Category: Argentina

3) Tienda de abalorios: columna por María Mercedes Di Benedetto


James Wilde o Santiago Wilde

 

Tienda de abalorios

por María Mercedes Di Benedetto

 

Se denomina abalorios a diversos tipos de elementos confeccionados en múltiples formas, materiales, colores, diseños y calidades. Las más de las veces, sirven sólo como ornamentación carente de valor. Así pretende ser mi columna en el prestigioso edificio cultural de Interlitq: una oferta de temas varios sin pretensiones filosóficas ni literarias, una simple tienda de abalorios y palabras.

 

  1. EL PARQUE ARGENTINO, DIVERSIÓN GARANTIZADA EN LA BUENOS AIRES DEL SIGLO XIX

 

En las primeras décadas del siglo XIX  James Wild, un inglés llegado en 1809 a la Argentina, se  encuentra atareadísimo en su carácter de empresario del primer complejo cultural de la ciudad de Buenos Aires: el Vauxhall o Parque Argentino o, como comúnmente se lo conocía, el Jardín de Wilde, en el predio de su propiedad, la manzana céntrica comprendida por las calles hoy denominadas Paraná, Viamonte (ex Temple), Uruguay y Av. Córdoba.

Wild había nacido en Middlesex, Inglaterra, el 7 de marzo de 1771, hijo de Sarah Heard, de noble linaje y de James Wild, actor aficionado, quien había trabajado durante veinte años como apuntador y tramoyista del teatro Covent Garden de Londres.

Más allá de sus conocimientos de contabilidad y hacienda, el gran amor de James Jr. es sin duda el escenario.  Actor aficionado, autor y sobre todo traductor, sostiene como empresario distintas y afamadas Compañías y forma parte de variadas sociedades de tipo cultural, como la de El Buen Gusto del Teatro y la Sociedad Literaria, integradas por eminentes ciudadanos como Manuel Belgrano, Vicente López y Planes, Esteban de Luca, Manuel Moreno, el Dr. Cosme Argerich, Valentín Alsina, Juan Crisóstomo Lafinur, Juan José Paso,  entre otros. Sus fines eran los de velar por la moralidad del teatro y la mejor elevación de las obras a representarse.  Santiago Wilde, en 1825, se erige en dueño y empresario del Coliseo, entonces único teatro de la ciudad.

Acostumbrado a las inquietudes culturales de su Inglaterra natal, James Wilde (nacionalizado como Santiago Wilde en 1824) fue una figura quizá incomprendida por este Buenos Aires agitado por  los primeros años de la gesta de Mayo. Tal vez baste para justificar esta aseveración el siguiente suceso narrado por su propio hijo, el Dr. José Antonio Wilde: para la Cuaresma, tiempo en que por razones religiosas no estaban autorizadas las funciones teatrales, Santiago había organizado una charla pública sobre Astronomía, la que por escaso público (una persona)  fue un verdadero fracaso. ¿Fue aquella la primera conferencia científica de la que se tiene noticias? Lo cierto es que, al decir – no sin tristeza-  de su hijo, el público no se hallaba preparado ni se había creado aún el gusto para esa clase de recreaciones instructivas.

Ya consustanciado con su nueva patria, Santiago dirige una carta a Mariano Moreno (y este hecho se documenta en La Gazeta el 15 de octubre de 1810) acompañándola de una donación de tres onzas de oro y algunos libros para la Biblioteca Pública que el secretario de la Junta estaba organizando.

El 19 de noviembre de 1818 Wilde estrena en el Coliseo su obra quizá más reconocida, La Quincallería. Fue, además, el primer traductor de Shakespeare al castellano en nuestras tierras, en 1817.

Volviendo al Vauxhall: el lugar incluía un pequeño zoológico (se exhibían animales exóticos como tigres, tapires, etc.), jardines botánicos con semillas y plantas importadas de Inglaterra y Francia, poseía una plazoleta de conciertos, un buen hotel francés con restaurante, casas para el personal, un gran circo con capacidad para 1500 personas y un pequeño edificio para teatro en el que durante el verano se daban funciones por la tarde. Contaba además con casas de té, glorietas de refrescos, magníficos salones de baile con luces de colores, todo rodeado de impecables jardines a la inglesa.

Las familias principales tenían allí sus glorietas privadas donde se acomodaban para oír conciertos al aire libre y disfrutar de los más sofisticados fuegos artificiales. Aquí y allá se diseminaban pequeños kioscos con diversiones como tiro al blanco y linterna mágica o tutilimundi (cajas con telones pintados de fondo, frente a los que se movían figuras y autómatas en base a un mecanismo de relojería), rodeados de diferentes especies de plantas y flores, sin faltar el lago para el recreo de los niños y los enamorados.

