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“Dios y yo” por Arzobispo Eric Escala, Editor de Asuntos Cristianos de Interlitq

Arzobispo Eric Escala

Arzobispo Eric Escala escribe:

Dios y yo

A veces nos preguntamos  ¿cuál es la verdadera religión? Ya que existen muchas y llega un punto en que chocan, tal vez no sea en sus cimientos pero si entre quienes las practican. Existen celos y hasta fanatismo, dentro de las denominaciones por diferencias en forma y práctica, la religión no me salva, es más bien un camino que me lleva a Dios.

No existe una religión verdadera sino tengo fe, puedo ir todos los días y orar en cada momento pero si no creo no hay valor, muchas veces vemos pecado en todo lo externo pero no vemos o no queremos ver nuestro interior, si realmente amo a Dios como digo o simplemente es un auto engaño para ser aceptado o tener una posición social.

No puedo decir que amo a Dios si no amo a mi hermano a quien veo todos los días, pongamos nuestra mano en el corazón y recordemos cuantas veces hemos ayudado aquel que nos lo pide, el niño que se nos acercó para pedirnos le compráramos unos pañuelos descartables, el hombre que vive en la calle y nos pidió unas monedas para comer algo, la familia que vive en la plaza y fue sacada de su hogar porque no pudieron pagar el alquiler; el chico que le deformaron el rostro y nos pedía ayuda para poder tener una vida normal.

¿Les ayudamos? ¿Nos pusimos en su lugar y les dimos algo de lo que podíamos?

A veces es más conveniente mirar para otro lado, seguir caminando y en la comodidad de nuestro hogar decir, Señor te pido por todos los que te necesitan.

Recordemos que fuimos objeto del amor más grande que pueda existir, Dios envió a su hijo, lo entrego para que yo tenga vida después de morir, ninguno de nosotros enviaría a un hijo a morir, menos por quienes no le creían y hasta rechazaron. Pero el sí lo hizo porque vio bondad en nosotros, vio lo bueno que podemos ser.

¿Quién es Dios?

Por fe creemos que es el creador y sustentador de todo, es un ser atemporal, con todas las virtudes y bondades que podemos imaginar, su misericordia es nuestro mayor anhelo; queremos vivir según su voluntad, agradarle.

Cuando llegamos a confiar en su amor, tenemos plena certeza que todo lo que nos ocurre es por algo, creemos que tenemos un destino trazado dentro de su voluntad para ayudar a otros y mostrarles el camino que nos lleva al padre.

El como padre no quiere que estemos con miedo a ofenderlo, no desea que estemos día y noche postrados a sus pies adorándole, dándole gracias a cada momento por aquello que no ha dado; no es sano, no es una relación de amor sino de servilismo.

¿Qué padre quiere que su hijo este  a cada momento dándole gracias por aquello que le da?, ninguno que este sano mentalmente, con una sonrisa basta. Dios también quiere que seamos felices, él es nuestro Padre y es justo que veamos nuestra relación de esa forma, no es un ser lejano que ve y juzga todo lo que hacemos.

Es nuestro padre que está a nuestro lado a cada momento para ver que no caigamos y si lo hacemos, que nos podamos levantar tal como cuando estábamos jóvenes ya prendimos andar en bicicletas.

Dios es nuestro padre, nuestro no del otro sino mío, también suyo  pero debo primero reconocer esta relación, de la misma forma en que mi madre es mía y también de mi hermano, pero primero  es mía y luego entiendo la del otro.

Existe una empatía entre Dios y yo, somos inmanentes el me conoce más de lo que me conozco a mí mismo, de la misma manera en que un hijos conoce a su padre, sabe lo que piensa con la mirada que le hace, el gesto y las palabras.

Debo cultivar mi amistad con el Padre, es bueno orar, también es bueno rezar, así poder expresar como me siento y que entienda que su ayuda es necesaria muchas veces más de lo que él puede pensar ya que no todos vemos al otro como familiar sino como un instrumento para hacer lo que quiero y estar por encima del común.

