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Analisis sobre el entendimiento humano, un articulo por Arzobispo Eric Escala, Editor de Asuntos Cristianos de Interlitq

Analisis sobre el entendimiento humano

Arzobispo Eric Escala – Comunión Anglicana Continuante

Arzobispo Eric Escala

04/02/2022

Cada vez que queremos analizar el comportamiento humano nos vemos limitados, somos seres en constante cambio; evolucionamos de diversas formas y con muy diversos intereses.

Para entender nuestra forma de pensar debemos mirar como nuestras motivaciones han ido cambiando en el transcurso del tiempo.

Al inicio de la humanidad lo importante era sobrevivir, los animales y los peligros eran una constante nada aseguraba que estuviésemos vivos al terminar el día,  es algo que está latente también hoy en día pero no nos detenemos en pensar que tal vez este sea mi último día.

Luego se le dio primacía a la familia, todos trabajan por el bien común y a las familias se le unieron los clanes; grupos de familias que se unieron para defensa,  después fue al pueblo, por último el país, había que salir en defensa de nuestros países contra el enemigo, siempre viendo al otro como un enemigo.

Desde pequeños nos hemos divertido con la violencia, juegos, video juegos, cine, televisión, todo tiene en su trama conflictos, el bueno debe matar al malo.

¿Esto qué quiere decir?

Simple, nuestros intereses cambian de acuerdo con la sociedad, si comparamos las sociedades veremos esto.

No nos iremos tan lejos para no ser muy extensos

1960 Había terminado la segunda guerra mundial y estaba en conflicto de Vietnam,  existía un despertar de la sociedad hacia las drogas y demás, podemos decir que las metas son muy diversas luchar contra la discriminación racial en el Jim Crow  llamado el sur profundo, además algunos jóvenes sentían que era su deber combatir el comunismo, se implanto un pensamiento llamado guerra fría, donde Estados Unidos no se llegó a enfrentar de forma directa con U.R.S.S. pero usaron cualquier medio alterno.

1970 La sociedad busca levantar la economía se crea lo que se conoció como el sueño americano, todos iban a Estados Unidos y lograban hacerse ricos, algunos países luchan por salir del colonialismo impuesto por el norte y se logra empobrecer a los países latinoamericanos.

1980 La guerra fría se va hacia el área deportiva, se compite para ver que bloque tiene mejores deportistas,  se nos muestra que un grupo es bueno y el otro es malvado, surgen los tele evangelistas, si bien la fe esta en todo momento con la humanidad aquí el predicador llega a su hogar y a lugares apartados, mucha gente camina horas para escuchar una predica.

1990 Estados Unidos retoma la carrera espacial y el mundo vuelve a interesarse en esto, pero en el área social los problemas crecen la falta de empleo se acrecienta, las enfermedades no son combatidas de forma efectiva y en algunos países la atención privada se impone.

2000 En el nuevo siglo lo importante pasa a ser el yo, inicia el desarraigo social y las crisis existenciales vuelven a surgir, se comienza con una era de tecnología que nos separa cada vez más del ser humano.

Nos hemos convertido en autómatas.

2010 Se afianza con la crisis social, las relaciones personales pasan a un plano virtual, todo es rápido dejamos de relacionarnos con el otro solo buscamos satisfacer intereses.

Cada  vez más nos alejamos de nuestros familiares, la tecnología nos acerca en distancia pero nos aleja de las personas que nos rodean.

2022 En este tiempo de Pandemia la expectativa es volver a la normalidad.

¿Pero que es la normalidad?

Algunos les es más cómodo vivir desde sus casas y la Agorafobia ha ido en aumento.

Tal vez una solución más practica sería volver a relacionarnos entre nosotros de forma directa sin artículos electrónicos volver a ser familia.

En groso modo hemos visto algunas de las motivaciones por las cuales pasa la sociedad al transitarlas estas nosotros empatizamos y nos volvemos actores voluntarios o involuntarios.

Las llamadas redes sociales también ayudan a expresar nuestro sentir sobre una situación dada, no siempre es lo mejor ya que también puede perjudicar psíquicamente a la persona, lo que se conoce como bulling cibernético.

Debemos recordar que somos seres sociales, no podemos vivir solos y los artículos no pueden reemplazar a la persona.

También debemos tener presente a Dios en nuestras vidas, muchos gobiernos lo olvidan y imponen leyes para que orar en lugares públicos ser motivo de arresto, también ir en contra con lo establecido; a veces es necesario guiarnos por las leyes de Dios y no lo que dicen los hombres.

Solo Dios es la suprema verdad

No importa el estado en el que estemos viviendo, Dios siempre nos acompaña creamos o no, nos está esperando como un padre amoroso espera a sus hijos.

Pidamos a Dios la seguridad de la fe, para que podamos ser felices con lo que tenemos y ser agradecidos con lo que nos da.

Señor bendice nuestra vida para estar en tu servicio y mi servicio para ayudar a los demás. Amen

 

Acerca de Arzobispo Eric Escala, Editor de Asuntos Cristianos (Christian Affairs Editor) de Interlitq:

Su Excelencia Reverendisima Eric Escala

Nacio el 15 de junio de 1973 en la ciudad de La Chorrera; Panama, hijo de Alexis Escala y Francisca Maria Gonzalez, menor de tres hermanos Alex y Carlos.

