“Desde la Trinchera” con Juan Carlos Nadalich, Ministro de Salud y Ambiente de Santa Cruz, por Yamila Musa

“Desde la Trinchera” con Juan Carlos Nadalich, Ministro de Salud y Ambiente de Santa Cruz

07/04/2020

Entrevistado por Yamila Musa

 

 

BIOGRAFIA – Juan Carlos Nadalich

 

Yamila Musa

BIOGRAFÍA 

Yamila Musa nació en Villa María, ciudad de la provincia de Córdoba. Con sólo tres años, comenzó su formación en Declamación y Arte Escénico. Esto la llevó a proyectarse en la comunicación integral, por lo cual concretó sus estudios de Licenciada en Comunicación en la Universidad Nacional de Córdoba. Al finalizar su carrera universitaria se trasladó a la Capital Federal en búsqueda de nuevas oportunidades. Realizó diversos trabajos relacionados al sector de la cultura, entre ellos como Directora de Producción de la Película “La Invención de Borges” del Director francés Nicolás Azalbert. Actualmente es Periodista & editora de la revista The International Literary Quarterly,  y colaboradora de la Fundación Cineteca Vida.

“Desde la trinchera” compartiendo con Patricio Leone. Psicólogo, Docente, Director de Diafos, Secretario General del Sindi...

Patricio Leone

 

“Desde la trinchera” compartiendo con Patricio Leone. Psicólogo, Docente, Director de Diafos, Secretario General del Sindicato de Psicólogos

 

07/04/2020

 

Entrevistado por Yamila Musa

 

¿Cómo vivís estos días de aislamiento social?

En lo personal, atendiendo a mis pacientes de manera virtual, que es algo que ya hacía con varios de ellos, y tratando de que el encierro y el aislamiento no me generen padecimientos psíquicos, como veo que viene sucediendo en infinidad de personas.
En lo social, con mucha incertidumbre y tristeza. Por los fallecidos, por los infectados, y por las desastrosas consecuencias socioeconómicas que va a dejar esta cuarentena y la pandemia en general, y que va a profundizar el hambre, la miseria, la desocupación, y todos los males que ya veníamos padeciendo. Los sectores más desfavorecidos van a ser muy golpeados.

Frente a esta situación de incertidumbre y #YoMeQuedoEnCasa ¿pensás que estamos perdiendo nuestros derechos individuales?

Creo que hay un avance de un discurso de recorte de nuestros derechos y nuestras libertades. Observo como se ensalza a FFAA y de Seguridad, y como se aplaude un discurso de “mano dura”, aún en algo tan trivial como las detenciones por violaciones a la cuarentena. Creo que lo que viene es un endurecimiento discursivo, que va a ser muy perjudicial para toda la sociedad. Las crisis propician estas conductas de búsqueda de un Amo que nos cuide. Será tarea de los sectores más progresistas dar la batalla por derechos, libertades y garantías.

¿Qué opinás de las medidas que está tomando el Gobierno?

Son claramente insuficientes, improvisadas y pobres. Encerrar a una sociedad sin diseñar un mecanismo de contención social, es absurdo. La Salud Pública no está siendo priorizada. No hay insumos, faltan barbijos, alcohol, kits de detección y, en mi área, es vergonzoso y aberrante que el gobierno no haya lanzado un Plan de Emergencia de Salud Mental. El presidente y el ministro de salud ni nombran la Salud Mental, como si sólo fuéramos cuerpos sin psiquismo. Un disparate en toda la línea.

En estos momentos ¿pensaste más de lo habitual sobre la posibilidad de tu mortalidad?

El pensamiento sobre mi mortalidad me viene a visitar desde que cumplí 50 años. No es algo que la pandemia incremente. Y, como le digo a los pacientes, lo importante no es la muerte, sino la vida. Como decía un artista catalán, “Hagamos arte hasta que la muerte nos sorprenda”. Así elijo vivir. El artista catalán era Joan Brossa.

La sociedad se está comportando con mucho frenesí y paranoia ¿considerás que los medios y las grandes corporaciones se aprovechan de esta situación para sus fines personales?

El miedo ha sido, históricamente, un mecanismo de dominación. Esta no es la excepción. Una sociedad atemorizada es más dócil. Pero hay algo más preocupante en el miedo: es un potente generador de odio. Me preocupa más el odio que el miedo produce, que el miedo en sí mismo. Habrá que combatirlo con infinitas dosis de tolerancia, empatía y ternura.

