Category: Brazil

‘Feminism is sexist’: The women backing Brazil’s Bolsonaro

Opinion polls suggest 43% of women voters will cast their ballot for Jair Bolsonaro

Katy Watson writes:

Jair Bolsonaro is one of the most controversial politicians in recent Brazilian history.

The far-right candidate, who has a wide lead in the polls ahead of the second round in Brazil’s presidential election, is a man who speaks his mind. And he has revealed his homophobic, sexist and racist viewpoints while doing so.

His supporters have brushed his comments off as bad but innocent jokes or have simply dismissed reports of his more controversial remarks as fake news.

The list of offensive statements he has made is long. He certainly likes to stir. He told a congresswoman she “did not deserve to be raped” because she was “too ugly”.

He has justified why women earn less than men by saying they are expensive to employ because they continue to draw a salary while on maternity leave.

He even said that the birth of his daughter had “made him weaker”.

Damián Stiglitz: “Bolsonaro ganó con el apoyo de los evangelistas brasileros”

Damián Stiglitz

Damián Stiglitz, Editor Cultural de Interlitq, escribe:

“Dos cosas sobre la victoria de Bolsonaro en la primera vuelta en Brasil: 1°) muestra lo letales que son las campañas de difamación de los medios de comunicación en la opinión pública (en este caso, la que hicieron contra Lula y Dilma Roussef); 2°) también muestra lo manipulables que son las sociedades y cuánto atrasan las religiones y los discursos religiosos. Bolsonaro ganó con el apoyo de los evangelistas brasileros. Y el problema es el mismo de siempre: sin educación, se vota con odio y buscando chivo expiatorios. Que un misógino, homofóbico, racista, xenófobo y defensor de la dictadura militar brasilera saque el 46% (50 millones de votos) mete miedo.”

Damián Stiglitz entrevistado por Yamila Musa (parte 1).

Por qué los argentinos no usan sunga, ni cuando van a Brasil

Amplitud y holgadez es lo que prefieren algunos argentinos a la hora de elegir su traje de baño.Foto:Maximiliano Amena
Amplitud y holgadez es lo que prefieren algunos argentinos a la hora de elegir su traje de baño.Foto:Maximiliano Amena

MORRO DE SAN PABLO.- Antes de cerrar el bolso, se la probó. Se miró al espejo. De frente y de perfil. Improvisó una pose de forzudo. Trabó los pectorales. Y después desistió. Tampoco este verano la usaría. De todas maneras, la metió en el bolso por las dudas. Cuando llegó a esta playa paradisíaca de Brasil, junto con su grupo de cinco amigos, supo que no. Que no se animaría a ponérsela. Los cuerpos esculturales de los bahianos tenían todo para pasearla con orgullo. Pero él. mejor se limitaba a ponerse un short de baño a media pierna, bien hippster. Eso era lo que usaban todos los argentinos para ir a la playa. Y él no podía ser la excepción.

Así resume Gaspar Enriquez, 23 años, estudiante de arquitectura, la razón por la cual los argentinos que pasan sus vacaciones en Brasil no se animan a la sunga, ni siquiera en la tierra de la sunga. “Para no pasar vergüenza”.
“Mentira que la traje. Vos te pensás que tengo una sunga”, contesta Lisandro Trompini, de 22 años, estudiante de Ingeniería Industrial, cuando se les pregunta a él y a sus 11 amigos de La Plata la pregunta del millón: ¿Por qué los argentinos no usan sunga? Entonces los demás, como en parte de una chanza entre hombres lo señalaron como el posible portador de sunga del grupo.
“Los argentinos no usamos sunga porque tenemos sentido del ridículo”, apunta Federico Manzullo, de 22 años, que estudia profesorado del educación física. Sus amigos asienten. Son compañeros desde hace años, juegan al rugby juntos en el club San Luis de La Plata. Y la cofradía señala que ese no es un grupo de hombres en sungas. Algunos apuntan a la necesidad de depilarse para ponerse una. Otros, argumentan que se sentirían muy expuestos a las miradas de los otros, con todas sus proezas y sus falencias a la vista de todos. También aparece el argumento de que los brasileños y sobre todo los bahianos tienen un cuerpo al que naturalmente la sunga les hace justicia. En cambio, los argentinos prefieren la amplitud y la holgadez a la hora de pasear sus torsos desnudos por la playa.