Casado con Silvina Indelicato, padre de Joselyn y Valentino.

Realizo sus estudios primarios en la escuela Leopoldo Castillo Guevara, los secunadarios en el colegio Pedro Pablo Sanchez y obtuvo su bachillerato en letras en el Instituto Justo Arosemena.

Sus estudios universitarios los realizo en la Universidad Nacional de Panama, obteniendo la licenciatura en Humanidades con especialidad en Filosofia e Historia.

Sus estudios teologicos los realizo en la Fundacion San Alberto en la ciudad de Bogota, Colombia y en el Moore College.

Es Doctor en Filosofia y en Teologia.

¿Para qué me sirve la psico filosofía? un articulo por Arzobispo Eric Escala, Editor de Asuntos Cristianos de Interlitq

¿Para qué me sirve la psico filosofía?

Arzobispo Eric Escala – Comunión Anglicana Continuante

Arzobispo Eric Escala

28/12/2021

 

Estamos en un mundo tecnificado donde cada vez nos vamos alejando más de nuestro entorno familiar, amigos, conocidos y seres que nos rodean; nos hemos convertido en islas vivientes.

Es preciso entrar a nuestra psique ψῡχή, “aliento, vida, alma”, como primera medida y ver que nos está ocurriendo, que nos mueve, que nos afecta para luego llegar a nuestra propia conclusión, una introspección, rara vez una persona puede hacer este ejercicio.

Cuando estaba en el seminario al cerrar el mes hacíamos esta práctica y a veces no era nada agradable, pues mi percepción sobre mi forma de actuar no era la misma que tenían mis compañeros.

Como diríamos nuestra filosofía: η φιλοσοφία είναι η αναζήτηση της αλήθειας μέσω της λογικής, la búsqueda de la verdad a través de la razón.

No todos tenemos las mismas motivaciones, ni tampoco el mismo pensar colectivo o religioso, es difícil y poco probable llegar a tener el exacto pensamiento con otra persona, tendremos similitudes pero difícilmente pensaremos lo mismo.

Es por ello que le consulte a otras personas sobre su pensar sobre la psico filosofía y estas fueron sus respuestas.

“La filosofía pensada desde la salud mental” Andrea Fernández Bevans, Miembro de la iglesia de los santos de los últimos días; es muy atinado ya que es nuestra mente quien actúa sobre nuestro cuerpo, si estamos bien o mal depende de nuestra psique, ella determina si nos sobre ponemos o no a un problema.

Y no es esto la psico filosofía, fusionar alma cuerpo, razón sobre mis decisiones, “somos la medida de todas las cosas” es decir que nos definimos por la vida que llevamos.

“Es una especulación sobre la mente racional, dar forma a lo que la mente crea, pero con una racionalidad filosófica” Inderveer Kaur, Miembro directivo de la comunidad Sikh en Argentina, nos habla desde la especulación y es muy cierto todos especulamos es una forma de pensamiento donde el supuesto es prácticamente tangible para todos, tal vez una forma de fe actual, creer en aquello que puede pasar o no.

“Llegar a la esencia humana, incluyendo el alma sin tocar el tema religioso, algo metafísico” Lic. Martin González, es muy interesante ya que los griegos trataban de eludir el tema religioso por la naturaleza de sus dioses, tal vez demasiado humanos y aquí se agrega el tema de la metafísica, para cada filosofo tiene un significado distinto para Platón era algo suprasensible dentro del mundo de las ideas, pero para Aristóteles no era más que filosofía primera es decir el surgimiento de la ciencia o el saber.

“Podría ser una filosofía del alma o el espíritu partiendo de su etimología” Gustavo Libardi, presidente de Scientology Argentina, muy cierto para entenderme primero debo mirar dentro, para saber que puedo aportar dentro de mis actitudes y aptitudes.

Como todos sabemos la mente entra en un mundo sumamente delicado desde lo personal hasta lo social, como ministro muchas veces debemos respetar las diversas formas de pensar para no romper la convivencia, esto no quiera decir que lo aceptemos, sino que estamos lo suficientemente maduros para respetar la forma de pensar del otro.

Cuando nos centramos en aquello que me impone la sociedad y el mundo se crearan vacíos existenciales en nuestra alma, los cuales trataremos de llenar con muchas cosas afectos, bienes y tantas cosas que nos ofrecen en la actualidad, pero no podrán llenarlo.

Solo Dios nos podrá ayudar a conocernos, recordemos que Dios es inmanente έμφυτος es decir que solo él nos conoce, de la misma forma en que nosotros conocemos a nuestros hijos y sus cualidades, él nos conoce más allá de nuestro entendimiento.

Entonces,  ¿para qué sirve la psico filosofía?

Sirve para entender mi relación conmigo mismo, mi forma de pensar para luego poder entender al otro, va más allá de la psicología o la filosofía es una introspección a mi alma, sanando heridas y perdonando faltas.