Aquí se ofrecieron por vez primera una Ópera, una Compañía francesa de aficionados y también famosos actores y actrices , como el célebre Juan Aurelio Casacuberta, quien en 1831 funda su propio grupo teatral con el que representa en el Parque Argentino muchísimas obras. La Historia nacional cuenta que justamente frente al proscenio del teatro del parque ocurrió el fallecimiento del deán Gregorio Funes, mientras se hallaba visitando a su amigo Santiago  en enero de 1829.

En la gestión del Vauxhall, Wilde valida la afición por las tablas nacida en su pasado londinense. Volviendo nuevamente a su hijo José Antonio:   “cuando  la  ascensión  de  Luis Felipe,  los residentes franceses dieron aquí un banquete y los jardines estuvieron iluminados con lámparas chinescas”. Esta gran gala, una de las más memorables, tuvo lugar el 24 de enero de 1830 con la asistencia de unas dos mil personas, entre ellas el gobernador Juan Manuel de Rosas y su comitiva.

Debido a que por ese entonces la zona presentaba potreros y rancheríos y los caminos estaban en mal estado, Santiago Wilde, a fin de facilitar el acceso al lugar, había hecho construir un puente de ladrillos en la esquina de Viamonte y Libertad. Preocupado por las comunicaciones, hacía anunciar las funciones por medio de señales, izando banderas en los cruces de las actuales calles Pte. Perón y Suipacha.

El Vauxhall cerró sus puertas al público en 1838 para convertirse en la residencia particular de Wilde. Años después, el 14 de julio de 1852, fallece su esposa Leonora y entonces Santiago (a estas alturas abuelo del reconocido Dr. Eduardo Wilde) comienza a pensar en el regreso a Inglaterra. Allí fallece el 16 de julio de 1854, a la edad de 84 años.  En el periódico British Packet del 30 de septiembre de ese año, se anuncia finalmente  la venta de los terrenos del Vauxhall:

 

“SE VENDE QUINTA. La quinta del fallecido Mister James Wilde conocida como el Jardín Argentino, se vende con 13 grandes y cómodos  apartamentos y otra pequeña casa independiente. Los terrenos más selectos están cubiertos de árboles frutales.”

 

Escribiendo estas líneas me he visto atravesando con mi falda de seda sus cuidados jardines, he sentido al agitar mi abanico el perfume de sus noches de primavera bajo las glorietas iluminadas y me he admirado con sus animales extraños, su linterna mágica y sus prodigiosos autómatas…

Cierro esta tercera entrega de mi Tienda de Abalorios con la sensación de haber visitado y gozado en alguna vida anterior este rincón inglés, en aquella Buenos Aires del mil ochocientos. Quién sabe.

Quién sabe…

 


María Mercedes Di Benedetto (Photo: Mauricio J. Flores)

Biografía 

Argentina, egresada de la carrera de Guionista de Radio y Televisión (ISER), ha sido docente de esa casa de estudios y  de institutos terciarios y universidades en las carreras de “Locución Integral”, “Producción y Dirección de Radio y Televisión” y  “Guion de Radio y Televisión”. Durante 20 años fue docente en escuelas medias en Lengua y Literatura y en talleres literarios y de periodismo.

Especializada en la investigación del radiodrama en Argentina, lleva editados tres libros sobre el tema, el último en 2020, “HISTORIA DEL RADIOTEATRO NACIONAL”.

Autora y docente de ficción radial, recorre el país brindando seminarios y talleres sobre el tema, dirigidos a docentes y público en general, a través del Ministerio de Educación y de ARGENTORES.  Sus obras se han emitido por radios nacionales e internacionales.

Ha recibido numerosos reconocimientos por sus obras teatrales y radiodramas; ganadora del Fomento INCAA  con su documental de cuatro capítulos para televisión “Artesanos del aire / Historia del Radioteatro Nacional”. Obtuvo el 1er premio en la convocatoria 2004 para radioteatro del Centro Cultural R. Rojas de la Univ. de Buenos Aires UBA, además de cinco Premios Argentores a la Producción Autoral, ganadora también en 2020 en la convocatoria del Instituto Nacional del Teatro con su radiodrama sobre la vida de la soprano Regina Pacini.

Con un profesorado en Historia inconcluso, ha escrito más de cuarenta docudramas y obras de teatro para sus ciclos “Mujeres de la Historia Argentina” y “Hombres y Mujeres con historia”, presentados en diversas salas del país.

Su obra para niños “Las Hadas de la Tierra Encantada”  ha salido en gira nacional abordando temas como la ecología  y el cuidado del medioambiente. El elenco, convocado por la Secretaría de Medioambiente y por el Ministerio de Cultura de la Nación recorrió 23 provincias brindando funciones en forma gratuita para escuelas de todo el país.

