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EL SINTHOME ES SUFRIR POR TENER UN ALMA [*] y otros artículos de Lic. Juan José Scorzelli

EL SINTHOME ES SUFRIR POR TENER UN ALMA [*]

Bien, comencemos por situar lo que en el comienzo de un análisis llamamos el padeciente, es decir la construcción de la posición del sufriente, del que consulta por su dolor o padecimiento específico. Unos días antes de dictar el Seminario 23, El sinthome, en las “Conclusiones de las Jornadas de estudio de la EFP” del 9-11-75, Lacan habla de “sufrir por tener un alma” y lo dice así: “no es inoportuno querer hablar de [la psicopatía] […] bajo el nombre de sinthome […] el sinthome es sufrir por tener un alma”.

 

PSICOPATÍA

En el diccionario etimológico vemos psicopatía y su definición: la palabra “psicopatía” está formada con raíces griegas y significa “el que tiene un padecer mental”. Sus componentes léxicos son: psykhe (alma, actividad mental) y pathos (emoción, sentimiento, sufrimiento). Curiosamente, esta expresión que utiliza aquí Lacan “sufrir por tener un alma”, que remite a Santo Tomás y a la cuestión de lo que está adentro de cada uno, es decir lo individual y lo autónomo y luego la relación con Dios, con el todo, Lacan la pone en relación con el sufrir. Esto está bien desarrollado en el trabajo sobre nudos que realiza Félix Morales (1) y me parece pertinente para ubicar este primer momento en la dirección de la cura, es decir tenemos el padeciente, si así se lo construye, y el encuentro con un posible analista, si es que se puede pasar a la segunda fase. Esta segunda fase concierne al pasaje justamente de ‘padeciente’ a ‘analizante’ y de ‘posible analista’ a ‘analista’. Esta fase se caracterizaría por la posibilidad de la construcción del fantasma: S barrado, rombo o deseo de “a” ($<>a), todo entre paréntesis, lo que connota unidad, los paréntesis connotan unidad del fantasma.

 

FANTASMA NEURÓTICO Y PULSIÓN

En este punto debemos también aclarar que antes de poder construir el fantasma, lo que implica la relación del sujeto al objeto del deseo, lo que encontramos en la neurosis no es la relación del sujeto al objeto del deseo, sino la relación del sujeto a la demanda del Otro. Podemos así indicar que este pasaje del sujeto en relación a la Demanda, al sujeto en relación al objeto del deseo, lo llamamos desneurotización del fantasma, ya que la neurosis se caracteriza por ubicar la demanda (del Otro) en el lugar del objeto del deseo, siendo así, que la neurotización del fantasma puede escribirse de la siguiente manera entonces: sujeto barrado, rombo o deseo de D ($<>D), todo entre paréntesis también. Nótese que, si bien se leen de forma diferente, esta fórmula se escribe igual que la de la pulsión: ($<>D). En el caso de la pulsión, el sujeto barrado se lee como “localización del sujeto del inconsciente en el inconsciente”, ya que el sujeto tiene dos localizaciones, esta y la de estar entre significantes, efecto del significante; y la D puede leerse, como “el tesoro de los significantes” en la diacronía, tal y como figura arriba a la derecha sobre la cadena de la enunciación del grafo del deseo (ver grafo del deseo).

 

NEUROTIZACIÓN DEL FANTASMA ($<>D)

Ahora bien, entonces en la fórmula de la neurosis o neurotización del fantasma, la S barrada debe leerse como el lugar donde se localiza el hablanteser que porta la falla del Otro, y la D mayúscula, como la demanda del Otro, posicionada como objeto del deseo (falso objeto del deseo, claro), más bien podríamos decir, como aclara Alfredo (2), que más que un sujeto barrado, en esta posición de la neurosis de transferencia, se trata de un ‘yo barrado’ o ‘yo tachado’, que indica que se ha desplazado la falla del Otro hacia el yo, por la que este se encuentra en posición de minusvalía por ejemplo, impotencia, etc., en la que justamente carga sobre sí con la falla del Otro, velándola. En Lacan, lo importante es que la castración que el neurótico vela a través de ubicar la demanda en el lugar del objeto del deseo es la falla del Otro, en su doble vertiente, Otro encarnado y A/ (A barrado u Otro estructural). De este modo, vamos a coincidir con Alfredo en llamar cura de la neurosis a la efectivización de este pasaje, del fantasma neurótico al fantasma como tal […].

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*Fragmento de mi presentación en APOLa (Apertura Para Otro Lacan) México-Morelia, el 18-5-20, como ‘Preguntas en torno a la dirección de la cura’ (Actividad interna)

Ref.: 1. Félix Morales, Anudarse á la Lacan”. Letra Viva.

  1. Alfredo Eidelsztein, “Las estructuras clínicas a partir de Lacan volumen II”.

-Jacques Lacan, Nota italiana de 1973, conocida también como Nota a los italianos, en “Otros Escritos”, ed. Paidós.

 



¿NARCISISMO, FUENTE DE AMOR Y ESCLAVITUD? O ¿ALIENACIÓN, RIVALIDAD Y DOMINIO? [*]

“Representémonos al yo como una red de neuronas bien investidas…” (1)

Dos concepciones teóricas distintas con respecto al Yo se definen en esta oposición: Por un lado, el Yo de ‘Introducción del narcisismo’ (Freud, 1914 ), como objeto de amor, unificante de las llamadas pulsiones autoeróticas, y esclavo de las tiranías de la realidad, el Ello y el Superyó, por el otro un Yo en posición de dominio, alienado (Alienación imaginaria: El ‘yo es otro’, finalmente una suma de identificaciones), sujeto a la rivalidad imaginaria: ‘el otro o yo’ o lucha de puro prestigio, más que fuente de amor.

 

UN AMOR NARCISISTA

El amor yoico en Freud sería entonces un amor narcisista, en tanto ama al otro como a sí mismo. Lacan plantea lo contrario, es decir una relación con el otro (en este plano imaginario), en rivalidad y tensión,ya que en el estadío del espejo es el otro el que aparece completo, con todos los atributos y el yo en posición despedazada, castrado con respecto a la completud de la imagen. De esta manera en Lacan, no serían superponibles el estadio del espejo y el narcisismo.

 

LOS DOS YOES EN FREUD

A la vez, debemos distinguir dos Yoes en Freud: el yo de 1895 (“Proyecto de ‘una psicología para neurólogos”), en tanto lo presenta allí como una red de neuronas bien investidas’ o ‘grafo’..Lacan aprecia este modelo en el sentido de un planteo en red, tal como se presenta en su trabajo con los significantes como redes de significantes, lo que se verifica en el esquema del grafo del deseo.

 

LA INTRODUCCIÓN DEL NARCISISMO

Por otra parte, tenemos el Yo de la Introducción del narcisismo de 1914, que es el que venimos trabajando como ‘un nuevo acto psíquico’, tal como lo dice Freud, allí donde el yo se ofrece como objeto de amor de las pulsiones, que luego tendrá en los ‘objetos’ del mundo sus representantes. En este caso tendremos un amor básicamente narcisista.

 

DAR LO QUE NO SE TIENE

El amor en Lacan aparece ligado a la falta, y no al tener, resaltado en su famosa frase ‘Dar lo que no se tiene…” que tiene su origen en la teoría del Don de Marcel Mauss. Como último detalle recordemos aquí que Freud trabaja con objetos tridimensionales, como el cuerpo 3D, del que partirían las pulsiones, etc. La reescritura del psicoanálisis por parte de Lacan se realiza en la dimensión 2D. Así sus concepciones: objeto a, significante de la falta del Otro, sujeto, Ideal del Otro, significado del Otro, el deseo es el deseo del Otro, el inconsciente como Discurso del Otro, etc, pertenecen al espacio bidimensional.

 

EL HUEVO O EL TORO

En el centro del huevo freudiano (Yo, superyó, ello) se encuentra el Yo, en ese exacto lugar Lacan ubica un agujero, convirtiéndolo en la figura topológica del Toro.

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*Apuntes de lectura sobre el libro de Alfredo Eidelsztein “No hay sustancia corporal”.

  1. “Proyecto de una psicología para neurólogos”.



¿EXISTE EL DESEO DE MUERTE? [*]

Hay un interesante debate proveniente de una cita de Lacan, donde parece decir de la existencia de un deseo de muerte como tal, estructural, que conectaría fácilmente, desde alguna lectura, con la llamada por Freud, pulsión de muerte, que avalaría incluso una tendencia suicida originaria.

 

LO QUE ESTABA ANTES

Veamos la cita en cuestión, es de “Función y campo del habla y del lenguaje”, Escritos 1. Dice así:

“Por eso cuando queremos alcanzar en el sujeto lo que estaba antes del juego serial de la palabra [Fort-da, u otras] y aquello que es primordial al nacimiento de los símbolos, nosotros lo encontramos en la muerte de dónde su existencia toma todo aquello que tiene sentido. Es como deseo de muerte en efecto que él se afirma para los otros; si él se identifica al otro lo es coagulándolo en la metamorfosis de su imagen esencial y todo ser allí no es evocado más que entre las sombras de la muerte”. (1)

 

ANTES DE LA PRIMERA REPETICIÓN

Recordemos en principio que aún Lacan no tenía conceptualizado al Otro en esta época (lo introduce formalmente en el seminario 2). Lacan se pregunta sobre el estatuto del sujeto antes de la primera repetición, antes de la repetición del primer par de significantes (S1/S2). Así entonces, este ‘deseo de muerte’ es en relación al otro imaginario del estadio del espejo, es deseo de muerte del otro, en el marco de la agresividad imaginaria con ese otro.

 

EL DESEO DE MUERTE DEL otro

El punto es que ese otro de la agresividad imaginaria especular, es uno mismo, debido a la identificación al otro (alienación imaginaria), por lo que termina siendo suicida, ya que el otro es también uno mismo. Por lo tanto, no es deseo de muerte como tal, del sujeto mismo, es el deseo de muerte del otro a partir de la tensión agresiva a-a’ especular. El ejemplo de Narciso nos clarifica.

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*Apuntes de lectura sobre: *”Complejo de Edipo y metáfora paterna”, A. Eidelsztein, 1998.

  1. Función y campo.. Pág. 307.

Imagen: “Duelo a garrotazos o la riña”, Francisco de Goya.



EL DISCURSO DEL ODIO

“Cada ser humano en particular queda de hecho atado, queda atado por cuanto vive en constante interdependencia funcional con otras personas, es un eslabón de la cadena que ata a otras personas, y cada una de estas otras personas es -directa o indirectamente- un eslabón de la cadena que lo ata a él. Estas cadenas no son tan visibles y palpables como las cadenas de hierro; son más elásticas, variables y alterables, pero no son menos reales y, con toda certeza menos firmes…” Norbert Elias (1)

LA DESTRUCCIÓN DEL OTRO

El discurso de odio es hermano del racismo y de la destrucción del otro/Otro. Pretende fundar sus raíces en el cuerpo biológico (pulsiones orgánicas), resalta el individualismo y conduce al nihilismo. Desea el exterminio de la diferencia, la supresión de la división del sujeto y la consolidación del yo (“yo soy yo, vos sos vos”).

LOCURA

Una porción de locura desatada que puentea el lazo social (definimos así a la locura), que impone la ley del corazón (Hegel): “mi ley es la que vale por sobre la de cualquier otro”, y se asienta en la posición del Alma Bella: “yo no tengo nada que ver con lo que me sucede y de lo cual me quejo” [sin que esto implique, para nuestro psicoanálisis habilitar el tema de la responsabilidad subjetiva, propia del ámbito jurídico, pero no del sujeto dividido].

NO SE TRATA DE PULSIÓN DE MUERTE

No se trata para nosotros de ninguna pulsión de muerte o sus derivados, ya que allí nuevamente fundaríamos su razón en el cuerpo orgánico, en un ser biológico supuestamente ‘natural’, manantial de las pulsiones, ese aspecto irracional presente en Hobbes o en las masas de Le Bon, que hay que controlar o acotar para que no corrompa la supuesta moral individual del sujeto .

UN TEMA CULTURAL

Lejos de ello, es un tema cultural, cuya primacía está en el lenguaje y en las consecuencias del juego significante en la maquinaria estructural del sujeto. Nuestra cultura desprecia el “entrelazamiento de las personas” (al decir de Norbert Elías), la immixión de los sujetos (Immixion de Otredad), y acentúa el valor de lo “propio”, lo individual-singular (único e irrepetible) por encima de lo particular (que, como los dedos a la mano, son “partes” del Otro).

EL ODIO ES RACISTA (2)

El odio es racista, servidor de un discurso amo transformado en capitalista, rechazante de la castración y del amor. No podríamos decir que ‘alguien’ es el autor de este estado de cosas, sino que Eso habla en nosotros efecto de una época. Esto no implica abandonar un trabajo de fuerza contraria (al sentido común), lo que implica una ardua tarea deconstructiva de prejuicios y de todos los elementos considerados ‘naturales’, universales y eternos.

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1.”La sociedad de los individuos: ensayos, Barcelona, Península, 1990.

  1. Nota: ‘EL ODIO ES RACISTA’, cuando se lo extrae de una cadena donde ningún significante es nada en sí mismo sino que necesita de otros para significar algo. Es lo que sucede cuando se eleva cualquier significante al valor de Ideal del Yo (Ideal del Otro, en Lacan).

Imagen: “La guerra de voluntarios”, Bernhard Heising.



EL CALDO ESTÁ SERVIDO [*]

“Es habitual el empleo de términos como ‘individuo’ y ‘sociedad’, el primero de los cuales remite al ser humano particular , como si este fuese un ser que existe aislado, en sí mismo…” Norbert Elias (1)

 

A PARTIR DEL OTRO

Creo que el análisis podríamos hacerlo desde el contexto, a partir del Otro, no del individuo, que es justamente el eje del que parten Freud y Le Bon, con teorías fuertemente individualistas. Allí la masa es un descomponedor del individuo… Cómo si este tuviese una esencia moral diluible en la masa. Lacan encuentra mejores salidas acorde a su enseñanza: por ej. Que no hay sujeto sin Otro y ofreciéndonos (ya desde el sueño de inyección de Irma, y más tarde la precisión de la Immixión de Otredad, en la Conferencia de Baltimore, en 1966)…. Indicando que al sujeto se entra desde el Otro. La caracterización del Otro es central entonces.

EL GOCE NO ES INDEPENDIENTE DEL SIGNIFICANTE

En nuestra cultura occidental (patriarcal y judeocristiana), que se presenta como individualista, sustancialista, biologicista y de tiempo presente… (Característico del neoliberalismo y el posmodernismo)… Debe ser analizado. El goce no es independiente del significante, es su efecto, por lo tanto analizable, dialectizable y castrable (Miller lo ubicaría como no dialectizable y no castrable). Hay mejores autores que Le Bon para salir del Individualismo freudiano… Marcel Mauss,(1872-1950) por ejemplo, citado por Lacan en diversas oportunidades (teoría del Don, el potlatch, etc.)… O Norbert Elias (1897-1990), con su concepto de ‘entrelazamiento‘ para la sociedad de individuos… *Algunos de ellos contemporáneos a Freud, por otra parte.

EL SUJETO ES PARTE DEL OTRO

No es casual la inclinación freudiana por estás teorías (Le Bon, Schopenhauer, afines a posturas individualistas). El sujeto (no el individuo), es parte del Otro, es particular, no singular (de singularis, voz latina), único en su tipo o especie, infrecuente, anómalo, sorprendente… (Solo en la psicosis en relación a las suplencias por ausencia de metáfora paterna, lo singular se presenta), lo que se opone a la propiedad de “Immixion”, postulada por Lacan: no hay sujeto sin Otro (hay distintas posiciones sobre todo esto claro)… El caldo para la ultraderecha está servido.

Jjs.

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*[Comentario a propósito del escrito “Vociferación”, de Graciela Brodsky.

  1. “La sociedad de los individuos” (reúne artículos de 1939-50-87)

Imagen: Marta Badano, obra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



EL ESCORPIÓN Y LA TORTUGA

[Una teoría de la naturaleza impropia para los hablanteseres] [*]

“Es lo que hace que la ontología, dicho de otro modo, la consideración del sujeto como ser, la ontología es una vergüenza […]. J. Lacan (1)

LO SIENTO, ES MI NATURALEZA 

Hay un tema muy complejo aquí, digno de un debate, sobre todo en nuestro Occidente posmoderno, neoliberal e hiperindividualista, que es la cuestión, para nosotros, los hablanteseres, de los postulados que se desprenden de esta fábula en relación a la naturaleza o la esencia del sujeto. Dichos postulados son los que se relacionan inmediatamente con aquello que llamamos Ser -a partir fundamentalmente del pensamiento griego- ya que ‘ser’ es solamente un verbo, una partícula copulativa que, por una maniobra sobre el lenguaje, deviene esencia o sustancia fundamental. 

[En la fábula, el escorpión termina picando a la tortuga que, tras algunas desconfianzas, había aceptado ayudar al escorpión a cruzar el río. Éste finalmente la pica antes de llegar a la otra orilla, y frente a la pregunta de la tortuga, éste le dice antes de hundirse también: “lo siento, es mi naturaleza”. 

PARMÉNIDES

Hemos tratado de revertir este asunto de muchas maneras (la historia de la filosofía es pregnante en la pregunta por el Ser) pero es difícil de combatir. De algún modo, dada la importancia que tiene el asunto del Ser en nuestro ámbito cultural Occidental nos cuesta salir del pensamiento parmenídeo: ‘el ser es, el no ser no es’. Lo que se revela en los típicos dichos que lo reflejan:  ‘las cosas son como son’, ‘es lo que es’,  ‘yo soy yo’…  o tantos otros que aluden a la misma definición. La petrificación del ser sin dialéctica, servidora, por otra parte, del llamado ‘discurso del amo’, discurso promovido por Jacques Lacan en sus cuatro discursos: del amo, del histérico, del universitario y del analista, en el que un Significante (escrito S1),opera ocluyendo, tapando la división original del sujeto: su falta en ser

FALTA EN SER

Para nosotros, más cerca de Heráclito que de Parménides, en verdad no hay ser sino falta en ser. Lo que sí se produce a veces, es una especie de suplencia de ser, ejemplo de ello son las identificaciones que, cuando son muy fuertes, se tornan muy difíciles de dialectizar. Las locuras (no las psicosis que obedecen a otro problema), las psicopatías, etc., dan cuenta de este asunto, producto de identificaciones pétreas, o de otras circunstancias que operan como respuestas del sujeto al Otro (familiar, social, cultural), tal como se aprecia también en los fanatismos de cualquier tipo.

LA PENA DE MUERTE

De hecho, la época del individualismo (moderno, en este caso), ya fue diagnosticada por Hegel (1) quien abordó el tema de la locura a través de las figuras del ‘alma bella’, el ‘delirio de infatuación’, la ‘misantropía’ o la ‘ley del corazón’, y que fue retomado por Lacan como su doctrina de la locura.  En síntesis, la teoría que tengamos sobre estos asuntos incidirá de manera contundente sobre la forma de pensar el lazo social -las relaciones con los otros- y sus consecuencias: No es lo mismo concebir al otro, o a uno mismo (hay que cuestionar inclusive esta concepción del Uno mismo, de la mismidad)  como individuo, cerrado como una bola o partícula, con exterior e interior, que concebirlo como sujeto dividido entre significantes, como asunto, tema o materia, producido “entre” parlanteseres. [Lacan usa la palabra francesa parlêtre] en el sentido de seres producidos por el habla y denominados ‘existencias’ sin consistencia tridimensional. Por otro lado, no olvidemos que la teoría-hipótesis de un supuesto ‘ser-esencia’ en el otro, a la manera de ‘este Es así y nada lo cambiará’, es la base constitutiva de los racismos, las xenofobias y de la mismisima pena de muerte.