¿Tenés alguna anécdota que hayas vivenciado en estos días y que te interese compartir?

Hay algo en particular que un Paciente me dijo, y me conmovió profundamente. Es un Paciente bastante reactivo a las nuevas tecnologías y, sin embargo, aceptó tener sus sesiones virtuales. Cuando terminamos la primera sesión, le agradecí por el esfuerzo y la buena predisposición. Él, mirándome fijo a través de la pantalla, me dijo: “Tantas veces me bancaste vos, mirá si no te voy a bancar yo en esta”. Me impactó. El conjunto de la Comunidad Psi está atravesando esta situación con mucha dificultad. Muchos, quedarán fuera de ruta por un par de años. La salida de esta crisis será lenta y pedregosa. Y hay Pacientes que comprenden eso, y ponen su esfuerzo en la contingencia. Transferencia, le llaman.

 

BIOGRAFIA PATRICIO LEONE

Soy minimalista. Creo en la consigna “Cuanto menos, más”. Psicólogo, Docente, Director de Diafos, Secretario General del Sindicato de Psicólogos.

 

Yamila Musa

BIOGRAFÍA 

Yamila Musa nació en Villa María, ciudad de la provincia de Córdoba. Con sólo tres años, comenzó su formación en Declamación y Arte Escénico. Esto la llevó a proyectarse en la comunicación integral, por lo cual concretó sus estudios de Licenciada en Comunicación en la Universidad Nacional de Córdoba. Al finalizar su carrera universitaria se trasladó a la Capital Federal en búsqueda de nuevas oportunidades. Realizó diversos trabajos relacionados al sector de la cultura, entre ellos como Directora de Producción de la Película “La Invención de Borges” del Director francés Nicolás Azalbert. Actualmente es Periodista & editora de la revista The International Literary Quarterly,  y colaboradora de la Fundación Cineteca Vida.

“Quarantine Diaries,” by David Garyan (Day 24)

Quarantine Diaries – Day 24
April 7th, 2020

Trento, Italy

 

Cleanliness

Well, here’s another day, which means I’m back at the computer again; it’s becoming increasingly harder to distinguish between what happened the day before, what’s happening now, and what’ll happen tomorrow. I really am in full quarantine mode now; everything feels so peaceful—like sitting in a plane that’s headed for a mountain and you don’t even know it. What I feared would happen, has happened—even going out no longer helps.

Just to clarify: I neither feel bad nor am I worried about something. No, a feeling of complete indifference has come over me and it’s so strong that I don’t know if I’ll ever be able to resume my previous the same way again; to reiterate, this has nothing to do with being inside; the same sensation occurs when I’m out shopping or when I’m in the woods with my brother.

It’s that strange comfort which comes with being on vacation for too long—you relax too much; feelings of incredible exhaustion along with sensations of utter restlessness have taken hold and won’t let go. In other words, I had my first sleepless night yesterday, despite going to bed at almost 2 am. I did nothing radically different that day, but still it was impossible to get any shuteye.

I’ve got no doubts that this experience is changing us, maybe for the better and maybe for the worse—I can’t tell in what way and I’m not arrogant enough to declare that I know so much about myself to understand how.

Maybe it doesn’t seem like it now, but coronavirus will end up being no more than a footnote among the historical events which have captured the world’s attention (positively or negatively); with enough time, it’ll become even less than that, perhaps. Why? Because in the future there’ll be more plagues, more disasters, more tragedies—and people dealing with their own tragedies rarely care about the disasters of someone else, especially when they’ve occurred in the past.

Who’s even heard of the Antonine Plague, which killed five million people? People are more likely to know the name Marcus Aurelius Antoninus (the Roman emperor to which the plague’s moniker is attached) but strangely not the plague itself. Okay, a little far in the past, I admit, but five million people are five million people in the end; I highly doubt the coronavirus will take that many. How about the Plague of Justinian? That motherfucker (I mean the plague—not Justinian) killed twenty-five million; if you travel back in time and tell those individuals that your suffering will largely be forgotten by the everyday Joe, they wouldn’t believe you.

No, this isn’t Rome or the Middle Ages. We’ll have a vaccine for this sucker very soon; it’ll be cured; the hysteria will die down and that’ll be the end of it. The next goddamn pandemic will erase every memory of this one, just like this one has erased every memory of the last pandemics and no one will really give a shit.