Ha participado como expositora en diversos Congresos de literatura y de medios de comunicación y en Bienales internacionales de Radio, así también como Jurado y Tutora de Proyectos en certámenes nacionales de literatura y de Arte Joven. En septiembre 2022 integró con su ponencia el Symposium por los 100 años del Radiodrama Internacional organizado por la Universidad de Regensburg, Alemania.

En los últimos años ha presentado en Madrid  obras para Microteatro: “Comer por amor”, “El día del huevo”, “Testamento” y “Viuda Negra”, con dirección de Marcelo Díaz.

Actualmente se desempeña como Secretaria del Consejo Profesional de Radio de ARGENTORES, Sociedad General de Autores de la Argentina.

La carrera virtual: La columna de Rocío Giménez Azcurra

La carrera virtual

La columna de Rocío Giménez Azcurra

18/11/2022

 

Afrontar nuestra sociedad postpandémica en los gráciles años de la temprana adultez, ¿cuáles son las modalidades de relacionarnos que brotan en este marco tan históricamente único y extraño por su naturaleza global? ¿cómo reajustarnos para no dividirnos torpemente entre nuestra identidad en carne y hueso, y nuestro avatar online? ¿cómo no perdernos en fantasías virtuales? ¿cómo nos encontramos con nuestra identidad a través de los demás en la era digital? Nuestra queridísima ciudad de la furia nunca dio tanto crédito a su nombre como en estas noches de retorno a la vida nocturna porteña, aún más viva por el florecer del calor primaveral, dejando las calles llenas de jóvenes inquietos, enérgicos y sedientos de potenciales anécdotas. Pero las ganas acumuladas de zambullirse en la aventura no están sino mezcladas con una ansiedad generalizada, que han empujado el concepto de FOMO en el centro de la escena, que si bien no por vez primera, sí con un correlato virtual que pisa más fuerte que nunca.

El acrónimo FOMO refiere a Fear Of Missing Out, que significa miedo de perderse algo. Se trata de la sensación de temor de no estar experimentando algún objeto o evento gratificante que los demás sí están disfrutando, y fue un término acuñado por el Dr. Dan Herman, un CEO de ventajas competitivas en Strategy Consulting. Justamente, la posición en la que nos deja el FOMO, si bien tiene un acento en los demás¸está lejos de nacer de un punto de vista comunitario, de un compartir experiencias con la otredad, si no que se trata implícitamente de una competencia del placer, como si se tratase un otro objeto más a comprar en el mercado. El placer en la fiesta totémica sin fin de la vida porteña toma diversas formas en esta carrera individualista; los jóvenes hoy en día pueden competir por quiénes van la última fiesta de moda, quiénes se compraron el último IPhone, quiénes lograron ir a cierto recital exclusivo, y así comunicarlo entre sus pares, tener el reconocimiento de estar en todas, de ver quién es más capaz de recompensar el tiempo que se estuvo encerrado.

Si bien es un término acuñado en la década de los 90’s, hoy en día el FOMO tiene permiso en nuestras psiquis como nunca antes gracias a nuestros medios virtuales. Naturalmente, el uso de las redes sociales se disparó durante el aislamiento por la pandemia de COVID-19, pero, sin embargo, el retorno a la presencialidad no provocó una disminución del mismo, parece estar sosteniendo su prevalencia bien ganada. Sea por la red social que sea, se nos bombardea constantemente con información de todo tipo: el último delito viralizado en un video, la polémica romántica de algún personaje de la farándula argentina, una injusticia de misoginia en el otro lado del mundo, el show escandaloso de un artista pop x, o el casamiento del que era tu mejor amigo en la infancia; todo en el mismo bizarro nivel, a una única aplicación de distancia, sin ningún tipo de jerarquización más que el filtro personal de intereses que hacemos en el momento (eso sí, filtrado antes por los algoritmos de las redes). El poder acceder a lo que los demás quieren mostrar como si se tratase de un vecino más puede ser la puerta de entrada a esta ansiedad social, a un preguntarse constantemente por el otro desde esta posición en detrimento con uno mismo. A fin de cuentas, ¿no significa esta pregunta evadir la situación actual? ¿no significa, por ello, desvalorizar el presente que sea que estemos habitando? Lo que sea que tenga el otro en las manos, si es capaz de vendérnoslo bien en una historia de Instagram, nos tienta más que lo nuestro. Las herramientas virtuales para llegar a ello nos sobran,  pululan tantos formatos para todos los gustos para seguir dándoles este uso tan desgastante a nuestra salud mental: la muy reciente popularización de la red social BeReal sintetiza a la perfección esta cuestión.