Para poder perdonar al otro debo perdonarme primero y es acercándome a Dios donde me encuentro con un ser nuevo.

Justamente en este tiempo de la natividad debemos volver a vernos como los niños que una vez fuimos y buscar acercarnos a nuestro padre en amor.

Que Dios nos ayude a ver dentro de nuestras almas y encontrar el don de la fe.

 

Acerca de Arzobispo Eric Escala, Editor de Asuntos Cristianos (Christian Affairs Editor) de Interlitq:

Su Excelencia Reverendisima Eric Escala

Nacio el 15 de junio de 1973 en la ciudad de La Chorrera; Panama, hijo de Alexis Escala y Francisca Maria Gonzalez, menor de tres hermanos Alex y Carlos.

Casado con Silvina Indelicato, padre de Joselyn y Valentino.

Realizo sus estudios primarios en la escuela Leopoldo Castillo Guevara, los secunadarios en el colegio Pedro Pablo Sanchez y obtuvo su bachillerato en letras en el Instituto Justo Arosemena.

Sus estudios universitarios los realizo en la Universidad Nacional de Panama, obteniendo la licenciatura en Humanidades con especialidad en Filosofia e Historia.

Sus estudios teologicos los realizo en la Fundacion San Alberto en la ciudad de Bogota, Colombia y en el Moore College.

Es Doctor en Filosofia y en Teologia.

Ant by C.K. Scott Moncrieff, an Anthology Collected and Edited by the Author’s Great-Great Niece, Jean Findlay, revi...

C.K. Scott Moncrieff, Translator, Poet, Critic, WWI War Hero 

Best known for bringing Marcel Proust’s Remembrance of Things Past (also known as In Search of Lost Time) into English for the first time.

 

Ant by C.K. Scott Moncrieff

An anthology of Moncrieff’s work, compiled and edited by Jean Findlay (the author’s great-great niece) written in his youth, during the war, and afterwards.

Reviewed by David Garyan

 

Price Beyond Rubies: On Writing “The Hat Jewel,” an article by Jean Findlay, published by Interlitq
Read Jean Findlay’s Interview with David Garyan, published by Interlitq
Read David Garyan’s review of Jean Findlay’s biography on C.K. Scott Moncrieff, Chasing Lost Time
Read David Garyan’s review of Jean Findlay’s novel The Queen’s Lender

 

The Review

It has become an indisputable maxim, at least in the Western literary tradition, to separate the author from the work he or she has written. Unlike Chinese culture, which views the writer as inextricably linked to the literature he has produced, our own academies treat the text as the sole “living” entity—in that sense, the single credible source from which readers should derive literary meaning. “The author is dead,” remarked the French literary critic, Roland Barthes, a man only born into this world when C.K. Scott Moncrieff was already twenty-six years old, and had, by that time, seen action in France as a commissioned officer. Moncrieff, however, though severely injured, died neither as a person nor as an author, and along with the work he managed to publish during his military service, he later went on to have a flourishing literary career as a translator of French and Italian literature, along with establishing himself as a trusted critic.

The poems and short stories, collected and edited in Ant by Jean Findlay (the great-great niece of Moncrieff) are a testament, firstly, not just to the author’s vitality, life, and perseverance, but secondly, and more importantly, the assembled literature also proves a more general point: It’s futile and perhaps also impossible to separate the author from his own creation. C.K. Scott Moncrieff was a man both of his time and likewise a man out of time, an individual of paradoxes and contradictions—a devout Catholic and unrepentant homosexual, a steadfast war hero and also the most tender love poet, an open individual unafraid to show emotion but also a spy who both preferred and also had to keep many secrets to himself. Suffice it to say, there was no one else better equipped to write the philosophical insights, vivid descriptions of humanity, and observations about the natural world we find in Ant than C.K. Scott Moncrieff.

While the majority of the work collected here has been published in various prestigious literary magazines of Moncrieff’s time, including T.S. Eliot’s New Criterion, it’s ultimately the job of the editor to assemble them in such a way that does justice to Moncrieff’s artistic vision, and this is something Jean Findlay has certainly done. It’s a great relief to know that the collection isn’t organized chronologically, but rather thematically. We enter the author’s literary world through his short stories, and the first one, in this respect, is “Evensonge and Morwesong,” a piece Moncrieff wrote while studying at Winchester, the most prestigious boarding school in the UK. In this work, he decries the hypocrisy of the master, deals with homosexual themes, and exposes the snobbery of such institutions. Moncrieff writes: “As he was transcribing the address this most consummate of headmasters received an unpleasant shock … a picture of two boys in a thicket; of the one’s charming nonchalance; of terror sickening the other, a child that had just lost its soul.” Here, Carruthers, the school master, has punished two boys for essentially the same act he himself committed; he’s reminded of this by a photo he’d long forgotten, and we find out that one of the pupils being punished is, in fact, the son of the boy he himself seduced.