Yes, people talk about Caesar and Alexander the Great and Genghis Khan, but the coronavirus isn’t the Caesar of plagues—it’s more like a foot soldier in his great army that died in an important battle and has since been completely forgotten. The Black Death, on the other hand, is the Genghis Khan of pandemics  but only because it did kill over 130 million people.

Forgive me for being so crude, but I’m not saying this strictly to be insensitive; on the contrary, I want this pathetic virus to change us, but when I really look at the past, I don’t think it will. If, according to some people, tragedies really do bring about greater solidarity (and change the world permanently)—not just for a short time—why did the greatest man-made tragedies happen after it? Why does no one remember that Jews were blamed for the Black Death just like Asians are now being blamed for this virus? Despite Pope Clement VI’s attempt to protect the population, 900 Jews were still killed in Strasbourg and such incidents were common. Who speaks of this today?

No, we expect too much from this minor outbreak—in classic human fashion, we want the pandemic to change the world while we ourselves sit back and do nothing. In the famous words of John F. Kennedy: “Ask not what coronavirus can do for you; ask what you can do for coronavirus.” The real credit for this line, however, must go to Kahlil Gibran, who said the following: “Are you a politician asking what your country can do for you or a zealous one asking what you can do for your country?” Now that we know who said what, let’s move right along.

Where were we? Ah, yes. People’s desire to see change without being the ones to cause it; if that’s what you want, wait for a natural disaster, or better yet, a meteorite; that’ll get the job done quickly and efficiently. Coronavirus will take a long time and so will Trump, but only if you sit on your ass and do nothing.

No, but seriously. So many amazing things have happened throughout human history. Why has the world never changed? After Yuri Gagarin had achieved the first human spaceflight, there were incredible outpourings of solidarity from the international community—even Japan welcomed him warmly despite territorial disputes between both countries.

It didn’t take long for the Cold War to continue, however. Things didn’t improve much for the opposite sex either, when the first woman, Valentina Tereshkova, went to space. Indeed, this feat probably did change people’s perception of what women were really capable of, but society nevertheless continued denying them that very capability of realizing their own potential. Women are still paid 82 cents to every dollar earned by men; to this day, there’s neither been a woman vice president in the US nor even a female Chief Justice in the US Supreme Court. Incidentally, it was only 1993 that we saw the first female fighter pilot in the US.

Yes, things change slowly and maybe they don’t change at all. When the Apollo 8 mission took the most famous photo in the world, Earthrise, there was for a time a huge outpouring of concern about the environment and the need to end war; the event triggered an unprecedented wave of unity among the world’s entire population. We have one planet; we’re one people on a pale blue dot and we must save it; however, such sentimentality didn’t last for too long either. Wars didn’t stop and the environmental destruction continued. I doubt this picture will do much at this point, but here it is anyway.

Go ahead, call me cynical, depressive, or pessimistic, but this tiny pandemic is no moon landing. We’ve endured worse and come out worse before. Likewise, we’ll make it through this and come out no differently. Why? Because it’s highly unlikely that we’ll give up our obsession with cleanliness, order, and progress; the three greatest evils. I’ve talked plenty about the latter two, so let me discuss that first all too relevant evil.

On this trip to the supermarket, I was unable to go in without dousing my hands in sanitizer, putting on disposable gloves, and donning a mask. My right to walk inside a supermarket as I goddamn please has now been taken away as well. Indeed, you must be a clean, upstanding citizen; otherwise, you’ll neither get respect (which was true before), but now you’ll also get no groceries—I did what I had to do as a free citizen.

At first it was only the homeless, now society in general is no longer clean enough. Indeed, as Plato said in Laws, it’s simply impossible for a well-run state to have beggars and homeless people: “Let there be no beggars in our state; and if anybody begs, seeking to pick up a livelihood by unavailing prayers, let the wardens of the agora turn him out of the agora, and the wardens of the city out of the city, and the wardens of the country send him out of any other parts of the land across the border, in order that the land may be cleared of this sort of animal.” Ah, yes, that’s what social distancing looked like in Ancient Greece, which contradicts what Plato said later in the text: “He would prohibit beggars, because in a well-ordered state no good man would be left to starve.” At first, it seems like Plato doesn’t want beggars and now a well-ordered state can’t have beggars—in the sense that’s it’s impossible for “well-ordered” states to have poverty, which begs the question: Well-ordered for whom? The US is well-ordered; however, this what Skid Row looks like.

