Category: Economics

“El difícil porvenir,” por Francisco Ardiles

27/07/2020

Francisco Ardiles

 

Economía de Jacques Attalí

Lo que Jacques Attalí dijo en una entrevista que le hicieron la semana pasada me dejó sin palabras. Fue tajante, implacable pero claro en lo que respecta a sus consideraciones sobre lo que está por venir. Entre las numerosas cosas que señaló, horribles casi todas por cierto, fue que la verdadera crisis aún no ha comenzado y que muchos de los sueños, planes y esperanzas que tenemos para el futuro van a tener que posponerse por un tiempo indefinido. La recesión económica será profunda y larga; y acabará indefectiblemente con los sectores más frágiles de la sociedad.  Casi todos las ramas del mercado que no son imprescindibles para mantener al mundo con vida desaparecerán. La gran cantidad de dinero que se ha emitido para mantener los negocios abiertos y el nivel de consumo a flote, solo ha servido de paliativo temporal para disfrazar la banca rota del sistema, sin embargo hay una bomba de tiempo que ya se activó y terminará explotando tarde o temprano. Más temprano que tarde pienso yo. Cuando eso suceda no quedará otra cosa más que desempleo, hambre y miseria. Así que si yo fuera ustedes, dejaría de gastar mi dinero en lujos innecesarios y compras nerviosas por internet; y lo guardaría en una cajita fuerte para que luego no me falten los alimentos.

En otro pasaje de su entrevista, Attallí asegura que en muchos palacios presidenciales y empresas prominentes del mundo todavía no se ha comprendido la gravedad de lo que se avecina. Para explicar este punto tan delicado dijo lo siguiente: “la industria automotriz, por ejemplo, aún no lo entendió, pero una enorme parte de ella está muerta. El sector aeronáutico tampoco lo comprendió, pero está muerto. Y muchas empresas son zombis y son financiadas como si fueran a sobrevivir. Hay empresas que incluso están organizando cursos y seminarios, y todavía encuentran forma de financiarse, ¡pero ya están muertas!”. Resulta que algunos expertos financieros y economistas de renombre lo saben, pero no lo dicen para no que no cunda el pánico por doquier. Al parecer es un hecho que cuando están entre amigos y gente de confianza, casi todos coinciden en augurar una recesión que durará años. No se sabe cuántos pero seguramente serán años muy difíciles, sobre todo para los más vulnerables. Esto no sólo se refiere a las personas sino también a los países con las economías más frágiles. Ya pueden imaginarse cuáles son esos países. No hay que forzar mucho la imaginación para dar con los nombres. De los ricos no dijo nada, porque los ricos siempre sobreviven.

Al parecer, lo único que quedara en pie en este paisaje distópico de la economía del porvenir, será la salud, la educación, la alimentación, la industria de combustibles y el mundo digital. El resto tendrá que esperar un buen rato para salir a flote de nuevo. Todos los otros sectores de menor importancia: el turismo, la gastronomía, la hostelería, las tiendas de ropa, los cruceros, los colegios privados, las pequeñas empresas de confección de prendas de vestir, los gimnasios, las universidades privadas, las peluquerías, la construcción, los talleres mecánicos, los centros comerciales, los cines, el transporte que no sea de carga, los alquileres de vivienda y la gran mayoría de los burdeles, bares y discotecas, se pueden dar por muertos. Con ellos se irán por el desagüe sus empleados y obreros. Con esto también se pude dar por descontado que habrá marchas y manifestaciones multitudinarias, de todos esos gremios que no saben que ya están muertos. A los gobiernos que tengan recursos, no les quedará otra opción que generar sistemas de ayuda y apoyo alimentario para toda esta gente. De los otros, de los que no los tienen, prefiero no hablar y ahorrarme el comentarío. Para Attallí lo peor de toda esta situación terrible que se avecina, es que los políticos y los periodistas que están al tanto de todo, porque alguien se los advirtió, no lo quieren decir porque: “buscan cómo llegar hasta la próxima elección y confían en que después de las urnas se encontrará una solución. Pero eso es falso. Lo mismo pasa con la gente: prefiere creer que las fuerzas de la naturaleza o un mesías o Dios o cualquier otro tipo de salvador aportará una solución. Y no es así.” Como ven, queda poco por decir. Puede que algunos piensen que Atallí está exagerando pero yo creo que lo que se nos viene encima será algo así.

Sobre Francisco Ardiles

Imagen del pasillo cubierto de la Facultad de Humanidades de la Universidad Central de Venezuela (patrimonio mundial de la humanidad desde el año 2000) después de que cediera ante el peso de la lluvia, el abandono y la desidia.

La guerra entre el águila y el dragón está en marcha (por Ignacio Montes de Oca)


Ignacio Montes de Oca

 

La guerra entre el águila y el dragón está en marcha

 

Por Ignacio Montes de Oca

 

El presidente norteamericano Donald Trump publicó el 6 de julio en su cuenta de Twitter un mensaje en donde decía que “China le ha causado un gran daño a EEUU y al resto del mundo”. No se trata de una declaración espontánea, sino del blanqueo de un enfrentamiento a escala global que ya no puede disimularse. Las señales de la expansión estratégica China y su voluntad de confrontar a las potencias tradicionales puede ser corroborada en los puntos de tensión que viene creando en todo el planeta y en el crecimiento de su fuerza militar. Todo esto se cruza con sus intereses económicos, como es usual en los conflictos internacionales

El 17 de junio pasado, China y la India se enfrentaron militarmente en el valle de Galwan, una región de la frontera común. A los 20 muertos declarados por India le siguió una escalada en la que los dos países más poblados del planeta posicionaron más tropas y lanzaron amenazas cruzadas. No es un incidente menor, ya que entre los dos países más poblados del mundo suman siete millones de soldados y al menos 400 armas atómicas para amenazarse.