En ella, se debe subir una foto de la cámara trasera y frontal del celular a cierta hora predeterminada, y sólo así se puede acceder a las fotos que suban tus amigos. Este update en tiempo real puede generar una constante presión de siempre estar haciendo algo que valga la pena publicar, algo que se vea lo suficientemente interesante, y cuyo uso sin moderación puede empujarnos a vivir nuestra rutina diaria través de una mercantilización de nuestras experiencias. Puede volcarnos en una superficialidad atroz en la que la cámara nos sigue a todos lados, como si se nos impusiese un complejo de personaje principal inescapable. Siendo esta una de las formas en las redes en las que todos podemos ser público y espectáculo a la vez, resulta más que necesario recordar el panóptico de Foucault, en tanto disociación del ver y ser-visto: la dinámica de BeReal tiene todo el potencial para encarnar el panoptismo, pues el joven que participa se sabe visto/vigilado por el resto, y se sabe parte del mirar/vigilar de los demás. Una dinámica de feedback constante, sin respiro, que parece apuntar a la seducción de lo que pensamos que es la mirada ajena.

En esta coyuntura de miradas virtuales que tiene todo el poder para condicionar tiránicamente la forma en la actuamos por fuera de nuestros dispositivos, ¿cómo podemos no arriesgar nuestra salud mental? ¿podemos alimentar nuestro ego sin desequilibrarnos, sin volvernos dependientes del feedback virtual? ¿cómo podemos compartirnos en las redes sin diluirnos en el otro, sin ser absorbidos por su reacción? ¿cómo lograr conexiones genuinas que no se pierdan en este juego de humo y espejos? Son muchas las posibles preguntas al respecto, pero esta cuestión de nuestra interacción online no tiene por qué tener una salida pesimista. A fin de cuentas, no hay que demonizar las redes sociales, no poseen en su esencia ninguna etiqueta moral del bien o el mal, son simplemente una vía más de comunicación; como en toda herramienta, es sólo la forma en la que son utilizadas lo que las puede tornar perjudiciales para nuestra persona. Cada quién sabrá las intenciones con las que se loggea a su cuenta de Instagram o con las que sube una foto a BeReal; solamente el sabernos conscientes de ellas y el poder cuestionarlas nos puede alejar de la desgastante competencia con el otro, ciega y sin fin, para acercarnos más al compartir en el sentido de encontrarse con el otro para enriquecerse, para abrazarnos en la virtualidad.

 


Rocío Giménez Azcurra

 

Biografía

Rocío Giménez Azcurra es una estudiante en la Facultad de Psicología en la Universidad de Buenos Aires desde 2019. Nació en Avellaneda en la provincia de Buenos Aires. Se interesa principalmente por la psicología social y por el psicoanálisis de escuela francesa. Además volcarse a la escritura, es artista visual tradicional y gusta de explorar la pintura al óleo.

2) Tienda de abalorios: columna por María Mercedes Di Benedetto

Tienda de abalorios

por María Mercedes Di Benedetto

 

Se denomina abalorios a diversos tipos de elementos confeccionados en múltiples formas, materiales, colores, diseños y calidades. Las más de las veces, sirven sólo como ornamentación carente de valor. Así pretende ser mi columna en el prestigioso edificio cultural de Interlitq: una oferta de temas varios sin pretensiones filosóficas ni literarias, una simple tienda de abalorios y palabras.

 

2. El misterio del cuarto amarillo

No recuerdo con exactitud, pero calculo que tendría unos diecisiete o dieciocho  años cuando leí EL MISTERIO DEL CUARTO AMARILLO, escrito por  Gastón  Leroux, a fines de los años 70s. Poco antes, había intentado (luego verán el porqué del verbo intentar) la lectura de EL FANTASMA DE LA ÓPERA, del mismo autor.

Para entonces yo ya tenía en mi haber una vocación detectivesca frustrada a temprana edad: en la contratapa de las revistas de historietas (comics, diríamos hoy, globalizadamente) solían aparecer  publicidades de cursos  por correo (correo que en aquel entonces no tenía nada de virtual, sino que dependía de lamer estampillas y esperar ansiosa al cartero del barrio); entre las carreras ofertadas sobresalían la de dibujante de historietas y, para mi deleite,  la de detective profesional. Recuerdo que la propaganda proponía,  tentadora: “SEA DETECTIVE SIN MOVERSE DE SU CASA! CONVIÉRTASE EN UN ALIADO DE LA JUSTICIA Y LA VERDAD!” y estaba ilustrada con un detective al estilo Sherlock Holmes, con gorra cuadriculada y pipa (elementos al parecer indispensables para una buena investigación) . Como si esto fuera poco, con el curso enviaban…¡una lupa de regalo y un carnet de detective privado! Sin dudarlo recorté el cupón, lo llené y lo envié. Yo tenía nueve años, pero ese detalle no me acobardó  porque en el aviso decía bien claro que no importaba la edad. A vuelta de correo me enviaron un sobre enorme, con el adelanto de las dos primeras lecciones impresas, y un montón de folletería sobre el curso en cuestión y sobre las otras carreras que dictaba la escuela. Por supuesto, también se informaba sobre el valor monetario de las cuotas y del curso en su totalidad, que no era poca cosa.