IDENTIFICACIONES FÉRREAS

Creo que debemos intentar despojarnos, en lo posible, de esta cosmovisión, ya que nuestros propios prejuicios pueden empujar al otro a fijarse justamente en una determinada posición, a partir de cómo lo seguimos nombrando, pensando, tratando. Es un tema complejo que hay que resolver sin ingenuidades porque las identificaciones congeladas, petrificadas, que evitan pasar por el campo del otro/Otro, remiten muchas veces a las locuras, dependiendo de la mediatez o inmediatez de las identificaciones.

“El momento de virar lo da aquí la mediación o la inmediatez de la identificación, y para decirlo de una vez, la infatuación del sujeto” [J. Lacan, ‘Acerca de la causalidad psíquica’. Escritos 1.]

TEORÍA DEL CAMPO

Sin embargo, desde la ‘teoría del campo’, el contexto determina las jugadas mucho más que las partículas que lo forman. Lo que se resumiría en: X o cualquiera no es en sí mismo, sino en función del campo que lo determina. En resumen, solo la presentación de una teoría no individualista que rompe o ataca una concepción del sí mismo independiente del contexto y del Otro. 


 

*Los acontecimientos producidos en Francia en estos momentos (Jun.-Jul. 2023) dan cuenta, en parte, de los problemas de las identificaciones y del tratamiento del otro/Otro en tanto ‘ser’. Esto se presenta también en la teoría nazi sobre la identificación: los otros son la ‘infección’, lo que hay que eliminar. 

 

Datos bibliográficos: 

1.”Fenomenología del Espíritu”, Hegel, G.W. F. 

2.La locura, es abordada por Lacan en: “Acerca de la causalidad psíquica”, “Agresividad en psicoanálisis”; “Función y campo del habla y del lenguaje en psicoanálisis”, “Posición del inconsciente”, y otros textos. 

3.”Las estructuras clínicas a partir de Lacan” Volumen I, Letra Viva. Alfredo Eidelsztein. / “Formalizaciones matematizadas en psicoanálisis” Seminario Apertura La Plata, 2006. Alfredo Eidelsztein, y otros textos.  




Alexandre Koyré

 

Teoría contra teoría*

 

“Ahí reside la revolución filosófica de Schelling: no se limita simplemente a oponer el dominio oscuro de las pulsiones preontológicas, o lo Real innombrable que nunca puede ser totalmente simbolizado, al dominio del Logos, de la Palabra articulada que nunca puede «forzarlo» totalmente (como Badiou, Schelling insiste en que siempre hay un resto de lo Real innombrable, el «resto indivisible» que elude la simbolización)… La clave auténtica de la «locura» no es por tanto el exceso puro de la Noche del mundo, sino la locura que supone el paso a lo simbólico, la imposición de un orden simbólico sobre el caos de lo Real. ” Slavoj Zizek.(1)

 

EXPERIMENTUM MENTIS

Un texto para reflexionar, tal vez de manera inversa. En principio, debemos decir que  son teorías y no verdades absolutas, terminales. Así como la física de Newton tuvo que soportar una nueva teoría (Einstein, la relatividad) que mejoraba los impasses de la teoría anterior, cada teoría tiene el tiempo que dura su potencia, hasta que otra (supuestamente superadora) venga a ese lugar. Se trata finalmente de: teoría contra teoría. A  partir de Galileo y su ‘experimentum mentis’ (experimento mental), ya no se parte exclusivamente de la experiencia sensible (Aristóteles), que dé garantía sobre determinadas elaboraciones conceptuales, y sobre todo dentro de la física moderna (cuántica, etc., aquella que Einstein rechazaba porque allí sí, Dios juega a los dados). Ya no es el experimento (luego puede haberlo, o no) lo que certifica cualquier teorización científica, sino su coherencia interna y su contrastación con otras teorías.

LA OPERACIÓN DE LACAN

La operación de Lacan sobre el psicoanálisis va en esa dirección: “no hay realidad pre-discursiva”. Es decir, en el principio está el Otro y el significante, aportando una teoría de lo real muy afín al de la física moderna, opuesto a lo planteado aquí por Zizek (un gran autor). Lo real de Lacan (que toma su definición de Koyré, su maestro también) es lo imposible, no algo que esté allí para simbolizarse, sino que pertenece al campo interno de la simbolización: sus impasses. Por ej: “es imposible que las paralelas se corten” que luego, para una nueva topología se convierte en: “es imposible que no se corten, en el infinito”. Para eso se necesitó la creación de una novedosa topología de superficies bidimensionales (banda de Moebius, botella de Klein, cross-cap, toro, etc) Por tanto, la ciencia avanza de imposible a imposible, de manera teórica, abstracta, que luego puede dar lugar a experimentos, o no.

HIPOTÉTICO DEDUCTIVISMO

Únicamente las teorías son refutables por teorías mejores, siguiendo la línea epistemológica de Popper. Lacan trabajaba hipotético-deductivamente. Lo real de Lacan no es algo fuera del discurso que hay que simbolizar, sino un efecto, un impasse del mismo trabajo significante. Lo real aquí es efecto del significante, depende de él (definiendo significante como lo que no significa nada, salvo en relación a otro/Otro significante). Es por esa razón que se puede trabajar con lo Real desde el significante, no siendo prediscursivo (“No hay absolutamente ninguna realidad prediscursiva, dice Lacan).

ANUDADOS

Hay distintas teorías de lo real, incluso en ciencias. Lo interesante es que, cuando Lacan dibuja el enlace borromeo de tres, ubica en lo real la ex-sistencia y allí escribe ‘vida’, justamente por lo imposible de definir qué es la vida. Pero ese mal llamado ‘nudo’, es un enlace de tres registros y no se puede tomar ninguno por separado. No es entonces un real por fuera de lo simbólico y lo imaginario, sino que están anudados. Se habla del gozo como si equivaliera a lo Real, pero no es así (al menos en la teoría de Lacan). El ‘goce, no sería aquí entonces lo no dialectizable o no castrable, etc. (que es la vía que elige Miller para plantear el goce o mejor dicho ‘gozo’), sino que, al depender del significante, el ‘gozo’ es dialectizable, no perteneciendo al campo de lo Real. Siendo errónea la mención ‘lo real del cuerpo’ (ya que el cuerpo es Imaginario), o ‘lo real del gozo’, ya que ambos dependen del significante y por lo tanto son transformables.

LO REAL

Lo real aquí no es res extensa como la carne y el hueso, o las cosas tridimensionales del mundo, ni lo que no se puede decir (Lacan critica lo inefable, pero no dice que no exista, sino que, si es inefable, ¿para qué ocuparnos de ello?). Los imposibles entonces no son fijos, dependen de las variaciones de los impasses teóricos. Son distintas teorías sobre lo real: en una, lo real es como lo que Freud llamó pulsión de muerte, que una vertiente lacaniana transformó en goce del cuerpo o lo real del goce. Pero para Lacan el cuerpo no es real, sino imaginario: así lo escribe en el enlace borromeo de tres (Simbólico, Imaginario, Real), aquí lo Real es lo imposible lógico matemático, algo interno al propio orden simbólico y no por fuera de él.

UNA TEORÍA NO INDIVIDUALISTA

Hay mucha confusión en estas cosas, pues remiten a puntos de partida epistemológicos distintos. Freud se decía inductivista y quería ubicar al psicoanálisis del lado de la biología como modelo de ciencia. Lacan es deductivista, partía del lenguaje y no de la cosa sensible, 3D.  Su inconsciente (el de Lacan) no estaría ‘dentro’ del individuo, como planteara Freud (el huevo freudiano: Yo-Ello-Superyó, que delimita interior de exterior es un ejemplo de ello), sino estructurado como un lenguaje y, según su fórmula: el inconsciente es el discurso del Otro. No se trataría entonces de una teoría individualista, sino en Immixión de Otredad (No hay sujeto sin Otro) (2).

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*Comentario que realicé a propósito de la locura y lo real en Zizek, en una publicación de Daniel Freidemberg en su muro (FB), a partir de una cita de Slavoj Zizek.

  1. Anexo: La locura (el otro ítem que menciona Zizek en su texto, en este sentido y en Lacan, es tomada desde las elaboraciones de Hegel y tiene que ver con las identificaciones, con las identificaciones directas al Ideal sin pasar, es decir, puenteando, el lazo con el Otro, el lazo social. Lacan la llama ‘…nuestra doctrina de la locura’ “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo” Escritos 2.
  2. Esta expresión se deriva de una presentación de Lacan en Baltimore (EEUU), en 1966. Acerca de la estructura como mixtura de una Otredad, condición sine que non de absolutamente cualquier sujeto” [Traducción de Leonel Sánchez Trapani, en la Revista Acheronta.

Referencias de lectura: S. Freud, J. Lacan, A. Eidelsztein, ‘Otro Lacan’, ‘El origen del sujeto en psicoanálisis’, y otros textos que responden al PIC de Apola, [Apertura para Otro Lacan. PIC: Programa de Investigación Científica].



Individualismo o entrelazamiento

“Existe hoy en día un modelado de la autoconciencia muy difundido que induce a la persona a sentir y pensar: ‘Estoy aquí, completamente solo; todos los demás están ahí afuera, fuera de mí, y, asimismo, cada uno de ellos recorre su camino con un interior que es él solo, su verdadero yo, y con un disfraz, exterior, que son sus relaciones con otras personas” Norbert Elias (1)

 

EL HOMBRE LOBO DEL HOMBRE (2)

Hay muchas confusiones en este punto: Freud, siguiendo a Le Bon (3) con la masa, y a Hobbes con el ‘hombre lobo del hombre’ (aunque esta cita no es de Hobbes y está inconclusa), opone masa a individuo, observando que la masa destruye al individuo, lo aliena, digámoslo así, reduciendo sus capacidades, su moral, etc. Es una teoría que parte de la creencia en un individuo sin Otro, como si hubiera algo esencial en el sujeto, una esencia que la masa destruiría.

 

SI EL SUJETO NO ES SIN OTRO

Si seguimos otra lógica, si el sujeto no es sin Otro o “el Otro está de entrada”, tal oposición se diluye totalmente. Partir de un esencialismo prístino que la masa corrompería (aunque claro también se le añade su lado oscuro con la llamada pulsión de muerte), nos retrotrae a un individualismo que deja de lado la constitución propia del sujeto si la tomamos desde la teoría del significante que propone, por ejemplo, Lacan: el sujeto es lo que un significante representa para otro significante, o sobre el deseo como deseo del Otro, o del inconsciente como discurso del Otro, es decir no hay sujeto sin Otro. Temas, creo yo, sumamente importantes para una teoría política emancipatoria no individualista.

 

MARCEL MAUSS Y NORBERT ELIAS (3)

Autores como Marcel Mauss o Norbert Elias se han ocupado extensamente de este tema (autores, por otra parte contemporáneos de Freud, pero contrarios en este punto al individualismo freudiano). La teoría del “Don”en los intercambios, según la forma del Potlatch, en Mauss (Tomada por Lacan en su definición del amor como ‘dar lo que no se tiene…’), o la del “Entrelazamiento” en el caso de Elías, cuestionan las teorías individualistas sobre el sujeto. Entonces se trataría menos de preservar al individuo que de pensar su constitución a partir del Otro (el sujeto en immixion de Otredad), del significante y el lazo social. Más que lo singular (uno solo, único y sin par), o lo individual, podríamos sostener ‘lo particular’ del sujeto que de entrada, incluye al Otro.

 

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*Algunas ideas en el contexto de las publicaciones de Nora Merlin sobre las declaraciones de Carlos Rosenkrantz [Ministro de la Corte Suprema de Argentina] Gracias Nora por los debates. Y a Alfredo Eidelsztein por sus cuestionamientos al individualismo en psicoanálisis. La expresión “Immixion de Otredad” pertenece a la presentación de Lacan en el Coloquio de Baltimore (1966), lo que quiere decir que no hay sujeto sin Otro. 

 

  1. Norbert Elias (Breslavia22 de juniode 1897/Ámsterdam1 de agosto de 1990). Fue un sociólogo alemán de origen judío. Este párrafo corresponde a su libro “La sociedad de los individuos” (con artículos de 1939,1950 y 1987). Su concepción se basa en un concepto central: el entrelazamiento. Aportemos otra cita del mismo texto: “Actualmente no está nada clara la relación de la multiplicidad con el ser humano particular, el denominado ‘individuo’, la relación de la persona con la multiplicidad de seres humanos, a la que damos el nombre de ‘sociedad’. Pero las personas no suelen ser conscientes de que esto es así, ni mucho menos de por qué es así” (del prólogo). 
  2. La frase completa que no es de Hobbes, sino del autor latino Tito Macio Plauto, en su obra Alsinaria o ‘La comedia de los asnos’, cuyo texto dice: “Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit”, que significa: “Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro”.
  3. Gustav Le Bon (1841/1931), “Psicología de las masas”
  4. Marcel Mauss, etnólogo, considerado uno de los padres de la etnología (Épinal, 10 de mayo de 1872 – París, 10 de febrero de 1950). La teoría del Don es de 1934. Sus trabajos en relación al Maná y al Potlach fueron muy importantes en sus tesis contrarias al utilitarismo, y a las teorías del libre mercado. La revista M.A.U.S.S. (Movimiento anti-utilitarista) define de esta forma la posición utilitarista: “El móvil fundamental del hombre es el deseo de maximizar sus placeres y sus posesiones materiales”, a la que critica y rechaza.

 

Imagen: “El Potlatch fue prohibido por parte del gobierno de Canadá, en el año 1884, por ser considerado un derroche improductivo contrario a los valores civilizados y cristianos de la acumulación. Sin embargo, esto no pudo evitar que se siguiera practicando de forma clandestina en los núcleos indígenas” [Pagina web ‘aprende-haia-El Potlatch-02-01-2018].



EL OTRO DEL CAPITAL

Lic. Juan José Scorzelli [*]

“[El Otro] Ya está instalado en su lugar antes de todo surgimiento del deseo” J. Lacan (1).

No es posible pensar el sujeto (efecto de lenguaje) prescindiendo del Otro. Lacan da un vuelco decidido con respecto a Freud poniendo todos los conceptos en clave de Otro (Ideal del Otro, deseo del Otro, inconsciente como discurso del Otro, síntoma como significado del Otro, etc.). En la conferencia de Baltimore [EEUU, 1966] conceptualiza al sujeto en immixión (Immixing) de Otredad (mezcla indiscernible entre sujeto y Otro). Es desde el Otro que vamos hacia el sujeto.

 

EL OTRO YA ESTÁ ALLÍ

El Otro entonces (tanto como A-Autre, barrado, o como Otro encarnado) tiene estatuto de anterioridad lógica a la constitución del sujeto: ‘el Otro ya está allí’ (2), dice Lacan. En este sentido se postula una teoría no individualista del sujeto, que tiene como base o apoyatura matemática una topología no euclidiana, sin exterior ni interior, que incluye superficies bidimensionales como la banda de Moebius, la botella de Klein, el cross-cap o el toro, para poder conceptualizar esta relación (entre sujeto y Otro), por fuera de la res extensa (partes extra partes) cartesiana, lo que le permite enunciar una tercer sustancia (no 3D) que llamó gozante (ni extensa, ni pensante).

 

LAS CARACTERÍSTICAS EPOCALES DEL OTRO

De allí que abocarnos a las características epocales de este Otro, sea necesario. El paso que da Lacan incluso sobre la pulsión, al colocarla bajo la égida del significante, separa definitivamente al psicoanálisis de todo biologismo y ontologismo (“Hontologie”, vergüenza de la ontología, será su neologismo). El ‘tiempo histórico’ del Otro del capital, como propone Jorge Alemán, o el contexto hiperindividualista del posmodernismo (caída de las utopías), no pueden dejarse de lado en un análisis del sujeto (sufrimientos, nihilismo, etc.) y de los fenómenos sociales más acuciantes.

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*Comentario que realicé a propósito de la publicación “Lacan y la comunicación en el capitalismo”, por J. Alemán, en su muro (FB).

  1. Seminario VIII, clase XV.
  2. “[El Otro] Que siempre está entre nosotros”. Seminario 3, clase XV.

Referencias: Alfredo Eidelsztein “El origen del sujeto en psiconanálisis: Del Big Bang del lenguaje y el discurso”, Ed. Letra Viva., 2018.

Imagen: George Grosz.



Notas para un debate sobre la cuestión del cuerpo en psicoanálisis

Por Lic. Juan José Scorzelli [*]

 

“[…] esta suerte de lugar que los estoicos llamaban incorporal. Yo diría que él es, a saber, precisamente, que él es el cuerpo” J. Lacan. (1)

 

El cuerpo en Lacan está del lado de lo Imaginario, hasta el final de su enseñanza. (2) Es el significante el que genera, incluso, los cuerpos. No habría cuerpo tal vez, sin el significante, solo organismo. La introducción del significante en lo real condiciona toda biología a sus articulaciones (las articulaciones significantes). Los cuerpos biológicos son sensibles al significante y toda pulsión, lejos de plantearse anclada en lo orgánico, es “el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir”. (Lacan, Seminario 23)

 

LA CUESTIÓN DE LOS GÉNEROS

La cuestión de los géneros debe pensarse teniendo en cuenta la primacía del significante (Nombre-del-Padre, Ideal del Otro I(A), falo, gozo, significante de la falta en el Otro, A barrado, etc.) y no la primacía de la carne y el hueso. El Nombre-del-Padre, como significante no tiene nada que ver con el padre de carne y hueso que impone la ley al niño, su función como ley en el Otro (A/), viene o no viene con la estructura (3) y, como el falo, no depende de la autoridad de nadie en particular, aunque alguien lo encarne o represente como figura de autoridad.

 

DESDE EL INICIO EL LENGUAJE Y EL OTRO

Plantear desde el inicio el lenguaje y la relación al Otro, no es lo mismo -y tiene diferentes consecuencias clínicas- que partir de la inscripción o no de huellas de satisfacción-insatisfacción que llegan del exterior o del interior al ‘aparato psíquico’. Una posición es creacionista, la otra evolucionista. La invención de Freud del dispositivo analítico con respecto al síntoma histérico, lo despega de lo orgánico y lo convierte en texto para leerse, y así nace la especificidad del psicoanálisis.

 

SUSTANCIA GOZANTE

Lacan radicaliza esta posición al alejarse progresivamente de los vestigios biologicistas presentes en Freud (pulsiones de vida y muerte, extremados luego por Melanie Klein), e intenta inscribir al psicoanálisis del lado de las ciencias conjeturales, en el espacio 2D (dos dimensiones) en el que se despliegan el inconsciente y sus efectos. Lo real no es el cuerpo sino lo imposible lógico matemático (lo que no puede escribirse) y la sustancia propia del significante, no es la res extensa ni la cogitativa (Descartes), sino la sustancia gozante. (4)

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*Psicoanalista.

Ref. Jacques Lacan, Seminario 23, Alfredo Eidelsztein, Otro Lacan.