China pretende la zona de Cachemira en posesión de India basándose en un reclamo de unificación de lo que denomina “Gran Tíbet”. Recordemos que Cachemira es una zona controlada en gran parte por India y Pakistán, pero que un 20% de su superficie es parte del territorio chino. Y que además el reclamo de Pekín sobre el valle de Galwan se basa en la posesión de territorios cedidos por Pakistán, el rival histórico de La India. El gobierno de Nueva Delhi por su parte, acusa tanto a China como a Pakistán de dar apoyo militar y político a los grupos dentro de la región de Cachemira bajo su dominio que reclaman su independencia.

El segundo foco de conflicto también implica reclamos territoriales. Se trata de la pretensión de Pekín de que se le reconozca la soberanía exclusiva sobre la mayor parte del Mar de la China. Su reclamo se basa en la pretensión de soberanía sobre las islas Paracelso y los islotes Spratley, una serie de pequeños atolones deshabitados en medio de la región en disputa. Desde hace una década, los ingenieros militares tomaron esos pequeños afloramientos de unos pocos kilómetros de metros cuadrados y los transformaron en bases militares en medio del mar desde las cuales reclama las aguas adyacentes.

En Isla Woody, en el archipiélago Paracelso reclamado también por Taiwán y Vietnam, China construyó un impresionante complejo militar con pistas un sistema de defensa antiáereo S300 de última generación capaz de derribar blancos a 200 kilómetros a la redonda y una pista para aviones de combate tan extensa que debieron ampliar la superficie de la isla para darle cabida.

Incluso cuando la pandemia asolaba a China, el trabajo de construcción de las bases no se detuvo y ahora China reclama a Occidente con más fuerza sus derechos en la zona que es utilizada para transportar el 30% del comercio marítimo mundial y que además poseería una de las mayores reservas sin explotar de petróleo y gas del planeta.

Partes del Mar de la China son reclamadas a su vez por Vietnam, Filipinas, Malasia, Taiwán y Brunei, por lo que el asunto se convirtió en un verdadero dolor de cabeza para los estrategas occidentales que se apresuraron a apoyar con acuerdos de defensa mutua y pertrechos militares a la mayor parte de los países enfrentados con China por el “asunto Spratley”.

 

La gran flota de Jingping

El reclamo de China en el sur oceánico se vincula con el plan de modernización militar de China, que tenía por objetivo convertirla en potencia regional en 2020 y en la primera potencia militar del mundo en 2035. Para eso, incrementó su gasto anual en defensa hasta contar con el mayor presupuesto militar luego del de EEUU. Además de la entrada en servicio de nuevos aviones, vehículos de combate y misiles estratégicos cada vez más capaces, Pekín avanzó en la construcción de una fuerza aeronaval capacitada para responder al reto dominar las aguas al sur de su territorio continental.

En 1996, un empresario chino Xu Zengping, un ex integrante del ejército de su país, se prestó a un complejo juego de simulaciones para lograr que China tuviese su primer portaviones. Tras separarse de la URSS, Ucrania heredó un portaviones a medio terminar en uno de los astilleros que quedaron en su territorio. El empresario chino gastó 310 millones de dólares para comprarlo con la promesa de convertirlo en un casino flotante. Apenas logró hacerse con el buque, el gobierno chino comenzó a trabajar para que recibiera autorización para pasar por el estrecho del Bósforo. Se trataba de una petición insólita para un navío que supuestamente iba a tener un propósito civil y más aún cuando Pekín negaba tener vínculo con el empresario.

Finalmente el buque desfiló frente a Estambul en 2002, siguió su derrotero hacia el estrecho de Gibraltar y unas semanas después estaba atracado en China. Un año después, fue presentado como el primer portaviones de la marina china bajo el nombre “Liaoning”. Con el buque en su poder, los astilleros de ese país copiaron el modelo y botaron en 2019 al segundo portaviones al que bautizaron “Shandong”. Ahora China avanza en la construcción de la tercera nave de ese tipo, esta vez con diseño propio y dotado de todas las mejoras que pudieron copiar y desarrollar los ingenieros a cargo.

Con tres portaviones, China puede reclamar su puesto como segunda potencia naval del planeta, solo superada por EEUU. Quizás la OTAN al sumar los 3 portaviones de Gran Bretaña, Italia y España puedan hacerle alguna sombra a la nueva fuerza aeronaval china, pero a diferencia de ese país sus almirantes no tienen una doctrina expansionista tan enérgica. Por las dudas, EEUU posicionó en mayo tres grupos de portaviones juntos en aguas linderas con el mar chino, lo que fue interpretado como una señal de aumentó de las tensiones en el área.

El mar es una parte vital de la estrategia China. Es por eso que creó lo que se denomina “collar de perlas”. Se trata de un camino de puertos bajo su control a lo largo de la ruta naval por donde circulan sus exportaciones.

El procedimiento chino para imponer sus intereses no es novedoso, pero si una herejía para un país que abraza la fe comunista en cuya doctrina se condena el imperialismo y el uso del capital como método de extorsión internacional. China aplicó una política paciente para invertir en proyectos multimillonarios en varios países. En Sri Lanka financió la construcción de aeródromos, puertos y otras obras de infraestructura. En Myanmar, Malasia y Pakistán procedió de manera similar. Cuando las deudas se volvieron demasiado pesadas para los países, China acordó el uso de puertos a cambio de facilidades de pago.

Al llegar al presente, el alivio de las deudas y la persuasión política fue canjeado por el control del paso de Kr´a con Tailandia y el uso de los puertos de Kyaoukpyu en Myamnar, de Chittagong en Bangladesh, de Hambantota en Sri Lanka, de Marao en Maldivas y de Gwadar en Pakistán. Estos puertos forman un camino que se dirige hacia occidente y garantiza el control total de sus exportaciones marítimas en cada escala de ese trayecto. Y el puerto en Gwadar es ahora además una base naval China de acuerdo a los pactos firmados con Pakistán, lo que le da una posición militar en la salida del estrecho de Ormuz a través del cual circula la mayor parte de las exportaciones petroleras de Medio Oriente. Recordemos la tensión con India, principal adversario de Pakistán, para entender cómo se organiza de a poco el rompecabezas estratégico.