From Plato, we move to a more extreme form of “cleanliness” and on to Seneca the Younger. Indeed, imperfect societies don’t just have one problem—beggars—they’ve got tons, and we need to fix them all because every imperfect and dirty thing is a threat to the integrity of an efficient society, at least that’s what our aforementioned philosopher thought: “We put down mad dogs; we kill the wild, untamed ox; we use the knife on sick sheep to stop their infecting the flock; we destroy abnormal offspring at birth; children, too, if they are born weak or deformed, we drown. Yet this is not the work of anger, but of reason—to separate the sound from the worthless.” Ah, yes, now we’re not just kicking out beggars—we’re killing children now.

The Spartans, too, in their attempt to build the most perfect military society, had to ensure that the majority of the male population could endure the agoge’s intensity. Thus, according to the Twelve Tables: “A notably deformed child shall be killed immediately.” It’s all in the name of building the perfect society.

In the interest of time, I won’t even touch upon the subject of what such beliefs led to in the modern day—I think we all know. The difference is that, unlike some people we know, the ancients didn’t have the technology (or what I like to call progress) to realize their wildest dreams, so to say. In any case, what I’m more interested in is our obsession with cleanliness, order, and progress, which I detest.

In its most extreme form, that triple-crown of evil would’ve killed Stephen Hawking at the young age of 21. Stevie Wonder, who was not only born blind but also six weeks early, wouldn’t have lived at all. And how about Frida Kahlo’s polio and spine problems? What’s to happen with her? Also, John Nash is a schizophrenic. Where do we “put” him? What do we say about FDR or Helen Keller? And these are just the most recognizable names.

As I wrote in a previous entry, I’m not so much fascinated by people that have been blessed with strength and find it easy to succeed; no, it’s the so-called imperfect people who’ve achieved a little less with a lot more work who really fascinate me. As amazing as it is to watch, the God-given talent of Michael Jordan or LeBron James isn’t really that interesting.

If you’ve seen Gattaca, you know what I’m talking about. Vincent always beats his brother despite being genetically inferior. The movie really does show what kind of discrimination we’re heading towards. In the future, we won’t care about race, income, or education; the world will make a full circle to Plato, and everything will come right back down to genetics again—the way we’ve bred animals for thousands of years, so we’ll breed people—all in the name of purity: “The chief division of the latter was the art of managing pedestrian animals which are without horns; this again has a part which can only be comprehended under one term by joining together three names-shepherding pure-bred animals. The only further subdivision is the art of man herding-this has to do with bipeds, and is what we were seeking after, and have now found, being at once the royal and political.” Don’t say the world changes or that it doesn’t repeat itself because it does neither.

All the way from quarantined Italy: I may seem crazy now, but in a month everyone here will be no different.

Until next time.

 

About David Garyan

David Garyan has published three chapbooks with Main Street Rag, along with a full collection, (DISS)INFORMATION, with the same publisher. He holds an MA and MFA from Cal State Long Beach, where he associated himself with the Stand Up Poets. He is currently studying International Cooperation on Human Rights and Intercultural Heritage at the University of Bologna. He lives in Ravenna.

“Desde la trinchera” compartiendo con la Psicoanalista, docente e investigadora de la Universidad de Buenos Aires, Nora Me...

Nora Merlin

 

“Desde la trinchera” compartiendo con la Psicoanalista, docente e investigadora de la Universidad de Buenos Aires, Nora Merlin

 

06/04/2020

 

Entrevistado por Yamila Musa

 

¿Cómo vivís estos días de aislamiento social? 

Por un lado, la pandemia desorganizó la vida a nivel mundial, quebró el automatismo de las costumbres habituales y la aparente normalidad con la que circulábamos hasta hace solo unos días. La vida se volvió extraña, de un día para otro nos convertimos en protagonistas de una distopía que hizo que regresemos a viejas formas del cuidado, como lavarse las manos y guardarse del peligro externo en las cavernas.
Desde otra perspectiva, creo que nuestro aislamiento, el de Argentina, es una inédita experiencia colectiva de amor político. Consiste en un aislamiento preventivo, organizado y asistido por el Estado, que nada tiene que ver con la cuarentena tardía que se planteó en otros países, en medio de la tragedia, luego de esperar la autorregulación y consumación natural del virus que obviamente no se produjo en ningún caso. En resumidas cuentas, este modelo de priorizar el mercado y subestimar la vida, es propia de la concepción neoliberal y el darwinismo social.