  1. Seminario 14. Sesión del 26 de abril de 1967, traducción personal de A. Eidelsztein, en Otro Lacan.
  2. Hasta su Seminario de Caracas en 1980, Lacan siguió escribiendo en los agujeros de su enlace borromeo: cuerpo en lo imaginario, vida en lo real y muerte en lo simbólico. Real, Simbólico, Imaginario. (RSI).
  3. El Nombre-del-Padre es un elemento, junto al Deseo de la Madre, que integra la llamada metáfora paterna, que tiene la función de introducir un límite, y se caracteriza por ser un nudo cuatripartito llamado punto de capitón o de almohadillado. “La metáfora paterna tiene la función de inscribir la castración como estructural y a nivel del tiempo como ‘desde siempre’”(Otro Lacan, A. Eidelsztein). Cuando el significante del Nombre-del-Padre se halla rechazado, operación llamada preclusión o forclusión en su traducción neológica al español, la castración no se inscribe adecuadamente como en los casos de psicosis, debilidad mental o respuesta psicosomática. Por otra parte, aunque el falo se transmite en el orden simbólico por estructura, la forclusión del Nombre-del-Padre, repercute en él causando su elisión: la elisión del falo, con resultados como la vivencia de muerte del sujeto.
  4. Sustancia gozante es la tercer sustancia, luego de la res extensa (partes extra partes) y la res cogitans cartesiana, que es creada por Lacan para situar la sustancia propia del significante.

 

  • Imagen-Antonello Silverini-Ilustrador italiano –


La identidad no es la identificación [*]

«Es seguro que los seres humanos se identifican con un grupo. Cuando no lo hacen, están jodidos, están para encerrar. Pero no digo con eso con qué punto del grupo tienen que identificarse». J. Lacan, Seminario 22. RSI (15 de abril de 1975)

 

NO HAY ESENCIA NI IDENTIDAD

El sujeto se define identificándose sobre un fondo de falta en ser. No hay esencia ni identidad para el hablanteser (1). Diferenciar sujeto de individuo es necesario en este primer paso. Mientras el individuo, remite a lo indiviso, a lo que hace uno, incluso sin Otro en su constitución; el sujeto en cambio, efecto del lenguaje, adviene dividido de entrada y sin unidad posible.

 

EL IDEAL Y EL VALOR

Dos salidas al estatuto de división, llamado fading del lenguaje, se ofertan para la clausura, siempre inestable de este estado: la identificación al Ideal del Otro, escrito I(A) en el álgebra de Lacan o la salida a través del deseo del Otro, haciéndose su objeto, lo que supone una teoría del valor.

 

LA BEANCE Y LA LOCURA

No hay identidad para el hablanteser, solo habrá identificaciones, que suponen una clausura del vacío, la beance (2) propia de nuestro sujeto supuesto al inconsciente. Identificarse al Ideal sin mediación del lazo social, es lo propio de la locura, concerniente a las identificaciones directas que puentean la relación al otro/Otro, tal como lo propone Lacan en su diagnóstico de la locura, tomado de Hegel. La locura no es psicosis, es un fenómeno transversal a las estructuras clínicas (neurosis, perversión, incluso psicosis, respuesta psicosomática, debilidad mental, etc.).

 

HABILITAR EL VACÍO

Habilitar el vacío (objeto a) permite reformular, en la dirección de la cura, nuevas formas de reencontrar el deseo, de resolver la tiranía en que muchas veces se consolida allí un obturador que oficia de anudamiento suplementario en la estructura. En la teoría de los nudos se llama a esto sinthome (un cuarto lazo que mantiene juntos a los otros tres: lo real, lo simbólico y lo imaginario).

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*Ref.: Jaques Lacan, Sem 3. Las psicosis. Alfredo Eidelsztein, Las estructuras clínicas a partir de Lacan (I), Félix Morales, Anudarse a la Lacan.

1.Neologismo creado por Jacques Lacan para nombrar los seres de lenguaje: en francés ‘parlêtre’, traducido por hablanteser, hablaser  o desde la propuesta de A. Eidelsztein ‘hablanser’. Se lo ha traducido también como ‘ser parlante’, lo que no coincide con el espíritu de la posición antiontológica de Lacan, de modo que, anteponiendo el ser al habla podría suponerse algún ser previo a ella misma, el neologismo señalaría justamente lo contrario.

2.Del francés ‘beánte’, boquiabierto, estupefacto. Se tradujo al español por ‘hiancia’, pero este es un neologismo, es pertinente sin embargo la utilización del término ‘oquedad’.

Imagen, Antonello Silverini, ilustrador italiano.



La función psicoanálisis en la teoría y en la práctica del psicoanálisis

En la página 15 del Seminario 11, luego de plantear el tema de la excomunión y de la I.P.A. como comunidad religiosa, Lacan se pregunta:

” … digo primero que si estoy aquí ante un público tan grande en un ambiente como este (1) y con semejante asistencia, es para preguntarme si el psicoanálisis es una ciencia, y examinarlo con ustedes.”

Lacan insiste con esta pregunta en varios momentos de su Seminario y también la prosigue en el Seminario 12, específicamente “Problemas cruciales para el psicoanálisis”, solo que, en este momento, en el Seminario 11, va a interrogar los términos propuestos por Freud (inconsciente, transferencia, repetición y pulsión) y luego su pregunta se dirigirá al sujeto y lo real.

 

LOS FUNDAMENTOS DEL PSICOANÁLISIS

En principio habría que decir que el nombre más propiamente dicho de este Seminario (el 11) es: “Los fundamentos del psicoanálisis”. Aquí Lacan interrogará los fundamentos mismos del psicoanálisis, y si son válidos para constituir una ciencia y luego se detendrá en cada uno de esos cuatro términos para analizarlos y elaborarlos de una forma diferente a la que había realizado Freud.

Él comienza por decir: “¿Cuáles son los fundamentos, en el sentido lato del término, del psicoanálisis? Lo cual quiere decir: ¿qué lo funda como praxis?” (pág. 14).

Ante todo, define la praxis como el tratamiento de lo real por lo simbólico. Tenemos aquí entonces un punto central ¿cuál es ese real en nuestro campo? En nuestro campo, el del psicoanálisis al igual que en las ciencias modernas, lo real se define por lo imposible. La formalización del concepto de inconsciente que propone Lacan, lo aleja definitivamente del planteado por Freud y lo sitúa directamente en el campo del lenguaje. El sintagma “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”, emancipa al inconsciente de todo fundamento biológico-pulsional correlativo de huellas mnémicas inscriptas a partir de estímulos externos o internos de satisfacción o insatisfacción tratadas como representaciones de cosa, es decir rompe con el inconsciente como representación del mundo exterior llamado realidad o macrocosmos (que remite esencialmente a la teoría de las esferas: mundos adentro de mundos), con la supuesta realidad sensible de los datos inmediatos o con cualquier forma de objetividad que tome esa realidad por lo real.

 

LA FUNCIÓN DEL SIGNIFICANTE

La clave fundacional se encuentra en lo que va a llamar la función del significante, que se distingue de la teoría de la representación, en el sentido que es una teoría diferencial de los elementos, donde ninguno es por sí mismo, sino en relación a otros. La teorización del significante hace caducar la tendencia unificante, ya que un significante no es idéntico a sí mismo, con lo que queda desmantelada la teoría de las esencias y del ser a nivel del sujeto. Un significante en sí mismo no garantiza ningún ser, sino multiplicidad de significaciones, pero a partir de otros y en relación con otros (co-variancia de los significantes), siempre parciales, y a la espera de una nueva (significación) por venir.

 

LA GARANTÍA Y EL TRATAMIENTO RELIGIOSO

Lacan cuestiona el tratamiento religioso que se dio a los términos utilizados por Freud, buscando en él la garantía de su uso y la garantía también de lo que es el psicoanálisis. Lacan intenta llevarlos a conceptos, sacarlos del oscurantismo y formalizarlos desde la teoría del significante, y asegurar transmisibilidad para demás ciencias afines. Los referentes ya no serán el aparato psíquico (adentro de alguien), ni el cuerpo biológico, ni la persona del autor, en este caso Freud, como aval de los conceptos que habitan el campo del psicoanálisis (el campo concerniente a las relaciones entre el lenguaje y el deseo).

El significante, como algo que no es posible definirse en sí mismo, contiene en esta misma definición, en esta misma imposibilidad, lo real del significante, si precisamos lo real como lo imposible, de la misma forma como situamos también lo imposible de la relación-proporción  sexual, como lo que no puede escribirse. Así nuestro concepto inconsciente no necesitará referirse o garantizarse en el individuo y tampoco su sujeto (el sujeto supuesto hablar): formal, vacío y sin referencia sustancial ni ontológica, pudiendo trabajarse su teoría al modo abstracto en que lo realizan también las ciencias modernas, por ejemplo, la física teórica, las matemáticas, la lógica, etc.

 

UN SABER QUE SE INDEPENDIZA DE LO EMPÍRICO

Así el psicoanálisis va quedando del lado de lo que plantea Koyré para la ciencia: un saber que se independiza de lo empírico, y, podemos agregar, que va en contra de toda práctica sostenida en el ser de las cosas, lo que inaugura una clínica que cuestiona la estabilidad como absoluta, las esencias, lo inmutable. Como ejemplo de esto último tenemos las actuales teorías del goce como no dialectizable, como más allá o más acá de la castración, con el que uno podría amigarse o acotarlo un poco, en suma, un goce fuera del campo significante, lo que lo define como un ser, como una esencia última. Sin embargo, Lacan plantea el gozo (sería más apropiado nombrarlo así según Garate y Marinas) como articulado al significante, efecto del significante y el significante como vemos, imposibilita tanto el ser, como la esencia, como la unificación o cualquier concepción del mundo totalizante.

La teoría del significante entonces es ubicada por Lacan como la base, el fundamento. La posibilidad de transformar los términos en conceptos y dirigir la pregunta por el sujeto y lo real a partir de la función significante. Nuestra praxis entonces se funda en conceptos y se localiza en hacer hablar al sujeto, no al individuo, sino a aquel que suponemos que habla, transitoriamente coagulado en el mutismo del síntoma, hasta que pueda encontrar el lector de su significación.

Por eso dice Lacan al final del capítulo 1 del Seminario 11:

“Pero el análisis no consiste en encontrar, en un caso, el rasgo diferencial de la teoría, y en creer que se puede explicar con ello por qué su hija está muda (2) pues de lo que se trata es de hacerla hablar, y este efecto procede de un tipo de intervención que nada tiene que ver con la referencia al rasgo diferencial.”

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  • (1) Lacan había sido recibido en la Escuela Normal Superior propiciado esto por su amigo Louis Althusser y habiendo suspendido antes su Seminario en Saint Anne, “Los Nombres del Padre”, del cual quedó registrada solo una clase, la primera.
  • (2) Refiere a una escena de El médico a palos, de Moliére.

Referencias bibliográficas: J. Lacan, Seminario 11, “Los fundamentos del psicoanálisis”/ Félix Morales, Curso Los fundamentos del psicoanálisis, para las cuestiones del Seminario 11 /Martín Mezza, Seminario Problemas cruciales del psicoanálisis (APOLa Salvador Bahía), para las cuestiones del Seminario 12.

Imagen: Antonello Severini, ilustrador. (del FBK de Susana Resnik)



“¿QUÉ QUEREMOS?”

POR UN CAMBIO DE CONSTITUCIÓN PARA CHILE [*]

“No podemos solucionar nuestros problemas con las mismas líneas

de pensamiento que usamos cuando los creamos” A. Einstein

En la ciencia hay cortes epistemológicos, cambios de paradigma, donde el mundo que conocíamos cambia, y cambia porque lo pensamos de otra manera. Nuevas ideas en el pueblo chileno impulsaron las revueltas contra un paradigma ya acabado, el paradigma dictatorial, el antiguo régimen pinochetista. Hubo uno que gobernó toda la región, el de los  golpes de estado, que sigue vivo hasta ahora, aunque se disfrace de lawfare: la imposición, en última instancia,  de un modelo económico capitalista neoliberal, a través de la judicialización de la política.

Elaborar una nueva Constitución es también pensar con qué modelo se va hacia ello. En general, no hemos podido salir de la concepción cartesiana de la realidad (partes extras partes de la res extensa), allí donde solo podemos pensar al sujeto como individuo separado del otro, en una articulación de vecindad, pero también de choque. La ciencia ha dado un paso, pudiendo pensar mediante la dualidad onda-partícula, que la materia no solo funciona como corpúsculo, sino también como onda que se entremezcla. El modelo newtoniano seguirá sirviendo para algunas realidades del espacio tridimensional pero no para pensar realidades más complejas.

Chile no está solo, no es un corpúsculo, sino que está mezclado, entremezclado indiscerniblemente con toda la realidad latinoamericana y la del mundo, por ello, no es posible pensar Chile sin Latinoamérica. El espíritu de lo nuevo, que nunca es absoluto, sino que se basa en mucho de lo ya realizado, tendrá que pensar al sujeto y especialmente al sujeto país, si pudiéramos decirlo así, de una nueva forma, una forma no individualista, una forma ‘inmixturada de Otredad’ (1) de un Otro que alberga, por ejemplo, las históricas luchas emancipatorias latinoamericanas. Una Constitución que pueda ser base, fundamento de otras por venir.

Nuestra concepción de la realidad basada a veces en un realismo ingenuo, supuestamente dependiente de los hechos, no es más que una ilusión inductivista que tapona, sutura, que en el principio está la idea, y es  en esas ideas, donde puede filtrarse -si no tenemos claro el modelo que las rige- lo que empañará todo tipo de concepción aparentemente novedosa volviéndola ‘más de lo mismo’. El aristotelismo reinante, donde primero está la física y luego la metafísica, podría extraviar nuestra posición certera a la hora de redactar, como es el caso, una nueva Carta Magna. Es la idea del sujeto, que no abandona su amarre en el individualismo más feroz, lo que porta un peligro para toda novedad que se inaugure. Ni el sol gira alrededor de la tierra, ni la tierra alrededor del sol en el centro, es la elipsis de Kepler la novedad, donde en el centro no hay nada. Dejar vacío el centro deja lugar para una dialéctica que no gira alrededor de nada en particular, sino que todos sus elementos, articulados en bucles con otros, no valen nada en sí mismos, sino por los demás.

La filosofía que sostiene a una dictadura es cerrada, absoluta, parmenídea, las cosas ‘son como son’; es conservadora y siempre mira al pasado. Lo nuevo no se ata al pasado, no lo mantiene más de lo necesario, y busca la invención, el porvenir, la creación. Concebir un sujeto nuevo para la nueva Constitución, es pensarlo formal, abstracto, fuera de la biopolítica, de las esencias, del racismo que dice qué es lo humano y qué no. Finalmente, el problema del ser. El sujeto así concebido, efecto del lenguaje y del deseo del Otro, sitúa sus coordenadas en un contexto histórico y cultural determinado y no como un ser único, individual, desamarrado de toda Otredad.

¡Viva Chile! Lo mejor para su Constitución, que será también la Constitución de todos. Ojalá! Así lo deseamos.

Lic. Juan José Scorzelli

Psicoanalista.

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*Texto presentado en ocasión de la invitación a participar del Proyecto Arde.Chile 2 (Escritores de Chile en Acción, liderado por el escritor y poeta chileno Tamym Maulén), para ser incluido en el “Gran libro colectivo” que será entregado “a cada uno de los 155 constituyentes que serán electos los días 15 y 16 de mayo”, convocados para la redacción de una nueva Constitución.

1.Expresión utilizada por Alfredo Eidelsztein con relación al título de la  Conferencia de Baltimore (1966), “Of Structure as an Immixing of an Otherness Prerequisite to Any Subject Whatever”, presentada por Jacques Lacan en 1966.




Luis de Bairos Moura (artista plástico, Tucumán, Argentina)

IMMIXING

Por Lic. Juan José Scorzelli [*]

La immixión es una mezcla que no admite la separación de sus componentes, como por ejemplo cuando mezclamos el café con el azúcar o hacemos salsa golf con mayonesa y kétchup, los elementos que la pudieron componer inicialmente se hacen indistinguibles.

 

EL SUJETO NO ES SIN OTRO

El sujeto de Lacan no es sin Otro, esto lo explicita en su Conferencia en Baltimore (1) en el año 1966, cuyo título está dado en inglés, ya que fue hablada en ese idioma (en realidad en una mezcla de inglés y francés) y es el siguiente: “Of Structure as an Immixing of an Otherness Prerequisite to Any Subject Whatever”, y cuya traducción aproximada tomada de Leonel Sánchez Trapani de la Revista Acheronta sería: Acerca de la estructura como mixtura de una Otredad, condición sine qua non de absolutamente cualquier sujeto. La palabra immixing [en inglés puede escribirse tanto inmixing como immixing] tuvo problemas de traducción en la obra de Lacan, aunque con algunas diferencias, por ejemplo, en el Seminario de La carta robada de 1957, pero reescrito en 1966, en ocasión de la publicación de los Escritos dice:

 

IMMIXTION DES SUJETS

“La pluralidad de los sujetos, naturalmente no debe ser una objeción para todos los que están avezados desde hace tiempo en las perspectivas que resume nuestra fórmula: el inconsciente es el discurso del Otro. Y no habremos de recordar ahora lo que le añade la noción de inmixtion de los sujetos (immixtion des sujets), introducida antaño por nosotros al retomar el análisis del sueño de la inyección de Irma”

Es decir, se tradujo aquí immixion por inmixtion, que no existe en castellano, pero se entendió que el término tenía un valor neológico en Lacan. Marcelo Pasternac propuso su traducción como ‘entremezcla’. El término en francés existe y significa “acción de inmiscuirse o acción de meterse una cosa en otra cosa” pero Lacan altera este uso.

 

LACAN EN BALTIMORE

El asunto es que Lacan en su Conferencia de Baltimore no desarrolla el tema, sino que solamente está postulado en el título, aunque sí lo desarrolla en otras intervenciones durante los eventos en Baltimore. En una de ellas, a propósito del tema de la invención: ‘¿Quién inventa? ¿Cuál es el sujeto de la invención?’ (2) plantea la cuestión del estatuto del sujeto y dice:

“Estoy pensando en la palabra immixing (…) pienso que la primera vez que introduje esta palabra fue precisamente para la relación de los sujetos (…) Los sujetos no son entonces aislados como los pensamos. Pero por otro lado ellos no son colectivos. Tienen una cierta forma estructural precisamente immixing”, y propone el término sujeto para esta conexión.

 

IMMIXTURADO DE OTREDAD

Ahora bien, en el Curso sobre la Ética, del 2001, Alfredo Eidelsztein postulaba la immixión de Otredad, como una concepción correspondiente a una ética para el psicoanálisis, una ética que diferencia netamente sujeto de individuo, sujeto no sin Otro. Esta es la cita:

“Cada vez que operamos con sujeto, debemos tener en cuenta cuál es la dimensión de Otredad que nos permita acceder a él. Pero, aunque nos permita acceder al sujeto, no accedemos nunca al sujeto como tal, siempre es en este prerrequisito, en esta condición sine qua non, de que sea inmixturado con Otredad. La ética que yo propongo desarrollar es exactamente esa: una ética que diga “no” a considerar en psicoanálisis al sujeto sin Otredad. El sujeto sin Otredad se llama “individuo”, e individuo es el máximo ideal, el ideal fundamental de Occidente.”

Esta posición no individualista, de Lacan para el psicoanálisis, se traduce claramente en esta cita de La cosa freudiana [pág. 398 de los Escritos I]:

“Los términos para los que planteamos aquí el problema de la intervención psicoanalítica hacen sentir bastante, nos parece, que la ética no es individualista.”

