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Los cien años de Mario Bunge, el filósofo de la ciencia

 

Mario Bunge

Mario Minervino escribe:

No tengo la intención de dedicarme profesionalmente a la ancianidad: siempre seré un mero aficionado. Nunca he sentido vocación por la vejez”. Mario Bunge.

 

Cumple hoy 100 años el filósofo y físico argentino Mario Bunge, radicado en la ciudad de Montreal, Canadá, desde 1966, considerado uno de los más relevantes pensadores del siglo XX.

Nacido en Florida, Buenos Aires, doctor en Física y Filósofo, es autor de más de 50 libros, distinguido con 21 doctorados honoris causa, entre ellos el otorgado por la Universidad Nacional del Sur en diciembre de 1996, profesor honorario en universidades de América y Europa y merecedor de premios de todas las tallas, incluido dos veces el Konex y el Príncipe de Asturias.

Por estos días, en que se multiplican los saludos y contactos por su centenario, demoró apenas un par de horas en contestar –vía correo electrónico– algunas preguntas realizadas desde este diario. Lo hizo de manera escueta, es cierto, pero inmediata y con máxima precisión.

Ateo, ocupado y un ¡Viva la UNS!

Consultado sobre la compleja situación política y económica que atraviesa nuestro país, señaló que la misma “no le asombra”, aunque reconoció que “le duele”. Bunge decidió irse del país en 1966 –entonces era docente en las universidades de Buenos Aires y La Plata–  luego del golpe que derrocó a Arturo Frondizi y preocupado por cómo se desenvolvía el país.

Mantiene su postura de no creer en la existencia de un alma o de un Dios. “La ciencia es atea”, señala, aunque menciona que cada científico “debiera adorar a quien les plazca”

Jubilado desde hace años, ocupa sus horas “leyendo todo tipo de publicaciones” y escribiendo artículos para revistas especializadas. “No hay un día que no escriba algo”, detalla.

Guarda un vivo recuerdo de sus visitas a Bahía Blanca –”que fueron varias”, según indica–, resaltando que siempre le llamó la atención “el interés de los bahienses por la ciencia y la filosofía científica”. Prueba de esa observación es que cerró su reflexión con un enfático “¡Viva la UNS!”.

La única pregunta que Bunge no contestó fue la referida a cómo vive su vejez, a sus cien años. Simplemente la ignoró.

Apuntes de otro tinte

Mario Bunge es parte de una familia emblemática de nuestro país, siendo algunos de sus hermanos los fundadores de la firma Bunge y Born.

Su primer matrimonio fue con la arquitecta Julia Molina y Vedia, con quien tuvo dos hijos. Luego se casó con una docente de la Universidad de Canadá, Marta Cavallo, con quien tuvo otros dos hijos.

Julia era hija de Julio Molina y Vedia, primer rector del colegio Nacional de nuestra ciudad y  proyectista del Palacio de la Previsora,  en Alsina y San Martín, construido en 1911.

Una sobrina de Bunge, hija de su hermana Delfina, fue una destacada arquitecta, casada con el arquitecto Amancio Williams, autor de la mítica Casa del Puente de Mar del Plata y colaborador del arquitecto Francés Le Corbusier en el diseño de la Casa Curutchet de La Plata.

Gran Bretaña restituirá a la Argentina una imagen de la Virgen de Luján que estuvo en Malvinas

Los soldados argentinos y el padre Vicente Martínez Torrens, junto a la Virgen de Luján, en la península del aeropuerto de la isla Soledad, el 8 de mayo de 1982 Crédito: Gentileza

Mariano De Vedia escribe:

Una imagen de la Virgen de Luján que había sido llevada aMalvinas durante la guerra de 1982 -y de la que luego se perdieron rastros- será restituida por Gran Bretaña a la Argentina. En retribución, el obispado castrense entregará una réplica a los capellanes militares británicos y el intercambio se hará el mes próximo en el Vaticano, donde el papa Francisco bendecirá ambas imágenes.

La increíble historia fue revelada a LA NACION por el obispo castrense, Santiago Olivera, quien compartirá con su par inglés,Paul James Mason, el encuentro con Francisco el próximo 30 de octubre, en una audiencia pública en la plaza San Pedro.