En la costa este de África, China procedió de un modo similar invirtiendo 100.000 millones de dólares en asistencia financiera y obras de infraestructura en la década anterior. De ese modo logró el uso de la base naval en Djibouti. En Sudán obtuvo un puerto en la entrada del Canal de Suez luego de apoyar al gobierno con armas y divisas. Y más allá de ese camino, la diplomacia china maniobró pacientemente para que empresas de esa nacionalidad lograran en 2016 el control de una parte del puerto griego de El Pireo, una de las puertas de entrada a Europa. En España, la compañía china Cosco Shipping logró el control sobre Noatum, el principal operador portuario de ese país.

En el Líbano, la empresa Compañía de Ingeniería Portuaria de China recibió el permiso sirio – el verdadero rector en la política libanesa – para construir instalaciones portuarias para abastecer la reconstrucción de ambos países, en una nueva fase directamente ligada a la colaboración ruso china para instalarse en la zona como potencias que garantizan el alto el fuego tras años de conflictos.

Estos puertos situados en puntos estratégicos que van del Pacífico al Mediterráneo suponen una ventaja económica y estratégica, pero también un punto de conflicto con otros países que comienzan a sentir el rigor en el manejo de los cargamentos ajenos y la preferencia sobre los propios.

 

Incitando a Occidente

Justo al inicio de ese rosario de puertos que forma el “collar de perlas” está Hong Kong, que según los acuerdos de devolución del 97 debía tener un status especial respecto a China en cuanto a libertades de comercio y garantías individuales para sus 8 millones de habitantes. Pero en junio de 2020 China dio por finalizada de manera prematura esa autonomía al aprobar la nueva ley de seguridad interior. Las potencias reaccionaron de manera airada por lo que consideran un acto de provocación que amenaza la integridad de los hongkoneses y de miles de empresas de capitales occidentales radicadas en ese cantón. China ignoró esos reclamos y en lugar de ello usó la ley de seguridad para perseguir “las interferencias extranjeras” y acallar las protestas en Hong Kong.

Y si China es capaz de desafiar a Occidente en la que era una colonia británica hasta 1997, se espera que los tratados que sostienen la independencia de Taiwán estén también en riesgo. La “provincia rebelde de Formosa” que China reclama como propia desde 1949 y sobre la cual pende la insistente amenaza de una invasión desde el continente, se sostiene por los pactos defensivos con EEUU y el eficiente sistema militar taiwanés, que sin embargo queda cada vez más comprometido por el desarrollo militar chino y su despliegue agresivo fuera de sus costas.

Del mismo modo, China es el soporte del régimen de Corea del Norte, que amenaza otra de las bazas estratégicas y económicas de Occidente en Corea del Sur. Nadie duda que el líder norcoreano Kim Il Jung jamás actúa nunca sin permiso de China, potencia que sostiene su economía y de donde llegan los pertrechos y la tecnología para sus desarrollos bélicos convencionales. Y la amenaza de los misiles norcoreanos se amplía a Japón, isla que está dentro de los objetivos militares declarados del régimen de Pyongyang y que hace décadas es un adversario económico y estratégico de Pekín.

Occidente siempre ha mirado a China como el genio detrás del minúsculo y agresivo país norcoreano. Sintomáticamente, con cada crisis generada con las amenazas de Kim Il Jung, aparece China ofreciéndose a calmar a la bestia y demostrar su rol de regente en la región en desmedro del lugar que ocuparon los EEUU desde 1953 cuando terminó la guerra entre las dos Coreas.

Y mientras tanto, el 5 de mayo pasado China envió dos patrulleras a las islas Senkaku, un archipiélago en disputa con ese país. Durante 39 horas, dos barcos de guerra China se estacionaron frente a esas islas en un claro e imprevisto gesto de provocación.

El listado de eventos conflictivos que involucran a China sigue creciendo desde que ese país anunció que había dominado la pandemia de COVID19 y se repiten en la medida que la pandemia debilita a los países en donde Pekín considera adversarios y competidores.

 

El polo y América, también

Igual de lejos llegan las aspiraciones estratégicas de China en la actualidad, que hace un tiempo decidió que tenía derechos sobre la zona del polo Ártico al proclamarse “potencia adyacente”. La región polar, disputada cada vez más duramente entre Rusia, los países norteños de Europa y EEUU, vio llegar a un nuevo jugador que además envió uno de los dos grandes rompehielos que construyó en la última década para hacer acto de presencia entre buques que patrullan la zona. Aquella maniobra desorientó al presidente ruso Vladimir Putin, que siempre consideró a China un aliado en su competencia contra los norteamericanos.

La tensión entre India China sorprendió también a Moscú, que sabe que en caso de conflicto entre esos dos países será vital su apoyo para sostener la maquinaria bélica india creada a partir del armamento ruso. Y también que la desaparición del contrapeso de la India podría conducir a un fortalecimiento de China y a su debilitamiento estratégico, mayor que el que le provocaría un resurgimiento de los EEUU. Todo ello frente a un vecino con quien tiene cuestiones fronterizas pendientes en el valle del río Umur.

La expansión China también rompió un tabú estratégico centenario al involucrarse en América Latina, considerada por EEUU desde el inicio de la Doctrina Monroe como su “patio trasero”. Aliada con Rusia, Pekín logró imponer su presencia económica en Venezuela, en donde se transformó en uno de los aliados más importantes del chavismo. A cambio de petróleo, entregó armas por 13.000 millones de dólares y manufacturas por similar valor a Venezuela. Cuando se terminó el petróleo, China logró contratos para explotar las vastas reservas de oro venezolano.