“…la modernidad emerge a partir de la segregación de la locura…”

locura

En “Los ridículos senadores policiales y el mediático semblante racista”, Luis Carlos Muñoz Sarmiento y Luís Eustáquio Soares afirman (Rebelion):

 

2. Lacan, Foucault y el decreto celestial del racismo oligárquico gringo 
Esta última hipótesis puede ser entendida dialogando, por ejemplo, con el Foucault de La orden del discurso (1970), libro basado en la clase inaugural del Collège de France, a partir del cual es posible leer los siguientes argumentos del autor de La arqueologia del saber (1969): 1) la modernidad emerge a partir de la segregación de la locura, pudiendo ser entendida tanto en el sentido literal, con el surgimiento de hospicios para internar a “los locos”, como en sentido figurado, si se considera que todas y todos los que no encajen en la norma de la modernidad eurocéntrica son potencialmente sospechosos de locura; sospecha que corresponde a otra forma de racismo; 2) la modernidad fue igualmente tejida y entretejida teniendo en cuenta la prohibición del sexo y de la política, lo que significa decir con la prohibición de las sexualidades, lo que incluye una prohibición, aunque heterosexual, de la sexualidad femenina, pues la norma es patriarcal, así como una prohibición de la política, entendida como la política de los pueblos que se rehúsen a disfrutar el gozar-de-más del decreto celestial de una época determinada; 3) la modernidad fue orquestada a partir de la voluntad de verdad o voluntad de saber, términos indiscernibles que pueden ser traducidos como el lugar del conocimiento universitario, legitimado para estudiar, seleccionar, clasificar y establecer juicios sobre la primera y la segunda segregaciones, la del loco y la del sexo-política.

A partir de ahí será posible establecer el lugar que ocupa el discurso universitario en la estructura del semblante propuesta por Lacan, porque lo que argumentaba Foucault respecto a la voluntad de saber es que esta se volvió la instancia, legitimada por el Estado, para definir al loco, a la sexualidad llamada “impropia” (por inadecuada) o maldita y también a la “mala política”, constituyéndose, digamos, como el espacio epistemológico (el que usualmente llamamos ciencia) que incorpora el decreto celestial, en la modernidad, autorizando “las buenas naturalezas” y desautorizando “las más”.

El gozar-de-más, bajo este punto de vista, siendo el lugar del maestro viene o es impulsado por el conocimiento universitario, así como el patrón se enriquece con la extorsión de la plusvalía del trabajo producido por sus empleados o, en términos de Lacan, por sus esclavos. Ambos, el conocimiento universitario y el esclavo, disfrutan el gozar-de-más del maestro o del señor. He ahí el semblante racista de un momento dado.

En el Seminario 18, Lacan asevera que “el hsing no tiene la más remota posibilidad de que nos encontremos en esta cosa terriblemente difícil de conseguir, de acompañar de cerca, llamado gozar-de-más. Si es tan resbaladizo, no facilita la comprensión. Ciertamente, no es a esto que hemos de hacer referencia cuando se habla de subdesarrollo” (LACAN, 2009: 50), pista a partir de la cual no sólo es posible inferir que hsing, la naturaleza, se inscribe como el locus del subdesarrollo sino también, por extensión, del trabajo colectivo, del disfrute: instancias, aún con Lacan, “no fabricadas para no funcionar” (LACAN, 2009: 50), tal es su relación con el subdesarrollo.