El entusiasmo con que mostré a mis padres el tesoro entregado por el cartero fue casi tanto como el que mi madre puso en quitarme la idea de la cabeza. Sin poder ejercer mi precoz interés por resolver crímenes y misterios, no me quedó más remedio que la lectura, esas otras vidas que uno vive gracias a la palabra y a la imaginación.

Y así , a menos de diez años de aquel frustrante episodio del –injustamente desaprovechado- cupón, después de muchas y entusiastas lecturas infantiles y juveniles del género (la colección de aventuras de Nancy Drew, de los hermanos Hardy y de El Club de los Cinco) , di finalmente con el misterioso cuarto amarillo.

Frente a EL MISTERIO DEL CUARTO AMARILLO de Leroux, vino a mi memoria algo ocurrido cuando me disponía a leer EL FANTASMA DE LA ÓPERA, otra (y quizá la más célebre) de sus novelas.  Mi abuelo paterno, el siciliano Luigi, falleció dos años antes de mi nacimiento, por lo que no pudimos conocernos. Había llegado a almacenar una modesta pero selecta biblioteca de unos seiscientos o setecientos volúmenes, casi todos clásicos, que todavía entonces, unos veinte años después de su muerte, se erguía en casa de mi abuela, su viuda. Llegar a esa vivienda desde mi hogar me llevaba un arduo periplo de tres horas de ida y otras tres de tedioso regreso. Un domingo, de visita, tomé prestado de la vieja biblioteca el volumen de El Fantasma de la Ópera y lo llevé conmigo. Debía tener más de trescientas páginas, que devoré con entusiasmo y algún que otro escalofrío. Ya cerca del último capítulo (nunca leo el final de las historias por adelantado, para no destruir la magia del asombro) noté que la trama estaba muy lejos de resolverse, a pesar de acercarse el final del libro. Es más, apenas una hoja antes de terminarse, todavía esa trama estaba plagada de intrigas y ambigüedades. Me maravillaba que un escritor pudiera redondear, atar cabos y cerrar una historia de varios centenares de páginas en tan sólo un par de párrafos. Me desmaravillé inmediatamente, justo cuando debajo del punto final llegué a leer:

“EL FANTASMA DE LA ÓPERA”

FIN DEL TOMO I

Angustiada por la muy desagradable sorpresa que me mantendría en vilo sin poder continuar historia tan atrapante, conté los días hasta volver a visitar la casa de mi abuela (más precisamente, su biblioteca). Pero por más que busqué y busqué, revolviendo hasta en cajones y placares, “EL FANTASMA DE LA ÓPERA” TOMO II  nunca apareció. Nunca.

No hay peor decepción que entrar en una novela de suspenso, lograr empatía con las vidas de sus personajes, dejarse guiar por la mano del narrador tratando de descubrir los resortes del misterio, y que de pronto, en medio del proceso, nos dejen con la  intriga  a mitad de camino, con todas las preguntas y ninguna respuesta, y lo que es peor, sin poder saciar nuestra curiosidad acerca de la identidad o el destino final de nuestros héroes, heroínas y villanos.

Si es deber del ser humano superar sus equivocaciones y sacar provecho de sus desgracias, yo aprendí la lección de aquel interrumpido Fantasma de la Ópera: cuando le llegó el turno al misterioso cuarto amarillo, me ocupé bien de constatar que no fuese una edición de dos tomos o que, de serlo, el segundo tomo también obrara en mi poder. O en poder de la biblioteca de mi abuelo.

En EL ENIGMA DEL CUARTO AMARILLO, el muy joven periodista Joseph Rouletabille posee un razonamiento extremadamente lúcido y muy  poco común, el que lo lleva a reflexiones provocativas y arriesgadas. Nos martilla con una insistente frase, que es casi su grito de guerra: hay que empuñar la Razón por el extremo correcto. “La razón tiene dos extremos: el bueno y el malo” –nos alerta Rouletabille- “Hay uno sobre el cual nos podemos apoyar con solidez: ése es el correcto. Se lo reconoce porque nada puede resquebrajarlo, haga lo que uno haga, diga lo que diga.” Según este reportero del periódico L’Epoque, hay  “…miserables que no pueden servirse de su razón porque no saben por dónde empuñarla”.

EL MISTERIO DEL CUARTO AMARILLO es una novela que transcurre en un castillo feudal plagado de corredores y escaleras, y que  para su segunda página ya nos muestra el cuerpo ensangrentado de una hermosa mujer en una habitación cuyos barrotes, postigos y cerrojos de hierro están absolutamente intactos y cerrados por dentro.