Pero además China había logrado hacer pie en Bolivia cuando el aliado del chavismo, Evo Morales, pretendía eternizarse en el poder. Nuevamente, a los créditos favorables para adquirir productos chinos le siguió la provisión de armas y a cambio obtuvo contratos para que la empresa china Xinjiang Tbea Group explotara con preferencias las inmensas reservas de litio de ese país, consideradas las más grandes del mundo.

En Nicaragua el régimen de Daniel Ortega afín al régimen chavista de Venezuela negocia desde 2014 con el empresario chino Wang Jing una inversión de 50.000 millones de dólares para construir un canal alternativo al de Panamá. A cambio, el gobierno chino que patrocina abiertamente el proyecto, obtendría el manejo del paso y los puertos de entrada y salida del futuro canal.

Y en Argentina ya logró un avance de similar importancia desde el punto de vista estratégico. En 2010 y luego de ofrecer un swap de monedas al gobierno de Cristina Kirchner que precisaba equilibrar sus cuentas externas, obtuvieron la autorización para instalar una base científica y militar en el sur de ese país, en la provincia de Neuquén.

A diferencia de otras bases científicas conjuntas en Argentina con países occidentales, la instalación China recibió una serie de preferencias diplomáticas que la convierten virtualmente en un territorio de ultramar de esa potencia. Su propósito declarado es servir para el monitoreo de la actividad espacial china, pero se contradice por la presencia de personal militar manejando la base. Entre las cláusulas firmadas con Argentina casi no existen instrumentos para corroborar si dentro de las instalaciones se realizan actividades bélicas. Solo el gobierno puede permitir el ingreso a la base, cuyo propósito final sigue siendo un misterio.

 

Otro Pearl Harbour

La insistencia de China por avanzar en negociaciones reservadas y pactos secretos es parte de un modo de gobierno en donde la información de calidad es un insumo clave y por lo tanto reservado para la más alta jerarquía partidaria.

Ese mismo secretismo es el que llevó al presidente Donald Trump a acusar a China. Luego de meses de analizar las evidencias, los analistas norteamericanos afirmaron tener pruebas que indicaban que China no explicó de manera fiel lo que sucedía con el coronavirus y que además utilizó la pandemia para sus fines políticos.

El presidente Trump fue categórico al anunciar que ya no financiaría a la Organización Mundial de la Salud, luego que se conociera que Taiwán alerto a ese organismo multilateral de la existencia de un foco epidémico en China en diciembre de 2020 y que el gobierno de ese país usó sus influencias para que esa información no fuera difundida de manera de alertar a otros estados miembros.

Luego, el presidente de EEUU y su secretario de Estado, Mike Pompeo, dieron entidad a las versiones que sugerían que el Covid19 era un virus de diseño salido de las instalaciones de investigación china en Wuhan, epicentro de la pandemia.

Y a inicios de mayo el diario australiano Saturday Telegraph dio a conocer un informe reservado elaborado en conjunto por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda y Australia en el que se aseguraba que China había ocultado y manipulado la información con el fin de sacar provecho de la pandemia.

Las acusaciones fueron subiendo de tono y esa suposición se extendió a otros gobiernos, que dejaron que se hicieran públicos documentos en los que se culpaba a China de no haber aportado información temprana sobre la aparición del virus y haberse manejado con negligencia a la hora de impedir que el coronavirus se esparciera a otros países.

El posteo de Donald Trump es entonces otro acto de un enfrentamiento entre las dos potencias que ya lleva dos años de escalada.

En marzo de 2018 Trump había subido los aranceles a los productos chinos y su par Jingping hizo lo propio con los productos norteamericanos como represalia. La guerra comercial tenía por trasfondo la disputa por lo que Washington considera “prácticas desleales” por parte de su adversario.

La detención en Canadá y por pedido de EEUU en diciembre ese mismo año de Meng Wanzhou, la heredera del imperio Huawei, sirve para explicar gran parte de esta guerra comercial. Desde hace unos años se repite en occidente una acusación contra China por establecer reglas para que las empresas extranjeras se establezcan haciendo alianzas con compañías locales para luego drenar sus avances tecnológicos y posteriormente ser desalojadas, cuando lo socios chinos ya lograron una posición de fuerza en el mercado global.

En sus primeros años de existencia Huawei era una simple fabricante de conmutadores telefónicos, pero con el paso de los años se convirtió en un jugador de peso en el mercado mundial de celulares. Se le acusa de ser favorecida con la maniobra de alianzas forzadas con empresas occidentales y con otras preferencias de inversión y exportación establecidas por el régimen chino, al cual estaban ligados los propietarios de la firma. Y además le imputan el incluir dispositivos que facilitarían el espionaje electrónico a favor de China e incluso los ataques electrónicos, uno de los desvelos de los estrategas que planifican los escenarios de conflicto en el futuro cercano.

Y ello se le suma la ausencia en China de manejos contables transparentes y de regulaciones laborales y ambientales aplicables en occidente, lo cual ayuda a bajar el costo de sus productos para facilitar que sus competidores pierdan mercados

Ahora, a todas esas acusaciones contra China se le suma la de haber hecho una maniobra deliberada para usar una pandemia originada en su propia tierra como instrumento para debilitar a sus adversarios y de aprovechar el momento para calentar las tensiones en diversos puntos del planeta en donde Pekín quiere profundizar su presencia y peso estratégico.

La temperatura de las relaciones entre Occidente y China sube cada día en la medida que se profundizan tanto los efectos de la pandemia nacida en Wuhan como los coletazos de la crisis económica mundial que trajo consigo. El presidente de EEUU ya había anticipado su intención de confrontar con China el 6 de mayo pasado, al comparar las muertes provocadas por el covid19 con los muertos de Pearl Harbour y acusar elípticamente a Pekín de un acto de guerra. Y reafirmó su discurso al insistir en llamar “virus chino” en las conferencias de prensa aun cuando era reprendido por los periodistas de los medios progresistas de ese país.