As we reach the end, Jean Findlay reminds us that Moncrieff published this story in 1908, and the fact that the book opens with one of the first things Moncrieff ever wrote is only a coincidence. It’s a larger testament to the courage and openness that would make the author in question not only an excellent solider, but also a sharp, observant translator and critic. The story, in a sense, both defines the man known as C.K. Scott Moncrieff, as it reveals to readers his uncompromising, brave search for truth, and yet it also doesn’t define him, precisely because his failure to get into Oxford as a result of the story’s publication doesn’t go on to stop him from becoming one of the foremost literary figures of not only his generation, but also ours.

We subsequently jump fourteen years in time to the story “Mortmain,” published by G.K. Chesterton’s The New Witness in 1922. The main character, a soldier named Farleigh Bennett, has been seriously wounded and is preparing to undergo surgery. The injuries are so bad “as to make amputation the one possible remedy,” and it’s further unfortunate that he “had not been wounded in any glorious encounter; a bomb badly thrown by a man of his own Company had fallen back at his feet from the parapet and, while he groped for it in the dark trench, had exploded actually under his right hand.” This work is a prime example of how the author is so intimately connected to his work. Moncrieff himself, according to Jean Findlay’s biography, Chasing Lost Time, was wounded by a “British shell aimed at the German trench [which] fell short and exploded in front of him.” The brave officer was nominated for a medal, but as Findlay writes: “Charles initially refused the award because he was injured by his own barrage, and because he did not think himself more deserving than anyone else.” We hence see—and this very clearly—how the author’s life and experiences are at once present in “Mortmain.” While Moncrieff, unlike his character Bennett, never lost his own limb, his own injuries were nevertheless permanently disfiguring, and it’s not difficult to imagine how he, similarly to Bennett, may have perceived his own leg to be a separate, independent entity from the rest of his body, unable to find coordination with the whole. Thus, the story’s supernatural element of the limb having its own life serves as a parallel for the author’s private struggle to “start” a new life after the war, while simultaneously having to bear the burden of the old one as well.

After “Mortmain,” we jump four more years ahead in time to “Cousin Fanny and Cousin Annie.” Published in 1926 by T.S. Eliot’s New Criterion, this story is perhaps the most touching, yet bittersweet in the entire collection. Crafted with Proustian-like memories of childhood that influence the future, we follow Alec, who spends many of his days with Cousin Fanny and Cousin Annie, mainly because his parents travel to India. Recollections of Cousin Annie’s generosity towards him, and Cousin Fanny’s mother dying on the Queen’s birthday, along with memories of his own birthday, serve to emphasize the borders between life and death.

Alec grows up and joins the war effort, and except for one visit during this period, he gradually loses touch with both Fanny and Annie. Memories, however, of the generosity they had shown before his leave for school—how Cousin Fanny had given him “a pound, which he didn’t quite like to take if she was so poor, except that he needed it, really, more than she did,” and how Annie had given him “a huge cake which she had baked for him”—trigger a desire to visit them once more. When he does, however, it’s already too late, as Annie has died, and this leaves Alec feeling incredibly upset: “Every single day since her childhood Annie had had to prepare all her own meals, and, until extreme old age, other people’s as well. He thought of all the services that had been rendered him every day of his life, at school and in the army, and how easily he had taken it. What had he ever given Annie? Kisses, when he was little; and a china dog—and she had spent every moment when she was not in her kitchen by his bedside when he was ill. Why this was the bed he had been ill in.” When he meets Fanny and tells her that Annie has passed away, he’s surprised at her heartlessness: “Well, we must all die some time, I suppose.” The story is fascinating because while it does closely resemble the sentiments and nature which formed the author’s own character, the resemblance is exactly the opposite. In other words, the author, during his own life, was completely devoted to taking care of his family, relatives, and friends.

In her biography, Findlay recalls a time when Moncrieff’s brother, John, accidentally killed himself while cleaning a gun; upon receiving the news, the grief-stricken man promised to do everything in his power to support his family, and he wrote the following to his brother’s widow, Anna: “I swear to you that as long as I live I will do all I possibly can to be a father to them [the children] and a helper to you.” Indeed, we would never expect these words or actions to emanate from a character like Alec, who, in the author’s words, accepts services of support easily and without second thought, but it’s precisely this reversal which shows us the traits that Moncrieff himself admired—honor, commitment, and sacrifice for the family.

From the section “Short Stories,” the collection moves to “War Serials,” and while war does also feature in works like the aforementioned “Mortmain” and “Cousin Fanny and Cousin Annie,” the pieces in this section are assembled in a way that brings forth the potent descriptive powers Moncrieff had as a writer. We begin with “Halloween,” which is, as Findlay writes in the anthology’s introduction, “a weekly story for the New Witness,” that Moncrieff wrote “while in the trenches and on sick leave with trench foot in 1916.” The story revolves around the main character, Allison, a soldier moving with his Company through Belgium towards the city of Ypres, in preparation for battle there.