Desde mi tienda de abalorios los invito a cruzar el umbral del misterioso cuarto, pero antes, como quiere el joven Rouletabille, cuidemos de empuñar la Razón por el extremo correcto. Un consejo que servirá para transitar la novela pero también para avanzar sanos y salvos por nuestra propia vida…

 


María Mercedes Di Benedetto (Photo: Mauricio J. Flores)

Biografía 

Argentina, egresada de la carrera de Guionista de Radio y Televisión (ISER), ha sido docente de esa casa de estudios y  de institutos terciarios y universidades en las carreras de “Locución Integral”, “Producción y Dirección de Radio y Televisión” y  “Guion de Radio y Televisión”. Durante 20 años fue docente en escuelas medias en Lengua y Literatura y en talleres literarios y de periodismo.

Especializada en la investigación del radiodrama en Argentina, lleva editados tres libros sobre el tema, el último en 2020, “HISTORIA DEL RADIOTEATRO NACIONAL”.

Autora y docente de ficción radial, recorre el país brindando seminarios y talleres sobre el tema, dirigidos a docentes y público en general, a través del Ministerio de Educación y de ARGENTORES.  Sus obras se han emitido por radios nacionales e internacionales.

Ha recibido numerosos reconocimientos por sus obras teatrales y radiodramas; ganadora del Fomento INCAA  con su documental de cuatro capítulos para televisión “Artesanos del aire / Historia del Radioteatro Nacional”. Obtuvo el 1er premio en la convocatoria 2004 para radioteatro del Centro Cultural R. Rojas de la Univ. de Buenos Aires UBA, además de cinco Premios Argentores a la Producción Autoral, ganadora también en 2020 en la convocatoria del Instituto Nacional del Teatro con su radiodrama sobre la vida de la soprano Regina Pacini.

Con un profesorado en Historia inconcluso, ha escrito más de cuarenta docudramas y obras de teatro para sus ciclos “Mujeres de la Historia Argentina” y “Hombres y Mujeres con historia”, presentados en diversas salas del país.

Su obra para niños “Las Hadas de la Tierra Encantada”  ha salido en gira nacional abordando temas como la ecología  y el cuidado del medioambiente. El elenco, convocado por la Secretaría de Medioambiente y por el Ministerio de Cultura de la Nación recorrió 23 provincias brindando funciones en forma gratuita para escuelas de todo el país.

Ha participado como expositora en diversos Congresos de literatura y de medios de comunicación y en Bienales internacionales de Radio, así también como Jurado y Tutora de Proyectos en certámenes nacionales de literatura y de Arte Joven. En septiembre 2022 integró con su ponencia el Symposium por los 100 años del Radiodrama Internacional organizado por la Universidad de Regensburg, Alemania.

En los últimos años ha presentado en Madrid  obras para Microteatro: “Comer por amor”, “El día del huevo”, “Testamento” y “Viuda Negra”, con dirección de Marcelo Díaz.

Actualmente se desempeña como Secretaria del Consejo Profesional de Radio de ARGENTORES, Sociedad General de Autores de la Argentina.

Diálogo Interreligioso: Parte 3, un articulo por Arzobispo Eric Escala, Editor de Asuntos Cristianos de Interlitq

Diálogo Interreligioso: Parte 3

Arzobispo Eric Escala – Comunión Anglicana Continuante

 

Arzobispo Eric Escala

01/11/2022

 

En artículos anteriores hemos sentado las bases de lo que trata el diálogo.

“Debe existir respeto para que se dé el dialogo”

En Argentina tenemos la posibilidad de convivir con algunas tradiciones religiosas en armonía, debemos aclarar que si bien es cierto existe el dialogo religioso y cultural, muchas veces no es posible.

Muchas iglesias no ven con buenos ojos este fenómeno, para ellos no es algo posible y atacan a quienes participan del mismo, esto se da sobre todo con las iglesias cristianas de corte evangélico donde el fundamentalismo es la base de su creencia.

Recuerdo muchas veces que me toco tratar pastores, una de las constantes era la falta de estudios filosóficos y teológicos, alguno me intento predicar y cuando le intente explicar lo que había estudiado sobre el pasaje bíblico que estaba usando me replico que la tinta mata la fe, diciendo con esto que como yo había estudiado no podía entender la palabra.

Otro recuerdo que tengo es el de escuchar a una maestra predicarle a los estudiantes sobre la misericordia, justo yo estaba presente en ese devocional y le pregunto a la profesora de lengua (Español) que significaba esto, a lo cual dicha docente le indico que era ver la miseria del otro, cuando es el amor de Dios que va más allá de la razón del hombre, de ser lo contrario no diríamos Señor muéstranos tu misericordia y danos tu salvación.