La imagen se encuentra actualmente en la ventana oriental de la Catedral de San Miguel y San Jorge de Aldershot, en el condado de Hampshire, que es sede del obispado castrense británico y cuya piedra basal fue colocada por la reina Victoria. Una placa explica allí que “los argentinos invadieron las Islas Malvinas en 1982 y llevaron con ellos esta estatua de Nuestra Señora de Luján. Después de su rendición dejaron la imagen con el prefecto apostólico de las islas, monseñor Dan Spraggon. Él se la presentó al padre Alfred Hayes, quien estaba con las fuerzas británicas a lo largo de la campaña”.

“Carlos Guastavino: El último romántico” por Daniel Oscar De Gregorio

 

Carlos Guastavino

Daniel Oscar De Gregorio escribe:

Carlos Guastavino es un compositor de música de cámara argentina. Nació en 1912 en la Ciudad de Santa Fe y realizó su primera presentación en público a la breve edad de cinco años, tocando al piano una obra de su maestra, Esperanza Lothringer. Se radica en la Ciudad de Buenos Aires para estudiar armonía con Athos Palma en 1939.

Su obra abarca principalmente el repertorio coral con piano y a capella, obras para voz y piano, piano solo y solos de guitarra. Su obra más exquisita a mi entender son los “Cuatro Sonetos de Quevedo” que es la obra que cierra su primer período compositivo[1]. Su segundo período surge del interés que se despertó en Guastavino al oír la forma acertada de interpretar sus canciones por parte del director de coro Carlos Vilo. Evidencia de esto son las obras de este período que están dedicadas a Carlos Vilo y los cantantes de sus grupos[2].

Una característica particular de Carlos Guastavino es que siempre compuso pensando que la música tiene que ser apreciada por la gente, lo que dio como resultado una obra pensada para ser interpretada en español rioplatense que era su idioma de origen. Esto es notable si tenemos en cuenta que los compositores argentinos de esa época mayormente buscaban innovar en las vanguardias al mismo tiempo que seguían con la tradición decimonónica porteña de hacer música argentina en lenguas europeas. La decisión de componer sólo en su propia lengua no impidió que sus canciones fueran difundidas por todo el mundo, y que hayan sido traducidas a posteriori a varios idiomas de Europa Central así como a los de la entonces llamada “Cortina de Hierro” y Asia.

Al igual que los compositores de la modernidad europea, Carlos Guastavino viajó por todo el mundo tocando su obra pianística. Realizó esta actividad con placer al tiempo que la misma le posibilitó una gran difusión de su obra. Sus inspiradas melodías llegan al corazón. Esto es consecuente con su idea de que la música debe sentirse y que no puede ser un ejercicio intelectual de meros cálculos matemáticos. Indudablemente éste es el punto por el cual su obra ha sido bien apreciada, grabada y difundida por intérpretes de la talla de Kiri Te Kanawa, Victoria de los Ángeles, Gérard Souzay, Alfredo Krauss, José Carreras, José Cura, Martha Argerich, Rudolf Firkušný, John Williams, Eduardo Falú, Mercedes Sosa y Joan Manuel Serrat entro otros tantos.

El estilo de su obra es análogo al de los nacionalismos musicales del romanticismo europeo. Carlos Guastavino toma los ritmos del folklore argentino llevándolos al plano académico de una manera tan noble que éstos conservan sus modos más puros y la esencia que los identifica dentro de una belleza armónica más compleja. Similar relación guardan los textos elegidos por Carlos Guastavino con la estética romántica. Estos textos no hacen más que describir paisajes, fauna y flora del territorio argentino, así como costumbres, mitos y hechos históricos concretos. Esto guarda plena coherencia con lo que él mismo solía decir en en los ensayos de los grupos de Carlos Vilo, para que los cantantes comprendieran la importancia del texto: ‘la música ya está en la poesía, yo sólo pongo las notitas en el pentagrama’.

 

 

Daniel Oscar DE GREGORIO

Fundación Carlos Guastavino

Presidente

[1] se puede escuchar una versión exquisita aplaudida en concierto por el mismo Guastavino:

https://fundacioncarlosguastavino.bandcamp.com/album/4-sonetos-de-quevedo

Interpretada por la soprano María Inés Pereyra y el pianista Carlos Koffman.

[2] obras dedicadas al Orfeón Carlos Vilo:

https://fundacioncarlosguastavino.bandcamp.com/album/obras-dedicadas-a-carlos-vilo