The scene is both tranquil and chaotic, which mirrored Moncrieff’s own experiences in war. He was known to raise the spirits of soldiers by reading literature to them, but was at the same time calm under fire, always demonstrating the highest level of courage in dangerous situations. As he once wrote to his mother in an October 27th, 1914, letter: “There is something rather stimulating in being under fire.” As the war dragged on, however, this “stimulation” naturally turned into contempt, and finally into weariness; through it all, however, courageous Moncrieff remained, and, in fact, so does his main character, Allison, who states how he’d “grown savage now after a whack on the head from some passing projective, drove the scattered troopers—they were calmly sitting here and there among his own Jocks—like sheep before him on to the road—where they fell in and duly disappeared.” With the same courage our author demonstrated during the war, Alison goes on to describe his situation: “And now we ourselves were neatly sandwiched: for our guns had begun to shell an outlying row of houses just behind us while the enemy plastered the town and the fields in front. But we got out somehow, and by midday were spread out in front of the Steenebeek, and digging ourselves in for dear life with our entrenching tools.” Indeed, Moncrieff himself would’ve been no stranger to such experiences, and neither would the men under his command; the story, thus, brings to life not only the individual who was C.K. Scott Moncrieff, but also paints—and that precisely—a vivid account of the war; this is another instance where the author can be said to be inextricably linked to the work he has produced.

Moncrieff’s insights about people and his understanding of human nature are further highlighted in the war serial, “On Being Wounded,” which starts this way: “It is extremely interesting to have seen the business of being wounded from the point of view of a casualty. For those who only know the wounded soldier as a carefully washed individual ministered to by efficient nurses and seen against the staged background of a ward filled with sunlight and bright flowers, the reality of the thing cannot exist.” Many subtle things are happening here, and perhaps there are also aspects of his personality that Moncrieff himself would become aware of only later. It’s important to understand that our author, especially in his later years—but not only then—lived a life which was incredibly transparent and emotionally open, yet at the same time that life was also one of secrecy and necessary evasion: He was a poet, comfortable enough to reveal his own thoughts and feelings—to publish them as well; yet, he had to keep his homosexuality private. Later, he slowly began to be more comfortable with his own identity, revealing also that aspect of himself, but there was now something even more compromising than his sexual orientation—he’d become a spy, and truly, no one could know about that.

Moncrieff became aware of the difference between appearance and reality quite early—indeed much earlier than anyone else his age. Hence, reading “On Being Wounded,” the reader will by no means be surprised to see him ponder the difference between the world we see on the surface and what exists underneath it, all at the young age of twenty-eight. Already then, Moncrieff understood there’s a distinction between how the wounded man “presents” himself to others and how he “exists” by himself; the former implies happiness while the latter embodies the suffering only victims themselves can understand.

In addition, Moncrieff speculates about the relative nature of time, in the sense that we can’t pinpoint exactly when something happens—more specifically when a man has recovered from his wound: “But it is doubtful whether the man himself can make any more accurate an estimation of his condition. There is a continuous, insensible shifting of the perspective from the moment that he feels the thud made by the arrival of the bullet to that when he realizes one day at the end of his convalescence, that he is well again. The gradual changes are so subtle, the inability to reproduce any one state of consciousness when in the next is so complete that the most introspective must hope for nothing better than confused reminiscence.” Moncrieff, here, as an intellectual, is utterly ahead of any contemporary and even those who came after him: He’s realized something psychologists are only now starting to understand about human memory—that it’s malleable, open to suggestion, and rarely ever fixed. What we remember not only changes with time, it’s also influenced by the future—what we hear and see around us, what we’re told, and most of all our recollections, change by listening to what others want us to believe.

From the section “War Serials,” we move right back to Moncrieff’s earliest days, to the final part of the collection, which is the author’s poetry, divided into “Early Poems,” “War Poems,” “Love and Dedicatory Poems,” and “Satirical Verse.” One curious thing that may jolt readers is having to move from the early verse directly into the war poetry, and then finding themselves among stanzas of love. Upon closer inspection, however, the editorial decision seems sound: Even if Moncrieff, at a young age, did find out what it’s like to feel strongly about someone, it was ultimately war that made him see the fragility of human life, allowing him to gaze, truly, into the limitless depths of love. While his romantic poems before the war, such as “The Beechwood,” and even the earliest poem handwritten in pencil at university are certainly strong, it’s ultimately his poems written in the most terrifying states of despair which really capture love in its most naked, unforgiving forms—it’s in those works written after the deaths of his closest companions, Wilfred Owen and Philip Bainbridge, where Moncrieff’s creative power is at its highest. And would the reader expect anything else? I will quote the poem written after Owen’s death in full:

When in the centuries of time to come,
Men shall be happy and rehearse thy fame,
Shall I be spoken of then, or they grow dumb,
Recall these numbers and forget this name?
Part of thy praise, shall my dull verse live
In thee, themselves—as life without thee—vain?
So should I halt, oblivion’s fugitive,
Turn, stand, smile know myself a man again.
I care not: not the glorious boasts of men
Could wake my pride, were I in Heaven with thee;
Nor any breath of envy touch me, when,
Swept from the embrace of mortal memory
Beyond the stars’ light, in the eternal day,
Our contended ghosts stay together.