China contribuyó con ese recalentamiento al hacer movimientos en muchos frentes simultáneos que tanto Occidente como sus aliados – y también los que no lo son como Vietnam y La India -, interpretan como desafíos. En Pekín quizás suponen que la debilidad del conjunto occidental y sus aliados en su zona aledaña creó el momento ideal para dar un gran paso adelante en su decisión de convertirse en el jugador central en el tablero internacional desplazando a EEUU, al menos en el hemisferio oriental del mundo.

Trump enfrenta un proceso electoral complejo y China le deja servida una causa externa para despertar el nacionalismo de sus electores y distraer la conmoción social provocada por los disturbios sucedidos luego del asesinato de George Floyd y el tropiezo económico de la pandemia. Cuenta a su favor con el hecho que pese al impacto devastador en vidas del Covid19, su economía se recupera y le da bríos para intentar liderar a un occidente que todavía sigue debilitado por el Covid19. Gran Bretaña avisó que va a acompañarlo al protestar por la política china hacia Hong Kong. Alemania, convertida en la locomotora política de Europa, dio señales de coincidencia con la idea de un rol negligente de China en el manejo de la pandemia.

De regreso al posteo de Donald Trump, lo que parece una bravuconada o un desliz, cobra un sentido concreto y muy diferente al ponerlo en contexto. La cantidad de incidentes propiciados por China en un momento de altísima sensibilidad política por la pandemia global, avisan de un enfrentamiento cada vez más pronunciado entre el águila y el dragón. En tanto, el mundo contiene el aliento mientras intenta adivinar las consecuencias de un aleteo de murciélago en Wuhan que se convirtió en tornado al llegar a Washington.

PS: el emperador Zu Dhi fue el tercero de la dinastía Ming. Durante su gobierno le encargó al almirante Zheng He que explorara los confines del imperio. Así, entre 1405 y 1433 las flotas comandadas por Zheng establecieron el primer contacto con diversos puntos del Mar de China y alcanzaron el oeste de África. Alguna leyenda sin comprobación posible habla incluso de la llegada a América antes que Cristóbal Colon. Fue el comienzo de la Edad de Oro de la antigua China. Quizás el partido comunista chino sueña con repetir en el futuro repitiendo el pasado.

 

Acerca de Ignacio Montes de Oca

¿La expropiación de Vicentín conduce al default de la deuda argentina? (por Ignacio Montes de Oca)


Ignacio Montes de Oca

 

¿La expropiación de Vicentín conduce al default de la deuda argentina?

 

Por Ignacio Montes de Oca

 

El gobierno venía negociando con los tenedores de bonos para evitar un default definitivo, cuando cometió un error torpe con Blackrock, el principal fondo de inversión del mundo y clave para llegar a un acuerdo. Todo tiene que ver con la expropiación de Vicentín y la obsesión ideológica de Cristina Kirchner y su delfín

El jefe, la jefa del jefe y el delfín que opera en las sombras

Mientras se negociaba con los bonistas, Alberto Fernández recibió un pedido de la vicepresidente Cristina Kirchner para avanzar sobre el Grupo Vicentín a partir de una deuda de 300 millones de dólares otorgados por el Banco Nación. El cuestionamiento en torno a las condiciones de otorgamiento y la sospecha de vaciamiento de la sociedad madre que pidió un concurso preventivo de quiebra, fueron vistos como una oportunidad por la vicepresidente Cristina Kirchner, que aún conserva el poder para imponerse por sobre quien se supone es su superior inmediato

Ante las primeras críticas, el presidente Fernández salió a aclarar que todo era una idea suya y que la había consultado con su vice. Esa aseveración confirmó lo contrario, más aun cuando los sectores ligados a la vicepresidente y su hijo Máximo se apuraron a aclarar en privado que aquella era una jugada política del clan Kirchner. La presencia de la senadora Anabel Fernández Sagasti junto al presidente el día del anuncio fue una confesión: la senadora está íntimamente ligada al hijo de Cristina Kirchner y el colocarla en un sitio tan privilegiado ese día no tenía sentido, salvo el de comunicar que la agrupación La Cámpora que obedece al primogénito era protagonista central de la decisión.

Para el sector más “chavista” del gobierno representado por la vice y su hijo Máximo, aquella expropiación era un negocio político con varias ganancias. Por un lado, agitó las banderas nacionalistas detrás de la consigna que la movida apuntaba a la “soberanía alimentaria” de la patria. Por el otro, permitió acusar a sus predecesores del macrismo de haber otorgado préstamos al grupo cuando no cumplían las condiciones para obtenerlo y de paso iniciar una causa por lavado de dinero contra el ex presidente Mauricio Macri y los directivos del grupo por medio de la Unidad de Información Financiera. Y, finalmente, mostrar iniciativa política de ese sector en momento en que la crisis económica y el hastío por la cuarentena más prolongada del planeta por la pandemia de coronavirus se reflejaba en una caída estrepitosa en la imagen del gobierno y una proporción  cada vez más numerosa de la sociedad se expresaba por medio de movilizaciones y cacerolazos.

Aquella épica duró poco al cuestionarse la constitucionalidad de la intervención preventiva ordenada por el ejecutivo cuando había un proceso de quiebra en curso en la justicia, cuando se supo que la mayor parte de las exportaciones del grupo Vicentín constituyen partidas de soja para alimentar cerdos chinos y que siete de cada diez pesos que le prestó el banco estatal al grupo fueron otorgados durante la administración de Cristina Kirchner. Pero eso le importa poco a la militancia más radicalizada del kirchnerismo, que cada vez expresa mas acuerdo con las posturas anti empresa de la vicepresidente y la gravitación que tiene sobre ellas la figura de su primogénito y sucesor designado, Máximo.

No todo es tan sencillo

El problema con Blackrcok comenzó a notarse cuando comenzó a disiparse el humo de los fuegos artificiales lanzados en el momento de anunciarse la intervención de Vicentín. Dentro de las empresas que incluyó en la futura expropiación hay unidades que no tenían problemas ni estaban concursadas. Entre ellas, Renova, que tiene dos grandes instalaciones en dos localidades de la provincia de Santa Fé. Una de ellas en San Lorenzo y otra en Timbúes.