Es sano tomarse un tiempo y hablar con él, de la misma forma en que hablo con un amigo o un padre, él es real, mi corazón lo sabe y está allí esperando que le hable, contemos lo que nos pasa, lo que nos hace bien y lo que no; sino cuento lo que me molesta no me puede ayudar.

Vivamos felices con una espiritualidad sana basada en el amor y no en el temor, cultivemos el amor a nuestro Padre ayudando y respetando a los demás.

Señor te pedimos que podamos ver en el otro tu rostro, en su necesidad la nuestra y poder redescubrir tu amor misericordioso para con nosotros. Te pedimos nos enseñes amar a los otros como queremos nos amen a nosotros, haznos instrumentos del cambio.

 

Acerca de Arzobispo Eric Escala, Editor de Asuntos Cristianos (Christian Affairs Editor) de Interlitq:

Su Excelencia Reverendisima Eric Escala

Nacio el 15 de junio de 1973 en la ciudad de La Chorrera; Panama, hijo de Alexis Escala y Francisca Maria Gonzalez, menor de tres hermanos Alex y Carlos.

Casado con Silvina Indelicato, padre de Joselyn y Valentino.

Realizo sus estudios primarios en la escuela Leopoldo Castillo Guevara, los secunadarios en el colegio Pedro Pablo Sanchez y obtuvo su bachillerato en letras en el Instituto Justo Arosemena.

Sus estudios universitarios los realizo en la Universidad Nacional de Panama, obteniendo la licenciatura en Humanidades con especialidad en Filosofia e Historia.

Sus estudios teologicos los realizo en la Fundacion San Alberto en la ciudad de Bogota, Colombia y en el Moore College.

Es Doctor en Filosofia y en Teologia.

“Vivir es algo muy parecido a un mal chiste…” por Francisco Ardiles

 

Vivir es algo muy parecido a un mal chiste…

Por Francisco Ardiles

Vivir es algo muy parecido a un mal chiste, porque independientemente de que nos vaya bien o mal en el trabajo, los estudios o la vida amorosa, eso no depende de nosotros. Ese es un misterio que poco o nada tiene que ver con lo virtuosos, inteligentes, honestos, comprometidos y agradables que seamos. Chejov decía en uno de sus cuentos, y disculpen que no recuerde en este momento el título, el año y la página de la cita, es decir, que no recuerde otra cosa que la idea planteada por el narrador del texto, que todo hombre feliz debería guardar en el clóset de su casa a un hombre infeliz que se le parezca mucho, para que le recuerde todos los días, con el golpe de un martillo, que no todo el mundo es feliz, y que lo suyo es pura cuestión de suerte. El lujo momentáneo que puede disfrutar una persona con mucha suerte que algún día dejará de ser afortunada.

Es por eso que la vida es un chiste muy sucio e impredecible que hoy nos hace reír y mañana llorar. Nos hace reír cuando es divertida y llorar cuando tratamos de insistir en encontrarle una lógica, una respuesta, una salida honorable. Cuando nos llevamos una gran decepción, nos relacionamos en la cama con alguna persona que no satisface totalmente nuestras expectativas fuera de esos dos metros del colchón, cuando nos toca el turno de deambular por los márgenes, ser el que no existe, el que no está, el que no hace falta; cuando dejamos de ser tomados en cuenta, cuando envejecemos o caemos enfermos, cuando ya no somos tan atractivos como antes, ni interesantes, ni tan inteligentes como pensábamos que éramos; cuando nos convertimos en una fórmula fastidiosa que se repite interminablemente en los comerciales de YouTube, cuando perdemos el trabajo, debemos dinero, se nos muere el perro que nos lamía las patas. Cuando somos apartados a empujones del sistema, es que entendemos. Pero la vida es un chiste de mal gusto no sólo por eso, sino también porque a pesar de esta perenne amenaza, de esta lógica terrible, seguimos estando aquí, imperfectos y mortales queriendo respirar cada bocado de aire que nos queda. Seguimos estando aquí, sintiendo amor, placer, deseando y recordando a los que no están. Seguimos sintiendo esperanzas, y lo más absurdo de todo, soñando.

Sobre Francisco Ardiles

 

Francisco Ardiles