It’s truly unfortunate that life had to drag men like C.K. Scott Moncrieff to the deepest depths of despair in order to lead them up their creative mountains, but that’s often the burden geniuses must bear. This collection, skillfully edited by Jean Findlay, proves, finally and conclusively, what we’ve probably suspected but have yet to express—had Marcel Proust not written À la recherche du temps perdu and brought it to life for Moncrieff to discover and translate, the latter would’ve become an accomplished poet in his own right.

 

About C.K. Scott Moncrieff

Charles Scott Moncrieff was born in Scotland in 1889 and died in Rome in 1930. He published poetry in literary journals from the age of sixteen and after studying at Edinburgh University, went into the First World War as a Captain in the KOSB. From the trenches he wrote trenchant literary criticism, war poetry and war serials. Wounded out, working at the War Office he contributed short stories for T.S. Eliot’s New Criterion, G.K. Chesterton’s New Witness and J.C. Squire’s London Mercury. Later as an editor at The Times he translated The Song of Roland and Beowulf and started on Marcel Proust’s A la Recherche du Temps Perdu, a work that was to make him famous. Leaving London in 1923 to work as an undercover agent in Mussolini’s Italy, he settled there. As well as continuing work on Proust’s lengthy novel, he translated much of Stendhal, Eloise and Abelard and some of Pirandello.

¿Qué celebramos en Diciembre? un articulo por Arzobispo Eric Escala, Editor de Asuntos Cristianos de Interlitq

¿Qué celebramos en Diciembre?

Arzobispo Eric Escala – Comunión Anglicana Continuante

Arzobispo Eric Escala

05/12/2021

Gracias a la colaboración especial de Inderver Kaur.

El adviento es el primer periodo del año litúrgico cristiano, es un tiempo de preparación para el nacimiento de Jesús, el nombre completo de este periodo es adventus Redemptoris, ‘venida del Redentor’, consta de cuatro domingos, en las iglesias ortodoxas dura hasta el 6 de enero.

En este tiempo litúrgico utilizamos muestras de nuestra espera, el color litúrgico es  el morado significa que estamos atentos a lo que va pasar, un cambio, volver a empezar, también utilizamos la corona de adviento, la cual tiene 5 velas que representan los cuatro domingos del tiempo y el nacimiento de Jesús.  Cada  vela representa algo la primera el amor, la segunda  la paz, la tercera la comprensión y la cuarta la fe.

Es una preparación desde ya para la pascua, estamos esperando al salvador, su nacimiento es una manifestación de la gloria de Dios, pero debe concluir con su resurrección.

Si Cristo no resucita vana es nuestra fe.

En este tiempo se hace una especial alusión al profeta Jeremías, también a la figura de Juan el bautista, es la voz que clama en el desierto y abre el camino al Mesías; la víspera del mismo es el 24 de diciembre para significar la importancia de aquello que representa, él  es  la figura de Elías, y si este profeta no vuelve no puede llegar el Mesías.

El adviento termina con el nacimiento de Jesús, la natividad, en este día el mundo se llena de gozo por el nacimiento del salvador Emmanuel, Dios está con nosotros, nos llenamos de buenos deseos para todos y hacemos promesas, ayudamos al necesitado y nos vestimos de fiesta, el tiempo pascual se extiende hasta el 2 de febrero con la fiesta de la presentación de Jesús en el templo.

Junto con el adviento y la navidad se presenta la Epifanía, la manifestación gloriosa de Dios a los pueblos, tiene una similitud con la fiesta de pentecostés, en la primera Jesús niño de presenta como Rey de todos los pueblos el Mesías que ha nacido para salvar al hombre y en la segunda es el inicio de la predicación por parte de los apóstoles de todos estos hechos a todos los pueblos.

Existen otras tradiciones religiosas como los Sikhs, le pedimos a una de sus representantes en Argentina Inderver  Kaur nos hable un poco.

El mundo Occidental y Oriental son totalmente opuestos, pero cuando una sociedad como Argentina, que es cuna de inmigrantes, ahí vemos la maravilla del el encuentro intercultural e Interreligioso, entre Sikh, musulmanes, Hindúes, Católicos, Evangelista, que residen en la Ciudad.

Terminan adaptándose a la Navidad una festividad de nuestros hermanos cristianos.

A pesar de que  mi religión Sikh no contempla, ninguna concepción materialista. Yo provengo de una familia Católica, dónde la celebración de Navidad es la fiesta central en la familia.

Y adaptarla a seguir la ceremonia sin lastimar, solo respetando, las festividad, y la cultura de mis hermanos, manteniendo la cena principal y regalos para los niños.

Nuestra religión coinciden, en el mes lunar entre noviembre y diciembre, con unas de nuestra fiesta, llamada Bandi Chhor Diwas ! Dónde celebramos la vuelta de nuestro sexto Gurú a Amritsar en 1620, despues de haber estado encarcelado en el fuerte Gwalior, por el Emperador de Jahangir ! Los Sikh  ese día que cae generalmente en noviembre se celebra en el Gurdwara dónde se encienden la luces de las lámparas de aceite  y coincide con el festival en India de Diwali  festival de la luces, Iluminando las casas y el pueblo con las típicas Lámparas de aceite  hechas en arcilla.

