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La violencia del totalitarismo en el psicoanálisis

 

Alicia Hartmann escribe:

Jacques-Marie Emile Lacan es un pensador de nuestro tiempo, tal como lo fue Freud, su importancia fue mucho mas allá de lo que puedan compartir ambos en el lugar de padres, de inventores del psicoanálisis, cada uno acorde con su época. En la Conferencia sobre la Etica dada por Lacan en Bruselas en 1960, afirma contundentemente que será mejor que renuncie (al psicoanálisis) quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época. En breves palabras podemos decir que si a Freud le debemos el descubrimiento del inconsciente y un método para dar cuerpo a la práctica del psicoanálisis, entre muchas otras cosas, a Lacan, un Lacan siempre freudiano –él no reniega de Freud, retorna siempre aun cuando a lo largo de su enseñanza se fueran perfilando diferencias– le debemos algunos conceptos que orientaron, que abrieron, que dimensionaron en nuevas perspectivas nuestra práctica como psicoanalistas, en los impasses, en los obstáculos en los que Freud encontró un límite.

Jacques Lacan no se caracterizaba personalmente por ser modesto, tenía la prestancia y la arrogancia de un intelectual notable. Su discurso era oscuro y difícil de descifrar para el común del medio psicoanalítico, pero para muchos –y es así como sostuvo más de una veintena de seminarios a lo largo de su vida– era un iluminado por el uso de la palabra que producía efectos en quienes lo escuchaban de tal manera que se sentían fuertemente interpelados en su posición respecto de la clínica psicoanalítica. Para otros, atrapados en el psicoanálisis clásico y en las instituciones oficiales, era hermético, enciclopedista, dilettante, un loco.

Es sorprendente que él reconozca un único invento en su producción, que podríamos decir que epistemológicamente se trata de un concepto (no lo pensamos así porque inventó a nuestro enteder muchos conceptos y lógicas diferentes en la dirección de la cura), escrito con una letra, y que opera con una función en la cura, que él llamó objeto a. Afirma que es su único invento. No pensamos que sea así, pero ese objeto tiene un anclaje en el cuerpo teórico del psicoanálisis, porque él reconoce su origen en el llamado objeto transicional de Donald Winnicott (lo creó en 1951, antecede al primer seminario publicado de Jacques Lacan), que se plasma fenoménicamente en la sabanita, en el osito que simbolizan para Winnicott la ausencia materna. El niño que se vale del objeto transicional entra en la dimensión del mundo simbólico del lenguaje ya que este objeto representa la presencia de la ausencia materna, que permite –denotando un agujero, un “gap” (hueco, agujero vacío) al decir de Winnicott– que el niño establezca lazos con la realidad del mundo de los objetos.

Lacan se vale de un álgebra que intenta proveer al psicoanálisis de una formalización que tenga algún punto de contacto con las ciencias formales. Un álgebra que escriba las operaciones analíticas en la cura en el fragor de la transferencia entre analista y analizante. El objeto a no es un objeto de la realidad para Lacan, no tiene entidad objetal alguna, no es un concepto filosófico, no se materializa, no es especularizable, no es intercambiable, no es comunicable, no es común, no es repartible, no es socializable, es solo una letra, la letra a que designa la relación de un sujeto, el sujeto del inconsciente, efecto de la relación con la palabra, con los significantes, a la causa del deseo. Una causa que se produce en el arduo trabajo que implica el viaje de un análisis. Una causa que no es transferible, que es propia, que es singular, que no es común a otros semejantes, que no hace rebaño. Es desde allí donde partimos para pensar la relación entre el llamado objeto a y los totalitarismos, porque lo que caracteriza a los totalitarismos es hacer rebaño de los seres hablantes, con la particularidad de que cada uno mantenga su sumisión al líder y a la ideología imperante en forma individual, entregando de esta manera cuerpo y alma.

French city’s rabbi says half of his congregants have left over anti-Semitism

Scene of suspected terror attack in Grenoble, France, June 26, 2015 (Sky News Screenshot)

By JTA:

Nissim Sultan of Grenoble says abuse getting worse over last 15 years, with many deciding to emigrate; 20,000 French Jews have moved to Israel since 2014

Half of the regular members of the Jewish community in the city of Grenoble in eastern France have left due to anti-Semitism, their rabbi said.

Rabbi Nissim Sultan on Grenoble, a city of 160,000 residents near Lyon with several hundred Jews, said this during an interview Tuesday with the France Bleu Isère radio station.

“It’s a troubling phenomenon that began about 15 years ago,” he said. “The people who make up the core of our community have left, including young families with children and pensioners.” They left to Israel, elsewhere in France, the United States and Canada, he said.

Each anti-Semitic graffiti, he said, “raises awareness to a global reality that means we fear for our children at school, on the street. So as responsible parents, we take measures.”

Approximately 20,000 French Jews have left for Israel since 2014, a major increase over the previous four years. Thousands more have emigrated elsewhere and many thousands have moved inside France to safer neighborhoods amid a substantial increase in anti-Semitic hate crimes.

Last month, authorities shut down Grenoble’s Al-Kawthar Mosque due to the preaching of hate and incitement, including against Jews, by imams there, the Le Dauphine news site reported.

Also last month, French President Emmanuel Macron told Jewish community leaders that anti-Semitism appears to have reached its worst levels since World War II, a day after thousands of people took to the streets to denounce hate crimes.