de la Historia Argentina” y “Hombres y Mujeres con historia”, presentados en diversas salas del país.

Su obra para niños “Las Hadas de la Tierra Encantada”  ha salido en gira nacional abordando temas como la ecología  y el cuidado del medioambiente. El elenco, convocado por la Secretaría de Medioambiente y por el Ministerio de Cultura de la Nación recorrió 23 provincias brindando funciones en forma gratuita para escuelas de todo el país.

Ha participado como expositora en diversos Congresos de literatura y de medios de comunicación y en Bienales internacionales de Radio, así también como Jurado y Tutora de Proyectos en certámenes nacionales de literatura y de Arte Joven. En septiembre 2022 integró con su ponencia el Symposium por los 100 años del Radiodrama Internacional organizado por la Universidad de Regensburg, Alemania.

En los últimos años ha presentado en Madrid  obras para Microteatro: “Comer por amor”, “El día del huevo”, “Testamento” y “Viuda Negra”, con dirección de Marcelo Díaz.

Actualmente se desempeña como Secretaria del Consejo Profesional de Radio de ARGENTORES, Sociedad General de Autores de la Argentina.

How I Came to Admire Mainstream Poets, an Essay by Clive Matson


Clive Matson

12/07/2022

How I Came to Admire Mainstream Poets:

an Essay by Clive Matson

 

A Czech student asked about “mainstream poetry” yesterday, before I left for the mountains. Somehow I neglected to explain how, these days, I admire those poets. This morning, at the trailhead at 8500 feet altitude, instead of putting on my boots and heading out, I’m setting the record straight. I’ll write on the unprinted side of a sheaf of my poems, with the sleeping bag draped around my shoulders.

I spent years trying to identify what mainstream poetry is. I would read poems to my classes and, while students were analyzing, say, the meditative reflections in Hirshfield’s work, or Levine’s, or Gilbert’s, or Hass’s, or Olds’s, or Ashberry’s, or you name them, I’d be wondering, what is their secret? I’d listen to my students’ observations, hoping they’d ferret out the answer.

That didn’t work. All those fresh, uncontaminated minds couldn’t locate the thread that makes mainstream poems mainstream. I gave up. I decided “mainstream” must be a marketing term. If poets are labeled mainstream, more readers buy their books. And those poets get press, give readings in colleges, land jobs as poets-in-residence. One day, though, standing in my local bookstore before a wall of books, I understood I was putting the cart before the horse. Those poets must be doing something very well. First. Before earning the label “mainstream.”

I changed tactics. Maybe our Poet Laureates could provide a clue. One glance at the names, though, reveals a problem. What could possibly be common to a super-intelligent, minimalist, self-reflective poet; to a stand-up comedian; to a meditative memoirist from a subculture; and to a careful, rigorously substantiated academic? They’re all interesting, but a common thread? We don’t have to add a country-wise, exacting poet in the tradition of William Carlos Williams to know there’s no thread. None whatsoever.

Still, this approach has to be a gold mine. If I back off and look at the poems from a distance, whatever is common must stand out like a shiny stringer. Okay, there’s nothing in their styles, strategies, minds, or traditions — these are all over the map! So there’s jack in the poems. But in my responses there’s a general evenness: the poems elicit intrigue and only a modest sense of engagement. Little real power, when what I want is to be moved.

Could my lukewarm response be the clue? The poems are rarely anything I’d stop someone on the street about, or print out and slip under a neighbor’s door, or post on Facebook. Then yesterday, trying to figure out what toothpaste to put in my pack, I happened on the source of their brilliance.

They know. For crissake, they know just how much buzz to put in a poem. How much trouble, how much uncertain emotion, how much passion. Much more difficult than deciding between a one-inch tube of toothpaste and a three-inch tube! They know how much authenticity the reader needs. Less and we no longer inhabit the same universe. More and the poems scare off those with hesitant emotions.

Do the poets teach each other this sleight-of-hand? This morning, I think yes, they teach each other by example. While I contemplate this, I hear my poetry buddy John Paige complain, “It’s more random than that, Matson. You’re way out on a limb.” And instantly I know he’s right. The poets, and their approving editors, are fumbling around and, every now and then, they fit the cultural trance. All their temperaments match. I have to give up admiring the poets for manipulating words for the public with a wily, wickedly accurate intelligence. It’s happenstance.