Dura 5 días la fiesta,y es para celebrar el retorno del Dios Rama ,que retorna a su hogar ,tras pasar 14 días de exilio  cada día es para cultivar una virtud y marca el inicio del año Nuevo de acuerdo al calendario Lunar !

Coincidiendo con nuestros festivales, dónde celebramos el triunfo de la luz, sobre la oscuridad, del saber sobre el bien y el mal.

También existen otras tradiciones religiosas como el Januca, esta se celebra del domingo 28 de noviembre al 6 de diciembre este año;  En hebreo significa “re dedicación”, pero es sobre todo el nombre de una de las celebraciones más importantes del judaísmo. En español se dice Janucá, pero la festividad -de ocho días de duración- es más conocida por su grafía en inglés, Hanukkah.

Es una festividad muy linda donde se encienden las luces de la menora, Janucá, ​ también conocida como la Fiesta de las Luces o Luminarias, es una festividad judía que conmemora la re dedicación del Segundo Templo de Jerusalén y la rebelión de los macabeos contra el Imperio seléucida.

Otra festividad conocida es Cuansa o Kwanzaa, que, aunque es raro que se celebre fuera de Estados Unidos, suele ocurrir el 26 de diciembre y el 1 de enero.

La fiesta fue inaugurada por el activista negro Maulana ‘Ron’ Karenga y no es una celebración religiosa en sí, pues fue planeada para celebrar el panafricanismo, y el rescate de las tradiciones de origen africano, si bien con el tiempo los hombres decidieron comenzar a celebrarlo en conjunción con otras celebraciones, como Navidad o Año Nuevo.

El 23 de diciembre los budistas tibetanos  conmemoran el nacimiento de Lama Tsongkhapa. Este hombre se encargó de escribir y reunir en un texto (Lam Rim Chen Mo) todas las enseñanzas de Buda para que puedan ser practicadas.

Durante la celebración se hacen ofrendas de frutas, flores, agua y velas a un altar, dedicado a este maestro del budismo tibetano. Seguidamente, el maestro (Geshe) hace una oración y recuerda las enseñanzas de Buda. Se le conoce como el día del maestro.

Para el Islam, pese a que Jesús es un profeta en esta religión, los musulmanes no celebran su nacimiento, ni el de su profeta Mahoma. Sin embargo, consideran que quien no ama a Jesús no es musulmán.

 

Utilizan el mes de diciembre para enseñar la compasión con el otro y la importancia de llevar una vida pacífica con los demás. Además, aprovechan este tiempo para reunirse con sus familias.

Existen muchas formas de comunicarnos con Dios, para él todas son válidas.

Vivamos  y respetemos  los tiempos litúrgicos los mismos nos ayudan a tener una especial comunión con Dios y a la vez nos enseñan  la fe que profesamos.

Oración del segundo domingo de adviento:

Dios de misericordia, que enviaste a tus mensajeros, los profetas, a predicar el arrepentimiento y preparar el camino de nuestra salvación: Danos gracia para atender sus advertencias y abandonar nuestros pecados, a fin de que recibamos gozosamente la venida de Jesucristo nuestro Redentor; que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por siempre. Amén.

 

Acerca de Arzobispo Eric Escala, Editor de Asuntos Cristianos (Christian Affairs Editor) de Interlitq:

Su Excelencia Reverendisima Eric Escala

Nacio el 15 de junio de 1973 en la ciudad de La Chorrera; Panama, hijo de Alexis Escala y Francisca Maria Gonzalez, menor de tres hermanos Alex y Carlos.

Casado con Silvina Indelicato, padre de Joselyn y Valentino.

Realizo sus estudios primarios en la escuela Leopoldo Castillo Guevara, los secunadarios en el colegio Pedro Pablo Sanchez y obtuvo su bachillerato en letras en el Instituto Justo Arosemena.

Sus estudios universitarios los realizo en la Universidad Nacional de Panama, obteniendo la licenciatura en Humanidades con especialidad en Filosofia e Historia.

Sus estudios teologicos los realizo en la Fundacion San Alberto en la ciudad de Bogota, Colombia y en el Moore College.

Es Doctor en Filosofia y en Teologia.

La fe y la filosofía dentro del contexto religioso, un articulo por Arzobispo Eric Escala, Editor de Asuntos Cristianos de...

La fe y la filosofía dentro del contexto religioso

Arzobispo Eric Escala – Comunión Anglicana Continuante

Arzobispo Eric Escala

26/10/2021

 

“TODOS SOMOS MAESTROS,  AUN SIN SABERLO”
—SILVINA INDELICATO

 

Antes de iniciar con este tema debemos definir que es el pensamiento religioso, es la fe sostenida a través de evidencias; no solo creer, sino estar seguro que aquello que digo es cierto.

“la fe [es] la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).

Este se basa en la fundamentación de la fe sobre la razón, la herencia de la patrística.

philosophia nititur evangelio domini nostri iesu christi ab apostolis usque in hodiernum diem.

La filosofía está basada en el evangelio de nuestro señor Jesucristo, transmitido desde los apóstoles hasta nuestros días.