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*Extractos del escrito ‘El sujeto de Lacan’, que presenté en Yoica el lunes 29 de marzo, 2021, junto a, Yhonn Escobar Jiménez de Apola Bogotá. [se puede descargar la presentación en el siguiente enlace: https://bit.ly/3cyYdhP ]

  1. El Congreso al que Lacan fue invitado junto con otros destacados de la época [Derrida, Hyppolite, Lévi-Strauss, Braudel, Jean Pierre Vernant y otros] se desarrolló en la ciudad de Baltimore (EE.UU), entre los días 18 y 21 de octubre de 1966. La conferencia de Lacan fue el 20 y realizó dos intervenciones el día 18, una durante la ponencia de Lucien Goldman, “Estructura humana y concepto metodológico”, y otra en la presentación de Jacques Morazé sobre “Invención literaria”. El título del Congreso fue “Los lenguajes críticos y las ciencias del hombre. La controversia estructuralista”.
  2. La intervención de Lacan realizada en la ponencia de Jacques Morazé sobre ‘Invención literaria’ [extracto].

Ref. bibliográficas: Jacques Lacan, Conferencia de Baltimore/ J. Lacan, Seminario 2/ J. Lacan, La carta robada, Escritos/ Pablo Peusner, Acerca de la pertinencia del término immixión en la definición de sujeto… (UBA, Psicología, 2005)/Alfredo Eidelsztein, Otro Lacan. / A. Eidelsztein, El origen del sujeto en psicoanálisis… / A. Eidelsztein, Ciencia y psicoanálisis. Curso en Apertura Sociedad Psicoanalítica de Bs. As.



 

El goce no es la satisfacción pulsional, por Lic. Juan José Scorzelli

“Un cuerpo goza de sí mismo, él goza bien o mal, pero es claro que este gozo lo introduce en una dialéctica en la cual se necesita incontestablemente de otros términos para que eso tenga inicio, a saber nada menos que este nudo que yo les sirvo en bandeja” (Jacques Lacan) 1.

¿En qué cuerpo se satisface (Befriedigung) la pulsión, cuando ella es ‘el eco en el cuerpo de que hay un decir? El cuerpo del significante no es el cuerpo biológico ‘natural’, perdido para siempre luego de la creación significante, el discurso del Otro y el lazo social que habilita.

 

EL CUERPO Y EL GOCE

El cuerpo y el goce del que habla el psicoanálisis a partir de Lacan [en Freud el cuerpo biológico sigue operando en la trama de su teoría] son efectos del significante y el agujero, ellos están en ese nivel. No existen en el nivel biológico de la carne ni en el espacio tridimensional (3D). La dimensión topológica de la botella de Klein o el toro pueden dar cuenta de estos espacios ‘bidimensionales’.

 

NECESIDAD DE DISCURSO

El goce [que nada tiene que ver con la pulsión ni con la satisfacción de esta], como necesidad de discurso, habita el agujero [o sistema de agujeros] creado por el significante a partir de la inexistencia. El agujero nace del bucle significante (S1-S2). El cuerpo del que Lacan ofrece una nueva intuición con el enlace borromeo (Real, Simbólico, Imaginario), no existe en el espacio de tres dimensiones, sino en el espacio topológico y matemático (compacidad).

 

EL SUJETO NO GOZA DE SU CUERPO

El sujeto no goza de su cuerpo, sino que el cuerpo goza de sí mismo ‘en el contexto del nudo borromeo’. Lo cual supone al Otro. Sujeto y Otro, en Inmixión de Otredad (2). No hay sujeto sin Otro. Los cuatro elementos del psicoanálisis: significante, sujeto, cuerpo y goce pertenecen al espacio abstracto del psicoanálisis, como efecto de la condición significante de nuestras estructuras. “En el principio es el Verbo” o en el principio es el lenguaje y el Otro, desmienten la primacía originaria de cualquier autoerotismo desamarrado del Otro.

 

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* Puntuaciones realizadas a partir de la lectura ‘Otro Lacan’, de Alfredo Eidelsztein. 1. “Le séminaire XXI”.

O GOZO NÃO É A SATISFAÇÃO PULSIONAL (Traducción al portugués e imagen por José Marcus De Castro Mattos)

\Texto de JUAN JOSÉ SCORZELLI (*)/

Em que corpo se satisfaz (‘Befriedigung’) a pulsão, quando ela é ‘o eco no corpo do fato de que há um dizer’? (Cf. LACAN, J. Seminário 23.)

O corpo do (desde o) significante não é o corpo bio-natural, pois este está perdido em sempre na instituição do significante, no Discurso do Outro e no laço social.

O corpo e o gozo dos quais fala a Psicanálise a partir de Lacan (em Freud o corpo bio-natural segue operando na trama de sua teoria) são efeitos do significante e do furo (‘trou dans le symbolique’, em termos lacanianos): eles estão situados nesse nível.

De fato, o corpo e o gozo não existem no nível biológico da carne nem no espaço euclidiano (tridimensional) e a dimensão topológica da Garrafa de Klein ou do Toro podem mostrar a bidimensionalidade deles.

O gozo como necessidade de discurso (que nada tem a ver com a pulsão ou com a satisfação desta) habita o furo ou o sistema de furos instituído pela ex-sistência do significante vis-à-vis aos significados, pois o furo nasce do pareamento entre S¹ e S²; assim, o corpo do qual Lacan oferece uma nova apreensão com o Nó Borromeano não existe no espaço euclidiano (tridimensional) e sim no espaço topológico e matemático (‘compacidade’).

Logo, no contexto do Nó Borromeano o sujeito ($) não goza de seu corpo, posto ser o corpo que ‘goza de si mesmo’, mas um ‘si mesmo’ que supõe o Outro, ou seja, a ‘intromistura com a Alteridade’ (não há sujeito sem Outro, etc).

Os quatro elementos da Psicanálise (significante, sujeito, corpo e gozo) pertencem a um espaço abstrato, como efeito da condição significante de nossas estruturas.

Enfim, ‘No princípio é o Verbo’ – no princípio é a Linguagem – desmente a primazia originária de qualquer autoerotismo desarticulado do Outro.

(Pontuações realizadas a partir da leitura de ‘Otro Lacan’, de autoria de Alfredo Eidelsztein.)

(*) J. J. SCORZELLI. Psicanalista.

{A foto representa um esboço de autorretrato do pintor inglês LUCIEN FREUD [1922 – 2011].}

 

1. Clase del 11 de marzo de 1974. El sujeto es efecto del lenguaje, del Otro y del lazo social. El individualismo se combate con la noción de immixión de Otredad (No hay sujeto sin Otro), y con una teoría del sujeto que no arranque de la sustancia, ni de un ser que no sea de lenguaje.

2. Immixion de Otredad: La noción (o concepto) de immixion de Otredad (“Acerca de la estructura como mixtura de una Otredad, condición sine qua on de absolutamente cualquier sujeto”, J. Lacan, conferencia de Baltimore, 1966) donde habla de una entremezcla indiscernible entre sujeto y Otro o, no hay sujeto sin Otro, se ubica en esa dirección: antiindividualista, antiontológica (no hay seres más que de lenguaje: parlanteseres), y antinihilista.



EL DESEO NO ES EL QUIERO

“Se anuncia una ética, convertida al silencio, por la avenida no del espanto, sino del deseo” J. Lacan (1)

El deseo no es el quiero, pues puede ser justamente lo contrario. Allí juega la distinción entre el Yo quiero o el eso desea, ya que, eso desea en mí, sin que yo lo sepa. Dos fórmulas se desprenden de estas enunciaciones: Te quiero aunque no quieras o te deseo aunque no lo sepa. Un abismo las separa: en una se adivina el forzamiento, en la otra, el pañuelo hace causa de un deseo que se suscita, sin que se muestre la premura solicitante (de la posición sexuada que sea).

 

EL OBJETO DEL DESEO

“¿No será más bien, como me ha ocurrido decirlo, botella de Klein, sin adentro ni afuera? ¿O aun, sencillamente, por qué no, el toro?” J. Lacan (2)

El deseo así es en principio inconsciente: articulado pero no articulable, decía Lacan, pero interpretable su objeto: el objeto del deseo. Para ello es el toro la mejor superficie, una cámara de auto o un salvavida muestra su estructura al sumergirse en un espacio de tres dimensiones, ya que su origen es topológico, de dos dimensiones sin adentro ni afuera, en la que el agujero central se halla en continuidad con la periferia. Es allí donde las vueltas de la Demanda, que constituyen su directriz, evocan en su cierre (operado por el analista) un más allá donde el deseo puede donar su objeto. Así, se cumple el veredicto: el  deseo  está más allá de la Demanda (del Otro). El fantasma es su sostén, el fantasma está en el campo del Otro (J. Lacan. Seminario 10,  La angustia).

 

COMO OTRO, DESEO

“Of Structure as an Immixing of an Otherness Prerequisite to Any Subjet Whatever” J. Lacan (3)

El deseo como deseo del Otro, implica que deseo como Otro. Y Lacan pone de relieve que el sujeto solo es abordable desde el Otro, en Immixión de Otredad. La Immixión es mezcla indiscernible, donde los elementos mezclados son imposibles de separar, por ej.: la mezcla de agua con azúcar. Esta concepción rompe con todo individualismo, ya que el inconsciente de Lacan no está dentro de ningún individuo y sus límites no son los del cuerpo biológico, sino que habita en un espacio no 3D, sin adentro ni afuera, allí mismo donde podríamos situar el lenguaje en general. Es en este sentido que Lacan cuestiona la autoría, ¿quién es el autor?, poniendo como ejemplo las invenciones realizadas por dos o más científicos sobre el mismo tema, en el mismo momento histórico, sin conocerse entre sí (los alemanes August Ferdinand Möbius y Johann Benedict Listing conciben al mismo tiempo y de forma independiente la banda nombrada luego como de Möbius, en 1958). La dimensión del sujeto y del Otro no pertenecen al espacio euclidiano. Sujeto y Otro deben pensarse no como partículas sino más bien como ondas (teoría onda-partícula), interpenetrables.

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  1. Jacques Lacan. Libro 7: “La ética del psicoanálisis” (1969-60), Buenos Aires, Paidós, 1988.
  2. Jacques Lacan. Seminario de Caracas, Venezuela, 1980.
  3. Jacques Lacan. Conferencia de Baltimore (EEUU 1966).  “Acerca de la estructura como mixtura de una Otredad, condición sine qua non de absolutamente cualquier sujeto”. [Traducción de Leonel Sánchez Trapani en la Revista Acheronta].


Arte – Carlos Alonso – “Adam and Eve Expelled from Paradise” – Expresionismo – 1969



A PARTIR DEL VERBO (EL SIGNIFICANTE) Y LA RELACIÓN AL OTRO

“El dolor es siempre personal y siempre cultural. Está, por eso, siempre abierto a la variable influencia del significado” 1.

“La sola presencia de la primera función de onda en algún lugar del universo ejerce cierta influencia en cualquier otra función de onda” 2.

 

A PARTIR DE LA IDEA

Creo que Lacan aporta al psicoanálisis elementos abstractos decisivos no tomados en cuenta antes, reafirmando su inicio, no en el campo biológico (como las pulsiones freudianas o la pulsión de muerte cuantitativa en Melanie Klein), sino a partir del Verbo (del significante), y de la relación al Otro. Para ello fue necesario también su relación con la topología o la física teórica. ¿Por qué? Por el aporte de las superficies interpenetrables, sin exterior ni interior, que permiten ir más allá de cualquier teoría individualista que tenga como referencia al cuerpo como uno (con adentro y afuera, a la manera del huevo freudiano). Asimismo, su concepción teórica es a partir de la idea, del método hipotético deductivo, no del inductivismo, ni de la experiencia. La experiencia, en todo caso, responde de la teoría en la que se basa -su marco teórico-, lo que se llama una praxis. Es el experimentum mentis, es decir la experiencia mental, la que mejor corresponde al modelo de investigación en ciencias conjeturales (todas lo son, especialmente el psicoanálisis).

 

IMMIXION DE OTREDAD

Esto constituye todo un paso para pensar al sujeto a partir del Otro, en Immixion de Otredad, como Lacan postula en la conferencia de Baltimore, en 1966 (3). Las superficies topológicas abren el campo para concebir lo imposible, así como se piensa el imposible lógico-matemático: superficies bidimensionales como el cross-cap o la superficie de Klein (superficies cerradas de una sola cara y un solo borde, sin interior ni exterior) que no pueden sumergirse en el espacio 3D, o como el caso de las paralelas que no se cortan del 5to. postulado de Euclides, luego contradicho por Nikolái Lobachevsky en su geometría no euclidiana, inaugurante de una nueva topología, para pensar los imposibles en el campo de la ciencia.

 

EL SUJETO DE LACAN

El sujeto de Lacan (en mezcla inseparable con el Otro) es la clave para pensar estos problemas ya que se lo presenta como efecto del lenguaje; es insustancial, vacío y no tiene ser, está dividido entre significantes, no es el sujeto antropológico, ni el sujeto gramatical, ni el ciudadano, es el tema, el asunto (sujet, en francés), que se despliega entre hablanteseres (encarnaciones del lenguaje), allí donde Eso habla entre ellos. Esto es un verdadero cambio de paradigma dentro del psicoanálisis (o corte epistemológico, según se lea) que tal vez permita salir del individualismo (donde no importa quien lo dice, analista o analizante, sino que Eso habla entre ellos), del sustancialismo y del biologismo reinantes.

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1.”La cultura del dolor”, David. B. Morris. Santiago de Chile (1993). 2.”Antes del Big-Bang”, Martin Bojowald, Buenos Aires: Debates. (2010). 3.”Acerca de la estructura como mixtura de una Otredad, condición sine qua non de absolutamente cualquier sujeto“[“Of Structure as an Immixing of an Otherness Prerequisite to Any Subjet Whatever”] Traducción de Leonel Sánchez Trapani, en la Revista Acheronta.

Referencias: Jacques Lacan, Escritos 1 y 2, Editorial Siglo XXI. Alfredo Eidelsztein, “Otro Lacan”, “El origen del sujeto en psicoanálisis, del Big-Bang del lenguaje y del discurso”, “La topología en la clínica psicoanálisis”. Ed. Letra Viva.

—”El beso”—Luis De Bairos Moura-De la serie “Humaniquiestal”—Acrílico-1989—



29/01/2021

Da Eliminação Da ‘Centro’

A ‘ferida narcísica’ foi Kepler e não Copérnico, ou seja, retirar o ‘centro’: Lacan fura o ovo freudiano, convertendo-o em um toro (superfície topológica).

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Lacan dá um passo além ao tomar Kepler como aquele que descentra, pois isto é mais parecido com as consequências da ‘Outra-cena’ (freudiana) e à postulação do Eu (Ich/Je) como ‘Eu é um Outro’ (Je est un Autre).

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Kepler descentra, ou seja, rompe com o ‘centro’ (Terra ou Sol) e localiza a elipse (a qual questiona a forma esférica perfeita tradicional), estabelecendo dois polos, um deles vazio.

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Ora, ao transformar o ovo freudiano em um toro, Lacan o fura, colocando no centro o vazio.

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O interessante é que não se tratava de substituir um centro por outro, mas sim da eliminação do ‘centro’: por exemplo, no tocante à teorização de Lacan sobre o ‘sujeito’, trata-se de um sujeito descentrado, vazio, dividido (o sujeito não é o ‘eu’).

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(O tema da substituição do circular pelo elíptico é também interessante, porque a esfera era considerada a figura perfeita, ou seja, caem muitos mitos nesta substituição.)

/

Além disso, Lacan trabalhava as superfícies topológicas sem interior nem exterior, o que constitui outro desafio à crença no individualismo: a ‘intromistura de Alteridade’ (não há sujeito sem Outro) coloca em questão a tese individualista, posto que o ‘eu penso’ e o ‘eu falo’ estão sobredeterminados pelo ‘sou pensado (pelo Outro)’ e pelo ‘isso (o Outro) fala, pensa e goza’, questionando-se assim o ‘sujeito da ciência’ (cartesiano).

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Enfim, a importância de manter o ‘centro’ vazio é também clínica, mas os substancialismos comparecem para impedi-lo.

🌿

Tradução do original espanhol:

JOSÉ MARCUS DE CASTRO MATTOS

Psicanalista
Escritor
Poeta
Coordinador de:

ⱾEMINARIOS ⱣSICANALÍTICOS IACQUES ŁACAN

ⱾEMINARIOS ⱣSICANALÍTICOS YOÁN ₲UIMARANES ℟OSA

Miembro del Colegiado Director de: ĔSCUELA ⱣOPULAR DE ⱣSICANÁLISIS ɃRASILEÑA (ĔⱣⱣɃ)



24/01/2021

ESENCIALISMO Y PERONISMO [*]

“…, el universo olvida el valor exacto que tenía cualquiera de estas características con anterioridad al Big Bang.” M. Bojowald (1)

… lo que había [el ser] allí desaparece por no ser ya más que un significante” J. Lacan (2)

Un problema que ha de tratarse, previo a la significación ‘peronista’, o qué es o no ser peronista, es el esencialismo, la maldita idea de una esencia de las cosas, que deviene de una utilización ontologizante del verbo ser, que es, en tanto tal, un conector. Si no podemos desontologizar al peronismo (o lo que sea), caeremos en fundamentalismos ontológicos peligrosos, incluso tendientes hacia la sustancialización, bases de todo racismo, xenofobia, etnocentrismo, etc.

 

LA APROPIACIÓN ONTOLÓGICA

La apropiación ontológica trabaja con el ser de las cosas, con las esencias. Recordemos la diferencia entre Parménides (el ser es, el no ser no es) y Heráclito (ni entramos dos veces al mismo río, ni somos los mismos cada vez). El tema es retomado por aristotélicos (partir de los sentidos) y platónicos (partir de las ideas). La posición, la argumentación peronista (si no somos parmenídeos) parte de ideas, arranca de una idea. La idea no tiene exactamente propiedad privada, ella adviene, se produce en el campo del Otro (la cultura, el lenguaje, el contexto social). Por supuesto son expuestas por alguien o ‘alguienes’ (se da el caso de que la misma idea aparece en sujetos de muy distantes lugares o sin contacto entre sí), es lo que, de todos modos, llamamos un autor o autores. Las ideas, como en la ciencia, están sujetas a transformaciones, a cambios de paradigma (de la teoría de Newton a la de Einstein, luego Max Planck descubriendo la teoría cuántica de campos o, la teoría de cuerdas dependiente de la cuántica, anticipada por Theodor Kaluza). Eso cuestiona cualquier esencialismo.