Other friends, especially those who love these poets, will surely complain that I’m not constructing a good case. They’re right. I’m not building anything, I’m putting up a sign at the crossroads, at a crossroads that already exists. Pointing toward a poetry that’s energetic enough to engage me. And maybe energetic enough to engage someone else.

An enlightened teacher uses the prompt, “Write what makes you most uncomfortable.” I would much rather play basketball, pair off in a table tennis match, read a good book, meditate – should I go on? Romance my sweetheart, go back-packing, teach a class. But face my heart’s concern? That’s tough. Look at Shakespeare, Sappho, Rumi, Whitman, Dickinson, Eliot, Wieners, Van Buskirk, Neruda, and you see what’s central: the heart’s concern.

What this culture enshrines in mainstream poets is a similar level of avoidance. Or of cowardice, I can’t distinguish which. Here are some fine, incandescent bits of the heart’s ache, all quotes from Laureates. “Mouth opened around a cry that no one heard,” “tear drops cover his chamber window,” “the atoms of each meaningless lie are weighed,” “thin wire of grief,” and “the dark wind crossing the wide spaces between us.” These are beautiful, suggestive, intriguing lines. But these bits are presented without the poets engaging further. They’re not truly present. They give a nod toward heartfelt concerns and then turn away. “Direct treatment of the topic, whether subjective or objective,” Ezra Pound wrote in 1912. He must be shaking his finger, “Shame, shame.”

The Czech student grew up with the Bolshevik judgment that capitalist writing is decadent. Does this apply? You could say our culture is degraded, since the media and corporate sales prefer intellectuals who don’t quite show us the truth. If we believe these poets, we can agree the emperor has clothes. When he does not. This mindset might now be global, and that’s dreadful. What’s happening to our beloved art? Is this modest but astonishing high-wire act so very captivating? Even if it’s happenstance? To glance at the heart and then spin away!

I can’t do that. I’m terrible at it. Even when I have every bit of denial in place. Look at me, I drove up to a pluton and put up my tent, following an urge to find the cleft where, so my mineral buddies tell me, there may be three-inch amethyst crystals. And I brought Edvard Munch’s biography to read, if I get lazy.

But this morning I woke up feeling guilty that I hadn’t answered my student. My boots are still outside the tent. And, writing on that sheaf of poems, I’ve gotten warmed up. I’ll turn the sheaf over and do some writing that concerns me.

 

About Clive Matson

As a young poet I hung in New York City in the 1960s with Beat Generation writers. My second father was Herb Huncke, who taught me how to buy a pair of pants and how to talk to people. My love of John Wieners and Alden Van Buskirk immersed me in streams of passionate intensity that run through us all. I write from the itch in my body and, as best I can, with full engagement of body, heart, and mind. I bow to the creative unconscious, as defined in the tutorial Let the Crazy Child Write! (1998) and presented in our web site WordSwell, currently under construction.

That itch is a ceanothus bush on the banks of the creative unconscious, whose torrential flow and unpredictability is hardly contained anywhere. I returned to school in 1987 to earn an MFA at Columbia University, which offered two priceless gifts. One, irrefutable evidence that poetry has lost its moorings in the labyrinths of elite, intellectual fashion. And two, that my background in pre-Modernism, as taught by di Prima and Ginsberg, is more than enough: wipe the lens clear and begin from there.

I taught creative writing at U.C. Berkeley Extension from 1985 to 2018 and, over time, I’ve given more than 3,000 workshops in the States and internationally. I was honored with the PEN Oakland Josephine Miles National Literary Award in 2003, the City of Berkeley Lifetime Achievement Award in Poetry in 2012, and a Lifetime Beat Poet Laureate award in 2021 by the National Beat Poetry Foundation. Of nine volumes of poetry, amazingly my seventh, Squish Boots (2002), was placed in John Wieners’ coffin.

A 2015 backpacking trip into the southern Sierra plunged me into grief and guilt over the dying of our planet – scum-rimmed lakes, drought-stricken trees, a layer of wildfire smoke on the horizon, and no snow pack even at thirteen thousand feet. I began writing Hello, Paradise. Paradise, Goodbye, a record of what attitudes further destruction and a tearful, gritty litany of what, in Paradise, we must do.

Today I aspire to find images that identify and convey what we, as a people, are experiencing. I am challenged to read the climate of our corroding times, challenged by my own writing and by a revisioning of di Prima’s “The only war that matters is the war to [reclaim] our imagination.” And to reclaim our honor as human beings.

Visit Clive at www.matsonpoet.com and Wikipedia.