También recuerdo cuando iniciamos en este tipo de dialogo yo estaba en participando del consejo pastoral de la zona donde resido y la mayoría eran pastores evangélicos, a muchos les incomodaba que usara clerigman o pectoral; cuando lanzamos la mesa de diálogo interreligioso les invite a venir a el evento y me insultaron por lo cual decidí no seguir participando en su grupo.

Pues bien, en este momento existen muchas mesas de diálogo interreligioso en argentina, de iglesias tradicionales, interdenominacionales y demás.

¿Cuál es la base del dialogo?

Como hemos dicho el respeto, poder sentarme hablar con un hermano que se relaciona con Dios de forma diferente.

La Fe es el lenguaje por medio del cual me relaciono con mi padre, en este mundo tan globalizado soy yo quien decide en que idioma hablo con mi creador, en que tradición quiero caminar y luego de esto proseguir.

El estudio y la convivencia fortalecen este vínculo, no puedo hablar de algo que no conozco, muchas veces basamos nuestro conocimiento de algo en alguien quien pensamos es docto en la materia y ciertamente nos equivocamos.

Muchos de mis profesores cuando hablaban de alguna tradición religiosa lo hacían de tal manera que pensaba que estaban en lo cierto y ahora pudiendo preguntar, convivir, estudiar y caminar junto a líderes religiosos de diversos credos aquello que me explicaron no es cierto, ni por aproximación.

Para poder hablar de una tradición religiosa no solo es necesario saber de qué se trata es necesario conocer su historia, culto, vestimenta, etc  antes de emitir un juicio

Ante todo el conocimiento desde el respeto sin demeritar su creencia, toda fe es una forma de hablar con Dios.

Existen muchas iglesias y aun existido muchas creencias algunas han dejado de ser practicadas, pero no por ello carecen de importancia, todas nos dan una visión de la teología.

Al igual que el respeto la vivencia o convivencia interreligiosa nos da una visión de aquello que queremos conocer, los libros pueden dar una visión pero no es hasta el momento en que tengo esa experiencia en primera persona cuando realmente conozco esa tradición.

Bendiciones y les invito a prepararnos para el adviento, la espera al nacimiento del mesías.

 

Acerca de Arzobispo Eric Escala, Editor de Asuntos Cristianos (Christian Affairs Editor) de Interlitq:

Su Excelencia Reverendisima Eric Escala

Nacio el 15 de junio de 1973 en la ciudad de La Chorrera; Panama, hijo de Alexis Escala y Francisca Maria Gonzalez, menor de tres hermanos Alex y Carlos.

Casado con Silvina Indelicato, padre de Joselyn y Valentino.

Realizo sus estudios primarios en la escuela Leopoldo Castillo Guevara, los secunadarios en el colegio Pedro Pablo Sanchez y obtuvo su bachillerato en letras en el Instituto Justo Arosemena.

Sus estudios universitarios los realizo en la Universidad Nacional de Panama, obteniendo la licenciatura en Humanidades con especialidad en Filosofia e Historia.

Sus estudios teologicos los realizo en la Fundacion San Alberto en la ciudad de Bogota, Colombia y en el Moore College.

Es Doctor en Filosofia y en Teologia.

1) Tienda de abalorios: columna por María Mercedes Di Benedetto

Tienda de abalorios

por María Mercedes Di Benedetto

 

Se denomina abalorios a diversos tipos de elementos confeccionados en múltiples formas, materiales, colores, diseños y calidades. Las más de las veces, sirven sólo como ornamentación carente de valor. Así pretende ser mi columna en el prestigioso edificio cultural de Interlitq: una oferta de temas varios sin pretensiones filosóficas ni literarias, una simple tienda de abalorios y palabras.

 

  1. EL DÍA EN QUE NADA OCURRIÓ

Poseo cierta afición a coleccionar efemérides -esos sucesos, nacimientos o muertes  que ocurrieron en algún día específico del año, en algún lugar del planeta-. Pero hoy quisiera detenerme en esos otros días en los que no pasó nada de nada, lo que podríamos llamar una anti-efemérides.

En 1582, el papa Gregorio XIII, aconsejado por los astrónomos, decretó a través de una bula que el jueves 4 de octubre de 1582 sería inmediatamente seguido del viernes 15 de octubre para compensar una diferencia de días acumulada a lo largo de los siglos. Eso quiere decir que esos diez días nunca existieron, por lo tanto nada ocurrió, nadie falleció  ni nadie nació, por ejemplo, un 11 de octubre de 1582.

“Cada día que pasa se escribe una hoja más en la historia de la Humanidad, sin embargo hay una que podría arrancarse tranquilamente y no pasaría nada: el 11 de abril de 1954”: a esta conclusión llegó la empresa Conocimiento Verdadero, de Cambridge, gracias a un algoritmo que rastreó los sucesos de todo el siglo XX. El científico creador del algoritmo acumuló unos 300 millones de hechos relevantes del siglo pasado y afirmó que el domingo 11 de abril de 1954 fue bastante anodino, sin nada que contar, casi podríamos afirmar que fue el día más aburrido del siglo XX.