La planta ubicada en Timbúes procesa granos de soja y la de San Lorenzo biodiesel para la exportación y procesa 500 toneladas diarias de soja. Casi toda la producción es destinada a la exportación.

Renova fue fundada en 1993 por el grupo Vicentín, pero luego tuvo por socio minoritario al grupo Molinos Rio de la Plata. Este socio se retiró del negocio en 2014 y cedió la mitad del 33% de acciones a Vicentín y a Renova. Con el paso del tiempo Renova aumentó su participación al 49% de la empresa a través de Oleaginosas Moreno SA. El 5 de diciembre pasado, Glencore aumentó su participación al 66% tras comprarle acciones a su socio.

La socia de Vicentín pertenece al grupo suizo Glencore, que es hoy el mayor comercializador de materias primas del mundo. El paquete accionario de Renova tiene varios socios, entre ellos el gobierno de Qatar y fondos de inversión. Entre esos fondos de inversión se encuentra Blackrock, que tiene el 6% de la propiedad de Glencore y es el segundo accionista detrás de los qataríes.

Es decir que, al haber anunciado que se avanzaba sobre los negocios del grupo, la presidencia argentina alentó la idea que iba por la parte de la empresa en donde Blackrock tiene intereses.

Aunque la empresa en problemas dentro del Grupo Vicentín no era Renova, el gobierno anunció que se la podía expropiar de todos modos. Si bien el decreto que ordena la intervención solo menciona a Vicentín SACIF, en los discursos se habló de todas las empresas del grupo y aquello tiene sentido dado que sin la sinergia de las otras unidades, la empresa madre es apenas un montón de deudas sin valor político y comercial alguno.

En las discusiones que comenzaron a repetirse en torno a la decisión de expropiar, quedó en claro que además el gobierno apuntaba a controlar el mercado de la exportación. Los funcionarios y más aun los que se agrupan en torno a Máximo Kirchner, empezaron a hablar de la necesidad de tener una “empresa testigo” estatal que ayudara a fijar precios y condiciones en ese mercado. Aquello era otro golpe para Blackrock y los otros accionistas de Renova, que a través de Oleaginosa Moreno se convirtieron en el principal actor de ese rubro.

Y el tercer desafío tiene que ver con una alternativa de salvataje financiero que podría haber evitado la expropiación. Glencore tenía vigente desde febrero una propuesta para hacerse con el control del Grupo Vicentín, lo que hubiese evitado el concurso judicial al aportar 325 millones de dólares que permitirían sortear la emergencia financiera. Pero esa oferta no fue considerada por el gobierno al avanzar en la expropiación con la excusa de “evitar la extranjerización”

Y todo esto mientras el ministro Guzmán intentaba convencer a los bonistas que acepten su propuesta para quitar capital e intereses y el presidente mexicano le explicaba al CEO de Blackrock que su amigo argentino tenía las mejores intenciones.

¿Qué diablos está haciendo el gobierno argentino?

El presidente Fernández no puede decir que la relación con Blackrock es un asunto de menor importancia. El 12 de mayo el presidente mexicano Manuel Lopez Obrador reveló que había recibido un llamado de su par argentino en el que le pidió que intercediera ante ese fondo para que aceptaran la propuesta de canje de bonos

Y cuando las negociaciones estaban en curso y ya bastante maltratadas por dos meses de postergaciones, los ejecutivos de Blackrock recibieron la noticia de la expropiación de Vicentín y la novedad que podría avanzar sobre su empresa. Tres días después del anuncio de Vicentín y aun cuando no se definía ni el alcance de la expropiación ni su viabilidad, Blackrock anunció que estaba lejos de alcanzar un acuerdo. Disociar un hecho del otro es imposible.

No se sabe aún si con la embestida  los funcionarios argentinos intentaron dar una muestra de fuerza o el clan Kirchner que pergeñó la movida solo es incapaz para entender la complejidad del mercado sobre el cual se estaban lanzando. Lo que lograron es arruinar todo lo conversado con Blackrock, cuya opinión influye en el resto de los bonistas

El fondo Blackrock, al igual que sus pares de Ashmore y Fidelity, no quiere aceptar el monto de quita que propone en ministro de economía argentino. Pretenden cobrar en efectivo los cupones e intereses antes de proseguir un arreglo. La diferencia con el otro grupo de bonistas liderado por los fondos Greylock y Fintech podría aceptar una quita, pero siguen reclamando garantías que el gobierno argentino no termina de definir. Entre las posturas de unos y otros, hay 3.000 millones de diferencia.

Por ser el mayor fondo de inversión del mundo, la postura que adopte Blackrock sería seguida por un mayor grupo de tenedores de bonos, que suelen confiar en el equipo de negociación del gigante que construyó su prestigio con posturas e inversiones más sólidas que sus competidores. Y de su veredicto sobre la Argentina, muchas de las decisiones de inversión qe podría y necesita recibir la Argentina para recuperarse de una capida del 10% de su PBI desde enero de 2020.

De allí que el modo en que los argentinos se sentaran frente a ese grupo resultara tan crucial. Y por eso el asunto Vicentín tiene el potencial de dinamitar cualquier postura conciliadora de ese fondo.

Pero además, el avance del gobierno trae dos consecuencias adicionales: deberá aumentar su déficit del gobierno al hacerse cargo de los pasivos de una empresa que alcanzan los 1300 millones de dólares. Al mismo tiempo, que la actitud hacia las empresas privadas y nacionales y extranjeras espante nuevas inversiones, lo cual supone proyectar menos ingresos en divisas y quizás menor actividad en el sector del agro que se podría resistirse a ser parte de un mercado que pudiera ser dominado por una compañía estatizada. Y que, además, sería dominado por las huestes de Máximo Kirchner que insisten en presentarlos como un enemigo de la patria y amenazarlos con nuevas expropiaciones y recortes a sus ganancias.