Frente a esta situación de incertidumbre y #YoMeQuedoEnCasa ¿pensás que estamos perdiendo nuestros  derechos individuales?

Como te decía, se configuró en el país un aislamiento que no consistió en la exclusión característica de otra epidemia como la peste, ni la identificación al resto.
La promoción del hashtag #YoMeQuedoEnCasa no fue un llamado al individualismo característico del neoliberalismo, en el que cada uno, indiferente al prójimo, se enfrasca en su tribu y se mira el ombligo. Por el contrario, el aislamiento del modelo que tomó el gobierno argentino fue un acto de amor político, de cuidado de sí y de la comunidad, en el que se produjo como efecto la comprensión de que nadie se salva solo, que la meritocracia es una farsa y que la solidaridad no es caridad sino la base de lo colectivo.
Hay un error, un prejuicio instalado que lo colectivo se opone a lo individual, y eso conforma un binarismo que hay que deconstruir. A partir de esta epidemia quedó demostrado que el Otro no es ni mi enemigo ni el culpable, ni el que me saca o me roba lo que tengo, sino mi prójimo. Que la suerte y el cuidado de él también es el mío.

¿Qué opinás de las medidas que está tomando el Gobierno? 

Estoy muy de acuerdo con lo que denomino el “modelo argentino”, porque es un camino inédito en el mundo que está dando resultado para que no se dispare desmedidamente la epidemia a niveles que no puedan controlarse o que desborden el sistema de salud. No hay que olvidarse que venimos de cuatro años de neoliberalismo que hizo estragos con el desfinanciamiento de la salud pública. El Gobierno y el Ministerio de Salud tuvieron que enfrentar la pandemia con lo que no había.   Dentro de la dramática y angustiante situación que se vive, el Gobierno argentino con decisión priorizó la vida y no la bolsa como indica el manual ortodoxo neoliberal. Vemos un Estado presente que escucha, está atento al cuidado de su gente y que no tiene que decidir en Estado de excepción quién muere y quién se salva, como sucede actualmente en España, EEUU, Brasil, Ecuador y los países que cumplieron con la biopolítica neoliberal.
Hay otro prejuicio en relación al control del Estado que es necesario deconstruir. El control no siempre es un panóptico persecutorio y hostil que conduce a un microfascismo totalitario. Por el contrario, el control puede consistir en una acción política democrática de intentar frenar la muerte no sólo para la élite, sino para todxs.
Tampoco la obediencia indica siempre servilismo, puede significar, como sucedió mayoritariamente en la Argentina, una decisión responsable y colectiva de asumir que el cuidado propio implica también el  de todxs, y viceversa.

En estos momentos ¿pensaste más de lo habitual sobre la posibilidad de tu mortalidad?

Cuando un acontecimiento, como la pandemia que estamos viviendo, produce un padecimiento en el cuerpo que desestabiliza la identidad singular y social, ese daño se convierte en lo que podríamos nombrar comprensión súbita del límite. Es un corte, una marca que hace que se capte la propia estupidez como eslabón de un sistema que no contiene sino que expulsa y decide quién vive y quién muere. Desde esa captación nada vuelve a ser lo mismo.
La pandemia tomó el cuerpo y desarrolló en pleno aislamiento una suerte de angustia global, activando una nueva sensibilidad que revaloriza el Estado, la salud pública, el medio ambiente, la igualdad, los vínculos y la solidaridad. Hasta ahora, ninguna prédica política lo había podido producir como esta vez.
La pandemia fue una experiencia pedagógica, no sé si el saber adquirido va a permanecer como la materialidad de una nueva hegemonía. No debemos ser naif y suponer que los poderes del mal están vencidos, pero sí podemos afirmar que tenemos una oportunidad. El coronavirus es una pesadilla pero es posible, no seguro, que permita el despertar del sueño neoliberal.

La sociedad se está comportando con mucho frenesí y paranoia ¿considerás que los medios y las grandes corporaciones se aprovechan de esta situación para sus fines personales? 