También existen registros de otro 11 de Octubre en el que no pasó nada significativo. Justamente  ese día de 1640, por la mañana, fueron llegando al Cabildo del Río de la Plata (hoy República Argentina) el Gobernador , Capitán General y abogado Juan Bernardo de la Cueva y Benavídes, el alcalde Pedro Sánchez Garzón, el alguacil Francisco Pacheco, el regidor Juan de Vergara y Don Antonio de Bernalte. También se sumó el escribano Alonso Agreda de Vergara, para dar fe. Esperaron un rato hasta que llegara el maestre de campo Pedro Homespesoa de Sa. El de maestre de campo fue un rango militar creado en 1534 por el Rey Carlos I de España. En la escala de rangos estaba situado bajo el capitán general y por encima del sargento mayor.

Esperaron, esperaron, esperaron… hasta que, cuando finalmente confirmaron que don Pedro no iba a asistir, labraron el acta en la que anunciaron que no habiendo ningún tema que tratar, firmarían y se irían a sus casas y que ese 11 de octubre de 1640, no había pasado nada.

En la Ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, Argentina,  puede leerse sobre unas cerámicas blancas enmarcadas por unos listones de madera: “SITIO HISTÓRICO. EN ESTE LUGAR, BAJO EL CRUDO INVIERNO DEL AÑO 1953, DURANTE LA SEGUNDA PRESIDENCIA DEL GRAL. JUAN DOMINGO PERÓN, NO PASÓ ABSOLUTAMENTE NADA”. Sin duda un chascarrillo efectivo para el confiado ciudadano o el desprevenido turista, pero convengamos finalmente en que no todo es carne de efemérides en esta vida. Quien no haya tenido al menos un día aburrido o vacío de contingencias, que arroje la primera piedra.

 

 


María Mercedes Di Benedetto (Photo: Mauricio J. Flores)

Biografía 

Argentina, egresada de la carrera de Guionista de Radio y Televisión (ISER), ha sido docente de esa casa de estudios y  de institutos terciarios y universidades en las carreras de “Locución Integral”, “Producción y Dirección de Radio y Televisión” y  “Guion de Radio y Televisión”. Durante 20 años fue docente en escuelas medias en Lengua y Literatura y en talleres literarios y de periodismo.

Especializada en la investigación del radiodrama en Argentina, lleva editados tres libros sobre el tema, el último en 2020, “HISTORIA DEL RADIOTEATRO NACIONAL”.

Autora y docente de ficción radial, recorre el país brindando seminarios y talleres sobre el tema, dirigidos a docentes y público en general, a través del Ministerio de Educación y de ARGENTORES.  Sus obras se han emitido por radios nacionales e internacionales.

Ha recibido numerosos reconocimientos por sus obras teatrales y radiodramas; ganadora del Fomento INCAA  con su documental de cuatro capítulos para televisión “Artesanos del aire / Historia del Radioteatro Nacional”. Obtuvo el 1er premio en la convocatoria 2004 para radioteatro del Centro Cultural R. Rojas de la Univ. de Buenos Aires UBA, además de cinco Premios Argentores a la Producción Autoral, ganadora también en 2020 en la convocatoria del Instituto Nacional del Teatro con su radiodrama sobre la vida de la soprano Regina Pacini.

Con un profesorado en Historia inconcluso, ha escrito más de cuarenta docudramas y obras de teatro para sus ciclos “Mujeres de la Historia Argentina” y “Hombres y Mujeres con historia”, presentados en diversas salas del país.

Su obra para niños “Las Hadas de la Tierra Encantada”  ha salido en gira nacional abordando temas como la ecología  y el cuidado del medioambiente. El elenco, convocado por la Secretaría de Medioambiente y por el Ministerio de Cultura de la Nación recorrió 23 provincias brindando funciones en forma gratuita para escuelas de todo el país.

Ha participado como expositora en diversos Congresos de literatura y de medios de comunicación y en Bienales internacionales de Radio, así también como Jurado y Tutora de Proyectos en certámenes nacionales de literatura y de Arte Joven. En septiembre 2022 integró con su ponencia el Symposium por los 100 años del Radiodrama Internacional organizado por la Universidad de Regensburg, Alemania.

En los últimos años ha presentado en Madrid  obras para Microteatro: “Comer por amor”, “El día del huevo”, “Testamento” y “Viuda Negra”, con dirección de Marcelo Díaz.

Actualmente se desempeña como Secretaria del Consejo Profesional de Radio de ARGENTORES, Sociedad General de Autores de la Argentina.