Si el gobierno argentino se declaró en default técnico en mayo por afirmar que no podía pagar 503 millones de dólares del vencimiento de un bono ¿De dónde sacaría los 1300 millones que demandaría la aventura nacionalista en Vicentín?

Esto lleva a otra pregunta ¿Si tienen dinero para salvar una empresa porque no lo tienen para pagar en tiempo y forma los bonos que acaban de vencerse?

Es cuestión de números y perspectivas, ya no solo de avanzar contra uno de los bonistas que reclaman el pago. Y si se quiere, en un análisis más fino, la expropiación representa una rotura de contrato de respeto a la propiedad privada en la que se incluyen el dinero invertido en bonos argentinos. Un movimiento nacionalista tan dramático tiene efectos extremadamente profundos sobre todo el escenario económico futuro de la Argentina.

El daño ya está hecho. El mayor fondo de inversión, el mayor trader de materias primas y la mayor planta de molienda del mundo de un lado y el mayor default del mundo del otro Todo en medio de una cuarentena record usada como excusa para expropiar. Argentina es tierra de records y no para su carrera hacia un lugar que nadie conoce aún, pero que no pareciera ser el paraíso del desarrollo.

De nuevo: mientras el ministro Guzmán rogaba a Blackrock que influyera en otros bonistas para resolver el tema de los bonos, el presidente Fernández anunciaba que les expropiaría su unidad de negocios en Renova o que, al expropiar la empresa madre, se sentaría en el directorio para influir en las decisiones de la compañía con un peso desigual ya que tiene la posibilidad de establecer las reglas de juego del sector. En los dos escenarios, es una provocación que en el mundo de los negocios no pasa desapercibida. Considerando que Vicentín mueve anualmente hasta 4 mil millones de dólares en exportaciones y que parte de ese negocio se enhebra con los de Renova, se trata de una decisión que implica mucho dinero. Y en los negocios, cuantos más ceros más peso tiene el problema

Y queda ver si Blackrock va con su reclamo por el pago de los bonos ante la corte de New York y con ello rompe definitivamente la mesa de negociaciones, además de convertir en un paria a la Argentina. De hecho, el país ya es una paria, pero todavía hay un escalón más debajo de la desesperante situación en la que se encuentra y que se daría con un default y un juicio que incluyera embargos y cierre de mercados como represalia. Hay corsos de carnaval más organizados que los Fernández

Sucede que si caemos en default las exportaciones van a verse afectadas sin importar que se trate de carne, granos o biodiesel. Para exportar necesitamos inversiones que se harían más difíciles en un contexto de default. Por donde lo mires, la expropiación de Vicentín fue un mal negocio

 

Acerca de Ignacio Montes de Oca

Columna Ignacio Montes de Oca/ “La economía latinoamericana se enfermó de coronavirus”

Ignacio Montes de Oca

 

La economía latinoamericana se enfermó de coronavirus

 

Por Ignacio Montes de Oca

 

El costo humano del coronavirus sigue subiendo en América Latina. Ya no hay países sin casos positivos. Al momento de hacer esta nota, ya se registran 150 casos y al menos 8 muertes, tras una semana de confirmarse la primera infección. De repetirse la progresión de otras zonas, estamos en la antesala de una situación crítica y de consecuencias imprevisibles.

Pero una pandemia no es solo una cuestión sanitaria. Los efectos se amplían al conocerse los primeros datos del impacto que tuvo en la economía el virus nacido en un mercado de Wuhan.

De acuerdo a los datos proporcionados por la agencia de salud norteamericana, cada paciente enfermo le cuesta al erario unos 3.000 dólares en tratamiento que incluye drogas, reactivos importados, instrumental médico, horas de dedicación del personal, traslados y una serie compleja de ítems usuales para casos que requieren de un aislamiento total. Ese costo debe multiplicarse por la cantidad de casos que podrían llegar a producirse en los próximos días en economías absolutamente más débiles que la norteamericana.

Brasil, por ejemplo, decidió destinar un fondo especial de 1.000 millones de dólares para combatir la propagación del virus. Y además, prevé un fondo de 15 mil millones de dólares para inyectar en una economía que ya siente el freno de la actividad como consecuencia de la pandemia. A eso debe sumarse un crédito urgente del BID para afrontar la crisis. Son cifras gigantescas y no previstas que desbalancean el déficit de las cuentas fiscales, a las que además debe contabilizarse junto a los pasivos que genera la caída de las actividades y con ello el menor ingreso tributario.

El otro problema son las exportaciones. La región es una fuente de recursos primarios que abastece a los mercados globales. Por más que haya avanzado el sector exportador de servicios y manufacturas en algunas de las naciones latinoamericanas, los productos agro ganaderos, petroleros y mineros constituyen el núcleo de la generación de divisas de todos los países la región.

Los analistas ya recortaron las perspectivas de crecimiento de la economía china a causa del corona virus del 6% al 4%. La locomotora de la economía mundial disminuyó su velocidad y con ello la tasa del resto del mundo. Francia, España, Italia y Gran Bretaña son algunas de las naciones más castigadas por la pandemia y con ello contribuyen a que las perspectivas sean igual de negativas. Y EEUU, que decidió medidas muy duras y tardías para hacerle frente a la emergencia, resolvió horas atrás un fondo de 50.000 millones de dólares para frenar una enfermedad que amenaza el crecimiento económico que esgrimía su presidente como principal argumento para lograr su reelección. En el más optimista de los casos, la economía global caerá un 0,2%. Pero esas estimaciones son previas a la propagación de la pandemia a Europa.