Lamentablemente el poder neoliberal y los actores sociales que encarnan esa ideología, como el poder económico ejercido por el periodismo que responde a la corporación mediática y a la derecha oligárquica, continúan operando desde el odio y la estimulación de la “grieta” que divide lo social,  en tiempos que es necesaria la más amplia unidad de las fuerzas democráticas. Vemos aparecer mezquindades electorales, especulaciones avaras de los formadores de precios o de algunos sectores empresariales, no todos, que en la emergencia y la tragedia que nos atraviesa no están funcionando solidariamente ni dispuestos a perder algo.
Tenemos que mencionar también el rol de la televisión que, salvo contadas excepciones, hace del coronavirus, cultura del espectáculo, show televisivo, sobreinforma, promueve el amarillismo que vende y, en lugar de colaborar, contribuye al pánico o al desorden social como sucedió recientemente con el cobro de haberes de los jubilados. Los medios insistieron con la información de la apertura de bancos y alentaron el cobro masivo de la jubilación, sin medir las consecuencias de esa arenga que, boicoteando  el enorme operativo de cuidado que promueve el Estado, dejó en la calle a una población de riesgo, como es la tercera edad.

¿Tenés alguna anécdota que hayas vivenciado en estos días y que te interese compartir?

Más que anécdotas puedo comentar sensaciones que refieren a esta experiencia, que consisten en una nueva forma de habitar el mundo, con sobredosis virtual todo se transformó en whatsapp, skype, etc. hasta las sesiones con los pacientes.
Destaco con gracia la complicada logística que realizo para salir a comprar los alimentos, la ropa de batalla que queda en la puerta de casa, el pertrechamiento con alcohol, la bolsas de nylon que llevo para no tocar las mercaderías, etc. Una vez en la calle desierta siento que soy un personaje del Eternauta y la puesta en juego de otro largo ritual cuando vuelvo al hogar, la “cueva protectora”.
Puedo nombrar también como novedad de estos tiempos el afianzamiento del vínculo con los vecinos del edificio, la solidaridad planteada con aquellos que sólo nos saludábamos casi sin registrarnos, acordar colectivamente la limpieza del edificio porque no viene el personal encargado para eso,  los chistes y fortalezas en el grupo de whatsapp que armamos. Nos reconocimos como vecinos y se produjo un nuevo lazo más hospitalario. ¿Es una metáfora de lo social en su conjunto? ¿Construiremos en el país y en el mundo lazos más sororos, menos violentos?

El lazo entre democracia y neoliberalismo, entró en crisis terminal, es tiempo de reinventar la democracia.

 

BIOGRAFIA – NORA MERLIN

Psicoanalista, docente e investigadora de la Universidad de Buenos Aires.

Magister en Ciencias Políticas.

Autora de Populismo y psicoanálisis (Letra Viva, 2014) y de Colonización de la subjetividad. Medios masivos de comunicación en la época del biomercado (Letra Viva, 2017). Mentir y colonizar. Obediencia inconsciente y subjetividad neoliberal (Letra Viva, 2019).

Autora de innumerables publicaciones en revistas especializadas y capítulos de libros en el país y en el exterior.

 

Yamila Musa

BIOGRAFÍA 

Yamila Musa nació en Villa María, ciudad de la provincia de Córdoba. Con sólo tres años, comenzó su formación en Declamación y Arte Escénico. Esto la llevó a proyectarse en la comunicación integral, por lo cual concretó sus estudios de Licenciada en Comunicación en la Universidad Nacional de Córdoba. Al finalizar su carrera universitaria se trasladó a la Capital Federal en búsqueda de nuevas oportunidades. Realizó diversos trabajos relacionados al sector de la cultura, entre ellos como Directora de Producción de la Película “La Invención de Borges” del Director francés Nicolás Azalbert. Actualmente es Periodista & editora de la revista The International Literary Quarterly,  y colaboradora de la Fundación Cineteca Vida.

“La Cabaña” por Arzobispo Eric Escala, Editor de Asuntos Cristianos de Interlitq

Arzobispo Eric Escala

 

06/04/2020

 

“La Cabaña”

A sugerencia de Rubén y Judith, me vi esta película, es la adaptación al libro del mismo nombre, es una visión muy amplia del evangelio de Lucas 15, 11-32, llamado del hijo prodigo pero también nos da una visión de un Padre que espera a su hijo, lo perdona y lo acepta a pesar de sus errores.

Se nos muestra  como Dios está junto a nosotros en cada momento, aunque no le sintamos, sus caminos aunque difíciles de entender son los de un padre que ama a sus hijos y espera que ellos cambien, no juzga a la primera.

Si tuviésemos que tomar el papel de Dios en el mundo, ¿Cómo lo haríamos? ¿Podríamos decir quién muere? ¿Quién se salva y quién no? ¿Seriamos capaces de dar libertad al hombre?