 

SUJETO

Recordemos la definición lacaniana de Sujeto (no es individuo ni persona) como falta en ser, vacío, dividido entre significantes. El peronismo (o los peronismos), no están ajenos a estos cambios, de hecho tal vez el kirchnerismo podría asociarse a esta mutación (recordemos que Einstein rechaza la física cuántica, que era hija, por decirlo así, de la física relativista). El rechazo al cambio de paradigma, a la mutación, puede ser un gran retraso en el avance de las ideas (aunque no se sepa de antemano si sus consecuencias serán mejores o peores). Aferrarse a esencias no es lo mismo que asentarse en principios, en argumentos o hipótesis iniciales, ya que estas pueden ser cambiadas, modificadas. No hay esencia, ni ontología o sustancialismo que no amarre finalmente en la biopolítica, en la política de los cuerpos. Debemos, si se puede, partir de nuevas concepciones del pensamiento que no embraguen con biología alguna (para el campo de las ideas). Toda la ciencia (no aristotélica) trabaja en ese sentido. Esto permite salir de una concepción individualista y pensar al sujeto (del inconsciente) en Immixion de Otredad (mezcla indiscernible con el Otro). (3)

 

SIN ADENTRO NI AFUERA

Lacan utiliza una topología no euclidiana sin adentro ni afuera (sin exterior ni interior) para pensar esta cuestión del sujeto (a la manera de las superficies topológicas interpenetrables, que permiten ir más allá del ‘partes extra-partes’ cartesiano). Toda biología queda en otro plano, totalmente afectada por la estructura significante del lenguaje. Una política que supere el individualismo, el sustancialismo y la ontologización, daría un nuevo vuelo a las viejas concepciones esencialistas. En la física moderna por ejemplo, un elemento (electrón), puede leerse como onda o como partícula, en la onda los elementos se entremezclan, no tienen masa y se despliegan en el espacio, mientras que las partículas o corpúsculos ocupan un lugar en el espacio y poseen masa (‘dualidad onda-partícula’), según la posición que elija el experimentador.  La teoría del sujeto de Lacan también comparte esta dualidad: el sujeto como onda, sin masa, en immixión o como partícula, encarnado, lo que llamamos ‘hablanteser’ (seres creados por el lenguaje). Hay una tendencia actual (de hecho, es la que triunfa) hacia el biologismo, o como decía Foucault, la biopolítica, el sustancialismo y la ontologización que se desprende de estas posturas aun aristotélicas y medievales. (4)

 

Asunción, enero, 2021.

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*Escrito a propósito del texto de Jorge Alemán “Peronismo”, en su muro. Véase también https://lateclaenerevista.com/el-mas-peronista-de-todos-los-peronistas-por-jorge-aleman/?fbclid=IwAR0XLtDW5Xay8WzXKQCNiNiPz6eM3KefjCBTIeHoEReF3dKXkqYcynubvGY

Ref., Lacan, J. (1984). El Seminario. Libro 2.  Libro 17 / Paidós. / Posición del inconsciente, J. Lacan, 1960/64. Escritos/ El origen del sujeto en psicoanálisis, del Big Bang del lenguaje y el discurso, A. Eidelsztein, Letra Viva/ Otro Lacan, A. Eidelsztein, Letra Viva. / Conferencia de Baltimore, J. Lacan, dictada en Baltimore (EEUU), en ocasión del Simposio Internacional del Centro de Humanidades John Hopkins, el 21 de octubre de 1966.

  1. Martin Bojowald. M. (2010). Antes del Big Bang.
  2. Jacques Lacan, Posición del inconsciente.
  3. Immixión de Otredad: Lacan titula su conferencia (conocida como la conferencia de Baltimore), dictada en Baltimore (EEUU), en ocasión del Simposio Internacional del Centro de Humanidades John Hopkins, el 21 de octubre de 1966, como  “Of Structure as an Immixing of an Otherness Prerequisite to Any Subject Whatever”. [“Acerca de la estructura como mixtura de una Otredad, condición sine que nonde absolutamente cualquier sujeto”.La traducción realizada directamente del inglés, por Leonel Sánchez Trapani en la Revista Acheronta N° 13 de Julio del 2001]. La immixión es una mezcla que no admite la separación de sus componentes como por ejemplo cuando mezclamos el café con el azúcar, o hacemos salsa golf con mayonesa y kétchup, los elementos que la pudieron componer inicialmente luego se hacen indistinguibles. [en inglés, las escrituras  immixing o inmixing son igualmente válidas]. De ‘Immixion de Otredad’, conferencia personal dictada en APOLa Bogotá, 21 de agosto, 2020. Extractos.

Nota: Sujeto y hablanteser: El sujeto de Lacan se diferencia del sujeto antropológico, es efecto del significante, dividido entre ellos, no es sustancial ni ontológico. Lo caracteriza su falta en ser. Es la suposición con la que se trabaja con respecto al inconsciente (sujeto del inconsciente). El hablanteser sí es uno, pero incluye la relación al Otro, en este sentido no es Individual.

 

  1. En este trabajo (que antecede un desarrollo por venir) se toma en cuenta la hipótesis de Alfredo EIdelsztein sobre el Big Bang del lenguaje, el Otro y el lazo social como anterioridad lógica a cualquier naturalismo, biologismo o teoría individualista del sujeto.

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NUESTRA VIDA SIGNIFICANTE [*]

“El hombre está capturado por la imagen de su cuerpo” (1)

Según nuestra lectura es necesario cuestionar la concepción individualista de la constitución del sujeto. Nuestra posición es que no hay sujeto sin Otro, sin lenguaje y sin lazo social. Vale decir, no hay una sustancia que evoluciona en diferentes estadios madurativos que da como resultado un sujeto humano hablante. El sujeto es efecto del lenguaje y se constituye por los mecanismos de la alienación y la separación [En nuevas notas trataremos sobre estas operaciones lógicas en el advenimiento del sujeto] (2)

EL MALESTAR EN LA CULTURA

¿Qué quiere decir todo esto? Quiere decir que concebir un sujeto sustancial que evoluciona y va aprendiendo el lenguaje y la cultura que va a habitar, es una concepción evolucionista (en este sentido, la posición de Lacan es creacionista, creación ex -nihilo, en el principio es el Verbo, en nuestro caso: en el principio es el significante), que invierte los procesos y tiene como consecuencia la elaboración de un sujeto individual, recortado de la biología, similar a la que creemos encontrar en los llamados animales. El malestar en la cultura estudiado por Freud mantiene vivo este punto de vista, ya que supone un sujeto pulsional originario, que se enfrenta a una cultura que intenta dominar esas ‘pulsiones’ para domesticarlas y socializarlas, por lo tanto habrá malestar en el sujeto por tener que renunciar a ese goce de origen, y esto gracias a la función del padre, que impondrá la ley bajo la forma de prohibir el incesto y el concomitante goce masturbatorio. Con Lacan tenemos una revisión de todo este asunto, incluso un rechazo de esta lectura, ya que elimina este supuesto antagonismo, sujeto-cultura, poniendo al Otro de entrada, al sujeto como efecto del lenguaje y a la cultura como incluida dentro de sus leyes (del lenguaje), es decir, no hay en Lacan un sujeto previo a la acción del lenguaje, no hay baño de lenguaje sobre un sujeto que está ya allí esperándolo, solo hay sujeto efecto del lenguaje, y no hay realidad prediscursiva.

EL ENGAÑO

Son muchos los casos en que el sujeto se siente mal con su cuerpo, con eso que ‘ve’ en el espejo. Se puede sentir gordo, feo, flaco o incluso hermoso y sin fallas. Muchas depresiones tienen su aparente origen en lo que se ve allí, en ese espejo que parece reflejar sin cuestionamientos lo que vemos. Esta concepción individualista no tiene en cuenta lo que vinimos desplegando en los párrafos anteriores, habría allí que advertirle al sujeto del ‘engaño’, de un engaño fundamental, que lo que allí ve no necesariamente es puro, directo y objetivo, sino que hay Otra escena, la escena que condiciona esa mirada, los significantes y los ideales que la sostienen, los ideales del Otro (Ideal del yo, en Freud) en el centro mismo de su advenimiento. Es necesario reenviar el engaño imaginario, constitutivo  de lo que podríamos llamar nuestra ‘estructura’ (que en Lacan reemplaza al ‘aparato psíquico’ freudiano, que se encuentra en el ‘interior’ del individuo, por una concepción topológica sin adentro ni afuera, y con un sujeto bidimensional), hacia esa Otra escena, en la que puede hallarse el secreto, la significación de lo que toma forma en lo que parece que vemos con tanta nitidez y seguridad.

EL SUJETO DEL SIGNIFICANTE

He mezclado en mis dichos dos concepciones de la subjetividad que deben discriminarse: el sujeto como efecto del lenguaje, el sujeto del inconsciente, el sujeto lacaniano, dividido entre significantes, que no tiene posibilidad alguna de unidad, salvo a la que se tiende cuando el ideal es erigido para rechazar tal división y emerger como emblema de hierro, como vemos por ejemplo en los fundamentalismos religiosos y/o políticos de ciertas características. Por otra parte, está lo que designamos sujeto coloquialmente (este o aquel sujeto, como individuos) que lo podemos asimilar al denominado ‘hablanteser’ de Lacan, queriendo decir que no hay ser sino del habla, no hay ser sustancial, sino sustancia de lenguaje o materialismo de la palabra (móterialisme, al decir de Lacan). De todas formas en uno u otro caso, en una u otra manera de hablar del sujeto, ‘no hay sujeto sin Otro’.

EL OTRO

Esto extrae a nuestro sujeto de toda biología, ella como tal quedará perdida, olvidada y la marca del significante atravesará cualquier concepción de la realidad que hagamos, pues todo será leído, teorizado, elaborado, desde la concepción lenguajera que tengamos de las cosas, y en última instancia, en nuestra realidad ‘humana’, las cosas serán creaciones del significante. Esto para el psicoanálisis es esencial, pues trabajamos allí donde el padecimiento, el dolor subjetivo, implican al Otro, en sus dos dimensiones también, el Otro como estructura del lenguaje, con sus leyes e incompletud constitutiva, y el Otro como encarnación de esa estructura, como lo es por ejemplo la madre (o cualquier otro equivalente para el niño, aquel que se postula como transmisor de una lengua, de una cultura, etc). Es en el lazo con este Otro donde se engendran las respuestas, las maniobras, las determinaciones más significativas con respecto al deseo y a la demanda que allí se expresan, se dibujan y se constituyen como férreos nudos fantasmáticos en la vida del sujeto. Nuestra vida significante.



NUESTRA VIDA SIGNIFICANTE [*]

“El hombre está capturado por la imagen de su cuerpo” (1)

Según nuestra lectura es necesario cuestionar la concepción individualista de la constitución del sujeto. Nuestra posición es que no hay sujeto sin Otro, sin lenguaje y sin lazo social. Vale decir, no hay una sustancia que evoluciona en diferentes estadios madurativos que da como resultado un sujeto humano hablante. El sujeto es efecto del lenguaje y se constituye por los mecanismos de la alienación y la separación [En nuevas notas trataremos sobre estas operaciones lógicas en el advenimiento del sujeto] (2)

EL MALESTAR EN LA CULTURA

¿Qué quiere decir todo esto? Quiere decir que concebir un sujeto sustancial que evoluciona y va aprendiendo el lenguaje y la cultura que va a habitar, es una concepción evolucionista (en este sentido, la posición de Lacan es creacionista, creación ex -nihilo, en el principio es el Verbo, en nuestro caso: en el principio es el significante), que invierte los procesos y tiene como consecuencia la elaboración de un sujeto individual, recortado de la biología, similar a la que creemos encontrar en los llamados animales. El malestar en la cultura estudiado por Freud mantiene vivo este punto de vista, ya que supone un sujeto pulsional originario, que se enfrenta a una cultura que intenta dominar esas ‘pulsiones’ para domesticarlas y socializarlas, por lo tanto habrá malestar en el sujeto por tener que renunciar a ese goce de origen, y esto gracias a la función del padre, que impondrá la ley bajo la forma de prohibir el incesto y el concomitante goce masturbatorio. Con Lacan tenemos una revisión de todo este asunto, incluso un rechazo de esta lectura, ya que elimina este supuesto antagonismo, sujeto-cultura, poniendo al Otro de entrada, al sujeto como efecto del lenguaje y a la cultura como incluida dentro de sus leyes (del lenguaje), es decir, no hay en Lacan un sujeto previo a la acción del lenguaje, no hay baño de lenguaje sobre un sujeto que está ya allí esperándolo, solo hay sujeto efecto del lenguaje, y no hay realidad prediscursiva.

EL ENGAÑO

Son muchos los casos en que el sujeto se siente mal con su cuerpo, con eso que ‘ve’ en el espejo. Se puede sentir gordo, feo, flaco o incluso hermoso y sin fallas. Muchas depresiones tienen su aparente origen en lo que se ve allí, en ese espejo que parece reflejar sin cuestionamientos lo que vemos. Esta concepción individualista no tiene en cuenta lo que vinimos desplegando en los párrafos anteriores, habría allí que advertirle al sujeto del ‘engaño’, de un engaño fundamental, que lo que allí ve no necesariamente es puro, directo y objetivo, sino que hay Otra escena, la escena que condiciona esa mirada, los significantes y los ideales que la sostienen, los ideales del Otro (Ideal del yo, en Freud) en el centro mismo de su advenimiento. Es necesario reenviar el engaño imaginario, constitutivo  de lo que podríamos llamar nuestra ‘estructura’ (que en Lacan reemplaza al ‘aparato psíquico’ freudiano, que se encuentra en el ‘interior’ del individuo, por una concepción topológica sin adentro ni afuera, y con un sujeto bidimensional), hacia esa Otra escena, en la que puede hallarse el secreto, la significación de lo que toma forma en lo que parece que vemos con tanta nitidez y seguridad.

EL SUJETO DEL SIGNIFICANTE

He mezclado en mis dichos dos concepciones de la subjetividad que deben discriminarse: el sujeto como efecto del lenguaje, el sujeto del inconsciente, el sujeto lacaniano, dividido entre significantes, que no tiene posibilidad alguna de unidad, salvo a la que se tiende cuando el ideal es erigido para rechazar tal división y emerger como emblema de hierro, como vemos por ejemplo en los fundamentalismos religiosos y/o políticos de ciertas características. Por otra parte, está lo que designamos sujeto coloquialmente (este o aquel sujeto, como individuos) que lo podemos asimilar al denominado ‘hablanteser’ de Lacan, queriendo decir que no hay ser sino del habla, no hay ser sustancial, sino sustancia de lenguaje o materialismo de la palabra (móterialisme, al decir de Lacan). De todas formas en uno u otro caso, en una u otra manera de hablar del sujeto, ‘no hay sujeto sin Otro’.

EL OTRO

Esto extrae a nuestro sujeto de toda biología, ella como tal quedará perdida, olvidada y la marca del significante atravesará cualquier concepción de la realidad que hagamos, pues todo será leído, teorizado, elaborado, desde la concepción lenguajera que tengamos de las cosas, y en última instancia, en nuestra realidad ‘humana’, las cosas serán creaciones del significante. Esto para el psicoanálisis es esencial, pues trabajamos allí donde el padecimiento, el dolor subjetivo, implican al Otro, en sus dos dimensiones también, el Otro como estructura del lenguaje, con sus leyes e incompletud constitutiva, y el Otro como encarnación de esa estructura, como lo es por ejemplo la madre (o cualquier otro equivalente para el niño, aquel que se postula como transmisor de una lengua, de una cultura, etc). Es en el lazo con este Otro donde se engendran las respuestas, las maniobras, las determinaciones más significativas con respecto al deseo y a la demanda que allí se expresan, se dibujan y se constituyen como férreos nudos fantasmáticos en la vida del sujeto. Nuestra vida significante.

 

*Nuestro trabajo se inscribe en las coordenadas de otro al que remitimos “Otro Lacan”, de Alfredo Eidelsztein.

1.Lacan, J. “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”. En: ‘intervenciones y textos,  2’. p. 188.

2.Puede leerse para este tema “Los conceptos de alienación y separación de Jacques Lacan”, A. Eidelsztein (Apertura-Sociedad Psicoanalítica de Buenos Aires. Argentina).



Biografía

Lic. Juan José Scorzelli

Psicoanalista

Miembro de APOLa Internacional (Apertura para Otro Lacan)

Fundador de la Asociación de Psicoanálisis S. Freud en Paraguay.

Ex Adherente de la Escuela de Orientación Lacaniana de Argentina (EOL).

Coordinador de Grupos de Estudio sobre psicoanálisis en Buenos Aires y en Asunción del Paraguay.

juan.j.scorzelli@gmail.com

https://www.facebook.com/Lacanos-Asunci%C3%B3n-106351344447063

Interlitq’s Californian Poets Interview Series: Paul Vangelisti, Poet, Translator, Editor, and Journalist interviewed by D...

Paul Vangelisti in Modena (photo by David Garyan)

November 13th, 2023

Interlitq’s Californian Poets Interview Series:

Paul Vangelisti, Poet, Translator, Editor, Journalist

interviewed by David Garyan

This interview was conducted in person at the Best Western Hotel Liberta in Modena, Italy on July 3rd, 2022. Bill Mohr contributed four questions via email, which were asked during the course of the talk. The following is the transcription, edited in collaboration with Paul Vangelisti.

Paul Vangelisti’s poems appear in Interlitq’s California Poets Feature



DG: Ezra Pound believed that poets make the biggest leaps in their own craft by translating other poets. As an Italian-American, how have your translations—varied throughout the years—contributed to the development of your own writing?

PV: I started with Pound on this question in 1968 during my first year in graduate school, which I loathed and quit almost after two weeks. But then I had my first class with a visiting professor—Donald Davie. He was there at USC from 1968 to 1969, on his way the next year to accept a chair at Stanford. He was a very fine British poet-critic and he taught one course each semester on Pound. I had read Pound’s Selected Poems right after I graduated from the University of San Francisco. It so happened that the next semester he no longer wanted to teach it. Instead, he ended up with one course I had never taken in my life—creative writing. He had set it up to function as follows: He picked seven people. Grads and undergrads turned in a manuscript. He didn’t distinguish. And the only requirement was that you had to translate something. He met with you the first week to talk about your interests and to find out if you had studied another language. He would suggest a poet to translate in a bilingual format. The other requirement was that you’d never meet any of the other poets. It was one-on-one with him. It was the shrink’s hour—fifty minutes, once a week. It was whatever he wanted to talk about, but you had to bring in translations. That’s how I started translating poetry seriously, mostly from Italian, except for one figure, Mohammad Dib, who was from France and somebody I’d gotten to know. I did his book in 1976, then another towards the end of his life. Every year, out of the blue, he would send me his latest title from France. He was an Algerian exile living there.

We exchanged holiday greetings and all of that. At the end he said: “I want to write a book about my trip to Los Angeles in 1974.” This was give-or-take 1999 or 2000. He was there for four months as a regent’s professor. He didn’t have a college degree, but the French Department brought him to UCLA, and I got to be very good friends with him. Together we’d wander around town. I introduced him, he claims, to jazz and jazz clubs. I was 29. He was 54. I’m 6’2. He’s 5’6. It was an odd couple.

Fast forward from all that and we get to 1999. I started a creative writing program and one of its essential aspects was translation; students had to study it. There was a first semester called “The History and Practice of Translation,” and it kicked off with a statement going back to Pound: “Every major change in English poetics is the result of translation.” Quite true. The Lord’s Prayer was translated from Old English—one of the first so-called pieces of English literature. Latin makes three prominent appearances: First around the year 1000; then it enters again just before Shakespeare’s time; finally once more in the 18th century.

In the days of Chaucer, you have French—a heavy influence. Then in the Renaissance you have Latin and Italian. The court language under Queen Elizabeth was Italian, and the sonnet which became so popular, was an Italian form. French again enters with the Restoration, and I think Pound’s point was that translation propels poetic innovation.