Los padres de la iglesia brindan las bases del recién nacido cristianismo; cabe resaltar que en sus inicios fue una creencia perseguida, las personas creían que comían niños y por esto tuvieron que esconderse en las catacumbas para poder sobrevivir.

Ha sido muchas veces defendido y acolitado por una πρώτη φιλοσοφία, μητέρα της επιστήμης (filosofía primera, madre de la ciencia) que no es más que la búsqueda de la verdad a través de la razón.

Lo cierto es que todos somos filósofos y más en la era de las redes sociales donde nuestro pensamiento llega a todas las personas.

La diferencia entre mi pensamiento y el de estos, es que no lo he compartido con los demás, tampoco he descrito como veo el mundo y por ultimo no he tenido en beneplácito de la comunidad intelectual, por lo demás ya estamos filosofando.

Perse el pensamiento religioso está en la comunión, esa unión en común entre lo divino y lo humano, solo lo podemos experimentar desde la fe.

Es la única forma en que podemos explicar y comprender las sagradas escrituras de cualquier denominación, si tratamos de dar una explicación desde lo humano, no tendremos una respuesta satisfactoria.

Es por ello que pensadores como Rene Descartes en sus meditaciones metafísicas nos dice que no puede explicar la existencia de Dios, por tanto es real, ya que si pudiese hacerlo dejaría de ser Dios.

También Kant busca darle una estructura no teológica y le llama a esto el absoluto, en fin no podemos omitir que somos seres religiosos buscamos relacionarnos con lo trascendente, este es nuestro motor inmóvil del cual hace referencia Aristóteles, luego retoma Santo Tomas hasta llegar a nuestros dias.

¿Qué importancia tiene el pensamiento religioso en esta época post moderna?
Existe en el hombre la necesidad de relacionarse con Dios, cuando esto no se logra, se forma un vacío muy profundo el cual va destruyendo a la persona, sus valores se van trastocando a tal punto que el cinismo es su forma de defensa, todo le da igual.

Hemos entrado en un momento de la historia en el que las relaciones interpersonales se dan a larga distancia, las personas se sienten más seguras con aquel que está lejos que con quienes le rodean.

La liturgia y demás actividades se debieron realizar de forma virtual por motivos de salud han resultado cómodas, esto ha traído como resultado que las personas se sientan tranquilas con una fe virtual y les cueste volver a la presencialidad.

¿Qué debemos hacer?

Pues si soy feligrés interiorizarme más por conocer la fe que profeso, existen muchas personas que tienen una religiosidad popular, no conocen por qué son parte de una iglesia y tampoco le visitan, con esto de la virtualidad les vino como anillo al dedo.

Si soy clérigo o alguien comprometido, seguir mi fe, continuar haciendo mi pastoral tal cual la estoy llevando, toda persona en un momento dado siente la necesidad de acercarse a Dios, dejando de lado su relación de espectador.

Recordemos que es la fe la que me salva por decirlo de cierta forma para no ofender a los no creyentes, también podríamos decir que es lo que nos acerca a Dios, sino tengo fe cuando asisto a la liturgia divina estoy siendo parte de un evento social.

Lo cierto es que en un punto fe y filosofía se mezclan en nuestras vidas, ya que actuamos de acuerdo a las dos.

En lo social, familiar, laboral actuamos de acuerdo a nuestro pensamiento colectivo, no es hasta que llegamos a un punto de mayoría de edad intelectual en donde no nos afecta lo que piensen los otros, ni las modas, ni la música, somos libres en nuestro pensamiento es decir imponemos nuestra filosofía.

A nivel religioso pasa lo mismo, es Dios quien sale a nuestro encuentro  (Lucas 15:11-32) no importa lo alejado que estemos de su presencia, su amor esta siempre con nosotros.

No importa que el mundo o las ideologías quieran sacar a Dios de nuestras vidas, debemos mantenernos fuertes en la fe, Dios es parte de nuestra familia, sino lo asumimos siempre será un ente del cual dudamos por momentos y en otros tratamos de aferrarnos.

Que Dios nos bendiga y acompañe,  en todo momento con su amor misericordioso en cada uno de nuestros corazones, hoy y siempre. Amen

 

Acerca de Arzobispo Eric Escala, Editor de Asuntos Cristianos (Christian Affairs Editor) de Interlitq:

Su Excelencia Reverendisima Eric Escala

Nacio el 15 de junio de 1973 en la ciudad de La Chorrera; Panama, hijo de Alexis Escala y Francisca Maria Gonzalez, menor de tres hermanos Alex y Carlos.

Casado con Silvina Indelicato, padre de Joselyn y Valentino.

Realizo sus estudios primarios en la escuela Leopoldo Castillo Guevara, los secunadarios en el colegio Pedro Pablo Sanchez y obtuvo su bachillerato en letras en el Instituto Justo Arosemena.

Sus estudios universitarios los realizo en la Universidad Nacional de Panama, obteniendo la licenciatura en Humanidades con especialidad en Filosofia e Historia.

Sus estudios teologicos los realizo en la Fundacion San Alberto en la ciudad de Bogota, Colombia y en el Moore College.

Es Doctor en Filosofia y en Teologia.