¿Quién no ha cuestionado a Dios por no actuar en nuestras vidas como se lo pedimos?

Pero los caminos de Dios son intransitables para nosotros, solo él sabe lo que sufre por nosotros, todo Padre ama a sus hijos aun cuando estos no hagan lo que se les pide, aun cuando se han delincuentes, el amor no va disminuir, tampoco si le tratan mal o insultan, bueno así es nuestro Padre que está en el cielo, espera y espera a que nosotros cambiemos, es una tarea que realiza con nosotros, con los que estuvieron y con quienes vendrán.

Todos tenemos heridas que sanar, acciones que perdonar y por las cuales  ser perdonados, este tiempo especial de semana santa nos brinda esa oportunidad de vivir momentos muy especiales en los cuales recordamos el amor misericordioso de Dios para con nosotros, el triduo pascual no es solo una celebración litúrgica es el regalo que se nos hace para que creamos, seamos salvos y podamos mostrar a otros cuanto nos ama nuestro Padre.

Para que descubramos que él nos tiene personal afecto a cada uno de nosotros, a su modo, que nadie está de más, todos somos amados de manera muy particular y  tenemos un lugar en su corazón.

Todos tenemos recuerdos de nuestros padres, aunque estuviesen otras personas las vivencias son muy personales y únicas, no siempre les entendimos pero hicieron lo mejor por nosotros, de la misma forma en que lo hace Dios.

A veces la mejor manera de dejarnos amar por él es perdonando lo que nos han hecho, dejando detrás ese dolor, llorar si eso nos ayuda a sacar la angustia y gritar para desahogarnos, cuando llevamos siempre ese peso, recordando, no nos dejamos querer ni queremos aquellos que están a nuestro alrededor.  Hay que dejarlo atrás y liberarnos.

Una de las cosas que a veces no hacemos es tener un tiempo especial con Dios, no hablo del servicio religioso, sino tener momentos de conversación con él, Dios sabe y conoce todo pero también quiere que nos abramos, lo expresemos, le hablemos tal como lo haríamos con nuestro Padre si le tuviésemos en frente.

Te invito a dejarte amar por Dios, no somos quienes para juzgar y no nos hace bien encerrarnos en pensamientos de tristeza que solo nos hacen sentir mal, déjate llevar por su misericordia y acepta que has sido salvado por el sacrificio de Jesús en la cruz, pero también Dios se sacrificó en ese madero.

¿Acaso a un padre no le duele lo que sufre su hijo?

Un Padre sufre mucho más por el sufrimiento de su hijo que por el propio, es por ello que debemos ver que no solo Jesús se sacrificó también nuestro Padre Dios, por amor a nosotros entrego parte de si, para mostrarnos un amor que aun hoy día el mundo quiere negar.

Que este Tiempo especial de semana santa nos del marco para que podamos redescubrir esa relación con Dios a veces dejamos estar.

Por esto me gustaría compartir nuestra oración colecta para este día.

Dios todopoderoso, cuyo muy Amado Hijo no ascendió al gozo, de tu presencia sin antes padecer, ni entro en gloria sin antes ser crucificado: Concédenos, por tu misericordia, que nosotros, caminando por la vía de la cruz, encontremos que esta es la vía de la vida y de la paz, por Jesucristo tu Hijo Nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amen.

 

Acerca de Arzobispo Eric Escala, Editor de Asuntos Cristianos (Christian Affairs Editor) de Interlitq:

Su Excelencia Reverendisima Eric Escala

Nacio el 15 de junio de 1973 en la ciudad de La Chorrera; Panama, hijo de Alexis Escala y Francisca Maria Gonzalez, menor de tres hermanos Alex y Carlos.

Casado con Silvina Indelicato, padre de Joselyn y Valentino.

Realizo sus estudios primarios en la escuela Leopoldo Castillo Guevara, los secunadarios en el colegio Pedro Pablo Sanchez y obtuvo su bachillerato en letras en el Instituto Justo Arosemena.

Sus estudios universitarios los realizo en la Universidad Nacional de Panama, obteniendo la licenciatura en Humanidades con especialidad en Filosofia e Historia.

Sus estudios teologicos los realizo en la Fundacion San Alberto en la ciudad de Bogota, Colombia y en el Moore College.

Es Doctor en Filosofia y en Teologia.