Sidenote: When I was in grad school, there was a colleague called Rose whose last name I can’t remember. We were finishing our last year before the dissertation and she said: “You’re writing on Pound. I have 50 of his unpublished letters.” I said: “Hey, get them here, and we’ll put them in special collections.” She brought them in, even though her family wanted to hold on to them. They were her younger sister’s who’d died in her 50s of cancer. She was from Maryland and she had befriended Pound when he was at St. Elizabeth’s. She would write to him and visit him. Wanting to study poetry, she looked up a bunch of famous ones and Ezra Pound was right there near Baltimore—an obvious target. In the first response he said: “Okay, send the poems along—subject, verb, object.” And then after that, he assigns her things to translate because she knew some French from high school or college. Right in the beginning he’s teaching this woman, who’s in her thirties, the art of poetry from scratch, and the key part of it is translation. He says it in his Selected Letters anyways but he also repeats it in these aforementioned ones: “The reason why it’s good for a young poet to translate is because in translation you don’t pick up the mannerism of the poet. You can’t, because it’s a different language. You pick up the approach, subject, and composition, but you don’t pick up the mannerism, which is the worst thing about imitating a poet.”

DG: In your essay “Poetry Interrupted,” you articulated something called “resistance of the self,” a sort of criticism of the ego inherent to lyrical poetry: “If we are to derange the egocentric, expansionist course of U.S. poetry, nothing less is indicated than a resistance to the self, an ideological and aesthetic vulnerability to what surrounds us.” In your view, has contemporary writing in recent years moved towards this resistance or away from it?

PV: Away from it. Completely. After 1974, two years fresh out of grad school and now a journalist, I increasingly witnessed throughout the ‘80s the study of the historical avant-gardes, such as Marinetti. His best manifesto was the 1912 Technical Manifesto of Futurist Literature, along with the 1909 Manifesto of Futurism. The others are also important but so off-the-wall. These two are certainly his best. The first rule, Marinetti, says is “destroy the ‘I’ (distruggere il “io” in poesia).” Though my first book was in 1973, long before I’d read that manifesto, I did write a whole collection of poetry called Air and made sure there was no “I” in the poems, which is easy to do in Italian, but not so easy to do in English. In Italian, it’s not necessary to put the “I.”

DG: Indeed, you don’t have to use the pronoun because the subject can be apparent from the conjugation of the verb itself.

PV: When I first came to Italy, I could always tell who was an American because they kept saying “I, I, I—I want this, I want that, I want to go there.” They use the “I” all the time. If you connect this with the proliferation of creative writing programs, a clearer picture begins to emerge: When I started my own in 1999, there were fifty; by the time I retired—if you count the distance learning ones—there were close to 400. I think they’ve done more damage to American poetry than anything. Part of the problem is the formulaic one or two page max workshop poem: “I do this. I do that. I wake up. I feel bad. Whatever.” It doesn’t hold any interest for me, at least in terms of reinventing the language.

DG: We can use this an interesting to Rimbaud, who believed that a derangement of the senses was the key towards poetic illumination. How strong is the correlation between the way Rimbaud used the word “derangement,” and how you use it?

PV: Exactly. I use “derange” because I somewhat break with Rimbaud’s famous letter to his high school teacher. I took it to mean that the senses are the “I.” The ego is a sense. I’m not saying it’s not there—it’s certainly a sense, but for me it’s not an interesting sense around which to create a poem. Ten years later I read Marinetti’s futurist manifesto, but this idea can be found throughout all of his work. We tend to call figures like Marinetti the historical avant-gardes whereas those after WWII were the neo-avant- gardes, but all of them in the end tended to favor Marinetti’s idea of “destroying the ‘I.’”

DG: You edited a posthumous collection of Amiri Baraka’s work, SOS Poems 1961—2013, published in 2014. You wrote in the preface that “along with Ezra Pound,” Baraka is “is one of the most important and least understood American poets of the past century.” Can you talk a bit about the project? What are some of your personal favorite pieces—not just in the anthology, but in general? And do you think writers like Pound and Baraka will ever be “understood,” their genius fully recognized?

PV: Originally I had “misunderstood” but I talked to the Grove editor and we changed it to “least understood.” Still, it’s really “misunderstood,” after all. I remember calling Amiri up five years before having written that. I had done an essay on him and I said: “If I ever do a bigger project, can we start it that way?” And he had just one response: “Cool.” He is very much in the Pound tradition—he himself said so. He hadn’t articulated it much in print, but his work did, especially starting with the first book.

DG: Both are certainly controversial. Baraka is controversial. Pound is controversial—

PV: Oh yeah, and both for the politics—both called anti-Semites, as you know.

DG: Do you think they will ever be understood—their genius fully recognized?

PV: I hope not.

DG: (Laugh.)

PV: Because then they would have to be adopted by—what’s that thing called?—the canon. You heard it here on tape first. Many people I know, not just in the US but also here in Italy, couldn’t be more politically-distanced from Pound, including Pasolini who was on the left. He wasn’t Maoist or anything. Still, for such people, Pound was without a doubt the greatest poet—not just the greatest American poet of the 20th century. And I likewise happen to think so for many reasons, but mostly for what he did in expanding poetic language. In addition, there’s something quite relevant I didn’t say when we were talking about translation but would like to mention now. When they asked Pound: “Why are you so focused on translation?” He responded: “Because I’m looking for a language to think in.” He said that in 1912.

DG: He was ahead of this time. In this respect, I think his genius will become more fully recognized, but in a way where he will remain this “unique” figure, and this is a good thing. Let’s stay with translation and move to Bill Mohr’s question. He wanted to ask the following: “Have you ever translated your own work into Italian? If so, what would be a moment when you found a particular line or image to be difficult to convey into Italian?”

PV: That’s an easy one to answer. I never have. Because I would never translate from English into Italian. Living here, you obviously do it every day, whether verbally, or by means of some some stupid official letter you have to write, which means nothing. They go into some dossier and then you never see them again. But, no. I’ve never translated my work or anybody’s work into Italian. There were plenty of times when somebody was translating my pieces, and because of some confusion they asked for a literal meaning of the stanza. In my terrible Italian, I gave it to them, but the answer is no. However, Bill is on the right track because I think he recalls something I told him forty or fifty years ago: “The other good thing about having a second language—along with Pound’s apropos quote about not imitating someone’s poetic manner—is that when I’m stuck on a poem and I just can’t get anywhere, I’ll translate the piece into my own Italian, and there, often, I see what’s wrong with it. I see the skeleton of the poem. I understand what it’s missing. I understand why, as they say in Italian, it doesn’t stand on its own feet.”

DG: You sort of put a mirror to the poem, but the language is the mirror—

PV: Yeah, I’m able to see why it’s not working. It’s always the question of the poem, not the right word—that just takes time. The real question is why the actual poem is not holding together.

DG: You have this advantage that many poets in the US don’t have—working in another language. Your forte is translating Italian poets, but you’ve not “confined” yourself, as we’ve already said, in this respect. You’ve already touched upon your translation of L.A. Trip by Mohammad Dib was from French to English, and you worked closely with the author to make it happen. How was this project different from the others you undertook, and how did Dib’s reflections about the city ultimately change your own perspectives about LA?

PV: It certainly did. Dib contacted me in 1999 saying: “Hello, how have you been? And so on.” We hadn’t seen each other since 1975, when I went to spend a week with him on the outskirts of Paris—a suburb near Versailles called La-Celle-Saint-Cloud. At the time I had done three French poets, including Dib. His son had email, but Dib never used it. He wrote letters. In one correspondence he said: “I want to write, but I can only do it with you.” I said: “What do you mean?” He responded: “I discovered the city with you and I have these poems. I’ve started writing them but I want you to translate. You send them back to me and I’ll go over them.”

Dib knew English. He had translated English fiction. In 1947, while still living in Tclemsen, Algeria, he published a really interesting essay on American poetics and writing called “The Short Story in Yankee Literature,” which appeared in Forge. He said it’s “a savage literature”—that was his phrase. “It’s a savage country with a savage literature.” He used the word sauvage but he wasn’t putting it down. It’s savage in that it doesn’t have history—and it doesn’t want that. There’s this direct relationship between the object and the writer, which he says is savage. One of my Italian friends, a painter, later said the same thing. I translated my latest piece for him and he remarked: “That’s really interesting. An Italian poet could never write that poem.” I said: “What do you mean?” He responded: “An Italian poet couldn’t just speak directly about a thing. There has to be a mediation. Your language is not mediated.” And so, Dib wanted me to help him mediate all this. That’s how we started. He would send me fifteen or twenty poems at a time—roughly one-page poems, twenty or thirty lines max—and I would translate them, send that back to him via email. His son was working in Paris. He would get the email, print it out, and bring the material to him. Dib would then take it and mark up my translations in red. Afterwards, he sent that back to me. I would then make the corrections we agreed on, which would go back to his son, and they’d collect the manuscript.

When the manuscript was finished, Dib went to his French publisher—and I don’t mind defaming him because I really think he did a disservice to Dib’s work—who actually loved the project. We had set it up so that Douglas Messerli of Sun & Moon Press could publish a joint edition because Dib said the book had to be appear in both languages—French on the left and English on the right. The French publisher in truly stupid contemporary French tradition refused to publish the English—he would just do Dib’s originals, which were in fact created through translation because we would change both versions together. He used my English as a sounding board for his own French. And so, Douglas Messerli said “we’ll just do it ourselves.” In the meantime, Dib dies—suddenly. He got sick in the summer of 2002 while I was on a fishing trip with a friend in Montana. In May of 2003 my wife called me and said: “You know, that friend of yours, Mohammed Dib—he was in the paper today. He died.” And there we were. Messerli said “we’re just going to get it out.” We released it in six months—the whole thing. So now there are two editions of the same book: One as the poet wanted it, and one as … whatever—

DG: The publisher wanted it.

PV: The French publisher wanted it.

DG: (Laugh.)

PV: After he died, his wife wrote me—through the son, of course—a typewritten letter saying: “You don’t know how much consolation he took at the end of his life in those little red pages. She meant the pages he had corrected. She had them all.

DG: That’s an incredible story.

PV: And the book, of course, is called LA Trip—one of the great poems about LA. Yet, for three years I tried getting it reviewed in The LA Times. It did get a review in one place, World Literature Today, a publication that deals with translation, out of the University of Oklahoma.

DG: That shows us the priority of The LA Times, I guess. Let’s continue with another relevant question from Bill Mohr, who says that you you’ve lived as an exile in Los Angeles—

PV: You know why he says that? Because I edited and published a book in 2000 called LA Exile, and it was all poet-writers who came to LA—the youngest arrived when he was fifteen—but all the others came to the city as adults from different states or other parts of the world and wrote in LA; it completely changed their writing.

DG: That’s kind of the opposite of my experience. I left LA and came here, and it’s changed everything.

PV: Right.

DG: But let’s stick with the question, because Bill is right to point out that in some ways, your life has one odd parallel with a very different poet, T.S. Eliot. He writes: “Eliot was about to defend his dissertation when WWI broke out, and so he didn’t get his Phl.D. and become a professor in the United States. You, too, were on the verge of writing your dissertation, but ‘history’ (in quotation marks) intervened. In remaining in Los Angeles, your life’s work as a poet, editor, publisher, and translator has impact an extraordinary number of Southern California poets. If on the other hand, you had finished your Ph.D. and ended up teaching in the Bay Area, where you would have been more at home, how do you imagine your life might have been different? Or are these kinds of fantasies not something you ever think of? Or is that kind of speculation akin to a ‘translation’ of one’s life into a language that has not yet gone beyond the oral stage?” What do you think of Bill’s question?

PV: Not only I, but also people I know keep reminding me of that when I complain about LA. In fact, I would’ve loved to go back to the Bay Area. It’s not the reason I quit. But when you finished your coursework and were writing your dissertation, you’d go on to look for your first academic job. In those days, as now, the same thing happened—no jobs. There was one place in the country where you just didn’t bother with all that in 1972. 250 posted jobs in the MLA for San Francisco. No, 250 posted teaching positions in the Bay Area. Think about those terms today. And you know how many applicants: 58,000. For 250 jobs.

DG: That’s wonderful—in the worst sense.

PV: In the worst sense, yeah, but I did come close to having a job in academe: What happened was that I applied for a Fulbright to teach in Italy for two years. It was very good pay—not from the university or the Fulbright people. There were two trips a year. The host country rented you a two-bedroom apartment for wife and child in Bologna because that was my first choice. I received a letter in December that said: “Be ready to fly on August 31st, but you need to get a physical. You, your wife, and your child. Each has to have one.” I didn’t have the money, so I borrowed it from three people—three physicals for a hundred dollars. After the procedure, I sent it to them.

To this day, however, I’ve never gotten a letter that said you’re not going. They told me: “Get on the plane August 31st. We’ll send you the ticket.” Later, the woman I’d dealt with at USIS (United States Information Service)—who was very kind and supportive throughout the process—kept saying conflicting things: “There’s a hitch in the application. Your papers have gone through. In December there’s a panel in Washington. They meet and select the people. You’re three finalists and two alternates. You’re the number one finalist.” The last part was later confirmed by a guy I met ten years afterwards who was the number two finalist. Like me, he was blocked by the State Department. In those days, your papers went to Europe and they went to State. Now they only go to Europe, or wherever the Fulbright is. Without telling me, the State Department blocked the application because of my anti-war activity as an undergrad. Four years later, in 1976, I used the Freedom of Information Act, and there it was. Oddly enough, it also mentioned somebody from undergrad days: A guy named Al. He was a part of our small group of three or four poets and he turned out to be an FBI agent, which was nice—really reassuring.

DG: That must’ve been a fantastic discovery. 

PV: Yeah, it said: “Paul Vangelisti was with …” and then it listed the other three names, but they were blacked out. And so, by simple process of elimination I knew who was who: One guy had died; one guy had gone to Canada; and the only guy left was the one who was still in San Francisco. So that’s the answer to the question but it’s almost a moot point. Right before I was about to go, I had two other job offers: One at Southern Mississippi State, where I wouldn’t have gone, and the other at Bucknell. I told them what I was planning on doing and they said: “Okay. If you send the documentation, we’ll wait until you come back. And then we’ll make you the same offer. So, whether you’re done in year or two years, it’ll be the same offer.” I said: “Great, I’m really interested in this.” And then three or four months later, it didn’t matter. I got my department at USC to give me one more year of an assistantship—and the rest is history. The academic career, in a sense, was over quickly.

DG: There was a silver lining there. Would you say?

PV: Maybe. In May of 1972 I was driving a taxi. I still remember Founder’s Hall, where the English Department was. That’s where I walked out. I didn’t finish my dissertation. It was maybe half-written. The first sixty pages were published a year before in The Southern Review, and this is important. That was through Davie. I backed up on a Saturday, filled up a couple boxes with books from my office, put them in the trunk of my cab, and that was the end of my academic career. I drove off with the yellow cab. Then I became a journalist.

DG: You’ve done well for yourself.

PV: I’ve thought more than once about where my poetry would’ve gone—more than once, but there was a reason I quit.

DG: Let’s continue with another question from Bill questions and it’s the following: “Have you ever read a translation of your work that you particularly admire? Or has there ever been a moment of disagreement that couldn’t be resolved with the translator?”

PV: I’ve published seven or eight books in Italy so I have a lot of translated work. I absolutely admire two—both by great Italian poets, one gone and the other still with us. Giulia Niccolai, who left us a year ago, did two or three books and we always did them together. In a literary sense, she is the most bilingual person I know—bilingual in the best spirit of the word. I have to say this in the interview: There are poems she wrote, some are both in English and Italian, and she has one line that she repeats over and over in her work. It’s a line of prose: “Even poetry lies on the page.” She says this in English because that’s impossible to say in Italian. Untranslatable. English captures the two meanings of “lie” and I can’t think of a word in any other language that has those two meanings—certainly not European languages. I’ve translated lots of her work.

In addition, there are Adriano Spatola and Corrado Costa—though I remember Giulia’s presence because neither of them could speak English. They did one book of poems which was really good. And then there’s my long-time friend and collaborator, Andrea Borsari, professor of aesthetics at the University of Bologna, who has collaborated on a host of project since the turn of the century. More recently, there’s Nanni Cagnone, who’s another fine poet. He’s still with us at 82 and did a very good translation of sonnets in 2015. In working with him numerous times, I read unpublished poems he’d written—they were going to be bilingual editions—and during the course of our collaboration I changed the original more than once.

DG: So your experience has been good overall.

PV: Good. With one or two exceptions. And I should mention the book I showed you by Millie Graffi—Six White Mules. Excellent translation. And that one I didn’t change anything in the English. That was the only publication of that poem.

DG: Let’s have a look at Bill’s final question, which is the following: “Is there an inherent theatricality in translation, in which the actor’s approach must be closer to a Brechtian distancing/alienation rather than some variant of “method” acting?” A short but tough one.

PV: I get the method acting part, but I don’t exactly get—do you know what he means by Brechtian distance?

DG: I think what he’s talking about is not conjuring up some concrete event in your life, but instead drawing upon an archetype, a theory, or concept—something other than yourself. A sort of distance from your own psyche and emotions influencing your artistic portrayal of different emotions. For example, if you want to portray sadness, you don’t go directly to your own personal experience but channel the personal experience of the world in general.

PV: Yeah, that’s a really tough question but he’s right about that. It’s not a “method,” and it’s not even acting—that isn’t very important for me in translation. I think what’s more important is trying to figure out where you sit in your language and where the poet you’re translating sits in his or hers. And then trying to approximate that place back into your language.

DG: I think that’s a perfect answer. Indeed, not an easy question to answer because the translator must both draw from the experiences of his language in general, but also of the language he’s receiving—

PV: Let me put it this way—if we go back to Pound, we’re faced with the question he was asked: “Why do you translate?” Again, his response: “To find a language I can think in.” And this allows us to address the inquiry of why he experimented, mainly because translation is a natural part of that. He said this way at the beginning, in 1912. He didn’t have it figured out at that point but translation became one of the ways he did that. But the other thing about Poundian translation, which I’ve come to appreciate as I’ve gotten older, is that he translated to bring values that did not exist in American literature from another language. “Values”—that’s the word he used. It’s the best one, I think—not themes, not styles, but values. Poetic values in poetic language.

DG: For a long time, you’ve been Chair of the MFA program at Otis—

PV: I was the chair.

DG: Ah, you were—

PV: I’m gone. The program’s gone.

DG: This I didn’t know.

PV: Oh, yeah. The program was canned in 2020, officially in 2019—

DG: Well, that shows you my awareness of what’s going on in the home country.

PV: I retired in 2018. I had started the program in 1999. I stepped down in the fall of 2015 as chair and went on phased retirement—Bill’s on the same thing. At Otis, you stepped down from being chair in the first year, but you got full professor’s pay. In the second year, you did half-time and you got sixty percent pay—that was really good. In the third year, you retired. So I did that. I started the process in the 2015/2016 academic year and by 2018 I was retired. Now I’m Professor Emeritus and though I still belong to the school, I can’t put a department under my name. The man who took over for me—someone who I’d originally hired, along with several other people, all of whom I’d hired—destroyed the program, to put it bluntly. They were essentially encouraged by the administration to do it, something they then succeeded in doing. The last students were admitted in 2020 and the last student got his MFA in 2022. There’s no more program there and when that happened—which would’ve been a year ago spring—I got so many emails from former students saying: We feel so betrayed by this.

DG: My God.

PV: Yeah, I don’t want to go into great detail. Suffice it to say, the program as we conceived it in the beginning—particularly I and Dennis Phillips, who taught poetry in our program—was supposed to be in Dennis’s phrase the “anti-MFA MFA.” We tried to do everything MFA programs didn’t do, all of which has been adapted now: heavy literature component, translation, which nobody was doing, history and practice of books, book art—that was required in the program. They got rid of all that. The faculty overruled me, and at the end they got rid of the program.

