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¿A los hinchas argentinas les interesan más sus clubes o la selección?

La Nacion

El canal Fox Sports, una de las señales que transmite la Superliga, realizó un estudio sobre el perfil del hincha argentino, que revela que al 63 % le importa más su equipo que la selección y que el ánimo de su semana depende en buena parte del resultado de su club.

La investigación, de carácter cuantitativo, se llevó a cabo en julio pasado y fueron encuestados hombres y mujeres de entre 18 y 70 años de diferentes sectores socioeconómicos. Constó de 500 casos y se realizó a través de la empresa OhPanel. Los resultados reflejan algunas características que son comunes a los simpatizantes de todos los equipos y otras que son propias de los fanáticos de algunos clubes. Entre los datos se destacan:

  • El 91% de los hinchas se informan sobre su equipo semanalmente y los de Independiente son los que lo hacen con mayor frecuencia.
  • Los fanáticos de Boca e Independiente son los que más encuentros ven de otros equipos, mientras que el 61% de los de River solo ve partidos de su club.
  • El 73% de los argentinos que miran fútbol local también disfrutan de partidos de otras ligas y la más vista es la española.
  • Más de la mitad de los argentinos prefieren los torneos cortos.
  • Para el 93% de los hinchas de San Lorenzo, el resultado de su equipo influye directamente en su estado de ánimo durante la semana.
  • A los fanáticos de Boca y San Lorenzo son los que menos les interesa el resultado de Argentina. En cambio, el 48% de los simpatizantes de River aseguraron que les importa más el desempeño de la selección que el de su club.
  • Los hinchas de Boca son los que más cábalas tienen, mientras que los de River, los que menos.
  • Después de Boca-River; los dos clásicos más atractivos son Racing-Independiente y Newell’s-Central.

“¿Fueron amantes las dos escritoras argentinas más importantes del siglo XX?”

Silvina Ocampo

Lucia Lijtmaer escribe:

¿Fueron amantes dos de las escritoras argentinas más reconocidas del siglo XX? Es posible. Pizarnik no era tímida ni hermética, todo lo contrario. De ella conocemos sus amores, narrados en diarios y cartas, su quehacer poético iluminado, su querencia por la autodestrucción.

Pero, ¿le gustaban a Silvina Ocampo las mujeres? Enriquez explica la naturaleza del primer rumor que recorrió la boda de Bioy Casares y Silvina, diez años mayor que él: que fue Marta Ignacia Casares, la madre de Bioy, la que estaba enamorada de Silvina, y que el matrimonio fue simplemente una manera de disimular la relación entre dos mujeres. Se cita, anecdóticamente, que la madre de Bioy lloró amargamente cuando se produjo el enlace, en 1940. Esta idea ha sido rebatida por biógrafos y allegados, que narran como Ocampo y Bioy se quisieron y permanecieron juntos, simbióticamente, pese a los escarceos amorosos de ambos, hasta que murió Ocampo en 1993.

Pero la carta de Pizarnik fue la que desató la idea de una posible relación que nunca ha sido aclarada del todo. Sin duda, las escritoras se conocieron. Hubo más cartas aparte de esta última, y los Bioy, como se llamaba a la pareja Ocampo-Bioy Casares, tuvieron relación con Pizarnik. Adolfo –Adolfito– había ido a visitar a Pizarnik al sanatorio en el que estuvo internada en una de sus crisis, no así Silvina. Eso sí, ella le dedicó su libro Los días de la nochea Pizarnik. “A Alejandra en agradecimiento por un cuadro que me encanta. Con cariño”.

Silvina, conocida por su capacidad tanto para la seducción como para la crueldad, podía dar una de cal y una de arena. Con lo hermético de su círculo, ¿cuánto penetró Pizarnik en él? Enriquez duda.
Solamente un testimonio, el del poeta Fernando Noy confirma ese amor como algo carnal.

EL DESPRECIO DE LA ARISTÓCRATA

La editora de la Correspondencia de Pizarnik, Ivonne Bordelois, es prudente en sus respuestas a Vanity Fair: “es muy difícil reconstruir los términos de una relación como la sostenida entre Alejandra y Silvina cuando los testimonios de terceros, por el carácter mismo de la relación, son tan intangibles. También parece imprudente atribuir a la muerte de Alejandra el fracaso de esa relación, ya que hubo otras relaciones que rodearon su fin igualmente frustrantes y apasionadas”.

Eso sí, introduce un elemento importante en la fascinación de Pizarnik, de la que da buena cuenta en sus cartas. La de aquello inalcanzable, atravesado por la clase social. Pizarnik era de origen humilde. “No era sólo la persona de Silvina lo que encandilaba a Alejandra, sino su mundo aristocrático de belleza y de esa suerte de irrealidad que rodea a los más afortunados.”explica Bordelois. “En las últimas páginas de sus diarios se observa muy bien el descenso en el infierno de una desgarrada autoestima que caracteriza la vida de Alejandra en esa época, y su necesidad de apoyos que ahuyentaran la enorme inseguridad que la poseía. No sólo el amor o la pasión física distinguen la célebre carta final de Alejandra a Silvina: hay también en sus escritos explosiones de rencor y desesperación que muestran su necesidad de aferrarse a una atmósfera de aprecio y cariño de la que creía carecer”.

