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“Los nazis pasaron pero el odio a Freud persiste”/ Élisabeth Roudinesco

Sabe de lo que habla: Élisabeth Roudinesco es historiadora del psicoanálisis y psicoanalista. El año pasado estuvo en la Argentina y, ahora, acaba de salir en el país su Diccionario amoroso del psicoanálisis. Lento, caro, el psicoanálisis está siendo cuestionado en esta época. ¿Pasado de moda? Veremos.

-Terrible, pero…

-¡Hablamos de cosas serias, monsieur! ¡No frivolicemos! El psicoanálisis ha sido ferozmente perseguido por todas las dictaduras…

-Terrible, pero le pido que…

-¡Los nazis pasaron, pero el odio a Freud persiste!

-¿Por qué dice eso?

Es la verdad: ¡aún escandaliza mucho saber que no somos dueños de nosotros mismos!

Un psiquiatra en Auschwitz

Viktor Frankl

Un lector mediano tirando a bueno en un país como España piensa en los libros sobre el Holocausto que han pasado por sus manos. ¿Qué tenemos en la biblioteca? La trilogía de Primo Levi, claro, que es una especie de inventario de todo lo que pasó en los campos de concentración, igual que ‘La noche de Elie Wiesel’. Tenemos algún ensayo sobre Eichmann (quizá la crónica de su juicio de Hannah Arendt o sus réplicas, como el libro de Harry Mulisch, más o menos reciente) y puede que las investigaciones de Lawrence Rees sobre el diseño de la solución final… Alguna novela aparecerá por ahí. Por ejemplo, aquel ‘Goetz y Meyer’ de David Albahari, sobre los dos soldaduchos alemanes que llevaban el camión con los cuerpos de los primeros judíos a los que fusilaron en Serbia. O las de Giorgio Bassani sobre los deportados italianos. O las de Imre Kertesz sobre los húngaros… Y entre todas esas lecturas podrá construir un qué, quién, cómo, por qué Auschwitz, Mathausen y Theresienstadt.

No es poco pero tampoco es suficiente porque, al final, no hay respuesta para la pregunta que se queda en el aire: ¿cómo pudo aquella gente ver aquel terror, experimentarlo en su carne y no volverse loca? Primo Levi se suicidó igual que Tadeusz Borowski (su equivalente polaco), mil años después de Auschwitz. Y la tendencia es pensar que lo normal es eso, no soportar la mala conciencia por haber sobrevivido, las imágenes tormentosas que quedan en la cabeza, que lo normal es descerrajarse la cabeza.

Si alguien reconoce esa inquietud, que busque ‘El hombre en busca de sentido’ (editado en España por primera vez en 1991), un libro menos conocido que es a la vez ensayo de psicoanálisis, libro de testimonio y, a su manera, himno vitalista.

El caso es interesante: Viktor Frankl era un judío laico y ‘bien’ (1936) que creció en la Viena de Freud. Estudió Psiquiatría y Neurología, se acercó y después se alejó al inevitable Sigmund, tuvo éxito en su oficio y logró conservar su trabajo hasta una fecha increíblemente tardía para Austria: 1942. Después, Theresienstadt, Auschwitz, Kaufering y Turkheim donde, entre otras cosas, hizo terapia con sus compañeros de calvario. Salió de tres años de internamiento más o menos de una pieza y escribió uno de los primeros libros testimoniales sobre los campos de concentración.

Frankl fue el primero en hablar de los capos, los judíos colaboracionistas que prosperaron en los campos de concentración. También fue el primero en hablar de la presión emocional de sus víctimas: “Es muy fácil para el que no ha estado nunca en un campo de concentración hacerse una idea equivocada de la vida en él, idea en la que piedad y simpatía aparecen mezcladas, sobre todo al no conocer prácticamente nada de la dura lucha por la existencia que precisamente en los campos más pequeños se libraba entre los prisioneros, del combate inexorable por el pan de cada día y por la propia vida, por el bien de uno mismo y por el de un buen amigo. Pongamos como ejemplo las veces en que oficialmente se anunciaba que se iba a trasladar a unos cuantos prisioneros a un campo de concentración, pero no era muy difícil adivinar que el destino final de todos ellos sería sin duda la cámara de gas“.

Austrian women celebrate country’s first same-sex marriage

Associated Press:

BERLIN — Two Austrian women are the first same-sex couple to officially tie the knot in the predominantly Catholic country, following years of legal challenges from gay rights groups.

Public broadcaster ORF reported Tuesday that Nicole Kopaunik and Daniela Paier wed in a ceremony in Velden, southern Austria, shortly after midnight Tuesday.

The couple, both 37, had reportedly been engaged for four years.

Austria’s constitutional court ruled in 2017 that same-sex couples should have the right to marry from Jan. 1, 2019. Previously, same-sex couples could only enter into a registered partnership that granted fewer rights than marriage.

Austria’s current governing parties, the People’s Party and the Freedom Party, had strongly opposed granting same-sex couples the right to marry, but said they would respect the court’s ruling.

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