DG: It’s sad to hear this. Let’s talk more about the curriculum. You must’ve assigned a fair amount of international writers and translation.

PV: Yeah, it was a required course. I’ll give you an example. On the whole, we had four classes per semester, and we had five of those. The last semester was four units—the thesis all by itself. In a typical semester you had two lit classes, then for one or two credits there was a visiting writers section (seven per semester); those who came gave a lecture, answered questions, and hung out that day—from all over the country, all over the world, really.

We had a French writer who came through. We didn’t fly him in, but the French cultural services handled it, just to give you an example. The same happened with Italian or Spanish writers. In addition to all that, there was one workshop class, which was on the last day of the week. The first two days of the week were the lit courses; Wednesday night was a visiting writer; and, finally, we had the workshop divided into fiction/poetry—two cohorts per discipline. All that got wiped out when I was still there in 2015. In the last year I taught there, the guy I’d hired who later became chair decided to have two workshops, like always, but with poets and prose writers together in both. The poets went ballistic because the critical response to their work was always: “Oh yeah, you know I don’t read poetry but this is kind of interesting.” The fiction writers, on the other hand, loved the poets in the cohort because somebody would finally talk about the language and the line edits—they never talked about that in the fiction workshop. What they did was discuss character, plot, and all that. So it was a disaster. People complained all the way through that year. Two of us taught the workshop—a fiction writer and poet.

DG: Lots of happy news there.

PV: Bill taught a lit course twice in the program. Once it was half and half with an LA-writer, Norman Klein. He was what we’d call an intellectual historian. One magnificent book I’d recommend to everybody interested in LA is Los Angeles: The History of Forgetting. It’s been translated into other languages. Indeed, that’s what we’ve learned to do in LA is forgetting.

Another time, Bill taught a course alone. I had this so-called studio model, or academy model taken from the old-fashioned versions of art schools, where you have a core faculty of eight people, and every year they teach a one semester course then rotate, which I also thought was great, but they got rid of that too.

DG: It seems like all good things from the past are replaced with modern, inferior versions which don’t work as well.

PV: Yeah, on the whole the narrative is usually as follows: “There are two writing courses and one literature course but you don’t really have to do literature, blah, blah, blah, because who needs literature in a writing program?” And that’s that.

DG: Let’s return to Italy and discuss your 1991 work, Villa, set in Ancient Rome. Scholars such as Bill Mohr have written—with regard to your work—about the connection between the glory of Rome and American power: “it has a laconic and poignant irony that makes it seem as though it might just as well be set in Los Angeles: ‘modern’ Rome, in the early period of its empire, and postmodern Los Angeles provide the same predicaments for their citizens.” Indeed, American militarism and expansion have come to a grinding halt, and it seems we have entered a Roman style age of decline. Were you already thinking along these lines in 1991, and how have your views changed?

PV: It was a version of post-modern history; I said before that I’m not crazy about all that, but it was. I started the poem in 1983 and finished it in ’86. It was published five years later. It’s a complicated work. There are letters from a non-existent courtier at Hadrian’s court; letters to different friends—all real but with Latin names.

When we read the poem at Beyond Baroque in 1986 all the friends who were poets, fiction writers, and artists presented their own section—the section to the person I was writing the letter to. And so, I didn’t read any of it, except the introduction, which was made up through another friend—a philologist in Romance languages at UCLA. Together we created the translation of the preface, which was only a page but nevertheless complicated.

He had looked at Suetonius, who was a character too. We studied Robert Graves’s translations and he as a linguist said: “This is adverbially inclined. If you’d read the Latin …” I couldn’t read Latin that well.

So this was a work which I would truly define as collage, synthetic, but not collage in the conventional sense—it was right at the height of the first post-modernism boom. It was also right after the building of LA’s Getty Villa; and though it wasn’t modeled after Hadrian’s, its roots are undoubtedly Roman— the Villa of the Papyri in Herculaneum. Moreover, The Getty Center had just published a book on Hadrian’s Villa, so it was really in the air. I thus saw LA as the furthest reaches of the Empire in the purest sense of grand decadence. And that’s really the theme of the book. At the end, Hadrian dies and the reading is over. It ends with him saddling his horse for the next day so he can split and go back to the other side of the Apennine—to where we’re sitting today, in Northern Italy, where his mother came from and where my mother also comes from. That’s the whole parallel personalism.

DG: You stitched the fabric together well and the air was ripe for it.

PV: There was an attempt in the writing of it to come up with Latin-sounding meters. And though there’s no strict meter, I did run it by a friend, Peter Whigham, who was a translator of Catellus. He had done the Penguin edition for his poems (first published by UCLA Press). He left us a year after my work was finished. He had told me: “Yes, you got that. I read it out. You got the Latin.”

He was a Brit, so he went to public school. Then, like any gentleman, he dropped out of Cambridge after the first year and became sort of a remittance man wandering around the world. He found himself teaching at UC Santa Barbara, then at Berkeley, but he taught translation at both places and told me that’s the way it should sound if it were written—and it’s not written—in Latin. And if LA was the end of the Empire. And if if if if ….

I did three books of verse fiction. Villa is the first one, and there are two others.

DG: Let’s segway into a problem we have today. In a video conversation with Neeli Cherkovski, and Charles Bernstein, you talk about how the confinement of the pandemic affected you, stating how basically the kitchen, living room, and bathroom became your “horizon for over a year.”

PV: I’ve been thinking about that these last two or three months. I came to Italy on April 28th and wasted two or three weeks trying to finalize all these documents to get my citizenship. Then on May 1st they dropped the mask mandates. When I first arrived to this hotel for two days, I’d wear a mask to the breakfast room. Later we couldn’t even get up and get our own buffet. We had to sit there with our FFP2s on and wait to be served. You would take it off to eat. Then all of that went out the window a couple days later. We could get up and walk, and so on. All this was very much on my mind, so I’ll give you a personal answer—and more importantly the poetic answer (all in the spirit of keeping that self down). The personal answer is how you put it a few minutes back—my horizons suddenly changed. Everyone’s horizons sort of disappeared. To paraphrase Thoreau: He traveled extensively in Pasadena.

DG: (Laugh.)

PV: Remember that one? Emerson was interested in Vietnamese poetry and so on. He asked Thoreau: “You’re not traveling?” Thoreau responded: “No, I travel extensively in Concord.” So that was a factor, but also on a more personal level: What happened is that I just got more and more confused as the world got more and more reduced. And by now you must know that what I’m least interested in—the self—started taking over center stage. Because there was nothing else. The outside wasn’t there. That’s what happened on the personal level. At the same time, I started writing every day. I was keeping a journal, a chronicle of my thoughts on different subjects, my outrages with Trump, whatever.

But, unlike other poets, I couldn’t write poetry. Two of my friends explained it in different ways. One of them had done twelve years of psychoanalysis and he said: “You’re the only person I know whose unconscious is in the external world.” Meanwhile, the other person stated: “You’re the only person I know who doesn’t write from one’s life but lives from one’s writing.” That’s to say, I write about it first in a poem and then I unfortunately live it—a month later, six months later, whatever. So, thinking about all that in relation to the pandemic, things got really scrambled. It felt as if I couldn’t write, though I wrote every day. All I did was read and write. I would read eight to ten hours and write for about two or three. I’d sleep six or seven hours.

In the end, something did happen, however: All metaphors, statements, and lines tended to disappear. Everything got—I don’t want to say literal, but fragmented, condensed. So I wrote something which is coming out in Italy this fall. Fragment Sides. It’s all fragments. The stuff in this series is about 18-20 sections, consisting of roughly the same amount of pages—one per page. Some are as short as three lines and some are as long as six or eight, but that’s it. In this piece what’s most important is the thing that’s not said—in the fragment, in the white space. I’ve never written that way. For me this was a direct result of how I felt. The so-called advanced state—the first six months after the pandemic.

DG: This directly relates to what we were talking about earlier: Is it the individual who makes the surroundings or does the environment make the individual? Your testament seems to be concrete proof that the environment has a huge effect. The environment makes the writer. No matter how much you try to emphasize the “I,” which is what many poets do, it’s really the environment that creates it.

PV: In this piece I use the “I” two or three times because then I really mean something. For once I’m working inside out, which is a total first for me. At the end, apart from Pound, it’s a curious variation on one of my biggest influences, Jack Spicer: In his Collected Books—not collected poems—there’s a big afterword by one of his friends and contemporaries, Robin Blaser, who calls Spicer’s work “the practice of the outside.” He’s saying it comes from the outside in. And what happens during a pandemic? There’s nothing coming in from the outside. We can’t quite say it’s nothing, but it’s fragmentation.

DG: This whole notion of the “I” seems to be a phenomenon of the young poet. Do you think it could be useful for them—at least for their first book or so—to go down that road? To write with the “I” and sort of purge that from the system?

PV: I think it is if they understand they’re doing it. If they do understand, it could be a step towards confronting the “I” to try and see if there’s another way to articulate the same thing. That’s a vague answer, but what I’m attempting to get at is this: If poets are trying to purge it, I think it’s a good idea. If, on the other hand, they think that to develop creatively they have to develop their personality—something many poets believe and do—it’s tragic. I could care less about anyone’s personality, let alone the poet’s, unless it’s a person with whom I have a romantic or familial relationship. But what I’ve said really concerns everything. If you’re aware of what you’re doing, it shouldn’t stop you from doing it, but you should know what you’re embarking on in the process—only then can you decide what the next step will be. Finish it. You know those classic creative writing cliches: Follow your madness all the way out to the end and then look at it. Don’t try to develop some sort of equilibrium while you’re working. Try to reach the end and then see what you’ve done. But you have to be ready to throw out the result. Not just that. You have to be ready to throw out the whole book.



Author Bio:

Paul Vangelisti is the author of more than thirty books of poetry, as well as being a noted translator from Italian. Recently his sonnet sequence Imperfect Music was published in a limited, bilingual edition by Galleria Mazzoli Editore in Modena. In 2015 he edited for Grove Press, Amiri Baraka’s posthumous collected poems, S.O.S.: Poems, 1961-2014. In 2006, Lucia Re’s and his translation of Amelia Rosselli’s War Variations won both the Premio Flaiano in Italy and the PEN-USA Award for Translation. In 2010, his translation of Adriano Spatola’s The Position of Things: Collected Poems, 1961-1992 won an Academy of American Poets Prize. He lives in Pasadena (California) and Bagnone (Italy).

Interlitq’s Californian Poets Interview Series: Paul Lieber, Poet, Actor, Radio Show Host, interviewed by David Garyan

Paul Lieber

November 8th, 2023

Interlitq’s Californian Poets Interview Series:

Paul Lieber, Poet, Actor, Radio Show Host

interviewed by David Garyan

 

Paul Lieber’s poems appear in Interlitq’s California Poets Feature



DG: You’ve acted on and off Broadway, and also done films. What are the challenges and rewards of each artform, and which do you prefer?

PL: I am hesitant to call them separate art forms because from an acting point of view there is more in common—or shall I say they are the same in their essentials. What are the essentials? The circumstances in which characters find themselves. That does not change, be it the stage or film or TV. If you are grieving the loss of a loved one, it is fundamentally the same on stage or film. The adjustment is technical. “Grieve louder on stage!”

My preference is for the part not the medium. A challenging, intriguing character will be attractive to me on stage or in film. I love both.

DG: As an actor, do you approach your poems, first, from the perspective of how they might be performed, or do the textual elements retain primacy?

PL: The audience is not my focus in either poetry or stage. My focus is where the poem or character comes from. What is their essence? What inspired it, what compelled me to write: an idea, an image, a place, a hurt, an event, etc. My hope is the reader/audience will relate to it. I have to say that the response of the audience when performing on stage can invigorate the performance.

DG: During your days on Broadway, you had the fortune of meeting Tennessee Williams. What was the meeting like?

PL: I wrote a poem about that. It more or less speaks for itself. However, I was excited. As an actor, he was THE AMERICAN PLAYWRIGHT. He was in the stratosphere, combining poetry, plot, and vivid, complex moving characters. His probing into the shadows of human nature, along with human pettiness, separated him from the rest. His writing was sublime. When he asked me to kiss him, I didn’t think anything of it. It was part of the honor of meeting him. The kiss was a token of respect, maybe reverence.

A REQUEST

Photo, p.158 Tennessee Williams
at the American Academy, May 23, 1969

Tennessee Williams looks to his left;
our eyes shift to the right.
The gaze of a skeptic.
Is he glancing at Ruth Stephen or beyond?
His tie swerves. Uneven creases on his forehead,
his left cheek in shadow.
It’s the side of the cheek
I kissed…oh, no,
it was the left side of the neck.
When I told him I acted in his plays,
he asked, “Where, in class?”
I said yes and then Tennessee
asked, “Why the hair?” My friend Wally
explained: “Paul is in the play Lenny.”
Tennessee turned his head slightly,
said, ”Kiss me,”
pointing to the spot;
I aimed my lips
for Laura,
for Tom,
for Blanche…her wounds,
for Amanda;
I planted the kiss for Stanley,
for Brick and that click
he welcomed when he drank.
I kissed him for the Bronx I deserted
but like St. Louis for Tom
we were both drawn back.
I kissed him because he asked me.
I kissed him for a play
he hadn’t written yet.

DG: You’re the executive producer and host of “Why Poetry?” a radio program on KPFK 90.7 FM Los Angeles. The tagline is simple: “Where poets read their work and talk about their lives. It’s an attempt to demystify poetry and then mystify it again.” How has hosting the show and listening to poems changed the way you see poetry, and what are some of your favorite moments?

PL: My show “Why Poetry?” didn’t change the way I viewed poetry. Rather it gave me the chance to celebrate the lives and work of the poets. Poets don’t get, as you know, any financial remuneration and in many cases even recognition. As Philip Levine said to me, “It’s not my care that people don’t read poetry, it’s just my job to write it. Maybe it’s a calling.” That is not an exact quote. I loved his writing and would call Philip over a period of a year to get him on the show. On the phone we talked mostly about basketball. I was aware he didn’t want to talk academics—not that I was capable of that. I picked him up at his hotel and drove him to the studio. I remember every moment.

I asked every poet to give their definition of poetry.

Amy Gerstler paraphrased Emerson and I will paraphrase her. It goes something like every word was poetic at its inception: the energy, the sound—it all captured the object or feeling, or approximated it. So, in effect, we live in a museum or archaeological remnants of language, each word having been poetic.

I was excited about having several of the poets on the show. I was a fan. At times I couldn’t believe they were in front of me reading their work. These were poems I was familiar with.

DG: You’ve recently become interested in photography. By looking at photos and writing poems about them, you’ve been able, in your own words, to reclaim your history. This is a fascinating proposition because authors like Dickinson and Whitman were very suspicious of photos alone—in their view, pictures didn’t preserve anything. Rather, they erased the subject by replacing it with the photograph. How did you ultimately select which photos to write about it? Was it a systematic approach or more spontaneous?

PL: I like what you said about Dickinson and Whitman in relationship to photography. I might say the same thing about a poem referring to an experience. In a way it brackets it for me, as if I defined it, milked it, spelled it out, edited it, and there it is—frozen, in part, like a photo. It becomes a stretch to redefine the experience, to create a different narrative or meaning. “I have said it; this is the experience, lock, stock and barrel.”

For me looking at that particular book and using the photos as a prompt was spontaneous. I wrote one and it caught fire. Perhaps that’s an overstatement, but it did ignite both memory and imagination. My book, Slow Return, will be published in a few months by What Books Press. All the poems in the book have been inspired by the photos in “Anarchy, Protest & Rebellion.”

I have always been a fan of photography, from Weston, Arbus, Bresson, Adams, Stieglitz, etc.

DG: Actors can write consistently great poems, but with perhaps the exception of Shakespeare, poets make terrible actors. What role does poetry play for you? Is it about honesty—an act of confession? Or is it about representation—an honest confession about the external world?

PL: Someone once asked me how I define poetry and my answer was, “it is the most objective account of the subjective.” So what do I mean? Words can cover only so much ground in depicting our experience, perception, feeling, and even narrative about the world. Poetry attempts to go beyond the literal to make an attempt at depicting that approximation. Poetry measures with a creative accuracy that ordinary language doesn’t. And I guess this is what I try to do. Those photos stir something in me and the poem is an attempt to approximate that subjective experience.

DG: Los Angeles is a sprawling city, and you’ve been based there for a long time. Where are some of your favorite places to read, or literary places in general?

PL: Beyond Baroque has to be my favorite. I started going there probably 30 years ago when Bob Flanagan was the facilitator. This was after Tom Waits and Jim Morrison went but those iconic vibes were present. It was not an easy workshop. Members responded honestly to your work and some with an edge or explicit dissatisfaction. But most of the writing improved. I eventually became a facilitator of the workshop.

Midnight Special, a bookstore In Santa Monica, also had an open poetry workshop that was wonderful.  Many of the poets I met there 30 years ago still meet in a salon once a month.

I am a grateful member.

Anyone was welcome to both Beyond Baroque and Midnight Special. It asked for a modest donation. This public aspect to both workshops was and is remarkable.

DG: When other poems are dense, opaque, and often indecipherably mechanic, yours are expansive, clear, and, welcomingly human. Can you elaborate a bit on your influences?

PL: Poets who have influenced me are: Garcia Lorca, Philip Levine, C. K. Williams, Jimmy Santiago Baca, Wisława Szymborska, B.H. Fairchild, Gregory Corso, and many others. The greatest influence on my aesthetics was my acting mentor, Mira Rostova. She believed, like so many others, that “less is more.”  She was Montgomery Clift’s teacher, and he perhaps represents her work more than any other student of hers. His work is clear minimal and to the point. No self-indulgence. It all comes from the meaning of the script. I favor that in my writing and reading of poetry. I would often bring poems by other poets to read in class. Working on Strindberg, Williams, Shakespeare, and other playwrights enhanced my appreciation of poetry.

DG: What are you reading or working on at the moment?

PG: Presently I am finalizing my draft of Slow Return which is soon to be published. I am also working on some poems inspired by my recent trip to Italy. Enclosed are a few photos taken in Venice and Naples.



Author Bio: Paul Lieber

Interrupted by the Sea, Paul’s second collection of poetry was published by What Books Press. His first collection, Chemical Tendencies, was published by Tebot Bach. He received an honorable mention in the Allen Ginsberg Contest. Three times nominated for a Pushcart Prize, Paul produced and hosted “Why Poetry” on Pacifica radio in LA. Paul’s poems have appeared in The Moth, N.Y. Quarterly, Patterson Review, Askew, Poemeleon, Alimentum, and many other journals and anthologies. He taught Poetry at Loyola Marymount University and facilitated the poetry workshop at Beyond Baroque, the oldest literary institute in Los Angeles. Paul works as an actor. He currently teaches acting at AMDA.

 

Interlitq’s Californian Poets Interview Series: John Brandi, Poet, Artist, Traveler, interviewed by David Garyan


John Brandi

October 9th, 2023

Interlitq’s Californian Poets Interview Series:

John Brandi, Poet, Artist, Traveler

interviewed by David Garyan

 

John Brandi’s poems appear in Interlitq’s California Poets Feature



DG: I’d like to begin with your most recent book, A Luminous Uplift, Landscape & Memory, a project which spotlights forty years of your writing career. Included in the collection are also new writings. The work is set to be released on October 31st, 2023. Can you give readers a sneak peek? Are the pieces arranged chronologically? How did you choose what to include, what to leave out? In addition, did the compilation/writing of this book cause you to see your experiences in a new light, or perhaps make you remember something you’d long forgotten?