Las cartas son, sin lugar a dudas, desesperadas, y se intuye un claro desapego por parte de Ocampo en una anécdota que sí explica el libro de Enríquez. Poco antes de morir, Pizarnik llamó a Ocampo a su casa, y ella no atendió el teléfono, ocupada en un viaje a Europa que estaba preparando. Pizarnik sabe que Ocampo está en casa, y se queja de la falta de atención a la empleada que recoge el mensaje. Se suicidaría a los pocos días.

Cuántos son y cómo viven los argentinos que están presos en el exterior

Imagen de archivo: una prisión de California Fuente: Archivo

Tomás Marcó del Pont escribe:

El último jueves empezó en Malasia el juicio en contra de los chilenos Felipe Osiadacz y Fernando Candia, que podrían ser condenados a muerte tras ser acusados de homicidio, debido a las leyes del país asiático.

El caso es similar a lo que sucede con Víctor Saldaño, el argentino con pena de muerte en Estados Unidos y espera la resolución final de la Justicia. A pesar de que es el único que se conoce que esté en esta situación, hay más de mil ciudadanos locales que se encuentran privados de su libertad en el mundo.

Según la información brindada por la Dirección de Asuntos Consulares del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la Nación, en los últimos doce meses asistieron a más de 2100 argentinos presos en el exterior, aunque aclararon que es muy difícil tener el registro exacto, ya que en algunos casos las detenciones y liberaciones no son notificadas por las autoridades locales. Además, algunos ciudadanos se niegan a que se comunique su detención a los consulados y en los casos de doble nacionalidad la autoridad local no suele informar sobre la detención, explicaron desde Cancillería a LA NACION.

Por su parte, en el registro de la Procuración Penitenciaria de la Nación (PPN) de enero de 2018 se habla de 1715 detenidos, mientras que en Cancillería creen que la cifra bajó hasta llegar a un poco más de 1500.

Existen presos en más de 80 países. Casi el 50% está en algún país de Latinoamérica, mientras que el 29% está en Europa. España es donde hay mayor presencia argentina, con un total de 388 casos, seguido por Uruguay (241), Estados Unidos (227), Brasil (145) y Bolivia (97).

Las causas más usuales son el tráfico de estupefacientes (y actividades relacionadas con drogas: tenencia, transporte, comercialización) y delitos contra la propiedad, entre otros. Según explicaron desde la PPN a LA NACION, hay muchos que se encuentran en esta condición en razón de procesos de deportación por situación migratoria irregular.

“Uno de cada tres argentinos sufre un trastorno mental…”

Emilia Vexler escribe:

Quien no se crea ansioso que ya mismo cuente hasta 3 antes de seguir leyendo. Todos somos ansiosos. Pero un ataque de ansiedad no es mirar varias veces el celular esperando que el otro responda a una historia publicada. Tampoco los kilos picoteados “por nervios” entre comidas.

Un ataque de ansiedad es sentir que se cierra el pecho: que por un momento -2 minutos- el mundo se está por acabar.
Cuando interfiere en cada esfera de la vida, cuando sobreviene ese agobio en diferentes momentos del día, se convierte en una patología.

Uno de cada tres argentinos presentó un trastorno de salud mental a lo largo de su vida, en promedio, desde los 20 años. Y los de ansiedad son los que más se repiten.  Pero sólo el 16,4% llegó a algún tipo de consulta médica. El resto jamás lo habló con un especialista porque lo toman como algo “normal” y “pasajero” o porque están mal diagnosticados: los confunden con otra dolencia. Los datos surgen del primer Estudio Epidemiológico Nacional de Salud Mental,
realizado por la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) a través de un convenio con el Consorcio Internacional de Epidemiología Psiquiátrica de la Organización Mundial de la Salud. Las más de 4 mil encuestas realizadas en Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Corrientes, Resistencia, Salta, Tucumán, Mendoza y Neuquén fueron presenciales, a mayores de 18 años y representan al 50% de la población del área urbana. Se excluyeron a hospitalizados e individuos en situación de calle diagnosticados con ansiedad.

Los diez tabúes argentinos

Raquel San Martín, Diana Fernández Irusta y Lorena Oliva escriben:

Cuando en la Argentina se habla de calidad educativa, pero no de evaluación docente; de Derechos Humanos, pero no del rol de las Fuerzas Armadas en democracia; de salud sexual, pero no de aborto; de inseguridad, pero no de una reforma en la gestión de la policía, se habla en la superficie y buena parte del debate que tendría efectos concretos queda en silencio.

Como esos temas, muchos otros tienen en el país el status de tabú: asuntos que ni oficialismos ni oposiciones se han animado en décadas a poner sobre la mesa, llenos de estereotipos, desconocimiento y corrección política, silenciados en una complicidad político-social envuelta en sentido común.

Esas discusiones demoradas, que existen con iguales o diferentes temas en otros países, tienen, sin embargo, consecuencias estructurales importantes: no discutir la coparticipación, por ejemplo, prolonga las desigualdades entre las provincias; no debatir el ingreso en la universidad deja a muchos jóvenes fuera de carrera antes de empezarla; no hablar de la separación entre Iglesia y Estado condiciona decisiones políticas; dejar fuera de debate las dimensiones poblacionales y políticas de la provincia de Buenos Aires distorsiona el mapa político y prolonga la dependencia de esa provincia del Gobierno central.