Como lo dice cualquier manual de economía racional, a menor demanda, menor precio. Es por eso que los valores de los commodities se vienen derrumbando. Por supuesto, si las economías producen menos, necesitan menos cantidades de los productos que Latinoamérica ofrece desde sus campos, minas y yacimientos petroleros. Menor demanda y menores precios se corresponden con grandes partidas de recursos que ahora ya no tienen un mercado que las necesite imperiosamente como estaba previsto. La consecuencia es un menor ingreso de divisas en momentos en que se necesitan de manera urgente para cubrir el agujero fiscal que representó el mayor gasto en la emergencia sanitaria. Y para paliar el faltante de ingresos que genera la caída de recaudación por los miles de intercambios que se ven pospuestos por la paranoia que genera la sensación apocalíptica de una pandemia que aún no mostró su peor cara.

En cualquier escenario, América Latina verá disminuir la demanda y el precio de sus bienes primarios por la menor actividad económica de sus compradores. No sólo de China, sino que ahora también deberá pensar en un recorte de sus ventas a Europa, que constituye el segundo o tercer socio comercial de la mayor parte de las economías latinoamericanas.

Queda contar el impacto de la decisión de Arabia Saudita de bajar el precio del crudo para hacer frente a la disputa comercial que mantenía con Rusia dentro del cartel petrolero. El precio del barril se desplomó un 30% a valores de la segunda Guerra del Golfo en 1991. Bien podría ser una buena noticia para los sistemas productivos que dependen del crudo. Pero siete de las diez naciones más grandes de América Latina dependen de sus exportaciones de petróleo para balancear sus cuentas: Brasil, México, Colombia, Venezuela y Ecuador son algunas de las naciones de la región que vieron con pánico el abismo en el que cayó el precio del crudo.

Y la guerra de precios entre sauditas y rusos está íntimamente ligada con las perspectivas de la economía global a partir de la crisis del coronavirus.

Para el caso de la Argentina, que ya no es exportador de crudo por circunstancias políticas, el impacto  de la suma de todos estos factores prevé una caída adicional de su PBI de medio punto, totalizando un tropiezo recesivo del 2% para 2020. En cifras, significa que por ejemplo perderá 3.500 millones en exportaciones que implican ingresos de divisas que necesita de manera urgente para evitar un default. Para hacer más negro el panorama, el precio internacional de la soja – núcleo de las exportaciones agrarias de ese país – se derrumbó a valores que hacen antieconómico sembrar esa especie en gran parte de la Argentina.

La caída mundial de las bolsas iniciada en la primera semana de marzo, fue el indicador más certero de esa desaparición de dinero. Tomemos por ejemplo la cartera del magnate mexicano Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo. En un solo día, el 9 de marzo, perdió 6.000 millones de pesos mexicanos. En total, de acuerdo a la agencia Bloomberg, Slim vio reducirse su fortuna de 55.800 millones a 49.800 millones en unos días.

Resto el último factor que es la cuestión financiera. Una parte importante de las inversiones se ha frenado a nivel global a la espera de un panorama más claro. Los inversores corrieron a refugiarse en el oro e incluso en bonos estatales de países con economías más sólidas. Incluso, se dio el caso de compra masiva de bonos alemanes con tasa negativa del -0.6%, demostrando que los que tienen grandes sumas prefieren pagar por el refugio de sus divisas antes que ganar un poco con inversiones que signifiquen alguna clase de riesgo.

Si bien hay una liquidez enorme en los mercados, nadie mueve su dinero de los bunkers hechos de bonos estatales y oro. Y al hallarse refugiado, no aporta a inversiones productivas que tenían excelentes perspectivas en América Latina durante 2020, pero que ahora están en revisión frente a un escenario plagado de desafíos. Esas inversiones, implican ingreso de dinero fresco a las economías, pero también empleos y emprendimientos secundarios que se necesitan de manera urgente en toda la región.

En todo este proceso se fortaleció el valor del  dólar norteamericano. Y ello implicó que la mayor parte de las monedas latinoamericanas, en gran medida dependientes de esa moneda, perdieran su valor. Las devaluaciones desde México a la Argentina llegaron al 10%. Menor valor de la moneda local implica necesidad de mayor recaudación y exportaciones para cubrir los intercambios con el exterior. Pero esto se da en el contexto de caída de precios de los productos que se venden al exterior y el aumento exponencial de gastos por la enfermedad. Y eso que todavía no llegó lo peor de la pandemia. El escenario no es nada alentador.

Incluso si se confirmara la existencia de un tratamiento efectivo para el coronavirus, la situación es compleja. Desde Israel se menciona el descubrimiento de una vacuna que podría ser efectiva. Pero su llegada al mercado podría demandar semanas, sino meses entre pruebas, negociaciones de uso de patentes y arreglos para la producción masiva. Todas las fuentes indican que podría estar plenamente distribuida en septiembre, que coincide con el mes que los analistas consideran será el momento en que China comenzará a recuperarse económicamente del impacto del coronavirus.

De acá a septiembre hay un semestre. Es demasiado tiempo y en ese lapso América Latina podría atravesar un periodo ruinoso en términos humanos y económicos. El problema, entonces no es solo lo que sucederá si se desata una pandemia a los niveles de España o Francia, siendo que la mayor parte de los sistemas sanitarios tienen el nivel del de Irán, en donde solo el control de las cifras verdaderas de enfermos impidió tener una dimensión exacta de la tragedia.

Los otros problemas graves serán el mientras tanto y el costo que tendrá la peste en la economía cotidiana de los ciudadanos. El efecto sobre la estabilidad social de un escenario recesivo agravado, deberá ser considerado en paralelo con el problema fiscal grave que plantea la crisis.

Y el otro desafío es el día después. Hacia el fin de año, las naciones de la región deberán salir a competir por ocupar espacios en un mercado que podría comenzar a aumentar su demanda progresivamente, pero que tendrá del otro lado una oferta saturada por stocks acumulados en manos de intermediarios  y unidades productivas ociosas que necesitan ser puestas en marcha nuevamente para reiniciar los ciclos de cada sector.

Septiembre queda muy lejos. Mientras tanto, nunca fue tan válida la expresión “el tiempo es oro”.

 

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