JB: A Luminous Uplift is subtitled Landscape and Memory. Recollection is where it begins. Books, maps, human and physical geography, the idea of walking into a landscape and recording something about it were all part of my early upbringing. The book proceeds into how that background affected my creative focus as an adult. My parents came to Southern California in the early 1930s as Michigan transplants. My father found work as an accountant at the Los Angeles Examiner. Photography was his hobby. His favored camera was a large-format press camera. He and my mother were enthusiastic about their new environment of mountain, desert, and seashore—dad with his camera and wooden tripod, mom as a supportive partner. I was the back-seat kid traveling with them on their road trips. It was they who gave me pencil and paper and asked me to draw whatever impressed me, and to write a line about it: a bear invading our camp, Indian pictographs on a rock, an ocean wave that knocked me down. When the drawings and writings accumulated, my parents gathered them up. “Now you have some pages, all you need is a cover and a title.” So I would do that and they would staple the pages and cover together, and hand them back to me. “Now you have a book.”

Thinking about the many times I told this story when students asked how books became part of my life, I decided I was ready to collect some memories. Luminous Uplift begins with my mother reading from A Child’s Garden of Verses and Treasure Island, the Scribner’s edition illustrated by N.C. Wyeth. Later I was gifted books on natural history, geography, and famous paintings. Often we would peruse scrapbooks of my father’s photos and notes taken while serving as an army private in the India-Burma Theater. Thatched villages, stone temples, saddhus, street markets. In his darkroom I watched magic images—the Taj Mahal, minarets of a mosque, a multi-armed goddess appear as he swirled the paper in a tray of solution. As a teenager I discovered John Muir and Steinbeck after hiking the Sierras and driving the Baja coast. Early college years I was interested in oddball Indian saints, Ramakrishna, and Tagore. A bit later: Watts, Suzuki, Japanese haiku masters, Spanish poets, the American Beats, notebooks of Paul Klee, and all sorts of lost-in-the-shadows renegades who published their poems in mimeographed editions. In South America I read James Agee, Orwell, Baldwin, Graham Greene, Conrad, Gide, Barbara Tuchman, and others packed into a foot-locker the Peace Corps provided to keep you sane in your bamboo hut. Books! No little handheld screen to keep you occupied.

The core of A Luminous Uplift consists of published and unpublished prose. Landscapes that affected me as a poet-painter. A section called “Somewhere in the East” is devoted to haibun sketches, essays published in small mags, excerpts from limited-edition books. The Himalayas, India, Ghalib’s house, Khajuraho, Sikkim, a Balinese trance dance. A second section focuses on the American Southwest: Hopi sky villages, Río Grande Pueblos, Nanao Sakaki, details from homelife in northern New Mexico, my evolving haiku practice.

DG: You were friends with the notable Japanese poet Nanao Sakaki. As a walking, wandering writer, there are many stories about him—even that he once walked from California to New York and back. Can you talk about his influence on you, and conversely, to what extent you think the American West influenced his own perception of the Far Eastern culture from which he came?

JB: Nanao was the archetypal planet pilgrim. His address book had no A to Z order of last names. It went by regions, starting with friends in Japan, then Australia, Indonesia, Alaska, Seattle. And so on. Great Basin, Rocky Mountains, New York City, Western Europe, Caucasus, China. Nanao settled in an old school bus below Taos Mountain for awhile, a good base. Once, as I was leaving the bus, he stuck his head out the window: “Come back,” he laughed, “You forgot your footprint!” Nanao was a planetary citizen, but in the unique style of the old Japanese outrider poets Saigyo, Ikkyu, Ryōkan. Creative rule-breakers whose priorities were to get down low, see the world through the eyes of common people. You’d find Nanao talking to a purple gentian on a rocky slope, or singing a Japanese folk song on a New York sidewalk  or along a prehistoric trail in Chaco Canyon. His reputation grew not through a promotional website, clever bio, or a fat list of published books, but by meeting people face to face. No Instagram, Linked In, Facebook. He created dialogue with the likes of bears, humans, dragonflies, and maidenhair ferns. He stood up for threatened landscapes, especially the Okinawa coral reefs.

Nanao was a quintessential drop out. He quit the Japanese mainstream after World War II, organized the Bum Academy, took up communal life on a remote Japanese island with farmers and fisherfolk. When he came to New Mexico, it wasn’t just the unusual topography—mesas, high desert, craggy peaks—that called him. It was the indigenous cultures, their song, poetry, and ritual-drama. Also, the pioneering spirit of the evolving counter-culture that took root in the Sixties. Independent thinkers, especially artists, who had come to live in the rugged mountain valleys. Nanao was at home with the anarchist spirit of northern New Mexico, Indians and Hispanos with a history of standing up to protect their land, water, language, and lifestyles.

DG: You’ve been impressively prolific in the haiku genre, having published almost an equivalent number of books as your poetry collections. Is it an effortless transition, or is poetry all poetry in the end for you?

JB: Poetry, in whatever form the experience, the place, the emotional pitchpoint demands—haiku, prose poem, haibun, enlightened fragments, solitary experience, social experience—is the beginning and the end. An out-of-frame, out-of-time vibration sounded into words. As a poet-painter I have a work space split into an easel room and a desk room. On some days what I can’t write I paint; on others, what I can’t paint I write. Right now I have an exhibit up in Santa Fe, “Wind, Water & Temblor: Geologic Ruminations.” At the opening I’ll do a reading from a just-released haiku collection, The Rain Sweeps Through. Small book, small poems, small adobe gallery that steps down into a little garden. My favorite kind of venue.

DG: Apart from poetry, prose, and translation, you’re also an artist. You’ve held exhibitions in places like the Magpie Gallery in Taos. The work you do is heavily influenced by themes of nature, but the depictions have magical elements to them, especially the collages. Can you speak about the beginning of your artistic journey, your influences, and whether you see art and literature as very much connected, or distinctly separate, specifically in your creative approach?

JB: I’ve already covered some of this, but I could add that I had an early fascination with Wyeth’s illustrations, Ryder’s paintings, Paul Klee’s magically configured kingdoms, old geography books. I loved the contours on topographic maps, following squiggles, copying them, expanding them as an adult, blending the earth’s seismic activity with my own psychic contours. Recently my wife asked me what all the dots and graphite flecks in my drawings were about. First thing that came to mind: “They are particles of air and enthusiasm.”

DG: In your early days, activism was very much at the heart of both your personal and poetic activities. Abroad, you worked with disenfranchised populations, and at home you were well integrated in the counter-culture movement, working with individuals we now consider household names. Do you think those times have anything to teach us about the world we live in today? In other words, would a cultural rediscovery of those ideals, in your view, be beneficial in changing the current world, or do you think we need a new activism—with a new philosophy, or perhaps a hybrid approach?

JB: The Sixties were wide open, a time of loosening, reckoning, opening up, throwing off the old, making new. Michael McClure said it was the very energy that defines poetry. A shifting merge of dream and waking into new structures of verse; new music, new publishing, new ways of living. There’s lots to not just remember, but to reawaken: simple lifestyle; no sell-out to overblown consumerism and corporate sales pitch; absolute resistance to tyrant political rap. A friend active in the drive to register Black voters in Mississippi in 1964 reminds me our struggle is even harder now. So-called public debate is infused with mythology like that of the dark ages; politics filled with even more hate and conflict than we faced in the Sixties.

You can step to the side, hide out somewhere. But times have changed. The electronic eyeballs are on us. Wherever we go, we are visible. Better to grow roots in one place, keep things small, base yourself in a circle of progressive individuals, plant a tomato, give away some peaches, maintain a positive attitude. As for the evil voices out there, Lew Welch said you’ve got to have “charms against their rage. If nobody tried to live this way, all the work in the world would be in vain.” He also said “Guard the Mysteries! Constantly reveal Them!”

An artist can disregard social-political commitment and get on with his work. Or regard such commitment as part of his work. In the Sixties I worked with a group of Americans and Ecuadorians to help connect indigenous people who were organizing to take legal action to retrieve their stolen lands. They were Quechua serfs scratching out a living in a visually stunning landscape under the snows of 20,000-foot Chimborazo. Between interviews I began writing poems from notes scribbled in a pocket pad. Some were political rants that ended in the wastebasket. Others brought to the forefront voices of the underdogs, people the media usually kept in the background. Some poems found their way into little mags back home. It was a boost. And I would have missed it had I stayed home like some of my college teachers advised. They said I needed to raise my visibility as an artist, establish an audience. Worthy advice, but I tossed it aside as practical and limiting.

Speaking of small circles, a recent New Yorker article by Elizabeth Kolbert reported on a circle of scientists studying the language of sperm whales, threatened, like most creatures, by climate change. One marine biologist, when asked why research, replied “Inspiration is the key. If we could communicate with animals, ask them questions and receive answers–no matter how simple those questions and answers might turn out to be–the world might soon be moved enough to at least start the process of halting our runaway destruction of life.”

DG: I’d like to speak about your travels in relation to the guiding activities you’ve undertaken with the students you’ve taught. Which fond memories or particularly special experiences do you most treasure?

JB: I loved the outback schools in Alaska where a classroom was more like a living room full of shoes-off students lying about the floor. An extended family. One winter I was bush-piloted into a Yupik village. The fourth graders were out ice fishing along the river. When we got back into the classroom the kids were fresh with the experience of drilling holes, dropping their lines, waiting in the cold, pulling out pike. I had a haiku project in mind. We read wilderness poems of ancient China, then launched into writing haiku while the cafeteria was busy frying up the catch. After we read our poems we had a feast. It was a memorable time!

I got to another Yupik village one weekend, and the men immediately invited me to sweat. Jokes were made about how I was going to be cooked. “You bring d’salt Freddie?” It was a test  to see if I had a sense of humor, a must if you want to hang with Native Americans. When we exited the steam room for the antechamber where we left our clothes, I found my bundle missing. The men smiled and helped me look around. “Don’ see ‘em anywhere, d’you Alex?” I ended hobbling through the snow–a towel around my waist—right into a kitchen where the women and girls were waiting to sweat. Everybody giggled as I stood there dripping. Then one of the men pointed to a kettle of salmon chowder and freshly-baked rolls on the counter. Next to them were my clothes. The laughter was communal. I dressed and sat down to eat with the men while the ladies left to sweat. On Monday morning the same girls who saw me near-naked in the kitchen were still giggling as they entered the classroom for my poetry session.

DG: On your website, you make some of your travel journal available to read for free. One of the many interesting observations you make is about is about the Hindu tradition of Theyyam, best described perhaps, as a mix of ritual, theater, and religion. As you write: “Theyyam performances are remote from the West’s notion of theater on a raised stage. Here, the earth is the platform. Characters roam helterskelter in a courtyard, disappear into the trees, return through the crowd, vanish into mist. As in a Javanese shadow-puppet play, the audience is free to roam. There is no fixed place where one must be …. And that is what lies beneath all Theyyam rituals: unpredictability.” Apart from perhaps the indigenous populations, would you say that there are parallels between Theyyam and any of our artistic traditions, or do you feel that the West, especially, today—with its obsessive need to categorize and rationalize—is much too uncomfortable with unpredictability?

JB: Unpredictability is uncomfortable for all of us. Especially in travel. To get  lost is to become vulnerable. So many of us want it all sorted out before we leave home. No risks. The mythic journey is sabotaged for the rational linear route. In the old days of travel one left home and was gone. No email connect. Hardly a working phone to be found in Mongolia. No web surfing to bring up the next destination. No seeing before going. No checking out rooms online. Travel was a bumpy ride full of conflicts and resolutions. You got lost, had to ask real questions to real people. You floundered and fumbled. Your head got turned around, you came back somebody new. You do the same in poetry. Get lost, fumble, reawaken, find yourself in new territory. Unpredictability drives the poem.

I don’t think I answered your question about parallels between the Theyyam ritual and artistic traditions in the West. In New Mexico the same sacred and profane juxtaposition in the Theyyams—bawdy clowning, serious propitiation of the gods, oracular advice—you find in the Pueblo rituals. During the plaza ceremonies dancers are choreographed into intricate weaves, the women robed and crowned with wooden headdresses, the men in kilts and skins, shaking gourd rattles to call the rain. All the while impersonators of deer, eagle, antelope prance about to a chorus of singers and drummers. Then come the clowns—in breechcloths, bodies earth smeared—hooting, yelling, mirroring bad-mannered humans joking and pointing, refusing to become part of the dance. But soon the clowns begin to see that life is more than fooling around. That is their message for us. They begin to sing with the chorus and learn how to dance from the dancers. And they show compassion. Now and then one will stop to adjust a little boy’s animal skin, or refasten a girl’s headdress.

DG: You’ve amassed a great deal of experiences (both through travel and art). A great deal of experiences, likewise, is yet to be had. Years on the road and words on the page have brought you to the great state of New Mexico, where you’ve settled. Can you talk about the foundation and reasons which made it irresistible for you to choose this road?

JB: Ha, I’d like to get out of answering the question by referring you to the book itself. The final chapter of Luminous Uplift, titled “Finding New Mexico,” was inspired during a phone conversation with Gary Snyder where I found myself complaining that my grandkids had never asked how I got to New Mexico. “Well sometimes you just have to begin telling the story,” he advised. The story begins in 1971 when a friend gave me his pickup and set me on the road. But it really goes back to the first travels with my parents, early discoveries of outriders like Hale Tharpe, a hermit who lived in a fallen redwood. Or meeting poet Eric Barker who had a cabin in the cliffs of the Big Sur. Or Johnny Lovewisdom in the Andes, a writer-philosopher dropout who lived in a stone hut and showed me how to mimeograph my own poems.

DG: In all your travels, what’s the tastiest dish you’ve tried and which New Mexican one would you recommend to a guest from abroad?

JB: I’m trying to come up with something far away and exotic, maybe a jerk chicken on a Jamaican beach; a pulao spiced with pistachios, dried fruit, and saffron at a Kashmiri wedding; a lamb souvlaki in Thessaloniki; or a red curry in the Chiang Rai night market. But my favorite eating experience—one I’d recommend to any world traveler—is right here in New Mexico in the pueblo of Kewa, also known as Santo Domingo. On August 4, the big feast day of dance and ceremony, the villagers open their homes to the public. A communal table is set with food for guests who are called in from a living room decorated with blankets, baskets, pottery, and family photos. At the table you share talk with a dozen strangers between servings of the best slow-cooked red chile with pork, and green chile with beef you’ll ever taste. On the table you also help yourself to bread baked in outdoor adobe ovens, bowls of posole, pinto beans, tamales steamed in corn husks, cheese enchiladas, cold slaw, sautéed squash and corn, melon, strawberry Jell-O topped with Kool Whip, plum pie, and anise cookies called biscochitos.

DG: Apart from getting ready to release your newest book, are you reading or working on anything else at the moment?

JB: Frankly, I need a bit of a break. I’d like to return to Canyon de Chelly for some sketching. There’s also New York, the Nicolas Roerich Museum. And maybe another Aegean island. But with two books out this fall, there is promotion. Plus an archive commitment with UC Berkeley. Let alone the woodpile, planting of garlic, and putting away the garden tools. The first frost happened yesterday, and today’s the annular solar eclipse. So much going on!

14 October 23
Río Arriba, New Mexico



Author Bio:

John Brandi was born in Los Angeles, 1943. Early travels in the Sierra Nevada, the Mojave, and along the Big Sur coast proved to be unshakable experiences from which his world travels grew. After receiving a B.A. from San Fernando Valley State College (now Cal State Northridge), he worked in the Peace Corps with Quechua farmers in the Andean land rights struggle. In South America he began publishing his poems, became an active war protester during the Vietnam era, returned to North America to live in Alaska and Mexico, built a cabin in a remote Southwest canyon, received a National Endowment Poetry Fellowship in 1979, and worked as an itinerant poet in schools, prisons, backland ranching communities, Pueblo and Diné tribal centers, and as a lecturer for students in Mexico, Indonesia, and India. He gave keynote addresses for haiku conferences in Canada and the Punjab, and was awarded a Touchstone Distinguished Books Award for A House by Itself: Selected Haiku Masaoka Shiki. In 2015 a limited edition of his haibun, Into the Dream Maze, was issued by the Press at the Palace of the Governors, Santa Fe, followed by Planet Pilgrim, his paean to Japanese poet Nanao Sakaki. Two books of poetry and travels appeared in 2019 and 2020: The Great Unrest (White Pine) and The Way to Thorong La (Empty Bowl). As a visual artist, he’s been honored with solo exhibits in San Francisco, Taos, Santa Fe, Houston, and Milwaukee. His papers are at the Bancroft Library, University of California, Berkeley.

The American Journal of Poetry and David Garyan’s Lost Work


A Brief Summary of My Venture to Republish the Work I Had Lost With the Disappearance of The American Journal of Poetry


Only time will tell if my own poems—selected by Robert Nazarene and James Wilson for their prestigious publication, The American Journal of Poetry—will be remembered or relegated to the dustbin. At this point, I only know that the work did once appear there, and now it longer does. This isn’t just true in my case, but for everyone who ever graced the online platform’s pages. Despite the various—and often intense criticisms—leveled against Robert (I assume the accusations have only increased after the mysterious disappearance of the journal), I continue to stand by him and his publication. He worked tirelessly for the good of poetry. Indeed, his ability to recognize quality writing was evident in what he selected. After all, one can neither argue with a Pushcart Prize (for having published Cecilia Woloch’s long poem, “Reign of Embers”), nor, much less, with a National Book Critic’s Circle Award (for publishing Troy Jollimore’s 2007 collection, Tom Thomson in Purgatory). In my view, Robert Nazarene’s legacy will be hotly contested in the years to come, but I continue to stand by him and his efforts.

Over the course of five or so years, Robert accepted various pieces of mine—some very long and some quite short. His most heartfelt support of my work was his commitment to publishing my long poem, in July 2019, about the Armenian Genocide, before its official recognition by the US government, and its subsequent commemoration by President Biden. Even after the Federal Government’s actions, Turkey continues to deny the event and tries to silence those who aren’t afraid to stand by the truth. Robert, as an editor, was such a man—courageously speaking out in the face of pressure, not just with regards to the Armenian Genocide, but in all aspects of life. Wherever he may be today, thus, and whatever reasons he may have had for not continuing to maintain the archive, I can neither renounce my faith in him as an editor, nor abandon those pieces of mine he published throughout the years. And so, without further ado, here is that work.

Volume 5 (July 1st, 2018)
Poems: “Dear Psychiatrist,” “Smoke and Mirrors,” and “If You Could Be Anyone in the World, Who Would You Be?”

Volume 6 (January 1st, 2019)
Poems: “Dear Russia” (In Three Acts)
Essay: “The Myth of Poetry’s Decline in the US”

Volume 7 (July 1st, 2019)
Poem: “Armenian Genocide”

Volume 8 (January 1st, 2020)
Poem: “PC”

Volume 9 (July 1st, 2020)
Poem: “Heading West”

Volume 10 (January 1st, 2021)
Poem: “American Prayer”

Volume 11 (July 1st, 2021)
Poem: “Open Letter to the Students of Brandeis University with Bibliography”
Poem: “Freewill”

Volume 12 (January 1st, 2022) — THE FINAL ISSUE
Poem: “American Pandemic”

Once more with the kindest gratitude to Robert Nazarene, James Wilson, and everyone who was part of The American Journal of Poetry!